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lunes, 28 de septiembre de 2015

El Reino de los Longobardos en Italia (568-774)

I. Fuentes e historiografía

A pesar de la aparente evidencia de su antigüedad, existe una absoluta discontinuidad entre los longobardi de Tácito y los caracterizados en los escritos de Procopio y sus continuadores a mediados o finales del siglo VI, y que realizan su viaje desde el Danubio hasta Italia. Poco se dice sobre ellos, incluso en estas fuentes contemporáneas y puede ser más sensible para nosotros buscar en su lugar un punto de vista lombardo sobre su propia historia. Por un texto literario que da un relato de su pasado, tenemos que volver a la Historia de los Lombardos, escrita bien en el monasterio de Monte Cassino por Paulo Diácono en la década de 790, y probablemente previsto para la presentación al duque beneventano Grimoald III (787-806), o compuesto a mediados de la década de 780 en Francia con el objetivo de informar a los lectores francos sobre el pasado lombardo.

Este es un trabajo que está lleno de problemas para el historiador. Compuesto después de la conquista franca del Reino Lombardo, por un autor que pasa él mismo algunos años en Francia al servicio de los conquistadores, depende para su información de una variedad de fuentes, no todas identificables, y de valor desigual. Entre estos hay un breve texto conocido como  Origo Gentis Langobardorum o Origen del Pueblo Lombardo. Desde sus propias referencias internas parecería pertenecer al periodo del segundo reinado de Perctarit (672-688), anterior a su asociación de su hijo Cunincpert como corregente en 679.

Al Origo y a la Historia de Paulo podemos añadir otro pequeño trabajo anónimo, encontrado en un único manuscrito, y proporcionando un relato sinóptico de la historia lombarda. Este fue escrito entre los años 806 y 810, pero parece ser en gran medida independiente de los dos trabajos anteriores. Ninguno de esos textos, no obstante, debe ser tratado como relatos puramente objetivos de la historia lombarda más temprana. Ni deberían ser tratados como vestigios de las antiguaos leyendas de su pueblo alguno de los relatos de apariencia más ingenua.

En tres de esos trabajos el lapso de tiempo que se considera que había pasado entre la primera formación de un pueblo lombardo inconfundible y su entrada en Italia en 568 no es más de 11 generaciones. Se aportan algunos indicadores cronológicos más precisos. Por ejemplo, el segundo de los reyes de los lombardos, que pertenecía a la cuarta de esas generaciones, un cierto ‘Lamissio’ o ‘Laiamicho’, es registrado bajo la entrada para 423 en una versión interpolada de la Crónica de Prosper gobernando durante tres años en ese tiempo. Así, la historia de los lombardos presentada en esos tres textos del siglo VII al IX se remonta en términos cronológicos reales no antes de finales del siglo IV, no situándonos en ningún lugar cerca de la época de los lombardos de Tácito.

En la práctica los tres trabajos, con las interesantes variantes que contienen, representan los puntos de vista del pasado lombardo que se desarrollaba en Italia desde el siglo VII en adelante bajo la influencia de las ideas romanas contemporáneas de formación étnica, y también estaban afectados por relatos romanizados de manera similar de la historia de sus predecesores en Italia, los ostrogodos. Así, como en el relato de Jordanes de los godos, los lombardos son representados como un único y homogéneo pueblo en movimiento, en parte por voluntad propia y en parte como consecuencia de una serie de accidentes y aventuras, desde una patria original en Escandinavia a un nuevo hogar en Italia. Tales narraciones son el Genesis y el Exodo de los pueblos involucrados, y su realidad histórica deben ser considerada con el mismo grado de escepticismo erudito que los dos primeros libros de la Biblia.

A la luz de tales dificultades con la tradición historiográfica lombarda, es más seguro retroceder sobre las, sin embargo a menudo hostiles pero más claramente contemporáneas, fuentes imperiales y sobre la evidencia de la arqueología, intentar establecer la naturaleza y las causas de la participación lombarda en Italia a finales del siglo VI. Como hemos visto, la información que se halla en Procopio en particular puede presentar una versión más compleja y creíble de la historia de los lombardos de los precedentes 80 años que la ofrecida por Paulo y el Origo.

II. Los Lombardos al inicio de su historia. 

Los lombardos o longobardos son mencionados por primera vez en la época de Augusto y Tiberio por Veleyo Patérculo y Estrabón, y cien años más tarde por Tácito. Su primera residencia fue Bardengau en la orilla izquierda del bajo Elba, y allí fueron conquistados por Tiberio en la época anterior a la batalla del bosque de Teotoburgo, cuando los romanos todavía  intentaban someter la totalidad de Germania. Después de la liberación de la parte interior de Germania por Arminio, los lombardos fueron gobernados por Marbod (9 d.C.-18 d.C) quien derribó a Arminio, y más tarde, una vez devuelto a sus compatriotas por Italico, sobrino de Arminio, al que los Queruscos habían traído desde Roma y luego expulsado de nuevo (47 d.C). Generalmente son descritos como una tribu pequeña, la más fiera de todas tribus germánicas, y solamente su bravura les capacitó para mantener su posición entre sus vecinos más fuertes. En conjunto, sus hábitos parecen haber sido los mismos que los de todos los otros germanos del tiempo de Tácito; alguna de sus leyes de un periodo posterior muestra una cierta semejanza a la de sus anteriores vecinos en el Mar del Norte. Como con todos los germanos, su reino no fue una institución original, y cualquier cosa que nos cuente la tradición sobre ella es solo una fábula. Es lo reducido de su tribu lo que cuenta como su principal cualidad –la tendencia a asimilar individuos y tribus aliados o dominados. La influencia romana parece haberles rozado solamente en el grado más ligero durante los primeros cinco siglos de nuestra era.

Expansión de los pueblos germanos hasta el inicio de la Era Cristiana
 
No sabemos nada sobre el modo que tomaron las andanzas lombardas, aunque la tradición habla con frecuencia sobre ellos. La agricultura extensiva que ellos practicaban, que consistía más en una ganadería que una agricultura, y la perdida organización de su tribu hacía fácil  para ellos dejar sus lugares de residencia. Quizás aquí, como es a menudo el caso, el primer motivo fue la falta de tierra, resultado natural del incremento de  población, mientras que al mismo tiempo, una tribu tan pequeña no podía extender sus fronteras. Una división de lombardos invadió Panonia con los Marcomanos alrededor del año 165, pero fueron expulsados por los romanos que les obligaron a volver. No alcanzaron de nuevo la frontera romana, el Danubio, hasta 300 años más tarde, bajo un cierto rey Godeoch, que ocupó la desolada Rugiland (la antigua provincia romana de Norico, en los márgenes del Danubio, en las áreas que hoy son parte de Austria y Hungría) después de la destrucción de su imperio por Odoacro en el año 488.

Queda claro a partir del relato de Procopio que los sucesos de la década de 480 llevaron a importantes cambios en la localización y los roles de las principales confederaciones en las regiones justo al norte del Danubio. La eliminación de los rugios por Odoacro en 488, y el traslado al año siguiente a Italia de Teodorico y todos sus seguidores, dejó un vacío de poder en los Balcanes septentrionales y el alto Danubio. Los Hérulos pueden haber sido los primeros en moverse hacia éste, pero fracasaron en mantener su posesión frente a otros competidores, sobre todo los gépidos y los lombardos, a pesar de dominar brevemente a los últimos. 

Mientras tanto, durante los disturbios de sus andanzas y continuas guerras la institución de un comandante en jefe permanente en forma de realeza parece haber ocupado el lugar del duque taciteano que era investido para cada guerra individual. Desde Rugiland vagaron en la tierra llamada “Feld” (en Hungría) pero fueron dominados por los hérulos y forzados a pagar tributo. En esa época probablemente fueran propietarios, dejada la tierra a hombres semilibres (aldiones) por cultura; suponemos que estuvieron fuertemente influenciados por sus vecinos, los Bávaros, y fue entonces cuando adoptaron el cristianismo en su forma arriana. Pero no mucho tiempo después, durante la guerra franco-gótica en la Galia, los lombardos, bajo el reinado de su rey Tato († 510), hijo de Claffo, hijo de Godehoc, de la Casa Real de los Letingos (descendientes del rey Leth o Lethu), se sacudieron del yugo de los Hérulos, que estaban aliados con Teodorico (Theuderich), logrando derrotarles completamente en una batalla en algún lugar de la llanura húngara, matando a su rey Rodulf, y destruyeron totalmente su reino. Ahora los lombardos tuvieron a los gépidos al sur y el Danubio al oeste. El sucesor de Tato fue Wacho, (c.510-c.539), hijo de su hermano Unichis, quien le asesinó y se apoderó del trono, expulsando al hijo de Tato, Hildigis; en cuanto a sus alianzas exteriores, se había casado con una hija de un rey franco, y se consideró amigo y aliado del emperador romano.

Aunque los detalles del proceso no están claros, parece que en la década de 540, Justiniano confiaba en esos tres grupos para defender el la frontera del Danubio en los Balcanes occidentales, en las regiones entre el río y las montañas ilirias al sur. A los gépidos se les entregó el control de Sirmium una vez que fue recuperado de los ostrogodos, y los lombardos fueron convencidos para desplazarse al sur del Danubio para establecerse en el área de lo que una vez había sido el Nórico suroccidental y Panonia occidental. Los hérulos que proporcionaban valiosos contingentes para los ejércitos que luchaban en Italia, estaban por esa época localizados más al este, en el área alrededor de Singidunum (Belgrado). Su establecimiento de esas fuerzas en regiones adyacentes aseguraba la frontera danubiana y proporcionaban defensa para las más valoradas partes meridionales de los Balcanes. No obstante, el grado de control imperial sobre cualquiera de las tres confederaciones estaba claramente limitado, aunque los grupos y los individuos y los grupos eran reclutados de entre ellos para servir en las fuerzas imperiales. Igual que ocurría con las fuerzas rivales que apoyaban a los dos Teodoricos en la década de 470, la influencia política imperial se mantenía principalmente para impedir que cualquier confederación estableciera una dominación clara. A lo largo de todo el reinado de Justiniano esto parece haber significado proporcionar un apoyo mayor para los lombardos contra los más poderosos gépidos.

La Europa Germánica c.540

Esta política fue completamente modificada por Justino II (565-578), que parece casi haberse hecho el propósito de trastocar totalmente los objetivos diplomáticos de su predecesor sobre sus cabezas. A partir de la crónica de Teofilacto Simocatés y los fragmentos de la continuación de Menandro de Procopio y Agatias, se obtiene la impresión de que el nuevo emperador estaba preparado para apoyar a los gépidos contra los lombardos, y en consecuencia los últimos solicitaron la ayuda del jefe de la confederación nómada de los ávaros, que estaban en el proceso de convertirse en el poder dominante al norte del Danubio, en el camino que los hunos tenían dos siglos antes. Ellos ya eran hostiles a Justino II por su rechazo de continuar pagándoles los subsidios anuales que habían sido iniciados por Justiniano, y pudieron haber tenido sus propias razones para desear romper la continuada ocupación gépida de la cubeta de los Cárpatos. El resultado fue desastroso en lo relativo al control del poder imperial –no solo sobre los Balcanes occidentales sino también sobre Italia.

En 567, los ávaros y los lombardos se combinaron para destruir el reino gépido centrado en Sirmio, Mientras que en la tradición lombarda posterior se insinuaba que su papel fue fundamental, no puede haber duda a partir de las fuentes bizantinas contemporáneas de que el participante principal en esos acontecimientos era la confederación ávara. El emperador intervino para asegurar el control de Sirmio y dio refugio al rey gépido fugitivo Usdibad, pero el resto de las tierras ocupadas por los gépidos pasaron a control ávaro, y los residuos del pueblo fueron absorbidos en su confederación o la de los lombardos. Justino II y posteriormente Tiberio II (578-582) fueron capaces de conservar Sirmio, pero se perdió para los ávaros al principio del reinado de Mauricio (582-602).

Los lombardos pueden no haber jugado el heroico papel en estos sucesos que más tarde reclamarían, pero su futuro estuvo ciertamente determinado por ellos. La amenaza relativamente limitada de los gépidos fue reemplazada por la fuerza expansionista de la confederación ávara, y fue probablemente a causa de ese trastorno en la cubeta cárpata por lo que al año siguiente los lombardos abandonaron sus fortalezas en Norica occidental y cruzaron los pasos de los Alpes Julianos hacia Italia. De acuerdo con la tradición historiográfica lombarda, voluntariamente abandonaron sus tierras para los ávaros, con la condición de que si ellos las necesitaban de nuevo, ¡les serían devueltas! No obstante, el obispo cronista contemporáneo, Mario de Avenches indica que deliberadamente devastaron su patria anterior, creando así una zona de proteccion entre ellos y los ávaros.

Resulta muy interesante una historia que aparece en Isidoro de Sevilla, quien escribía en España en la tercera década del siglo VII, y en la probablemente burgundia Crónica de Fredegario (en torno al 660), así como la Historia de Paulo Diácono, que decía que los lombardos fueron invitados a Italia por el patricio Narses, al parecer en venganza por haber sido cesado de su cargo por el emperador Justino II. Se han expresado dudas considerables al valor de esta tradición, en particular porque Narses aparentemente se retiró a la ciudad de Nápoles, controlada por el Imperio y no murió hasta mediados de la octava década del siglo VI, con lo que estaba muy al alcance de la venganza imperial.

La cuestión puede girar en torno al momento en que Narses fue sustituido como comandante de los ejércitos imperiales en Italia. La lucha contra los grupos restantes de ostrogodos en la Italia septentrional había durado hasta 562, cuando Verona, su última fortaleza cayó. En 567, como hemos visto, una importante agitación ocurrió sobre el Danubio, llevando a la guerra entre el Imperio y los ávaros por el control de Sirmium y el rechazo de Justino II a entregar al rey gépido fugitivo. Es posible que, en esas circunstancias, Narses, que había empleado previamente contingentes lombardos en su campaña contra los ostrogodos, entrara en negociaciones con ellos, con vistas a asegurar la defensa de Italia septentrional. Tal acuerdo, si existió, bien pudo haber sido repudiado por Justino II cuando Narses fue reemplazado.

Los detalles de la conquista se encontrarán en Paulo el Diácono. Dos de las fuentes para esta parte de su Historia han sido identificadas. Además de las secciones del trabajo histórico del menos bien informado Gregorio de Tours, tuvo acceso a una Historiola o “Pequeña Historia”, por lo demás perdida, del obispo Segundo de Trento († 612). El último, dedicado a la historia de los lombardos y las fases más tempranas de su gobierno en Italia, fue, sin duda, extremamente valioso, aunque probablemente concernía ante todo a sucesos que afectaban a Trento. Sin embargo, no es posible determinar que partes del texto de Paulo deriva de esta fuente casi contemporánea.

III. El Reino Lombardo de Italia 

1. La Invasión de Italia

A pesar del bien organizado sistema defensivo que Narses había establecido, los romanos parecen haber sido sorprendidos y no hicieron intentos para defenderse. Los lombardos se lanzaron sobre el limes friulio, con sus castillos y, avanzando por la llanura veneta, tomaron Cividale (Forum Julii), el primer lugar importante que cayó en sus manos, y después, residencia de la dinastía ducal de la dinastía de los Gisulfingos; también destruyeron la ciudad de Aquileia, cuyo patriarca huyó a Grado, la posterior Nueva Aquileia, con su tesoro, parte de la población, y de los soldados. Pero los imperiales lograron resistir en Padua, Monselice, y Mantua, defendiendo de este modo la línea del Po, mientras que Vicenza y Verona cayeron en manos de Alboin, así que el importante limes de Tridentum, que limitaba con Baviera por el norte, fue separado del núcleo del ejército imperial. El 4 de septiembre de 569, Alboin entró en Milán; el arzobispo Honorato huyó a Génova, que durante dos generaciones quedó como el refugio de los obispos de Milán. Ticino (Pavía) en solitario ofreció resistencia durante un tiempo y solamente pudo ser tomada después de un largo asedio, durante ý después del cual las tropas lombardas rastrearon el país hacia los Alpes y tomaron posesión de la tierra excepto unas pocas fortificaciones. Indudablemente las bandas lombardas tenían tan poca idea de un ataque sistemático como los imperiales de una defensa sistemática: y parece que los últimos juzgaron que las invasiones lombardas serían como otras invasiones bárbaras, que pronto desaparecerían. El mismo Alboin parece haber fechado su reinado en Italia desde el momento de su ocupación de Milán. 

El Reino lombardo de Italia en los siglos VI y VII

El rey lombardo, Alboin, se estableció en Verona; una elección significativa en la que había sido la última fortaleza de la resistencia ostrogoda, no cayendo en manos del Imperio hasta 562. Sus sucesores, sin embargo, iban a hacer primero a Milán (hasta al menos 616) y luego a Pavía su ciudad de residencia preferida. Fue en Verona donde Alboin fue asesinado en 572, al parecer a instigación de su esposa, Rosamund, quien de este modo vengó el asesinato de su padre, el rey gépido Cunimund. Paulo ofrece un elaborado relato de este episodio y su interés amoroso, pero probablemente no debería ser tomado en sentido literal. Se puede preferir la simple afirmación de la Crónica de Fredegario de que Alboin fue envenenado por su esposa, cuyo padre él había asesinado.

Además, otra fuente que está más cercana en el tiempo a estos sucesos sugiere otros motivos, cuyos ecos más básicos aparecen en Paulo. A principios de la década de 580, el obispo Mario de Avenches concluye su breve crónica. Debido a su localización en los Alpes occidentales él estaba bien informado sobre los acontecimientos en Italia septentrional y su trabajo, a pesar de su brevedad, tiene considerable autoridad. Él confirma que la esposa de Alboin estaba involucrada en el asesinato y que en consecuencia se casó con el otro conspirador principal, un cierto Hilmagis, al que Paulo describe como el hermano adoptivo del rey muerto. Pero mientras que Paulo coloca a la pareja culpable huyendo a Ravena casi en solitario, Mario informa que ellos fueron acompañados por 'parte del ejército'. En otras palabras, este episodio parece representar una división real en las filas lombardas entre los que ansiaban preservar el reino independiente que Alboin había creado, y los que deseaban someterse a la autoridad imperial, y muy posiblemente, como los ostrogodos antes que ellos, y ser recolocados dentro o más allá de Italia como parte del ejército del emperador. Hilmagis y sus seguidores también se llevaron el tesoro real lombardo a Ravena, un vital recurso económico y simbólico de la monarquía.

Tras la muerte de Alboin, que puso término a su dinastía, la cual solo había durado dos generaciones, uno de sus duques fue elegido por el ejército lombardo, para sucederlo. Duró poco más de un año, hasta que fue asesinado por “su muchacho”. Siguió un interregno de diez años, durante los cuales no se eligió rey, y la autoridad en las regiones la ejercieron únicamente los duques. Según Paulo Diácono tan pronto como Alboin hubo cruzado los Alpes designó a su sobrino Gisulf como el primer dux o duque, título de origen romano, de la región de Friuli, aunque otros indicios indican que pudiera ser su padre, Grasulf, el primer duque friuliano. Hacia 573/4, así lo proclama el historiador, había 35 de tales oficiales en el reino, cada uno centrado en una ciudad. Es posible que este número sea una exageración, pero varios, si no todos, de los ducados nacieron en este tiempo. Algo sobre la naturaleza del puesto puede deducirse de las cláusulas en el código legal elaborado por Rothari (636-652). Queda claro a partir de esas referencias que los duques, que tenían su base en las principales ciudades de la Italia lombarda, eran –siguiendo los precedentes romanos- responsables de la administración militar y judicial de las regiones bajo su autoridad. Otra clase de oficial, el gastaldo (posiblemente también llamado comes o ‘conde’),  actuó como una especie de contrapeso del duque, siendo responsable de la supervisión de los estados reales y sus ingresos en el ducado, y de asegurar que el duque administrara justicia imparcial. En ciertas áreas, sobre todo en aquellas no incorporadas dentro de los territorios de los duques, los galstaldos pudieron ejercer el equivalente de las funciones ducales y eran directamente responsables ante el rey.
 
Las condiciones eran más bien diferentes en el sur de Italia, donde por ejemplo en el siglo VII los gastaldos parecen haber sido responsables ante los duques más que ante los distantes monarcas de Pavía. Esto era el resultado no solo de las distancias más grandes entre los ducados meridionales y el valle del Po, sino posiblemente también de las circunstancias de su formación. Mientras que el norte del país estaba dividido en un gran número de ducados bastante pequeños territorialmente, el centro y el sur de Italia contenían solo dos: el de Spoleto y el de Benevento. Se ha sugerido que eran los productos no de las conquistas lombardas, sino creados por el exarcado para los grupos de lombardos, más bien como Hilmagis en 572, que quisieron entrar a servicio imperial, mejor que aceptar la autoridad de sus propios reyes. Si así fuera, su propósito inicial puede haber sido resistir a expansión del reino lombardo, pero con el declive del control imperial a finales del siglo VI los nuevos duques realmente siguieron su camino como poderes regionales, no respondiendo ante el exarca ni ante el rey.

Esto no es tan paradójico como pudiera parecer, por cuanto que, como se mencionó anteriormente, destacamentos de lombardos habían sido utilizados por el Imperio en los últimos estadios de la guerra con los ostrogodos. La cohesión política de los lombardos estaba lejos de ser fuerte, y numerosos grupos étnicos, incluyendo gépidos, suevos, sajones, y búlgaros utrigures y kutrigures, estuvieron implicados en el traslado hacia Italia en 568. Paulo Diácono proporciona ejemplos de duques lombardos en Italia que estaban preparados para aliarse con el emperador y su representante en Rávena, el exarca, contra los reyes lombardos. Un cierto duque Droctulf, de origen suevo, es particularmente elegido como colaborador con el Imperio, y su inscripción necrológica en Rávena fue recogida por Paulo. También, puede haber existido una división importante de opinión entre los lombardos sobre la cuestión de la cooperación con o resistencia hacia el Imperio.


En 575 o 579 el patricio Baduario, yerno del emperador Justino, y su ejército fueron totalmente vencidos por los lombardos. Se aproximaron a Rávena, el duque Faroald de Spoleto incluso ocupó durante un tiempo Classis, su puerto, destruyó Petra Pertusa, que defendía la Via Flaminia, y así forzó el paso de los Apeninos. Faroald ocupó Nursia, Spoleto, y otras ciudades e instaló un obispo arriano en Spoleto, que fue ahora el centro de su ducado. Otro duque, Zotto, que con sus bandas parcialmente paganas inundó la provincia de Samnio y extendieron el terror a su alrededor, se estableció en Benevento. La conexión entre Ravena y Roma se interrumpió a veces; incluso Roma fue asediada en el año 579, pero los lombardos fueron obligados a abandonar el asedio, así como el de Nápoles dos años más tarde, debido a que las murallas romanas, conservadas en buenas condiciones y dotadas con un número de defensores suficiente, fueron inexpugnables para ellos. Durante los años siguientes los dos ducados tomaron un alcance aún mayor, limitados solo por Roma con sus alrededores y por las ciudades portuarias bizantinas, que no pudieron ser tomadas desde la parte de tierra. Durante el tiempo sin reyes Benevento y Spoleto crecieron tan fuertes que fueron capaces de mantener su independencia.

Los hombres libres romanos –los curiales que poseían una propiedad moderada en la ciudad o el terrateniente en el campo- habían huido, o habían sido asesinados o esclavizados, y solo las grandes masas de trabajadores, los coloni, y los esclavos agrícolas, habían sido dejados en la tierra, aunque muchos habían muerto durante los terrores de la guerra. Cuando los lombardos comenzaron a establecerse, dividieron la tierra, con todos sus siervos, hasta donde no había sido totalmente devastado, entre los lombardos libres, quienes de este modo ocuparon el lugar de los terratenientes romanos. Los coloni fueron considerados como aldiones, como hombres semilibres, y pagaron tributo y sirvieron para los lombardos como habían hecho para los romanos antes. Por supuesto, las posesiones de la Iglesia Católica, que era la Iglesia del Estado romano, cayó bajo la suerte de división. Los duques reclamaron para sí toda la tierra pública con sus tradicionales deberes también, pero cada guerrero lombardo libre fue autorizado a participar del botín, y por tanto llegó a convertirse también en un terrateniente. De este modo la división local en todas esas partes que no habían sido totalmente devastadas, y que fueron labradas después de un tiempo de nuevo, no sufrieron cambios. En cultura era más de lo mismo, con la única diferencia de que los lombardos, habiendo traído grandes rebaños de ganado, especialmente porcino, desde Panonia, concedió más importancia dentro de la finca a la gestión del ganado y a la cria de los animales de lo que lo habían hecho los romanos. Las ciudades y los asentamientos municipales igualmente permanecieron sin variaciones, debido a que los lombardos, habiendo conocido construcciones de piedra solamente en suelo romano, se acomodaron a las condiciones de una cultura superior. El asentamiento señorial y municipal destruyó totalmente la conexión dentro de los fara (clanes), de manera que el resto de la organización clánica original pronto desapareció. Dos de los ducados fueron de algún modo diferentes en origen y organización a los del norte de Italia, los “grandes ducados” de Spoleto y Benevento. No se remontaban a la época de la conquista en común, sino que fueron fundados por iniciativas independientes de bandas lombardas, que se habían separado de la gran masa bajo el mando de sus jefes e invadieron la tierra por su propia cuenta. Fueron mucho más grandes en extensión que una civitas, de modo que aquí la civitas forma una subdivisión del ducado.

En el norte de Italia, el incoherente gobierno de los duques tampoco permitió ninguna acción uniforme. Incluso, en tiempos de Alboin varias tropas se habían separado y saquearon en la Galia, pero, sobre todo, esos aventureros no tuvieron éxito sobre Mummolo, comandante en jefe del rey borgoñón Guntram. Los sajones, que no querían asimilarse con los lombardos e intentaban hacer su camino a casa a través de la tierra de los francos, fueron del mismo modo derrotados en los años siguientes.

Pero esas bandas habían enseñado el camino hacia el reino vecino a los duques del norte de Italia. Alguno de estos marcharon al valle superior del Ródano y fueron derrotados por los burgundios cerca de Bex (574) y no les fue mejor el año siguiente, cuando fueron expulsados por Mummolo, después de haber dejado baldía  la tierra entre el Ródano, el Isere y los Alpes. En esta época Susa y Aosta, el paso más importante sobre los Alpes, parece haber caído en manos de los francos, y, por otra parte un duque franco, Chramnichis, avanzó desde Austrasia al interior del ducado de Tridentum, pero después de un breve éxito, fue totalmente derrotado con sus tropas por el duque Evin cerca de Salurn. Estos conflictos tomaron un cariz peligroso cuando el emperador Mauricio envió subsidios (50.000 solidi) al joven rey Childebert de Austrasia para expulsar a los lombardos.

En 584 el rey Childebert dirigió un ejército contra Italia y tan débil había dejado la falta de un liderazgo monárquico a los duques que no se atrevieron a ofrecer resistencia y enviaron presentes en señal de sumisión. Además de esto sus fuerzas de resistencia se habían debitado por la traición de alguno de sus compatriotas que no se avergonzaban de unirse a los imperiales contra su propio pueblo. La política imperial era combatir a los bárbaros con bárbaros, y gastar abundantes medios para este propósito. Estando en peligro de perder todo su botín al dispersar sus fuerzas, los duques de Italia occidental decidieron unirse de nuevo bajo el liderazgo de un rey.

2. La Restauración de la Monarquía Lombarda

Eligieron a Authari, hijo de Cleph (584), y le concedieron, para dar fundamento material al nuevo reino, la mitad de sus propias tierras, que fueron más tarde administradas por gastaldi reales. El ducado había llegado a ser, a consecuencia de los asentamientos durante los últimos 10 años, algo bastante diferente de lo que había sido en el tiempo de Alboin, y también el nuevo reino estaba obligado a representar no solo el poder dirigente del ejército como antes sino también el poder territorial.

El intento del rey de reforzar el poder central contra las fuerzas de desunión, crecidas con fuerza durante el último periodo, formaba ahora la parte más importante de la política del estado lombardo, ya que era tarea del rey formar realmente un estado unido. Ya no estaba satisfecho con la dignidad de un jefe bárbaro, sino que aspiraba a reinar legalmente el territorio del Imperio Romano. Vemos esto desde el hecho de que Authari en primer lugar asumió el nombre de Flavio, que todos sus sucesores conservaron, aunque no fue reconocido por el Imperio, como había hecho, por ejemplo, con Teodorico.

Los lombardos quisieron que este territorio comprendiera toda Italia, y una leyenda que ilustra el hecho nos cuenta que Authari se internó en el mar a caballo en el punto sur de Italia, y tocó una columna solitaria, que se proyectaba fuera de las olas, con su lanza y declamó: “Esta será la frontera del reino lombardo”; pero en realidad, la tarea de Authari era de un carácter más modesto y limitado al norte de Italia. Un nuevo ataque de los austrasios fracasó a consecuencia de los desacuerdos de los líderes y como el exarca Smaragdo se sintió demasiado débil para ofrecer resistencia a los lombardos sin su ayuda, Authari consiguió concluir un armisticio durante tres años, el primero que se celebró entre los lombardos y el Imperio. Authari parece haberse aprovechado de esta oportunidad en parte para restaurar el orden en Italia septentrional y en parte para asegurar su frontera en el norte, y sobre todo para destruir la liga franco-bizantina, que amenazaba la existencia de su reino. Por tanto, él se comprometió con la hermana de Childebert, pero el compromiso pronto fue roto por los francos cuando el partido franco, imperial y católico de Brunhild consiguió el ascendiente. No obstante, Authari se casó con Theodolinda (588?), la hija católica del duque bávaro Garibald I (c.560-c.591), que por su madre pertenecía a la vieja familia lombarda de los Lethingos. La otra hija fue desposada con el poderoso duque Evin de Tridentum, y su hermano Gundoald fue nombrado duque de Asti por Authari. Cuando los francos, por esta época, repitieron su invasión de Italia bajo el liderazgo de unos pocos duques, fueron totalmente derrotados después de una feroz batalla. La venganza de Childebert fue impedida por las negociaciones de Authari con él (589) y por su oferta de convertirse incluso en un aliado dependiente y pagar tributo. Mientras, después de que terminara el armisticio, Authari había conseguido eliminar los últimos restos del poder imperial en las fronteras septentrionales de Italia, y probablemente también había obtenido su reconocimiento por el duque de Friuli. No obstante, su posición se deterioró mucho cuando un nuevo exarca, Romano, apareció en Rávena con refuerzos, recuperó Altinum, Módena y Mantua, e indujo a los duques lombardos de la Emilia, así como al duque de Friuli, a unirse a los imperiales. Las negociaciones se rompieron, y los imperiales y los francos planearon destruir el poder lombardo mediante un ataque simultáneo y sistemático desde el norte y el sur, e incluso se habían puesto de acuerdo sobre una distribución del botín. Veinte duques francos irrumpieron desde los Alpes en dos divisiones, una marchando contra Milán, la otra bajo el duque Chedinus contra Verona, después de haber quebrado la fortificación de la frontera y devastó toda la tierra a su alrededor (verano de 590), pero no tuvo lugar ningún conflicto, debido a que los lombardos se retiraron a sus fortificaciones, temiendo el aplastante número de enemigos. El exarca llegó a encontrarse con los francos en Mantua, y planearon marchar en una línea paralela a ellos contra Pavía, a la que Authari había retrocedido; pero su plan no había sido puesto en práctica, se dice, a consecuencia de malentendidos.

Los duques francos intentaron asegurar su botín móvil, y se dice que el duque Chedino celebró un armisticio durante diez meses; pero las epidemias y el hambre causaron grandes pérdidas en su camino de vuelta. Después de esos esfuerzos, que no les trajeron ningún éxito real, los francos cesaron de invadir Italia durante más de un siglo y medio. Authari vivió para gestionar las negociaciones de paz que llevaron a una amistad duradera entre los francos y los lombardos más tarde –una tarea que no fue, como parece, dejada de lado durante mucho tiempo por los lombardos. La frontera del norte, en todo caso, fue asegurada, y los lombardos solamente fueron amenazados desde una parte, por los imperiales. Pero Authari no vivió para ver el definitivo tratado de paz; se dice que fue envenenado y murió (septiembre de 590). El resultado de su activa vida fue el establecimiento de un reino y el Estado Lombardo, aunque todavía esperaban muchas dificultades desde dentro y desde fuera.

3. El Reinado de Agilulf (591-616)

Dos meses después de la muerte de Authari, Agilulf, duque de Turín, obtuvo la corona y se casó con la viuda de su predecesor, Theodolinda. En mayo de 591 una asamblea de lombardos en Milán le reconoció solemnemente, pero una serie de duques del norte de Italia hubieron de ser sometidos por entonces en repetidas batallas; también Piacenza y Parma fueron de nuevo sometidas, y en la última ciudad fue establecido como duque el yerno del rey, ya que el rey reclamaba generalmente el derecho a nombrar él mismo. Aseguró la frontera norte mediante un acuerdo con los ávaros que después se convirtió en una alianza defensiva y ofensiva. Había llegado el momento para un ataque sistemático sobre los imperiales. El recientemente nombrado duque de Benevento, Arichis, que había consolidado su ducado al conseguir casi todos los territorios en el sur de Italia con la excepción de unas pocas ciudades en la costa, tenía la misión especial de marchar contra Nápoles y amenazar Roma desde el sur, mientras que Ariulf de Spoleto ya había destruido la comunicación terrestre entre Roma y Rávena en abril de 592, e incluso apareció ante Roma en el verano, volviendo al norte y tomando los castillos del alto Tíber. Sin lugar a dudas, el exarca logró recuperarlas durante el tiempo en que estuvo libre de Agilulf; pero en 590 el rey en persona avanzó hacia el sur, ocupó Perusia, y apareció ante Roma. El asedio finalizó con un tratado con el Papa Gregorio, que solo fue deseado por la paz, pero no fue reconocido por el exarca después de que el rey se hubiera retirado; la guerra no terminó, y los lombardos hicieron constantes progresos. Fue solamente después de la muerte del exarca Romano (596) cuando, a instancias del Papa, las negociaciones se renovaron seriamente; es cierto que el nuevo exarca, Calínico, continuó la guerra en Italia del norte, pero celebró un armisticio en otoño de 598 sobre la base del status quo y se comprometió a pagar 500 libras en oro al rey lombardo. El armisticio fue renovado por el periodo desde primavera de 600-601 pero, cuando la guerra fue emprendida de nuevo, el exarca consiguió hacer prisioneros al duque de Parma y a su esposa, la hija de Agilulf; pero el rey lombardo tomó Padua, devastó Istria con tropas eslavas y ávaras, conquistó la ciudad fortificada de Monselice, forzó una paz sobre los duques rebeldes de Friuli y Tridentum, y ocupó en 603 Cremona y Mantua. La posición central de los imperiales parecía estar en peligro después de el sometimiento de todo el norte de Italia, y el exarca de rávena, Smaragdo, que fue de nuevo enviado a Italia tras la caída del emperador Mauricio, concluyó apresuradamente un nuevo armisticio hasta 605, y devolvió a la hija del rey. Luego, Agilulf cruzó los Apeninos una vez más, ocupó Balneum Regis y Orvieto, pero en noviembre de 605 los imperiales obtuvieron un nuevo armisticio al precio de pagar un tributo de 12.000 solidi. Desde esa época hasta la muerte de Agilulf e incluso después, este armisticio fue prolongado continuamente. Es cierto que no se efectuó un estado de paz definitivo, lo que habría llevado legalmente a una partición del suelo italiano, aunque el embajador de Agilulf, Establiciano, parece que entró en negociaciones a este respecto en Constantinopla. Agilgulf murió en 616 después de 25 años de belicoso reinado en el que había expandido y reforzado su imperio y obligado a los romanos a pagar tributo.

4. Theodelinda y la dinastía Bávara (616-700)

A Agilulf sucedió su hijo Adaloald (un menor) nominalmente, pero Theodelinda ejerció la influencia sobre el gobierno en su lugar. Mientras que Authari nunca había permitido el bautizo católico de niños lombardos, se había concedido una capilla católica a Theodelinda en Monza y el mismo Adaloald ya fue bautizado como católico, aunque por un cismático, y Theodelinda que intercambió cartas ocasionales con el Papa Gregorio, era cismática en relación a los Tres Capítulos. De este modo, Agilulf no había tolerado la organización de la Iglesia romana hasta donde alcanzaba su poder, pero el obispo cismático de Aquileia y sus sufragáneos cismáticos se habían refugiado con los lombardos. Agilulfo también había dado tierra abandonada en los Apeninos en la confluencia del torrente Bobbio y el Trebia al monje irlandés Columba (Columbano) que había huido de la Galia, y difería dogmáticamente de Roma. También dio permiso para sentar las bases de un monasterio en Bobbio, pero los monjes pronto volvieron a la ortodoxia después de la muerte de Columbano, e incluso tuvieron un privilegio en 628, por el que quedaron dispensados del poder del obispo de Tortona. En contraste a los jefes nacionales, que todavía eran arrianos, el gobierno favoreció a los católicos o al menos a los cismáticos, y en consecuencia, la influencia romana hizo rápidos progresos ene le reino lombardo, favorecida en parte por la influencia social de los súbditos romanos, en parte por las relaciones con los vecinos romanos, a los que los largos armisticios habían preparado tan bien. No obstante, la paz se rompió una vez más, al inicio del reinado de Adaloald, entre el exarca Eleuterio y los lombardos bajo el mando de Sundrario, que debía su formación a Agilulf, pero otro armisticio puso fin a esta guerra, consintiendo el exarca a pagar 500 libras en oro. Al año siguiente la influencia romana sobre el rey fue tan grande que generalmente se decía que estaba loco o embrujado. Quizá fue el partido nacional entre los lombardos quien levantó sobre el escudo a Arioald, el duque de Turín, marido de la hermana de Adaloald, Gundeperga, y después de varios combates destronó al rey Adaloald, que entonces se dijo que había sido eliminado por envenenamiento (626). Arioald reinó diez años, sin demasiados cambios en el curso de la política lombarda. Entró en conflicto con su esposa católica, que fue liberada de prisión por la intervención de los francos y permitió el servicio católico en una iglesia de Juan el Bautista en Pavía.

La alianza que Agilulf había formado con los Ávaros se disolvió. Ellos invadieron Italia y mataron a Gisulf II, duque de Friuli, en torno a 610 con casi la totalidad de su ejército; su viuda pérfidamente sometió Cividale que fue totalmente quemada y el campo abierto fue devastado, ofreciendo resistencia los lombardos solamente en los castillos fortificados en la frontera, hasta que los ávaros volvieron a Panonia tras su incursión. Ninguna ayuda iba a esperarse para Friuli en ese tiempo desde un reino débil; pero al final los hijos de Gisulf escaparon de los ávaros, y los dos mayores, Taso y Kakko, tomaron las riendas del gobierno en sus manos (c.610-c.625). Mientras que el poder de los ávaros estaba disminuyendo, los jóvenes duques en alianzas con los bávaros y los Alamanes combatieron con éxito contra los eslavos, y durante el reinado de Arioald penetraron victoriosamente  en los valles de los Alpes quizá hasta Windish-Matrei y el valle de Gail, y obligaron a los eslavos a pagar tributo. Pero, siguiendo la intención de Arioald, se dice, el exarca eliminó silenciosamente a Taso y Kakko, y su tío Grasulf II (c.625-651) fue nombrado duque de Friuli mientras que los dos hijos más jóvenes de Gisulf, Radoald y Grimoald, apelaron a la protección del poderoso duque Arichis de Benevento.

Después de la muerte de Arioald los nobles del reino eligieron a Rothari de Brescia, un ardiente arriano, que estaba conectado con la anterior dinastía mediante su matrimonio con la reina viuda Gundeperga; sin embargo, su política (a diferencia de la de sus predecesores en los últimos 20 años) fue decididamente hostil a los romanos, aunque toleró el establecimiento gradual de la jerarquía católica en el reino lombardo. Buscó mantener el orden en todos los asuntos internos y elevar la autoridad del rey sobre los nobles, y para este propósito, la guerra contra los imperiales, que había cesado durante dos décadas, fue retomada otra vez, para reforzar el dominio real del monarca mediante nuevas conquistas. Pasó los Apeninos y conquistó la costa entre Luna y la frontera franca; no instaló duques aquí sino que mantuvo la tierra conquistada bajo administración real directa, de modo que la mayor parte del oeste de Italia fue real. Destruyó Oderzo en el este, último reducto del poder romano en la tierra firme veneciana, y destrozó a los imperiales en una sangrienta batalla en los límites de Scultenna no lejos de la sede central del domino romano; concluyó una suspensión de la hostilidades poco antes de su muerte (652). Su hijo Rodoald le siguió, pero fue  asesinado después de un reinado de pocos meses.

Más famoso incluso que por sus victoriosas empresas y por la saga que se adjudica al nombre de “Rey Rother”, Rothari fue el primer legislador de los lombardos. Hasta ese momento, los lombardos, como todas las naciones bárbaras, habían sido gobernados mediante leyes consuetudinarias, transmitidas a ellos  oralmente por sus ancestros. Rothari les ordenó ponerlas por escrito, publicadas como Edicto tras haber consultado a sus nobles, y confirmadas de acuerdo a la costumbre lombarda mediante una asamblea de guerreros en Pavía (22 de noviembre de 643). Por supuesto fue una ley territorial, pues solamente el lombardo estaba sometido a la ley lombarda en el Estado Lombardo, y el hecho de ponerla por escrito muestra bastante a las claras que el Estado Lombardo se colocó en la misma línea con la respublica (el Imperio) y los otros estados reconocidos, perfectamente igual a ellos. Cuando Rothari declara que la ley protegería al pobre contra las opresiones del poderoso, podemos encontrar en ella parte de los medios que él empleó para mantener el orden en los asuntos internos. El Reino no solo estaba protegido por algunas de las leyes del Edicto sino que también mostraba su poder mediante el hecho de emitir regulaciones legales para todo el país, que, si no a la vez, se aceptó en todos los acontecimientos después de un breve periodo de tiempo de manera irrevocable desde Benevento a Cividale. Su materia es esencialmente una ley germánica, pero en los suplementos que los sucesores de Rothari añadieron, podemos rastrear influencia externas; y, además, la forma está influenciada naturalmente por patrones romanos. La ciencia comparativa de la ley ha demostrado que la ley Lombarda que tenía la mayor semejanza con la ley sajona, anglosajona y escandinava –prueba de que los lombardos preservaron su ley inalterable en asuntos esenciales desde su partida desde el bajo Elba. El Edicto está sistemáticamente organizado, y trata de los delitos contra el rey, el estado, u hombres, especialmente compensaciones por injurias corporales, ley de herencia y derecho de familia, y manumisión, luego obligaciones y estado real, delitos contra la propiedad, juramentos, y fianza. Bien puede llamarse la mejor codificación jurídica de una ley bárbara.

El sucesor del hijo de Rothari fue Aripert I, el hijo del duque Gundoald de Asti, que había llegado de Baviera con su hermana Theodelinda. Durante los nueve años de su reinado él, como católico, continuó las tradiciones de Theodelinda, en oposición a Rothari. Construyó una iglesia católica en Pavía y favoreció a la jerarquía católica, aunque la afirmación de un poema que celebra los méritos de su dinastía en torno al año 700, de que “el bueno y piadoso rey” abolió la herejía arriana, es probablemente exagerada. El obispo de Pavía fue convertido al catolicismo. Solamente después de su muerte (661) tuvo lugar un cambio de política, cuando sus dos jóvenes hijos Godepert en Pavía y Perctarit en Milán, a los que había dejdo el gobierno, se pelearon, y Godepert reclamó la ayuda del poderoso duque Grimoald de Benevento contra su hermano. Tras la muerte de Arichis, y su hijo Ajo o Aión, que había muerto en una batalla contra los piratas eslavos cerca de Sipontum (662), los dos hijos de Gisulf de Friuli, Radoald y Grimoald alcanzaron la dignidad del ducado consecutivamente, y enérgicamente mantuvieron su poder en varias batallas contra los imperiales. Grimoald, duque de Benevento desde 646, se dirigió ahora a Italia del Norte por el lado oriental de los Apeninos contra el centro del reino lombardo, mientras que su subordinado, el conde de Capua, marchaba a través de Spoleto y Tuscia y se unió al duque en Piacenza. Asistido por la traición del duque Garibald de Turín, Grimoald tomo las riendas del gobierno él mismo tras haber matado al rey Godepert con su espada; Perctarit había huido de Milán hacia los ávaros, y su esposa y su joven hijo Cunincpert habían sido enviados al exilio a Benevento. Ahora Grimoald se casó con la hija de Aripert, quien ya estaba prometida con él, y legitimó su poder mediante una elección posterior en Pavía; por el propósito de ganar apoyo firme concedió dominios reales en la alta Italia a varios de sus fieles seguidores de Benevento. Fue el primer rey lombardo que unió el dominio real del rey en el norte con Benevento bajo su gobierno efectivo.

Poderoso como era, Grimoald mantuvo una lucha para la preservación de su pode real. Perctarit volvió, y pareció someterse, pero pronto fue obligado a huir con los francos, después del descubrimiento de una conspiración entre sus seguidores y algunos duques desafectos. La intervención del ejército franco a favor de la dinastía desterrada no tuvo éxito; mediante una estratagema Grimoald se las ingenió para atacarles súbitamente cerca de Asti y derrotarles. En el año 663 el emperador Constante había desembarcado en Tarento, para conseguir una nueva base para  su excesivamente presionado imperio mediante conquistas en el oeste, y la expulsión de los lombardos era naturalmente la primera condición para esta empresa. El emperador ocupó Luceria con fuerzas superiores, asaltó Acerenza sin éxito, y luego asedió al joven hijo de Grimoald, Romuald en Benevento. Este último prometió a su hermana Gisa en señal de sumisión después de haber resistido  bravamente; pero Grimoald ya había alcanzado el río Sangro con un ejército de liberación, aunque muchos lombardos le habían abandonado, y el joven Romoald no cumplió su compromiso; el emperador abandonó su asedio y se trasladó a su propia ciudad de Nápoles. Se dice que este ejército imperial había sido derrotado dos veces: en todo caso  Constante abandonó la guerra contra los lombardos durante un tiempo y después de una corta visita a Roma continuó hacia Sicilia, donde fue asesinado. Entonces Romuald ocupó Tarento, Brundisium, y todo el resto del dominio imperial sobre la costa adriática del sur de Italia, con la excepción de Hydruntum; y Grimoald, después de haber instalado a Trasamund I (663-703), un duque de su elección, en Spoleto, de nuevo se dedicó a su más urgente tarea en el norte de Italia, donde encontró en rebelión al duque Lupo de Friuli (c.663-666), al que había dejado en su lugar en Pavía. Evidentemente amenazado por otras rebeliones también, el rey mismo apeló al Khagan de los Ávaros, por ayuda contra el duque; Lupo murió en la batalla, pero los Ávaros ahora se prepararon para ocupar Friuli como tierra conquistada. Pero, a pesar de la lo insuficiente de sus fuerzas militares, Grimoald les indujo  a partir, y estableció a Wechthari, un poderoso soldado y el terror de los eslavos, como duque de Friuli en lugar de Arnefrit, hijo de Lupo, que había intentado recuperar la herencia de su padre mediante la ayuda de los eslavos, pero fue derrotado y muerto cerca de Nimis (666). Grimoald se llevó Forli de los imperiales y devastó Oderzo, donde sus hermanos una vez fueron asesinados, luego hizo la paz con los francos, de manera que Perctarit no se sintió seguro más tiempo en su refugio, y se preparó para huir a Inglaterra. En este tiempo el poderoso rey Grimoald murió, después de haber asegurado los límites de su reino, y haber destruido el poder de los duques, en el noveno año de su reinado (671). Su hijo mayor, Romoald ocupó su lugar en el ducado de Benevento mientras que el joven Garipald, su hijo con la hija de Aripert, heredó la corona real.

Por esta época, Perctarit (671-688) regresó de su exilio y destronó a su sobrino Garipald con la ayuda de sus numerosos seguidores; él y su dinastía ahora ocuparon el trono durante más de 40 años ininterrumpidamente. Hizo a su hijo Cunincpert corregente (680) y entró en relaciones amistosas con Romoald de Benevento, cuyo hijo, el joven Grimoald, se casó con la hija de Perctarit. En el sur, así como en el noroeste el catolicismo ganó el poder exclusivo, y en Benevento y Pavía muchas fundaciones de claustro hablaban de una piedad creciente, mostradas especialmente por las dos princesas. Numerosos obispos lombardos ya habían asistido al sínodo de Roma en 680; por otra parte el Cisma de los Tres Capítulos perduró en Austrasia (o Austria, la parte oriental del reino), en el límite oriental del Adda, encontraste con la Neustria al oeste, donde la realeza había tomado echado raíces más decididamente. El duque Alachis (o Alahis) de Tridentum, que había extendido su territorio hacia el norte, en dirección a los bávaros, era demasiado fuerte para Perctarit e incluso añadió el ducado de Brescia al suyo propio. Después de la muerte de Perctarit también ocupó Pavía, expulsó al rey Cunincpert a un refugio en una isla en el lago de Como y actuó como rey, reconocido por la mayor parte del norte de Italia. Pero al pasar por herético y actuar imprudentemente contra la Iglesia, se hizo enemigo de la jerarquía, y Cunincpert pronto fue capaz de regresar a Pavía, protegido por sus seguidores. Entre Neustria y Austrasia, en el campo de Coronate, tuvo lugar una batalla entre ellos; Alachis cayó, y una gran parte de sus seguidores murieron en la corriente del Adda. Esto fue de inmediato una victoria del reino sobre el ducado, y de la ortodoxia sobre el Cisma de los Tres Capítulos. Una insurrección en Friuli también fue sofocada; en un sínodo que había sido convocado a requerimiento del rey en Pavía (698?) incluso aquellos obispos de Austrasia que eran aún cismáticos reconocieron el quinto y sexto concilios ecuménicos, y así la unidad de la fe católica se estableció en la Italia lombarda. El último efecto perdurable de este cisma fue la división del Patriarcado de Aquileia entre los obispos de Grado y de la Vieja Aquileia, que siguieron siendo las fronteras civiles entre lombardos y romanos. Incluso antes de que la Iglesia Romana triunfara a través de todo el reno lombardo, después de que fracasara el intento del emperador Constante de intentar reconquistar lo que había perdido, y de que la tradicional política de paz de la dinastía bávara hubiera reemplazado la política beligerante de Grimoald -incluso en esa época se había hecho una paz definitiva entre el Imperio y los lombardos, colocando así el Estado Lombardo entre los Estados que eran oficialmente reconocidos por la respublica. El reconocimiento del status quo, los límites, que se habían fijado mediante cien años de guerra, formaron la base de la paz; y los lombardos renunciaron a cualquier otra política de conquista. Esta paz parece haber sido concluida entre 678-681 en Constantinopla, y desde ese tiempo los obispos lombardos, cuando el Papa confirmaba su nominación en Roma, juraban colaborar a que "la paz, que dios ama, fuera mantenida eternamente entre la Respublica y nosotros, esto es, el pueblo lombardo".

La influencia romana afectó al estado romano de varias maneras. Las relaciones entre los súbditos romanos semilibres siempre había sido una vigorosa fuerza desde el comienzo del asentamiento; los cismáticos que venían desde el Imperio Romano habían encontrado recepción incluso en un periodo muy temprano, como los mercaderes durante las épocas de armisticio, que mantenían relaciones amistosas y se beneficiaban por el gran mercado lombardo; pero cuando se hizo la paz definitiva, fueron posibles las relaciones duraderas y los intercambios seguros con los nuevos aliados, de manera que los romanos y sobre todo el clero católico se establecieron en las tierras de sus nuevos aliados y amigos, quienes también reconocieron su derecho a ser tratados mediante la ley romana. El matrimonio mixto debió haber ocurrido frecuentemente en un periodo muy temprano, y fue impulsado por las leyes lombardas que consideraban al liberto y al hombre libre como iguales, de manera que los matrimonios con libertos o libertas eran permitidos y muy comunes; después de la paz definitiva, incluso las uniones entre lombardos y mujeres del imperio Romano no fueron cosa rara tampoco. Como los lombardos eran una pequeña minoría, incluso en su propio territorio, el matrimonio mixto tenía un marcado efecto. La adaptación del pueblo reinante a la cultura romana que habían encontrado llevó el mismo camino. Así, ellos llegaron al conocimiento de nuevas formas de cultura y opulencia, que solamente podían ser satisfechas a la manera romana, en parte mediante el trabajo de los súbditos romanos, en parte por el botín obtenido en la guerra, y desde la paz también por importaciones regulares. El comercio y el arte eran de sello romano, aunque la calidad está decaída y se acomoda de algún modo al gusto bárbaro. Fue solamente en Italia donde los lombardos aprendieron a erigir construcciones de piedra, a construir barcos más largos, y a usar armas de metal; del mismo modo sus ropas cambiaron y gradualmente aceptaron el lenguaje latino vulgar, especialmente porque todos los términos de su nueva cultura pertenecían a ese lenguaje, el único lenguaje escrito usado, no solo para la ley escrita, sino todos los documentos que eran redactados por los eclesiásticos y notarios romanos que seguían fórmulas romanas. Como su importancia creció, la palabra escrita ganó supremacía en todas las materias de ley. Los relatos más viejos de la historia lombarda y la tradición también fueron escritos en latín, y cualquier cosa que hubiera de ciencia, en conexión con la Iglesia Romana, era, por supuesto, latín. Así, la paz duradera, y especialmente la paz con la Iglesia Católica, esencialmente aceleró el proceso de asimilación en esta esfera así como en otras.

El desarrollo constitucional, así como la cultura, fue condicionado por el hecho y el modo de asentamiento. El Estado territorial desarrolla una realeza centralizada en combate con fuerzas centrífugas, y esconde la base original de la libertad germana. La estirpe o el clan ya habían perdido cada todo fundamento económico por el asentamiento, y no podemos encontrar huellas de la centena entre los lombardos. Políticamente la estirpe retrocede también, pero en asuntos de derecho solamente es sustituido por el Estado de manera gradual. La legislación de Rothari se esfuerza en restringir el derecho de sangre a la familia; importantes castigos son fijados con el propósito de hacer que el injuriado elija esto en lugar de la enemistad de sangre; los actos de culpabilidad no han de conducir a la pelea. Los miembros del clan intervienen como asistentes en un juramento, como combatientes para el derecho de una mujer en una ordalía; y el mundium de una mujer soltera recae en los miembros del clan si ella no tiene relaciones de familia más cercanas. En contraste a estos pobres residuos del poder de la familia extendida (estirpe o clan), que una vez había sido tan grande, la conexión familiar es muy poderosa, de modo que incluso por una disposición de última voluntad se permitirá solamente muy tarde y bastante excepcionalmente. La asamblea nacional, que es la asamblea de los arimanni todavía existe, y esta al igual que el reino expresaba la unidad lombarda; pero esta asamblea también fue, naturalmente, cambiada por completo por el Estado territorial, habiendo perdido sus cimientos orgánicos en las estirpes, y como asamblea que comprendía a todos o a casi todos los guerreros era bastante imposible de considerar la extensión territorial del Estado. En realidad consistía solo en el ejército que solo estaba preparado para las operaciones militares, los asistentes del rey y los duques y nobles presentes, y mientras que los nobles realmente eran convocados a menudo para el consejo preparatorio, la asamblea de guerreros no tenía posibilidad de influir en los asuntos corrientes del estado y solamente servían para realzar las solemnidades en la elección de un rey o en la entrega de las leyes. El otro elemento de unidad, que probablemente había nacido solo en la época de los vagabundeos, el ejército, en comparación predominaba cada vez más; parece haber sido adjudicado a una familia en una época muy antigua, y hasta el siglo VIII la conexión con los Letingos fue mantenida, al menos por vía femenina; pero además de este derecho heredado, la costumbre germana general exigía la elección, alzándolo sobre el escudo, y un acto solemne de lealtad por los fideles. Por otra parte, el Estado territorial y la influencia romana pronto decidieron la extensión del poder del rey, aunque el se tituló rex gentis langobardorum. Esta influencia se expresa no solo en la adición del nombre romano de Flavio y el nombre romano de honor, vir excellentissimus, sino también en la afirmación del poder casi ilimitado del rey, que está ya expresado en el Edicto de Rothari: “creemos que los corazones de los reyes están en manos de Dios”. El rey no solo tiene la leva en masa, y todos los derechos conectados con ella. Como supremo juez y protector de la paz, ha asegurado su propia paz mediante un alto castigo, es el supremo guardián del Estado Lombardo en un cierto sentido, y siendo el único representante del Estado, no se hace ninguna diferencia entre sus propios derechos y los del Estado. Solo suyo es el derecho de acuñar moneda, ya que los lombardos –antes de Rothari incluso- habían aprendido el arte y uso de acuñación de los romanos; y que el duque de Benevento acuñara del mismo modo que el rey solo demuestra cuan independiente se mantenía del Estado Lombardo.

Nota: “Mundium”: era el equivalente germánico al pater familias latino, es decir, a la potestad jurídicamente atribuida al cabeza de familia sobre el círculo de miembros que la integran. El Munt, en particular, se atribuía al jefe de la Sippe sobre todos sus componentes, otorgándole un poder que iba mucho más lejos que la simple patria potestad del Derecho romano, tanto en la potestad concedida, como en el grado de intervención tuitiva sobre el colectivo bajo su Munt.

5. La Caída de la Dinastía Bávara y la dinastía de Ansprand (700-744)

Después de la muerte de Cunincpert (700), su joven hijo Liutpert reinó bajo la sabia tutela de Ansprand. Raginpert, duque de Turín, hijo de Godepert y sobrino de Perctarit, reclamó el trono y derrotó a Ansprand cerca de Novara, ocho meses después de la muerte de Cunincpert. Cuando murió, poco después, su hijo y corregente Aripert II, después de una segunda batalla, tomó prisionero a Liutpert, que había avanzado otra vez hacía Pavía, y envió al duque Rothari de Bérgamo, que aspiraba al trono, al exilio a Turín, donde fue asesinado después de unos pocos días. Ahora Ansprand también fue obligado a dejar su refugio en el lago Como, y huyó con el duque Teutpert (Theudebert) de Baviera. Liutpert fue asesinado, el hijo de Ansprand cegado, su esposa e hija mutiladas, y solo su hijo menor Liutprand se libró. De este modo la familia de Godepert arruinó a la raza de Perctarit. Pero no tuvo lugar ningún cambio de política. El rey Aripert II fue pacífico y amigable hacia los romanos, e incluso devolvió al Papa el patrimonio de los Alpes Cocios. Fue destronado en invierno de 712, cuando Ansprand volvió a Italia, después  e nueve años de exilio, con un ejército bávaro. Aripert huyó a Pavía y se ahogó cuando intentaba cruzar a nado el Ticino, cargado con todos sus tesoros. Ansprand fue reconocido como rey pero solo reinó tres meses; pero en su lecho de muerte le dijeron que los lombardos habían alzado a su hijo Liutprand sobre el escudo y de este modo legitimaba su usurpación también. Murió el 13 de junio de 712.

Aunque Liutprand no revirtió el desarrollo del Estado lombardo durante los últimos 150 años, favoreció la influencia romana dentro de su reino en todos los sentidos. No dejó duda acerca de su ortodoxia y adhesión a la fe romana, mientras que nadie superó su generosidad hacia las iglesias y monasterios, pero todavía siguió las gloriosas tradiciones de los reyes victoriosos que habían sido interrumpidas después de Grimoald, y estrictamente mantuvo a la vista su objetivo de unificar Italia bajo el reino lombardo, aunque eligió varios modos de conseguirlo en el curso de su reinado. Por esta razón, se le opusieron el imperio Romano y los duques de Spoleto y Benevento, que habían sido casi independientes durante el reinado de la dinastía bávara. Se mezcló en disputas sobre el trono bávaro a través de su afinidad con los duques de Baviera, adelantó las fronteras lombardas hacia Mais cerca de Meran; para el resto de la frontera norte estaba bien defendida por su amistad con el franco Carlos Martel, cuyo hijo Pipino había adoptado mediante el afeitado del pelo de acuerdo con una antigua costumbre, y al que incluso había llevado ayuda contra los Sarracenos en Provenza (737-738). En los asuntos domésticos continuó la legislación de su predecesor, se esforzó por proteger a sus súbditos contra la negativa de ayuda legal, e intervino con gran energía en la administración y jurisdicción mediante la corte real de justicia en Pavía y mediante missi especiales. Su objetivo naturalmente era reemplazar la imprecisa estructura del Estado lombardo mediante una serie de oficiales gobernados por el rey, y uno de su medios más eficientes era dar preferencia a los Gasindi, y otro entablar relaciones y colocar a otros fideles en todos los ducados y obispados. Su ideal del reino, el cual es evidente en sus leyes, ya demuestra una gran diferencia de la de los antiguos reyes lombardos y está fuertemente influenciada por las interpretaciones romanas y eclesiásticas.

La época era favorable para una política agresiva, debido a que la Italia romana, liderada por el Papa, se alzó en rebelión contra el emperador. La hostilidad común contra el emperador creó un lazo entre Liutprand y el Papa Gregorio II durante un tiempo, pero el Papa pronto llegó a ver claramente que el rey cerca de él era más peligroso que el distante emperador. Como signo de amistad, Liutprand, siguiendo la petición del papa, le restauró su patrimonio confiscado en los Alpes Cocios. Por el momento la paz solo estaba amenazada por el duque Romoald II de Benevento, que atacó el castillo de Cumae por sorpresa; pero después el duque de Nápoles, ayudado por la milicia del Papa, recuperó el lugar y mató a la guarnición, incluso el Papa había pagó a Romoald la indemnización que había ofrecido por una evacuación pacífica, y de este modo ganó su amistad. Mientras el duque Faroald de Spoleto comenzó a moverse también; Narni fue tomada, Liutprand ocupó Classis, el puerto de Rávena, y se llevó botín y prisioneros. Consiguió otros éxitos en la costa de la respublica; los castillos fronterizos se sometieron a él y también fue capaz de extender la frontera lombarda hasta Bologna; Osimo en la Pentápolis cayó en su poder también. Luego volvió hacia el sur y atacó el castillo de Sutri por sorpresa (728); esto fue demasiado para el Papa; el rey se aproximaba demasiado cerca de su propia esfera de acción. Después de que Liutprand hubiera estado en posesión del castillo durante 170 días, el Papa insistió en “restaurarlo y donarlo” a los apóstoles Pedro y Pablo. Mientras tanto los duques de Spoleto y Benevento habían entrado en una alianza con el Papa y defendieron la frontera del Ducatus Romae contra las tropas del emperador. El nuevo exarca Eutiquio que había desembarcado en Nápoles no logró hacer que los dos duques abandonaran la liga con el Papa; sus súplicas no tuvieron efecto sobre Liutprand hasta que ofreció un servicio muy importante al rey, colocando sus propias tropas a disposición del rey contra los duques independientes, a fin de cogerles por la retaguardia y obligarles a rendir homenaje al rey y enviar rehenes como señal de fidelidad. El rey devolvió este servicio guiando al exarca a Roma, y como el Papa no podía pensar en resistirse, de nuevo se sometió al emperador. Pero las tropas lombardas no entraron en la ciudad imperial  y Liutprand rindió homenaje a las tumbas de los Principes Apostolorum a los que él nunca había intentado combatir (729). De este modo, la revolución italiana llevó un doble éxito a Liutprand: adquisición territorial en el norte y la sumisión formal de los dos duques en el sur; y al mismo tiempo había aparecido como arbitro principal en estas diferencias en suelo italiano.

La siguiente preocupación de Liutprand iba a ser convertir la dependencia formal de los dos ducados en real y efectiva. Cuando surgieron las dificultades tras la muerte de Romoald II de Benevento (731-732), a cuenta de la sucesión, marchó sobre Benevento, se llevó al joven duque Gisulf para educarle, e instaló a su propio sobrino Gregorio, confiando en su propio poder soberano. Casi al mismo tiempo, tras una ruptura de la liga con el exarca, una conspiración del dux romano de Perusia contra Bologna fracasó, y un ejército romano, liderado por Hildeprand, otro sobrino de Liutprand,  ocupó la inexpugnable ciudad de Rávena, el centro de la administración imperial. Pero el exarca logró recuperar la capital mediante un súbito ataque y hacer prisionero a Hildeprand, con la ayuda de la armada de las lagunas, contra la cual los lombardos estaban indefensos. Poco después de este descalabro parece que Liutprand había concluido un armisticio, a cuenta del cual, Hildeprand fue enviado de vuelta. Después de que Liutprand cayera enfermo en Pavía (735), Hildeprand fue proclamado rey por los lombardos, y Liutprand le reconoció como corregente tras su recuperación. Surgieron nuevas dificultades en Friuli, donde el duque Pemmo había cubierto de fama el nombre lombardo en diferentes combates con los eslavos y desplegó un gran esplendor en su corte principesca en Cividale; se enredó en una pelea con Calisto, el favorito del rey, al que Liutprand había hecho patriarca de Aquileia, porque este último quería trasladar su residencia desde la pequeña ciudad de Cormons a Cividale, y había tomado por la fuerza el palacio del obispo, al que los duques habían renunciado a favor del obispo fugitivo de Julia Carnica. Liutprand intercedió a favor del patriarca, destituyó al duque Pemmo, y estableció en su palacio a su hijo Ratchis, que se demostró súbdito fiel del rey (737). Ningún soberano había reinado nunca de manera tan poderosa.

Pero ahora había llegado el momento en que Liutprand  consideró necesario asestar el golpe mortal al Imperio Romano en Italia, tan pronto como se quebró la independencia del duque en la Italia central. Este duque, Trasamund II (720-739), hijo de Faroald II, había tomado el castillo romano de Gallese y podía haber sido de gran utilidad para el rey para restringir las comunicación entre Rávena y Roma, pero prefirió entregar el castillo al Papa Gregorio III, comprometiéndose a que no dirigiría la armas contra él nunca más. Pero Liutprand, cruzando la Pentápolis, llegó a Spoleto en junio de 739, y designó a un nuevo duque, Hilderich (739-740), mientras que Trasamund huyó a Roma. El rey pidió en vano la entrega del rebelde ante los muros de Roma, le quitó los castillos de Ameria, Horta, Polimartium y Bieda al ducado de Roma, pero regresó al norte de Italia. Mientras, un partido romano en Benevento estableció a un Godescalc en el ducado en lugar del fallecido duque Gregorio, sin estimar las pretensiones del rey. Al año siguiente (740) Liutprand e Hildeprand atacaron Rávena y pusieron al exarcado bajo tributo, y al mismo tiempo las hordas lombardas salieron de los castillos y devastaron la Campania. El Papa envió un embajador, pidiendo al rey que devolviera esas fortalezas fronterizas, y también reclamó la ayuda de los obispos lombardos mediante una circular. Al mismo tiempo el ejército del ducatus Romae, ayudado por Benevento, reinstaló en Spoleto al duque Trasamund, que fue aceptado con los brazos abiertos por su propio pueblo (diciembre de 740). Pero incluso ahora Trasamund no se atrevió a atacar al rey y reconquistar para los romanos los cuatro castillos, como había deseado el Papa. En consecuencia, el Papa Zacarías, que había sucedido a Gregorio a fines de 741, abandonó la política spoletana de su predecesor, y ofreció al rey la ayuda del ejército romano contra Spoleto, con la condición de su promesa de restaurar los cuatro castillos. Atacado por dos lados (742) Trasamund se sometió al rey; luego éste último avanzó contra Benevento, y como Godescalc  abandonó su propio país y fue sometido antes de alcanzar el barco destinado a llevarle a Constantinopla, el rey devolvió su ducado ancestral a Gisulf, que ya había crecido y estaba fielmente comprometido con él. Pero después de que hubiera puesto fin a todas las dificultades en sur de Italia, el Papa mismo le adelantó en su camino de vuelta en su campamento de Terni, recordándole su promesa. El rey católico recibió al Papa con todas las marcas acostumbradas de reverencia, y le dio la deseada carta en relación con la restauración de las cuatro ciudades. Después de esto, varios nobles escoltaron al Papa en su camino de vuelta, y le entregaron las llaves de las ciudades sometidas, y las partes del patrimonio que habían sido conquistadas el fueron restauradas también. A cambio de esto, el Papa celebró un armisticio con el rey por 20 años en nombre del ducatus Romae. De este modo el rey quería eliminar un enemigo, para concentrar todas sus fuerzas contra la otra parte del dominio romano. Después de haber nombrado a su sobrino Agiprand duque de Spoleto, cruzó los Apeninos y envió su ejército contra Rávena a comienzos del año siguiente (743). El exarca y el arzobispo de Rávena en su desesperación suplicaron la intervención del Papa, y este último llegó a encontrarse con el rey en Pavía a través de Rávena. El rey se digno a celebrar un armisticio, ocupando los castillos de Caesena y parte del territorio de Rávena mientras tanto como promesa, hasta que la embajada que  envió a Constantinopla hubiera concluido una paz definitiva. No sabemos los motivos reales de Liutprand para abandonar el ataque; pero parece posible que los cambios de política exterior, especialmente con los francos, así como la simpatía con los romanos dentro del reino lombardo, alimentada por los obispos, se unieron con motivos personales para causar su conformidad. Aunque no logro su objetivo cuando murió a comienzos del año 744, llevó el poder del Estado lombardo a unas cotas que nunca antes se habían conseguido.

6. La dinastía de Friuli: Ratchis y Aistulf (744-757)

El anterior corregente de Liutprand, Hildeprand, le sucedió en el trono, pero no fue reconocido en todas partes. Trasamund regresó a Spoleto. Ratchis de Friul fue proclamado rey e Hildeprand destronado después de ocho meses de reinado. Los imperiales saludaron la elevación de Ratchis con alegría, y el nuevo rey celebró la paz con Roma durante 20 años. En Spoleto afirmó su autoridad, y Trasamund fue reemplazado por un nuevo duque, Lupo (745-752). Podemos juzgar por la severidad de sus órdenes en relación con los salvoconductos, y por sus normas contra los disturbios que Ratchis estaba preparado para enfrentarse a peligros tanto del interior como del exterior, y así intentó aumentar su partido mediante amplias distribuciones de tierras a la Iglesia, y a los romanos, los paisanos de su esposa Tassia. Evidentemente luchó por reducir la desigualdad entre romanos y lombardos. No obstante, se vio obligado a invadir la Pentápolis imperial y asediar Perusia. Pero cuando desistió de su bloqueo por la intervención personal del Papa, los lombardos dieron rienda suelta a su indignación sobre la política romanizante de su rey. Los nobles alzaron a Aistulf, el bravo y fiero hermano del rey, sobre el escudo en Milán (junio 749); Ratchis fue forzado a abdicar, enviado a San Pedro en peregrinación, fue aceptado como monje por el papa, y se retiró a Monte Cassino.

Aistulf inmediatamente comenzó de nuevo con la mayor energía la política conquistadora de Liutprand. Las donaciones que Ratchis había hecho antes de la elevación de Aistul fueron anuladas, las relaciones con los romanos fueron prohibidas, el comercio con un país extranjero miradas con lupa, la frontera bien guardada, y las obligaciones militares reguladas sobe la base de una nueva estructura social. Las importantes ciudades de Comacchio y Ferrara fueron ocupadas y el rey lombardo emitió una carta ya el 7 de julio de 751 en el palacio de Rávena, en la que se dice que el último exarca, Eutiquio se había sometido. El norte de Italia estaba ahora totalmente en manos de los lombardos, a excepción del distrito de las lagunas y las ciudades de Istria. Aistulf regresó a Italia central, donde el duque Lupo había muerto y tomó en sus propias manos el gobierno de Spoleto, la ciudad llave de Roma. Su siguiente asalto fue, por supuesto directo a Roma. Se situó ante los muros de Roma en junio de 755 y recibió una embajada papal; se supone que prometió la paz durante 40 años pero rompió el armisticio al cabo de cuatro meses. Sus condiciones fueron muy duras: tributo pagado por los habitantes del ducatus Romae y reconocimiento de su soberanía. Ordenó a los abades de Monte Cassino y San Vincenzo, que habían aparecido como enviados papales ante él, que siguieran sus órdenes como súbditos lombardos y volvieran a sus monasterios sin entrar en Roma. La embajada del emperador, que fue conducida a Rávena por el hermano del Papa solo dio lugar como mucho que Aistulf enviara a Constantinopla un mensajero con propuestas que parecían inaceptables, al menos para el Papa. Pero los mensajeros volvieron a Italia sin haber conseguido su objetivo, mientras que los lombardos habían tomado el castillo de Ceccano, que pertenecía a la Iglesia. Ahora el Papa Esteban obtuvo un salvoconducto y por orden del emperador se marchó a la corte de Aistulf en Pavía (otoño 753). El rey envió a su encuentro la orden de no aventurar una palabra sobre restaurar el territorio conquistado. Pero el Papa no iba a ser disuadido, y fervientemente suplicó al rey que cumpliera las condiciones contenidas en una carta que un enviado imperial había traído. Pero fue en vano. Entonces los embajadores francos, que habían acompañado al Papa, intervinieron y requirieron que Aistulf dejara al Papa ir a la Galia. Cuando el Papa, en su siguiente audiencia, declaró que realmente su intención era cruzar los Alpes, se dice que Aistulf rugió con rabia como una bestia salvaje. Pero después de vanos intentos de cambiar la resolución del Papa, fue obligado a permitirle marchar, no atreviéndose a detenerle por la fuerza y exponerse a un conflicto inmediato con los francos. El Papa dejó Pavía el 5 de noviembre. El nuevo rey franco, Pipino, estaba claramente decidido a interferir en Italia, y Aistulf se vio cara a cara con una nueva situación inmediatamente antes de alcanzar el objetivo que había anhelado tan fervientemente.

Pero no se habían roto aún todos los lazos. Pipino envió embajadas sobre los Alpes tres veces para inducir a Aistulf a ceder, pero en vano. El sentimiento público entre los nobles francos de ningún modo era favorable a la guerra, y Aistulf, deseando aprovecharse de este modo, envió a la Galia al hermano y anterior corregente de Pipino, Carlomán, que ahora era un monje en Monte Cassino. Mientras que el ejército franco ya estaba avanzando, el Papa envió una vez más una carta llena de súplicas a Aistulf, y Pipino ofreció 12.000 como recompensa por los territorios disputados; Aistulf lo rechazó con amenazas y llevó la totalidad de sus fuerzas, y el material militar que había acumulado para su empresa contra Roma, a Susa al pie del Monte Cenis, esperando el ataque de los francos. También estaba demasiado impaciente, sin embargo, de aguantar tras las clusae, elaboradas fortificaciones establecidas siglos antes por el gobierno imperial romano, y atacó la vanguardia franca por sorpresa; pero no siendo capaz de desplegar sus fuerzas superiores en un valle estrecho, fue empujado hacia atrás y casi él mismo resultó muerto; entonces, concentró el resto de su ejército en la ciudad fortificada de Pavía, donde apareció el ejército principal de los francos apareció después de unos pocos días. Pero como los francos dieran marcha atrás temiendo un largo asedio y los nobles francos, que habían mantenido relaciones amistosas con los lombardos que databan quizás desde la época de Carlos Martel, intentaron mediar, se hizo la paz. Aistulf confirmó el tratado por juramento, prometiendo someter aquellos territorios de Italia que habían ocupado ilegalmente y reconocer formalmente la soberanía del rey franco. Envió cuarenta rehenes e hizo espléndidos presentes al rey y los nobles como compensación por los gastos de guerra (otoño de 754). El Papa regresó a Roma, acompañado por el embajador franco Furald, y Pipino se retiró tras los Alpes. Pero Aistulf no pensaba mantener su juramento. De todas sus ciudades solo entregó Narni, y viendo que Pipino no interfería de nuevo, decidió poner fin a la disputa mediante un golpe maestro. El 1 de enero de 756 un ejército lombardo acampó de nuevo delante de Roma sobre la orilla derecha del Tíber. Aistulf rápidamente se aproximó desde Spoleto, y los beneventanos desde el sur. Con terribles amenazas, exigió el sometimiento del Papa mientras que sus bandas asolaban la Campagna. El enviado de Pipino, el abad Warnehar luchó contra los lombardos y luego informó a su príncipe de los que había visto. Pero los fuertes muros de Roma la salvaron de nuevo; Aistulf abandonó el asedio después de cinco meses y volvió a Pavía (5 de abril) para esperar a un nuevo ataque de Pipino cuando el invierno estaba terminando y la nieve que se derretía hacía el paso posible.

Los francos fueron una vez más dispersados por los francos cerca de la clusae del Monte Cenis, y Aistulf de nuevo buscó refugio tras los muros de Pavía. Encerrado en esta fortaleza, de nuevo pidió el perdón y la paz de Pipino mediante la intervención de los nobles. Este último concedió al rebelde la vida y el reino, que él había perdido. Siguiendo el veredicto franco al que había apelado, fue obligado a pagar como indemnización un tercio del gran tesoro real y regalos aún más costosos que dos años antes para garantizar su posterior sumisión, y se comprometió a pagar un tributo anual de 12.000 solidi, como habían hecho los lombardos en la época de Agilulf. Realmente ahora entregó las ciudades que habían sido estipuladas dos años antes y Comacchio además, restableciéndose así las mismas fronteras que habían dividido los dos territorios antes de la ascensión al trono de Aistulf. No obstante, las conquistas de Liutprand permanecieron en los dominios lombardos de manera que para gran desilusión del Papa y el emperador, el estado de la paz hecha en 680 no fue restaurado. No obstante, esta fue la mayor humillación que había sufrido jamás el reino lombardo durante más de un siglo y medio, desde que la primera alianza entre el emperador bizantino y el emperador se hubiera roto. La ambiciosa política de ataque de Aistulf fue atravesada por un nuevo factor que no había entrado en los cálculos de su predecesor. El orgulloso rey no sobrevivió mucho tiempo a su caída. Murió a consecuencia de un accidente mientras cazaba (diciembre de 756).

7. El fin del Reino Lombardo (757-774)

Después de la muerte de Aistulf estalló una grave crisis en el Estado lombardo. El monje Ratchis dejó Monte Cassino y fue reconocido como soberano, “sirviente de Cristo y príncipe del pueblo lombardo”, especialmente en el norte de los Apeninos. Pero tanto Spoleto como Benevento se separaron del reino y establecieron a Alboin como duque de Spoleto (757-758), que hizo un juramento de alianza con el Papa y el rey franco. El duque Desiderio fue levantado sobre el escudo en Toscana, y como se comprometió mediante documento y por juramento a someter las ciudades que pertenecían al Imperio, y para vivir en paz y amistad con el Papa y el rey franco, el plenipotenciario franco en Roma le apoyó con gran energía y el Papa preparó el ejército romano para su defensa. Entones, Ratchis abdicó por segunda vez. A petición del papa, Desiderio, de manera efectiva, cedió Faenza y Ferrara, pero tan pronto como se sintió seguro sobre el trono, entró en Spoleto por la fuerza sin consideración con los deseos del papa, hizo prisionero al duque Alboin como rebelde, expulsó a duque Liutprand de Benevento, quien fue obligado a tomar refugio tras los muros de Otranto, y estableció a Arichis II (758-787) como duque en su lugar, y le dio a su hija Adelperga como esposa. Hizo una propuesta de cooperación contra el Papa y el duque del Benevento a una embajada imperial que pasaba: al mismo tiempo intentó dificultar la conexión del Papa con sus anteriores aliados tanto como fuera posible, apareció en la tumba de San Pedro en Roma, pretendiendo relaciones amistosas, y obligó al Papa a escribir una carta a Pipino, intercediendo para la entrega de los rehenes lombardos. Para estar seguro, el Papa hizo devolver esta carta por medio de los mismos mensajeros que la habían traído, pero Desiderio aún consiguió evitar una nueva intervención franca, muy deseada por el Papa, al hacer ciertas concesiones, especialmente en relación con los patrimonios. En su siguiente visita a Roma, Desiderio estuvo cerca de un pacto sobre el consejo de la embajada franca en torno a 763 sobre la base del reconocimiento mutuo del status quo; y Desiderio prometió venir en ayuda del Papa con todas sus fuerzas en caso de un ataque del emperador. Fue solo después de la muerte del Papa Paulo I (767) que surgieron nuevas dificultades con Roma cuando un partido, hostil al último gobierno, había alzado a Constantino (II) al trono papal, y el líder del partido derrotado, el primicerius Cristóforo, pidió la ayuda lombarda. El partido derrotado entró en Roma por la fuerza, dirigido por tropas lombardas y el sacerdote lombardo Waldipert, pero el candidato lombardo Felipe no fue capaz de mantenerse en el trono papal en lugar de Constantino; Esteban III (768-772) fue elegido y el mismo Waldipert fue muerto por sus anteriores seguidores (768). Poco después de este fracaso, Desiderio intentó conseguir el arzobispado de Rávena para Miguel, uno de sus confidentes (769); pero los comisionado francos lo rechazaron por deseo del Papa.

Una nueva combinación en política exterior, parecía cambiar la presente situación para desventaja del papa y a favor de Desiderio. Este último y Tassilo III de Baviera (748-788), amenazados ambos por la preponderancia franca, entablaron relaciones amistosas, y Tassilo se casó con Teutperga, la hija de Desiderio. La viuda de Pipino, Bertrada concibió el plan de asegurar la paz poniendo a uno de sus hijos en relación con la familia real lombarda. A pesar del asombro del Papa, ella cruzó los Alpes y pidió a una de las hijas de Desiderio en matrimonio para su hijo Carlos. El compromiso tuvo lugar bajo la garantía de los nobles francos y el matrimonio fue llevado a cabo. Mientras, Bertrada había tratado de tranquilizar al Papa sobre sus transacciones con Desiderio. Este último evidentemente había renovado su promesa respecto al status quo territorial y a restaurar los patrimonios que eran propiedad privada de la Iglesia Romana. Pos supuesto, la siguiente consecuencia fue la caída del partido antilombardo que prevalecía en Roma. Esto fue aprobado por el Papa, que quiso escapar a la influencia predominante de su ministro. Desiderio apareció ante Roma con fuerzas militares, pero bajo la pretensión de rezar en la tumba del Apostol y arreglar cuestiones disputadas. El Papa salió a su encuentro y recibió su promesa mediante juramento. Pero un chambelán papal llamado Paulo Afiarta, líder del partido lombardo, levantó una revuelta en la ciudad contra Cristóforo, después de lo cual el Papa mantuvo que Cristóforo y su partido conspiraron contra su vida. El acusado ofreció resistencia dentro de la ciudad, pero fue traicionado por los romanos, abandonado por el Papa, y cruelmente asesinado por Paulo Afiarta y sus complices. Desiderio no quiso escuchar nada más sobre negociaciones con el Papa. Pero los reyes francos parecen haberse ofendido por su forma de actuar. Carlomán murió en diciembre de 771, pero Carlos, que planteó su pretensión a la totalidad del reino franco sin considerar a los hijos de Carlomán, decidió separarse de la política del último año. Repudió a la hija de Desiderio, sabiendo bien que hacía un enemigo del rey lombardo por este insulto. La viuda de Carlomán, Gerberga con sus hijos y seguidores huyó junto al rey lombardo, quien estaba listo para usarlos como armas contra Carlos. El nuevo Papa Adriano naturalmente estaba de parte de Carlos, y así se restableció la combinación política de la época de antes de la intervención de Gerberga. La embajadas entre el Papa y Desiderio no tuvieron efecto porque el Papa no confiaba en las promesas del rey, y por temor a perder su dominio sobre el rey franco rechazó firmemente ungir como reyes a los hijos de Carlomán por deseo de Desiderio. Paulo Afiarta y sus seguidores (del partido lombardo) fueron cesados y castigados, de modo que la influencia franca de nuevo decidió la política papal.

Mientras, Desiderio ocupaba de nuevo Faenza, Ferrara, Comacchio (primavera de 772), y amenazaba Rávena por todos lados; luego capturó Sinigalia, Jasi, Urbino, Gubbio; mandó sus tropas para atacar Bieda y Otricoli, para amedrentar al Papa, y marchó contra Roma con los hijos de Carlomán, después de haber suplicado en vano al Papa para que viniera hasta él. Este último ultimó todos los preparativos par ala defensa y levantó sus fuerzas en Roma, pero envió a tres obispos al campamento real en Viterbo con un toro, amenazando con la excomunión para el rey y todo el que se atreviera a dar un paso en suelo romano. Desiderio, efectivamente, deshizo su campamento y ser retiró; pero la respuesta que dio a las embajadas francas, que aparecieron en Italia por deseo del Papa, para conocer el estado de cosas, muestra bastante claramente que esperaba encontrar un golpe decisivo. Se había preparado para este momento durante todo el tiempo de su reinado, intentando asegurar la dinastía por la nominación de su hijo Adalgis como corregente (759), y restringir la independencia de los duques, aunque todavía uniéndolos a su persona. Había hecho costosos regalos a los grandes monasterios, y les había dotado con privilegios, y había reforzado su partido mediante nuevas donaciones de propiedades de tierra. Pero sin embargo, el reino lombardo no ofreció una resistencia unida a los francos. Una serie de emigrantes ya había huido junto a los francos incluso antes del comienzo de la guerra, y ahora muchos nobles dejaron Spoleto y fueron a Roma. Benevento no tomó parte en la guerra, y después del primer fracaso no solamente los contingentes de Spoleto sino también una serie de ciudades se sometieron al papa voluntariamente. Carlos solo encontró resistencia de las ciudades donde los reyes lombardos se defendieron. La traición jugó una parte importante en la caída del reino lombardo, hecho que puede ser rastreado incluso en las sagas. Después de haber rechazado el último ofrecimiento de Carlos, para pagar 17.000 solidi si cumplía la petición del Papa, Desiderio puso su confianza en la fuerte posición cerca de la clusae de Susa, que él había fortificado. Aquí, en la Puerta de Italia, esperó a Carlos, que marchaba sobre el Monte Cenis, mientras otro cuerpo tomó su camino sobre el Gran San Bernardo. Pero, debido a este circuito, no parece haber tenido lugar ninguna batalla. Desiderio fue obligado a retirarse a Pavía (septiembre de 73) con los guerreros que aún le eran fieles, mientras Adalgis buscó refugio con los hijos de Carlomán tras los muros fortificados de Verona, pero huyó de allí después de un tiempo y se fue al exilio a Constantinopla. Pero a excepción de Pavía y Verona Carlos no encontró ninguna resistencia en el reino lombardo. Verona con los hijos de Carlomán se sometió incluso antes de Navidad a una tropa separada del ejército al mando del mismo Carlos, mientras que el asedio de Pavía se prolongó hasta principios de junio de 774, aunque el hambre y las epidemias se desencadenaron dentro de la ciudad.

Tras la capitulación, Carlos se llevó a Desiderio y a su esposa a la Galia con el tesoro real, habiendo recibido el homenaje de los lombardos que había reunido en Pavía, dejando allí una guarnición franca. Este fue el fin del reino lombardo independiente, y Carlos fechó su sucesión en este reino desde la caída de la ciudad real de Pavía.

Sin lugar a dudas, el ducado de Benevento en el sur había logrado conservar su independencia a través de todos estos desastres, y el príncipe Arichis, yerno de Desiderio, se consideró sucesor del rey lombardo; pero, a pesar de la importancia de este hecho en la historia italiana, el reino lombardo siempre había estado enraizado en el norte. La ocasión para su caída fue proporcionada por la renovación de esa combinación entre los restos de la respublica, ahora representada por el Papa, y los francos, que habían desarrollado un poder considerable; y el Estado Lombardo nunca había sido igual que esas fuerzas combinadas. Una razón más profunda descansa en la estructura del Estado Lombardo, que no había sido capaz, incluso en los intervalos de paz, de alcanzar ninguna unidad orgánica. El pequeño número del pueblo lombardo en conexión con su forma de asentamiento, condicionada como estaba por el estado de cosas en el Imperio Romano, había dado una gran importancia desde el principio a los grupos locales individuales y sus duques. La realeza, que había sido reestablecida en el peligro de aquellos tiempos, ejerció el poder unitario y centralizador muy lentamente, y nunca se había logrado una unión perfecta. Pues el reino fue fundado sobre el dominio real, y este último sobre nuevas conquistas de tierra, con las que tenían que ser creados los seguidores del rey.  Como era siempre el caso en el Estado medieval donde se practicaba la agricultura, los guerreros que eran recompensados de este modo no se vincularon permanentemente al rey, y así formaron un peligro continuo para el reino. El rey fue continuamente obligado a nuevas conquistas y luego forzado a abandonarlas de nuevo voluntariamente, de modo que incluso los más poderosos gobernantes dejaron una huella poco duradera sobre el Estado, especialmente cuando las posibilidades de donaciones disminuyeron cuando el elemento lombardo se acercaba al romano. Por otra parte, la asimilación con los habitantes de Italia en raza y en cultura se había llevado a cabo rápidamente simplemente a causa de la pequeñez de la tribu conquistadora y las  adaptaciones necesarias resultantes; no fue la diferencia cultural y racial, sino más bien una diferencia de organización, que resultaba de la historia de la tierra y el asentamiento, la que separó las tres partes de Italia –el reino, el Estado eclesiástico y Benevento- a través de más de 1000 años.

Genealogía de las dinastías lombardas


BIBLIOGRAFÍA:

- J.B. BURY: Italy under the Lombards. Capítulo VII de la Cambridge Medieval History. vols. 1-5
- ROGER COLLINS: Early Medieval Europe, 3000-1000. 1991
- WALTER POHL: The Empire and the Lombards: Treaties and negotiations in the Sixth century. Publicado en "Kingdoms of the Empire: the integration of barbarians in late Antiquity". 1997