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martes, 30 de junio de 2015

William Wallace y la revuelta escocesa de 1297

I. La crisis sucesoria de 1290 y el reinado de John I Balliol (1292-1296)

La noche del 18 de marzo de 1286 sería fatídica para Escocia. El rey Alexander III murió de un caída de su caballo mientras marchaba hacia Kinghorn, en la región de Fife. Su largo reinado se recordaría como una edad dorada de paz y prosperidad, pero su fracaso a la hora de dar un heredero legítimo a Escocia menoscabó sus logros. Su primera esposa, Margaret, hija de Henry III de Inglaterra había fallecido en 1275 y sus hijos, dos varones y una mujer, no la sobrevivieron mucho tiempo. Su nuevo matrimonio con la joven Yolande de Dreux había devuelto las esperanzas de la llegada de un heredero varón, pero la muerte intempestiva del rey dejó en el trono a una niña enfermiza de tres años, su nieta. La niña también se llamaba Margaret, y su madre, casada con el rey Eírik II de Noruega, había muerto en 1283 al dar a luz. Margaret recibió el apelativo de la "Doncella de Noruega", y fue la última descendiente de la dinastía de Dunkeld, fundada por el rey Duncan I (1034-1040). Para administrar el reino en su nombre, ya que aún estaba en la lejana Noruega, se nombró un Consejo de Regencia que envió una delegación a Edward I de Inglaterra para informarle de la situación en Escocia. Sin duda, el rey inglés debió considerar las implicaciones de lo sucedido, pero como se encontraba absorbido por sus asuntos en Gascuña, no actuó. Fue a su regreso a Inglaterra a finales del verano de 1289 cuando propuso el matrimonio entre su hijo Edward de Caernarvon y la doncella de Noruega. Aunque no sin recelo, los escoceses aceptaron la propuesta en el Tratado de Birgham (1290), cuyos términos insistían en que el reino de Escocia mantendría su independencia.

Todos esos esfuerzos fueron inútiles: Margaret murió poco después de desembarcar en las Islas Orcadas. La sucesión quedó abierta de nuevo, y de inmediato se produjo una avalancha de personajes deseosos de de hacer valer sus derechos al trono vacante. Ante la posibilidad del estallido de una guerra civil, los nobles escoceses pidieron a Edward I que mediara en la situación. En mayo de 1291, el rey de Inglaterra se reunió con ellos en la villa fronteriza de Norham-on-Tweed, y los informó de que mediaría en la cuestión si se reconocería su soberanía sobre Escocia y se ponían los castillos reales bajo su custodia para que pudiera asegurar la paz. La presencia ominosa del ejército inglés concentrado en las inmediaciones obligó a los escoceses a ceder, y acabaron poniendo el reino bajo el control de Edward I. No está claro en qué momento de esta cadena de acontecimientos el rey de Inglaterra decidió que sometería Escocia; es posible que las circunstancias se aliaran en su favor. Cuando su amada esposa, Leonor de Castilla, murió en 1290, la mente del anciano monarca perdió su antiguo brillo. La caída de Acre en 1291 acabó con su sueño de encabezar una nueva cruzada en Tierra Santa, y sin aquella distracción sus pensamientos se centraron en los asuntos escoceses.

Se presentaron trece pretendientes al trono: (1) Eírik II de Noruega, por ser el padre de la última reina escocesa; (2) Nicholas de Soules († 1296), señor de Liddesdale, y nieto de Marjory, hija ilegítima de Alexander II (1214-1249); (3) Patrick Galithley, descendiente de Henry Galithley, hijo ilegítimo de William I el León (1165-1214); (4) William de Ros († 1316), 2º Barón de Ros, y nieto de Isabel, hija ilegítima de William I; (5) Patrick IV, Earl de Dunbar, biznieto de Ade, hija ilegítima de William I; (6) William de Vesci († 1297), nieto de Margaret, hija ilegítima de William I; (7) Roger de Manderville, descendiente en cuarta generación de Aufrica, hija ilegítima de William I; (8) John Balliol, 5º Barón de Balliol, nieto de Margaret, hija de David, Earl de Huntingdon, hermano del rey William I; (9) Robert Bruce, hijo de Isobel, segunda hija de David, Earl de Huntigdon y 7º señor de Annandale; (10) John de Hastings, nieto de Ada, tercera y última hija de David de Huntingdon; (11) Floris V, conde de Holanda, descendiente en cuarta generación de Ada, hermana del rey William I; (12) Robert Pinkney, bisnieto de Marjory, hija ilegítima de Henry de Northumbria, padre del rey William I; y (13) John II Comyn, señor de Badenoch y Guardián del Reino (1286-1292), descendiente en 5ª generación de Bethoc, hija del rey Donald  III (1093-1094 y 1094-1097), hijo de Duncan I, el primer rey de la dinastía. Aunque Edward nunca se presentó como competidor al trono, también él descendía de Malcolm III, a través de su hija Edith, esposa de Henry I de Inglaterra, cuya hija, Adelaide (o Matilda), había sido la madre del bisabuelo de Edward, Henry II, por lo que a veces se le incluye en las listas como el decimocuarto pretendiente. También era cuñado de Alexander III, quien se había casado con su hermana Margaret de Inglaterra.

Cuadro genealógico nº 1: Pretendientes al trono escocés en 1290

De todos ellos destacaban los dos descendientes de las dos sobrinas de William el León, hijas de David de Huntingdon. Eran el octogenario Robert Bruce, llamado "el Competidor", abuelo del rey Robert I Bruce, y John Balliol. Este último era un noble anglonormando de mediana edad, culto y con extensas propiedades territoriales en Inglaterra, el norte de Francia y Galloway, pero aunque contaba con apoyos entre la nobleza escocesa, no era muy conocido en el país. El 17 de noviembre de 1292, en Berwick, Edward I se pronunció a favor de Balliol, quien le rindió homenaje y fue coronado en Scone, antes de que finalizara el mes. Los ingleses devolvieron los castillos de Escocia al rey John, pero siguieron ocupando el país. Edward pretendía ir un paso más allá en la manifestación pública de su supremacía y decidió socavar el poder judicial del reino. exigió que el propio rey John en persona fuera a Inglaterra para responder a las apelaciones presentadas contra las sentencias de los tribunales escoceses, una prerrogativa del señor con mayor autoridad que las leyes medievales consideraban la auténtica prueba de la soberanía. Con ello, Edward I subrayaba que el rey John era el vasallo a quien su señor, el rey de Inglaterra, enfeudaba el reino de Escocia. John I fue llamado a Westminster para que respondiera a una apelación presentada por MacDuff de Fife contra una decisión del parlamento escocés, y aunque se negó a responder a la apelación "sin consultar a las gentes de su reino", el viaje fue una humillación para él, y debilitó su autoridad entre los grandes señores escoceses. En 1293 estalló la guerra entre Edward I y Philippe IV de Francia por el dominio de Gascuña. En tono prepotente, Edward exigió a sus vasallos escoceses, entre ellos el rey John y dieciocho señores más, que enviaran sus mesnadas para que le sirvieran en ultramar a cambio de reconocer sus feudos escoceses. John I obtuvo el respaldo de un consejo de señores recién constituido para que se negara a acatar la orden y enviara una delegación a Philippe de Francia pidiéndole ayuda. El resultado fue la Vieja Alianza (Auld Alliance), por la que ambos se comprometían a invadir el territorio inglés si Inglaterra invadía a cualquiera de los dos. A principios de 1296, John I de Escocia negó formalmente su fidelidad al rey de Inglaterra y la guerra entre ambos reinos fue inevitable. El rey John, descrito por un cronista contemporáneo como un "cordero entre lobos que no osaba abrir la boca", se vio de pronto liderando a una Escocia unida en su determinación de oponerse a Edward Plantagenet.

En 1296, Edward I tenía 57 años y la reciente rebelión de Gales y el vuelco de los acontecimientos en el continente lo tenían cada vez más amargado, aunque mantenía intacta su energía. Una buena medida de su poder militar fue su capacidad para emprender la guerra en Gascuña contra Philipp IV de Francia, a la vez que reunía una formidable fuerza en Newcastle para invadir Escocia. Advertidos de la amenaza, los escoceses concentraron su hueste feudal en Caddonlee, cerca de Selkirk, el punto de reunión tradicional de sus ejércitos. No todos respondieron a su llamada: muchos nobles del sur del país, como Patrick, Earl de Dunbar, pensaban que era más beneficioso para sus intereses mantener la lealtad a Edward I. Tampoco en esta ocasión el clan Bruce se alzó en armas contra los ingleses, creyendo que no debían fidelidad a John I, sino al juramento de vasallaje que, en la Pascua de aquel año, habían hecho a Edward I en el castillo de Wark. No existen datos fehacientes sobe el paradero de William Walace en aquel momento, aunque  es posible que  acudiera a Caddonlee. John I no estaba allí porque había sido marginado políticamente. En su lugar, al frente de los escoceses estaba John Comyn, Earl de Buchan, con el apoyo de los Earls de Menteith, Strathearn, Lennox, Ross, Atholl, Mar y John Comyn el Rojo, señor de Badenoch. Los escoceses cruzaron el río Solway para entrar en Inglaterra y sembraron la destrucción a su paso. El autor de la Crónica de Lanercost, un canónigo del priorato homónimo, cuenta que "quemaron casas, asesinaron a los hombres y ahuyentaron al ganado; y en los dos días siguientes asaltaron con violencia la ciudad de Carlisle, pero fracasaron y se retiraron al tercer día". A principios de abril los escoceses volvieron a hacer incursiones en Northumbria y Cumbria, causando graves daños a los prioratos de Lanercost y Hexham.  El ultrajado cronista recogió sus atrocidades y los acusó de quemar vivos en Corbridge "a cerca de doscientos niños en edad escolar que estaban aprendiendo sus primeras letras y la gramática, a los que encerraron en las escuela y luego le prendieron fuego".

Las incursiones fueron dañinas pero inútiles; no contribuyeron a derrotar a los ingleses ni a disuadir a Edward de su propósito. El 28 de marzo de 1296, el rey de Inglaterra cruzó el río Tweed cerca de Coldstream y avanzó en dirección este hacia Berwick, la villa más próspera de Escocia en aquel momento y la más importante para el comercio interior y de ultramar. Al día siguiente, Edward exigió la rendición de la ciudad. La guarnición se dejó llevar por un exceso de confianza en sus fuerzas y respondió burlándose y "desnudando sus nalgas" para el rey. Edward se lanzó a un ataque a gran escala por tierra y por mar. La operación naval se efectuó a destiempo, y sufrieron algunas bajas, pero la ferocidad del asalto contra la descuidada empalizada de madera que hacía de muralla dejó boquiabiertos a los defensores. La resistencia se hundió con rapidez y los desmoralizados escoceses se replegaron al interior de la ciudad. Un grupo de treinta mercaderes flamencos resistió en el edificio fortificado y el almacén de mercancías donde centraban sus actividades comerciales, denominado Red Hall, pero éste acabó devorado por las llamas muriendo abrasados todos los que se hallaban en su interior. Uno de los flamencos disparó un dardo de ballesta que alcanzó a un primo del rey Edward, Richard de Cornualles, justo cuando levantaba la visera para tomar aire. Al parecer fue la única baja notable de los ingleses en Berwick y el detonante de la ira del rey, que se irritó como  un "jabalí perseguido por una jauría". Edward permitió salir de la ciudad a las mujeres y a los niños, y también a la guarnición del castillo, que había aceptado la rendición, mientras que el resto de los ciudadanos pagaron un alto precio por sus insultos. El rey dio libertad a sus tropas para que saquearan la ciudad y la bañaron en sangre, un suceso que todavía hoy empaña su reputación.

Edward I permaneció en Berwick cuatro semanas reconstruyendo y mejorando las defensas para consolidar la plaza como posesión inglesa y convertirla en el centro administrativo de la Escocia conquistada. Nombró a Hugh de Cressingham tesorero de Escocia con sede en la ciudad, que se repoblaría en breve con mercaderes y villanos ingleses. el Earl de Dunbar estaba en la villa con el rey, pero su esposa, la condesa, no compartía el entusiasmo de su marido por los ingleses, y aprovechó la ocasión para abrir las puertas del castillo de Dunbar a los escoceses. John de Warenne, Earl de Surrey, marchó hacia el castillo al frente de un poderoso destacamento de infantería y hombres de armas, y lo asedió. En su crónica, Walter de Guisborough afirma que la fuerza de Warenne constaba de 1.000 jinetes, además de otro centenar de efectivos de la caballería del obispo de Durham, y 10.000 soldados de infantería, pero lo cierto es que estas cifras se ajustarían más al conjunto del ejército inglés, del que el destacamento que acudió a Dunbar debía ser la vanguardia. El 27 de abril, el Earl de Surrey fue atacado por el ejército del rey John, "la hueste feudal de Escocia", que pretendía acorralarlo contra el castillo y su guarnición. Cuando las huestes escocesas aparecieron en las colinas que se alzaban a los pies del arroyo Spott, que dominaba Dunbar, Warenne confió la dirección del asedio a Humphrey de Bohun y partió para enfrentarse al enemigo. Cuando las tropas inglesas llegaron al arroyo, tuvieron que romper filas para atravesarlo, y los escoceses, obstaculizada su visión por la ondulación del terreno, pensaron que se retiraban. En ese momento, las huestes locales hicieron gala de una absoluta ineptitud militar: abandonaron la seguridad del terreno elevado, rompieron filas y se abalanzaron precipitadamente y en desorden sobre un enemigo que creían presa fácil. Las experimentadas tropas de Warenne, endurecidas por las campañas galesas, masacraron sin dificultad a los desorganizados escoceses, y el ejército del Earl de Buchan se desintegró. la infantería fue diezmada, pero no los nobles y los caballeros, de los que solo el sheriff de Sterling, sir Patrick Graham, murió en el breve tumulto que precedió a la rendición. La batalla de Dunbar es famosa por el gran número de nobles y caballeros que fueron hechos prisioneros y por la devastadora muestra de ineficacia de la maquinaria militar escocesa. Se contaron 171 prisioneros entre condes, caballeros y escuderos. los más notable fueron enviados a la torre de Londres y el resto se repartió entre los castillos de las regiones del centro y el sur de Inglaterra. Andrew Murray, que no tardaría en acompañar a William Wallace en su meteórico ascenso, estuvo allí como escudero y fue hecho prisionero. Fue enviado al castillo inglés de Chester, el más próximo a la frontera escocesa de entre los que recibieron prisioneros de Dunbar.

En Dunbar se quebró el espinazo de la resistencia escocesa. A los escoceses no les quedaron fuerzas para continuar la lucha y fueron rindiéndo sus castillos uno tras otro. La guarnición de la poderosa ciudad de Stirling huyó sin presentar batalla, dejando en ella al guardián de sus puertas para que entregara las llaves al invasor. La campaña acabó convertida en un desfile, con el rey Edward de Inglaterra avanzando parsimoniosamente hacia el norte a través de un reino que ya era suyo. John I Balliol de Escocia abdicó el 10 de julio en Brechin. Edward le infligiría la mayor humillación antes de enviarlo como prisionero a la torre de Londres: le arrancó las armas reales de Escocia de su sobreveste, y a partir de entonces fue llamado en inglés Tuyme Tabard ("tabardo vacío", en ingles medieval). Este apelativo de John Balliol, el chivo expiatorio del fracaso de la nación, quedaría grabado en la conciencia escocesa. Después de humillar a su rey, Edward I pretendió hacer lo mismo con la nación escocesa arrebatándole los símbolos de su condición de reino independiente. Se llevó a Inglatera los archivos escoceses y la Cruz Negra, una célebre reliquia sagrada; y también ordenó el traslado de la Piedra del destino, sobre la que se habían coronado los reyes de Escocia desde tiempos inmemoriales, de la abadía de Scone a la de Westminster, siendo encajada en el trono de madera donde se coronaban los reyes  de Inglaterra. Robert Bruce de Annadale, el incapaz padre del futuro Robert Bruce que ganaría fama en Bannockburn, estaba convencido de que el monarca inglés premiaría su fidelidad entregándole la corona de Escocia, pero Edward truncó sus ilusiones con una réplica mordaz: "¿No tenemos nada mejor que hacer, acaso, que ganar reinos para vos?". No habría otro rey de Escocia que Edward Plantagenet. El soberano convocó en Berwick a todos los terratenientes y nobles de Escocia para recibir su vasallaje, recogiendo sus nombres en un documento que los escoceses llamarían en tono burlón el "Pergamino de los Traperos" (Ragman Roll). William Wallace no aparece en él, un gesto que se ha entendido como una manifestación temprana de su independencia de espíritu, pues llegado el momento de la verdad, negó su lealtad al rey de Inglaterra y permaneció fiel a Escocia.

La invasión de Escocia por Edward I en 1296

El 17 de septiembre de 1296, Edward I cruzó la frontera y se despidió de sus recientes conquistas norteñas con una célebre observación de desdén que compartió con su viejo amigo, el conde de Surrey: bon besoigne fait qy de merde delivrer, que en palabras actuales significa "qué alivio librarse de la mierda". El rey cabalgó hacia el sur, mientras que su amigo, el viejo conde, se retiraba a la tranquilidad de sus posesiones en Yorkshire, dejando bien guarnicionada Escocia y con el gobierno en las capaces manos de William Ormsby, presidente del Tribunal Supremo, pero también del avaricioso tesorero Hugh Cressinghanm.

Tras la batalla de Dunbar, gran parte de los cabecillas escoceses como los Earls de Atholl, Ross, Menteith y John Comyn el Rojo, perdieron su credibilidad en el terreno militar y sufrieron cautiverio en Inglaterra. Lo cierto es que no podían hacer grandes aportaciones a la rebelión de Wallace en lo que respecta a experiencia en el combate. Por otra parte, no solo el Earl de Dunbar fue leal al bando inglés; muchos otros, incluido el futuro rey Robert Bruce, entonces Earl de Carrick rindieron vasallaje a Edward I, si bien la leyenda cuenta que "sus corazones estaban en otra parte". El éxito o el fracaso de Wallace dependia de que lograra el apoyo del escalafón más alto de la sociedad escocesa y fueron muchos los condes que no participaron en su alzamiento; la apuesta era muy fuerte y tenían mucho que perder.

II. La figura histórica de William Wallace

William Wallace fue Guardián de Escocia desde marzo hasta julio de 1298. A pesar de su importancia como héroe nacional, la figura histórica de William Wallace permanece en las sombras, muy mal documentada, con los hechos de su vida cubiertos por un velo distorsionador de leyenda y folclore. Gran parte del mito procede del enmarañado poema épico La vida de William Wallace, obra del poeta Blind Harry (Harry el Ciego) escrita más de un siglo y medio después de la muerte del protagonista. Blind Harry afirma que su obra se basa en un manuscrito en prosa perdido de John Blair, capellán y amigo de Wallace, pero se diría que la atribución solo es un recurso literario, porque el poema está repleto de clamorosos errores de hecho, incoherencias cronológicas y proezas imposibles. Es posible que la primero parte del poema, que tiene ciertos aires de veracidad, se basara en textos perdidos a los que el autor añadió historias legendarias que pervivían en la tradición oral. hay prueba documentales de que los hermanos de William Wallace, Malcolm, el mayor y John, ejecutado en 1307, eran seguidores de Robert Bruce. También se cree que al héroe lo educaron sus tíos, ambos sacerdotes, que le transmitieron un amor inquebrantable por la libertad. Se ha supuesto que al joven William estaba destinado a seguir los pasos de sus tíos en el sacerdocio. con independencia de sus andanzas de juventud, la versión de Harry establece que el detonante de su metamorfosis como caudillo rebelde en 1297 fue el asesinato de su esposa o de su amante, Marion Braidfute, heredera de Lamington, a manos de William Heselrig, el infame alguacil de Clydesdale. si bien el relato de Harry no es fiel en los detalles, al menos proporciona un motivo de la transformación de Wallace y el salvaje asesinato de Heselrig.

Wallace, o "le Waleis" significa "el galés". Se cree que Richard Wallace, ancestro de William, llegó a Escocia en la década de 1130 al servicio de Walter Fitzalan, que había sido designado senescal del rey David I. Los Fitzalan se convirtieron más tarde en los altos senescales hereditarios de Escocia y, finalmente, en la casa real Estuardo (Stewart = Senescal). Los Wallace eran una de las familias de caballeros del séquito feudal de los Estuardo, una buena posición. Sus tierras estaban en Ayrshire y más tarde en Renfrewshire, en el corazón del gran feudo de los Estuardo. Es posible que William Wallace naciera en Elderslie, cerca de Paisley (Renfrewshire), aunque algunos sitúan su nacimiento en Ayrshire. No se ha podido determinar su año de nacimiento; solo es posible especular a partir de detalles, como que estaba en la flor de la vida cuando emergió en la historia en mayo de 1297. No se conserva ningún ninguna fuente contemporánea fiable sobre su aspecto físico; las narraciones tradicionales coinciden en señalar que era alto, de fuerte constitución, que destacaba entre la multitud y que era un luchador nato.

Aunque no hay pruebas documentales de sus acciones antes de 1297, el hábil manejo de los asuntos militares que demostró en los dos años siguientes indica que tenía experiencia militar. Como hijo menor y sin propiedades, quizá buscó empleo como soldado, pues los hechos posteriores demuestran que conocía muy bien esta profesión. Si fue este el caso, es posible que combatiera en gales o en el continente con los ejércitos de Edward I. Otra corriente historiográfica señala que antes de 1297 Wallace era un forajido, una especia de Robin Hood escocés que aprendió los rudimentos del oficio de las armas durante su vida fuera de la ley. La crónica de Lanercost lo describe como "un hombre sanguinario […] que había sido jefe de una banda de malhechores en Escocia". La única prueba que apoya esta teoría es poco concluyente y sugiere la idea de un héroe con una juventud más díscola y menos romántica. Ee trata del documento de un juzgado de York, fechado en agosto de 1296, que declara culpable a un clérigo de mala reputación, Matthew de York, de entrar en casa de Christina de Perth para robarle bienes y cerveza por valor de 3 chelines "en compañía de un ladrón, un tal William le Waleys". Siempre queda la posibilidad de que el incuestionable conocimiento de la ciencia militar de que dio muestras Wallace se debiera a su inteligencia, pero fuera cual fuere su experiencia antes de 1297, difícilmente podía prepararlo para dirigir un ejército en el campo de batalla y menos aún para ejercer el cargo de guardián de Escocia.

3. La Campaña de 1297

a) La Revuelta escocesa

El rey Edward I acababa de abandonar Escocia cuando el resentimiento contra la dominación inglesa provocó los disturbios que acabarían en revuelta a principios de 1297. La conquista había sido demasiado fácil y la ocupación bastante superficial. Los escoceses no estaban dispuestos a resignarse al yugo extranjero; el imperio escocés de Edward I empezó a tambalearse. Los ingleses acusaron a Robert Wishart, obispo de Glasgow, y a James Stewart (Estuardo), el alto senescal, de instigar la rebelión, y no les faltaba razón. La iglesia de Escocia estaba molesta por las prebendas escocesas que Edward I había otorgado a los prelados ingleses y disponía de una buena red para difundir ideas incendiarias y justificar la violencia contra los ingleses. El senescal y Wishart colaboraron estrechamente con Wallace; de hecho, Lanercost estaba convencido de que ambos habían instigado la revuelta y luego habían empujado a Wallace a la violencia, pues ellos no osaban administrarla. Al comenzar la rebelión, el alto senescal fue uno de los pocos señores escoceses que continuó desempeñando un papel importante; después, cuando el resultado era incierto, adoptó una posición más ambigua, como los demás nobles escoceses. Walter de Guisborough quiso aclarar la actitud de aquellos señores en 1297. "El pueblo llano lo siguió [a Wallace] cual caudillo y soberano, los criados de los grandes señores se sumaron a él, e incluso los mismos señores, que estaban en cuerpo junto al rey inglés, en su corazón estaban en el bando contrario". Los señores tenían mucho que perder: se habían sometido a Edward I tras su derrota del año anterior y, si volvían a rebelarse, arriesgaban a perder todas sus posesiones.

El escocés medio se sintió ultrajado en lo más profundo de su ser cuando Cressingham ordenó requisar toda la lana de Escocia para venderla en Flandes y financiar la guerra de Edward I en Francia. La intención era compensar más adelante a los productos, pero nadie confiaba en el tesorero y cundió el temor a perder el principal medio de subsistencia del país. Luego la misma "gente corriente" que veía su lana requisada recibió la noticia de que debía alistarse en el ejército ingles par servir en ultramar. estas exigencias acentuaron aún más el agravio de la opresión extranjera y fueron la excusa para un alzamiento nacionalista.

No se dispone de información sobre las hazañas de Wallace anteriores a mayo de 1297, cuando "levantó su cabeza", en palabras del cronista escocés John Fordun. El alguacil inglés de Clydesdale, William Heselrig, se había trasladado a Lanark para presidir una sesión del jurado del condado cuando un grupo liderado por Wallace lo cogió por sorpresa en un intrépido ataque nocturno, que se saldó con la muerte de Heselrig y muchos de sus hombres y el incendio de la villa. El asesinato del alguacil introdujo a Wallace en la historia y cimentó su gran popularidad, convirtiéndose con rapidez en el centro de la rebelión. El cronista escocés Fordun atribuye unas buenas razones a los que se sumaron a las filas de Wallace: "A partir de entonces se reunieron a su alrededor todos los resentidos, los que vivían aplastados bajo la carga de la esclavitud que imponía el intolerable gobierno de los opresores ingleses, y se convirtió en su caudillo". Lejos de rehuir la ira inglesa desatada por la acción de Lanark, Wallace atacó audazmente Scone al frente de una poderosa fuerza de caballería que contaba con sir William Douglas y sus seguidores con el objetivo de capturar a William Ormsby, el juez supremo inglés de Escocia. Ormsby consiguió escapar, pero el asalto convirtió a todos los ingleses que se encontraban al norte del Forth en prisionero dentro de las murallas de sus propios castillos.

Entre tanto, los señores del suroeste de Escocia se habían alzado en armas bajo la égida de Robert Wishart, obispo de Glasgow, James Stewart, el alto senescal, y Robert Bruce, Earl de Carrick en 1292, y futuro rey, que aparece por primera vez como cabecilla de la resistencia contra los ingleses. Edward I envió una fuerza de tropas norteñas dirigidas por Robert Clifford, lord protector de las Marcas, y Henry Percy, guardián de Galloway, con órdenes de arrestar, encarcelar llevar ante la justicia a quienes alteraban su paz. Los ineptos señores escoceses se retiraron y capitularon en Irvine sin oponer resistencia a primeros de julio, aunque la prolongada negociación de los términos de rendición mantuvo ocupados a Percy y a Clifford durante semanas, dando oxígeno a la rebelión. Aun así, el episodio fue una nueva deshonra que desacreditó a la nobleza y confirmó a Wallace como jefe indiscutible de la rebelión. El caballero escocés Richard Lundie se disgustó tanto por el fiasco que al punto cambió de bando. Bruce aceptó someterse formalmente en Berwick, pero nunca se presentó, a pesar de que su garante Wishart había sido arrestado y confinado en el castillo de Roxburgh. William Douglas fue encadenado y encerrado en el castillo de Berwick donde se mostró violento e insolente con sus carceleros; fue enviado a la Torre de Londres donde murió. Su hijo James, que entonces tenía diez años, se convertiría en el famoso "buen" sir James Douglas que sería tan relevante en las guerras de independencia del siglo siguiente junto a Robert Bruce. Wallace mostró su enojo por la traición de Wishart asaltando el palacio episcopal de Ancrum, tomando sus propiedades y apresando a sus hijos.

b) El alzamiento en el norte en 1297

Andrew Murray o Moray, hijo de Andrew Murray, juez supremo de Scotia (denominación histórica de los territorios escoceses al norte del río Forth) y por lo tanto perteneciente al rango superior del estamento de los caballeros, había luchado como escudero en Dunbar, donde fue hecho prisionero por los ingleses y enviado al castillo de Chester, de donde consiguió fugarse a principios de 1297 . De vuelta a sus tierras familiares en el noreste de Escocia, se dedicó a fomentar la rebelión. como hijo de un caballero de alto rango, era un líder natural para la revuelta del norte, pero no era el único; entre otros, también se había alzado Alexander Pilche, un burgués de Inverness que unió sus fuerzas a las de Murray y se convirtió en su lugarteniente. A través de las cartas que dirigieron a Edward I sus "dirigentes y fieles amigos" del norte se han podido recabar los escasos detalles conocidos sobre el alzamiento. Las misivas transmitían al rey la rapidez con que se deterioraba la situación y suplicaban su ayuda contra Murray y el "gran número" de granujas" que dirigía. Murray intentó tomar el castillo de Urquhart que se alzaba a orillas del lago Ness. La decidida resistencia de los defensores se lo impidió, pero, a medida que aumentaban sus fuerzas, los castillos de Inverness, Elgin y Banff fueron cayendo en sus manos. En agosto había limpiado de ingleses todo Moray y la mayor parte del territorio situado al norte de los Mounth (montes Grampianos).

Muchos de los jefes escoceses cautivos desde Dunbar fueron liberados en el verano de 1297 con la condición de que sirvieran al rey en Flandes. ante la degeneración de la situación en Escocia, Edward eximió a John Comyn el Rojo y a su primo John Comyn, Earl de Buchan, del servicio en ultramar para que sofocaran la rebelión. Pero los intentos de acción coordinada contra los rebeldes del norte fracasaron. En opinión de Cressingham, a quien no le faltaba motivos para sospechar, la lealtad de los Comyn, al igual que la de otros señores escoceses ofrecía serias dudas. Sus cartas al rey revelan su deseperación cuando informan de que sus hombres "han sido asesinados, asediados, encarcelados o han abandonado sus jurisdicciones y no se atreven a volver. Y, en algunas comarcas, los escoceses han designado y establecido [sus propios] alguaciles y funcionarios. Por ello, no hay ningún condado que esté seguro, salvo Berwickshire y Roxburghshire". No es posible que todo fuera obra de Wallace. La comunidad escocesa en su conjunto, en todos sus ámbitos, tuvo que cooperar para reinstaurar alguna forma de administración que les permitiera reunir, entrenar y equipar fuerzas militares en el bosque de Selkirk durante aquel mes de julio. luego, en agosto, Wallace abandonó el bosque para operar al norte del Forth. Barrió Perthshire y Fife, limpiándolos de ingleses, antes de poner sitio al importante castillo de Dundee. Andrew Murray y Wallace estaban permanentemente en contacto y sabían que un ejército inglés había cruzado la frontera, que su objetivo era Stirling y su intención alcanzar un acuerdo con ellos. Murray y el ejército del norte descendieron para encontrarse con Wallace en Dundee y ambos caudillos rebeldes unieron sus fuerzas a principios de septiembre. Dejaron el asedio en manos de los burgueses locales "bajo pérdida de vida o miembro" en caso de que lo abandonaran y se dirigieron a marchas forzadas al sur para tomar posiciones a las afueras de Stirling.

El 22 de agosto, el rey de Inglaterra zarpó para Flandes en la coca llamada precisamente "Edward" para reanudar su guerra contra los franceses; su contingente escocés constaba de diez míseros caballeros con veinticinco escuderos y soldados bajo el mando de Edward Comyn, que, en cuanto pudieron, se escabulleron y volvieron a casa.

El poderoso castillo de Stirling, levantado en lo alto de una roca desde donde dominaba la ciudad y el puente sobre el río Forth, donde había estado en poder de los ingleses desde su rendición tras la batalla de Dunbar. Su privilegiada posición le permitía vigilar la estrecha franja de territorio escocés que separaba las regiones septentrionales y australes del reino, guardada al oeste por las colinas de Touch y Fintry, y al este por el río Forth, que fluía hasta el estuario a poca distancia. El castillo y el puente de Stirling eran la puerta de entrada al norte de Escocia.

Hugh Cressingham estaba en Roxburgh cuando Henry Percy y Robert Clifford regresaron de Irvine. Informado Cressingham de la capitulación de los señores escoceses y de la amenaza de William Wallace, se decidió que la expedición contra los escoceses esperaría a la llegada del Earl de Surrey, por lo que Percy y Clifford partieron, licenciando a la mayor parte de sus tropas. El 28 de julio llegó a Berwick el Earl de Surrey, acompañado de su sobrino, Henry Percy, al que dejó allí a la espera de Bruce y los demás señores escoceses, que debían presentare para formalizar su sumisión a finales de mes, y prosiguió su camino para reunirse con Cressingham. Algunos días antes, el 23 de julio, el tesorero había escrito que disponía de trescientos caballos y 10.000 soldados de infantería en Roxburgh. Reforzado por el séquito de Warenne, el ejército inglés marchó hacia el norte a través de las colinas de Lammermuir, en Lauderdale. Aquella era la ruta más corta para una columna que transportara su tren de bagajes en carromatos, si bien Cressingham había informado asimismo de la "abundancia de barcos en Berwick para que el Earl haga una incursión […]", lo que induce a pensar que se transportaron suministros a Stirling por mar. Parece que al menos la logística de la campaña estaba bien diseñada. Sin embargo, aunque Stirling estaba a solo cinco días de marcha desde Roxburgh, Warenne no llegó hasta la segunda semana de septiembre, cuando los escoceses ya habían tomado una posición fuerte al norte del Forth y la temporada estaba muy avanzada.

Los errores de los líderes ingleses en el planteamiento de la batalla, al decidir  cruzar el viejo puente de madera  de Stirling y presentar batalla en la llanura inmediata, a pesar del consejo de Richard de Lundie entre otros, que aconsejaban cruzar el río más arriba, ya que el puente de Stirling solo permitía cruzar a los soldados de dos en dos, con el consiguiente retraso en la formación de batalla, y los problemas que implicaba una retirada en caso de derrota, mientras que el ejército de Wallace y Murray ya se encontraba formado y en disposición de atacar, dieron lugar a una derrota total y sin paliativos de los ingleses. Una vez que la vanguardia hubo cruzado el puente, los escoceses consiguieron tomar de inmediato la salida del mismo, eliminando la única vía de escape de las acorraladas tropas, que cayeron presa del pánico. El condestable del castillo de Stirling cayó con muchos hombres de la guarnición; el tesorero Cressingham fue descabalgado y murió de manera brutal. Su cadáver fue despellejado y su piel repartida "no como recuerdo, sino por puro odio". También el otro bando sufrió bajas, entre ellas, la más destacada la de Andrew Murray, que resultó herido de muerte. Al parecer, falleció a principios de noviembre, aunque su nombre siguió apareciendo durante un tiempo junto al de Wallace, en algunos documentos relativos a los "comandantes del ejército de Escocia".

Sin embargo, solo la vanguardia del ejército inglés había sido vencida; la mayor parte no había participado en la batalla, pero el desastre fue suficiente para que todos sus efectivos pensaran que habían sido derrotados. A pesar de ser muy superiores en número, los desmoralizados ingleses fueron incapaces de reorganizarse para reanudar la batalla. Warenne ordenó que se destruyera el puente y huyó a la seguridad de Berwick con una poderosa escolta de caballería. No solo abandonó a su ejército, sino que dejó todo el sur de Escocia a su suerte, y el norte de Inglaterra, a merced de las represalias escocesas. Encomendó la defensa del castillo de Stirling a Marmaduke de Thweng y William Fitzwarin, y prometió que volvería con fuerzas frescas de reemplazo antes de que finalizara el año. La guarnición recibió el refuerzo de Robert de Ros, de Wark-on-Tweed, y su séquito, pero jamás llegaron los refuerzos prometidos. El castillo no disponía de las provisiones necesarias para resistir un prolongado asedio y no tardó en rendirse a Wallace. La batalla del puente de Stirling no ha dejado documentación sobre los prisioneros, tal vez porque no los hubo. Cuando las tropas inglesas abandonaron  la población y marcharon hacia el sur, el alto senescal y el Earl de Lennox estuvieron seguros de la victoria de Wallace y aprovecharon la ocasión para desertar del bando derrotado y dar su propio golpe. Siguieron a los desanimados ingleses en su penosa retirada hacia Falkirk, y cuando la retaguardia, formada por la larga columna de la impedimenta  y los seguidores del campamento, serpenteaba a través de los polles, los prados del sureste de Stirling, cayeron sobre ella, saquearon los carromatos cargados hasta los topes y se hicieron con un cuantioso botín. Efectivos a caballo del ejército escocés siguieron hostigando la penosa y triste retirada inglesa hacia Berwick sin conseguir infligirlos daños significativos. Wallace se quedó en la zona de Stirling con el grueso de sus fuerzas, celebrando y compartiendo los despojos de la victoria.

El triunfo de Stirling y la subsiguiente muerte de Murray en noviembre convirtieron a Wallace en el caudillo indiscutible de Escocia, posición que mantuvo hasta después de la batalla de Falkirk, en el mes de julio siguiente. Las noticias sobre Stirling corrieron como la pólvora y causaron un profundo impacto sobre la clase dirigente inglesa. Los ingleses respondieron sin demora. A finales de septiembre, el alguacil de Nottingham y Derby recibió órdenes de enviar caballeros y soldados al norte en ayuda de Robert Clifford y Brian Fitzalan, encargados de defender la frontera en la medida de sus posibilidades con las fuerzas locales disponibles. En ese momento, Robert Bruce volvió a alzarse en armas en el suroeste y Clifford atacó sus tierras de Annandale en represalia por su rebeldía. Tras evacuar Escocia, el conde de Surrey se dirigió directamente a Londres acompañado de Henry Percy para apoyar la causa real conta Norfolk y Hereford. En octubre, la diferencia entre el rey y los earls se habían solucionado; conjurada la amenaza de guerra civil, se preparó el envío de una gran fuerza de caballeros e infantes a Newcastle para responder a la situación en Escocia. Wallace no aprovechó su victoria en Stirling para atacar de inmediato el norte de Inglaterra cuando el enemigo estaba desorganizado, como era de esperar. De hecho, se enfrentó a los ingleses en las afueras de Berwick algo más tarde ese mismo mes, y se vio obligado a retirarse con sus fuerzas formadas para la batalla. Aun así, Escocia quedó casi vacía de tropas de ocupación. Los castillos de Dundee y Stirling resistieron algún tiempo, pero acabaron capitulando a principios de 1298; Edimburgo, Roxbugh y el castillo de Berwick aguantaron, aunque esta última ciudad, que Lanercost describe "sin murallas por aquel entonces", cayó en manos de Henry Haliburton.

Solo algunas incursiones transfronterizas oportunistas siguieron a la batalla del puente de Stirling. No fue hasta octubre cuando Wallace en persona penetró en Northumbria con un ejército de unos cien jinetes y 3.000 infantes en un ataque salvaje y destructivo, marcado por las atrocidades debidas en realidad a la indisciplina de las tropas escocesas. Los incursores incendiaron y saquearon todo lo que encontraron a su paso desde Tynedale hasta Corbridge, y luego Hexham, a cuyo priorato exigieron tributo para evitar su destrucción; después se dirigieron hacia el oeste, en dirección a Cumbria y Carlisle. Al carecer de máquinas de asedio, no pudieron tomar la poderosa fortaleza de la frontera, aunque acorralaron durante un mes a la guarnición que incluía las tropas de Henry Percy, mientras devastaban e "incendiaban la región a más de cien kilómetros a la redonda". Cuando el invierno empezó a dejarse sentir, marcharon hacia el este, en dirección a Durham, pero después de pasar por Stainmore una fuerte nevada les obligó a dar media vuelta por Bowes y regresar a Newcastle. Aquella ciudad estaba menos fortificada que  Carlisle, pero sudefensa esta bien organizada. Los indisciplinados escoceses se estaban cansando de la campaña de invierno y querían volver a sus hogares con el botín, que cargaban consigo en su mayor parte. Wallace llevaba tiempo ausente de Escocia; su presencia en casa se hacía necesaria. No tenía elección; abandonó el intento de tomar Newcastle y a primero de diciembre cruzó la frontera de vuelta Escocia. Aunque la operación fue destructiva, no tuvo un gran efecto estratégico; solo sirvió para disparar las rentas escocesas con los tributos y el botín. Ahora bien, se vio como un ajusta retribución que resultó muy popular y apuntaló la posición de Wallace en Escocia.


En algún momento de aquel invierno Wallace fue armado caballero por uno de los earls escoceses más importantes y luego nombrado guardián del reino. Con ello se destacaba entre la nobleza, y su autoridad y liderazgo recibían marchamo oficial. Se desconocen los detalles de la ceremonia, cuyo único testigo es una carta que pertenece a los escasos cuatro documentos que emitió Wallace mientras estuvo en el poder. en ella se define a sí mismo como
 "caballero, guardián del reino de Escocia y general de su ejército por consentimiento de la comunidad de ese reino y en nombre del famoso príncipe John, ilustre rey de Escocia por la gracia de Dios".
La carta, escrita en marzo de 1298, poco después de la caída del castillo de Dundee, está dirigida a Alexander Scrymgeour, otorgándole la custodia del castillo y garantizándole sus tierras, por las que debía rendir vasallaje al rey John Balliol y servir como portaestandarte. Queda claro que Wallace estaba convencido que actuaba en nombre del rey exiliado y no tenía intención de ocupar el trono. Aun así, el consentimiento de la comunidad que se atribuye no debió ser del todo sincero en el caso de la nobleza. El único de los cuatro documentos emitidos por Wallace que ha llegado a nuestros días es otra carta, esta vez dirigida al gobierno de la ciudad hanseática de Lübeck el 11 de octubre de 1297, a la que invitaba a reanudar las relaciones comerciales con Escocia, ahora que "se ha recuperado mediante la guerra". Esta afirmación era prematura; el desastre de Stirling había unido a los ingleses en su decisión de poner a los escoceses de rodillas e invadir Escocia en 1298.

La Campaña de 1297
 c) La campaña de 1298

Antes del verano de 1298 el rey Edward I no pudo hacer nada para vengar la derrota de sus fuerzas en el puente de Stirling. El grueso de las tropas inglesas bajo el mando de Warenne y contando con los condes de Norfolk, Hereford y Arundel llegaron a sumar 21.000 hombres de infantería, aunque apenas pudieron relevar a las fuerzas de los castillos Roxburgh y Berwick. Poco a poco estas tropas fueron licenciadas, en espera de la vuelta del rey desde Francia. El rey planeó entrar en Escocia con mejores en verano, de las cuales solo 2.000 soldados eran ingleses, mientras que el grueso de la infantería era galesa, unos 10.500 hombres. Edward pudo reunir un contingente de 2.200 jinetes de caballería, 1.200 de los cuales estaban a sueldo y 1.000 pertenecían a séquitos de carácter feudal, una fuerza que no permite comparación con la que se presentó en Stirling.


El objetivo de Edward I era nada menos que el sometimiento total de Escocia. Trasladó el cuartel general de su gobierno a York, donde permaneció los seis años siguientes. Llegó a esta ciudad el 26 de mayo con las tropas de la casa real e hizo un peregrinaje al santuario de San Juan de Beverley, un santo que gozaba de gran popularidad en el ejército pues había ganado fama como hombre poderoso en la batalla. El rey tomó el estandarte del santo y continuó su camino a través de Wilton, Kirkham y Northallerton hasta Durham, donde llegó el 12 de junio. También aquí tomó el estandarte de Cutberto de Durham, otro santo cuya reputación como protector de los ingleses frente a los escoceses rivalizaba con la de Juan. Aquellas dos antiguas divisas había inspirado a los ingleses en la batalla del Estandarte, en Northallerton (1138). 


Por lo que se sabe, entre la primavera y el comienzo del verano de 1298, Wallace se encontraba en el agreste territorio del bosque de Selkirk reuniendo y entrenando un ejército para hacer frente a la inevitable ofensiva inglesa. Enfrentarse a una invasión total dirigida por el propio rey no solo requería hombres entrenados, sino también un gran número de efectivos. Parece que no tuvo escrúpulos a la hora de obligar a los renuentes y se dice que construyó horcas en las afueras de las ciudades como advertencia para los más perezosos. Al aumentar el tamaño de sus fuerzas es posible que el comandante trasladara su base a Torwood, donde era más fácil abastecerlas y podía bloquear la ruta de Edward I hacía Stirling.


El rey inglés cabalgó desde Durham hasta Newcastle, donde permaneció hasta el 29 de junio. Después viajó hasta Alnwick, y desde ahí a Roxburgh, via Chillingham, donde pasó el mes de julio reuniendo un ejército. La caballería debía presentarse en Roxburgh a mediados del verano, el 25 de junio, para reunirse con la infantería que venia campo a través desde Carlisle. Cuando el ejército estuvo completo, marchó hacia el norte con el rey a la cabeza a través de las colinas de Lammermuir, en Lauderdale. En su avance halló el territorio deshabitado y desprovisto de recursos, ya que los escoceses habían huido tras destruirlo todo. Los ingleses contribuyeron a la devastación señalando su avance con columnas de humo negro a modo de desafío a Wallace. Aunque Edward I desconocía el paradero del ejército escocés, atravesó Lauderdale y luego se dirigió a Kirkliston a través de Dalhousie hasta llegar al oeste de Edimburgo, donde permaneció del 15 al 20 de julio. Le seguía una larga columna de carros de suministros y ganado. Edward era un consumado maestro de la logística. De hecho la conquista de Gales se había debido a una buena organización más que a acciones militares decisivas y, por la misma razón, ahora el fracaso de sus planes de abastecimiento puso la campaña de 1298 al borde del desastre. La marcha desde Roxburgh había agotado los víveres que llevaba consigo y el avance se atascó en Kirkliston en medio de un desasosiego general. el mal tiempo y los vientos contrarios que transportaban suministros a Leith desde los puertos de la costa este de Inglaterra. No era fácil alimentar un ejército; las cantidades necesarias eran ingentes. El prior de Coldstream reclamó 117 libras y 17 chelines por la única noche que el ejército inglés pasó en su priorato durante la primera invasión de Escocia. Mientras el ejército inglés esperaba hambriento en Kirklinston, Edward envió a Anthony Beck, obispo de Durham, y a John Fitzmarmaduke para que tomaran algunos castillos de la región de East Lothian que seguían en poder de los escoceses. Los hombres del obispo no tenían más alimento que los cultivos de guisantes y judías que encontraban y, sin máquinas de asedio, el éxito de los sitios era difícil. Beck envió a Fitzmarmaduke para que informara de la situación al rey y pedir nueva órdenes. En su respuesta, Edward exigió a Beck que no tuviera piedad, dejando claro que no aceptaría tibiezas porque estaba decidido a acabar con los escoceses por todos los medios a su alcance. La oportuna llegada de algunos de los largamente esperados  barcos con suministros levantó el ánimo de las tropas. Las agrias palabras del rey encendieron a los hombres de Beck, que tomaron el castillo de Dirleton en dos días; los escoceses abandonaron los demás castillos sin luchar. En lugar de los víveres tan necesarios, algunos barcos transportaban nada menos que doscientos toneles de vino. El hambre había llevado a una gran parte de la infantería galesa a una situación apremiante. No se sabe como, estos hombres consiguieron hacerse con la bebida y, como era de esperar, comenzaron los problemas al enzarzarse en reyertas entre ellos y con la infantería inglesa. Algunos sacerdote intentaron detener los disturbios y acabaron muertos a manos de los galeses borrachos. Ante esta situación, tuvieron que intervenir los hombres de armas ingleses, con el resultado de ochenta borrachos muertos  antes de que se consiguiera restablecer el orden. Los galeses, ensangrentados y resentidos, se alejaron del campamento inglés para lamer sus heridas. La campaña había tocado fondo. No todo el contingente galés estuvo mezclado en el asunto, pues era escasa la unidad entre sus filas, ya que eran muchas las cuestiones que se paraban a unos de otros. Edward I no se extrañó cuando a la mañana siguiente le comunicaron que los galeses amenazaban con desertar y pasarse al bando escocés. El rey replicó que les dejaran unirse a ellos: "Así los derrotaremos a todos a la vez". A pesar de su ciega confianza en sí mismo, era consciente de que la campaña iba mal y decidió retirarse a Edimburgo para reabastecerse. Al parecer, desconocía la ubicación del ejécito escocés y, a juzgar por los avisos que envió a los alguaciles de Northumbria, Cumbria y Westmoreland, temía que Wallace lanzara una contrainvasión a través de la marca del oeste, De hecho, el ejército de Wallace se encontraba en algún lugar al oeste del ejército inglés, entre los invasores y su objetivo, el castillo de Stirling.

En ese momento bajo de la fortuna inglesa, los condes Patrick de Dunbar y Gilbert de Umfraville, Earl de Angus, ambos escoceses de título pero ingleses de todo lo demás, se presentaron ante Edward I con un guía o un espía que informó al rey de la localización del enemigo: el ejército escocés se encontraba en las afueras de Falkirk, a 30 kilómetros de distancia. La intención de Wallace no era enfrentarse a los ingleses en una batalla campal, sino hostigar su retirada, quizá con la esperanza de convertirla en una huida apresurada. Al conocer la información, el rey ordenó avanzar de inmediato hacia Falkirk, pero sin declarar abiertamente sus intenciones. Wallace había juzgado mal a su enemigo: no era un ejército vencido y en retirada, aunque estuviera escaso de suministros, aún estaban decidios a luchar y se ordenó que trajeran de inmediato víveres suficientes para un día más o menos desde Leith, pues el hambre desaparece de las crónicas, reemplazada por la marcha y luego por la batalla. A mediodía, el ejército abandonó Kirklinston y cubrió a paso seguro pero sin prisas los aproximadamente 16 kilómetros que los separaban de su nuevo campamento en la zona de Burgh Muir, al este de la villa de Linlithgow

La vanguardia del ejército inglés avistó a los escoceses a la luz gris del amanecer del 22 de julio, tras una marcha nocturna desde su campamento cerca de Linlithgow. Los escoceses esperaban en la falda inclinada y árida de la colina de Redding Muir, con el bosque de Callendar a la espalda y la ciudad de Falkirk a cierta distancia en dirección noroeste. La colina descendía hacia el suave valle donde el arroyo Glen confluye con el Westquarter, cuyo húmedo fondo, justo frente a la línea escocesa, se había convertido en un barrizal a causa de las fuertes lluvias. Los condes y los demás nobles que apoyaban a Wallace habían contribuido en gran medida a constituir una pequeña fuerza de caballería; ellos no habían acudido pero gran parte de la pequeña nobleza escocesa sí estaba presente. No puede asegurarse quien era el comandante de aquella fuerza, aunque lo más probable es que fuera James, el alto senescal.

La caballería inglesa, muy superior a la escocesa, y sobre todo los arqueros, decidieron la batalla a favor de los ingleses. Los schiltron escoceses, como se conoce a las formaciones de lanceros de infantería del ejército escoces, dejaron muchos huecos por las bajas que produjo la descarga de flechas y se vieron obligados a romper filas y huir, mientras que los caballeros ingleses penetraron a través de ellos, masacrando a los lanceros en un combate cuerpo a cuerpo. Los soldados de a pie ingleses debían de ser una fuerza similar a la de la infantería escocesa, que debieron de entrar en acción en los últimos momentos de la batalla. William Wallace escapó del desastre con unos pocos allegados y huyó por "castillos y bosques", probablemente refugiándose durante algún tiempo, en Torwood, población situada a unos 8 kilómetros al norte de Falkirk. Cuando, el 26 de julio, los ingleses llegaron a Stirling, no hallaron prácticamente ningún edifico habitable, salvo la casa de los dominicos, donde el rey estableció su cuartel general. Wallace había destruido casi toda la ciudad en su retirada hacia el norte desde Torwood.

Wallace renunció a su cargo de guardián. Su posición y el apoyo de la nobleza habían dependido de su éxito militar, y ambos declinaron con rapidez tras la derrota. Su ascendiente había sido breve y no podía haber una segunda oportunidad. Sin condado ni posición a la que regresar, Wallace volvió a la sombra de la historia. Algunos documentos ofrecen destellos ocasionales e incompletos de su trayectoria en los siete años que mediaron hasta su captura y ejecución. en 1299, Wallace viajó a la corte de Francia en misión diplomática para recoger apoyos en favor de Balliol. Dejó Paris a finales de 1300 con cartas de recomendación de Philippe IV para el Papa, y es de suponer que fue a Roma. En 1303 estaba de nuevo en Escocia, donde volvió a la contienda, ahora como un cabecilla más entre los que luchaban contra los ingleses.

Edward I se quedó en Stirling las dos semanas siguientes a la batalla. A pesar de la magnitud de la derrota, la batalla de Falkirk no fue decisiva, pues los escoceses estaban lejos de estar sometidos, pero inauguró la fase más sombría de la lucha. los escoceses luchaban ahora con la espalda contra la pared, y tendrían que pasar dieciséis años para que osaran desafiar al invasor en una batalla en campo abierto. Mantuvieron el control de las regiones situadas al norte del Forth, mientras  Edward I incendiaba los territorios ubicados al norte de Stirling durante sus incursiones. Como represalia por el apoyo prestado por MacDuff a Wallace, los ingleses dejaron un rastro de devastación por todo Fife hasta Saint Andrews. El castillo de Stirling cayó de nuevo en sus manos y los escoceses no lo recuperaron hasta finales de 1299. Los ingleses se dirigieron a Perth, que los escoceses incendiaron y huyeron antes de que llegara el enemigo. los invasores seguían teniendo problemas de abastecimiento y Edward I se enzarzaba de continuo en desacuerdos con algunos barones que causaban dificultades y discutían por el retraso a la hora de confirmar sus privilegios. El gran mariscal de Inglaterra y el conde de Hereford se retiraron llevándose consigo sus contingentes feudales, pues estaban en su derecho. A Edward no le quedó otra opción que retirarse de Escocia. Reparó el castillo de Striling con premura y destacó una guarnición antes de reemprender el camino hacia el sur por Falkirk y Torphichen. El 20 de agosto estaba en Glencorse, al sur de Edimburgo. Aquí giró hacia el oeste y marchó hacia Ayr para lidiar con sus rebeldes. Llegó a la ciudad una semana después y la encontró vacía e incendiada, y el castillo debilitado por orden de Robert Bruce para que los ingleses no pudieran utilizarlos. Edward esperaba la llegada de suministros por mar desde Irlanda, pero los barcos que debían unirse a él en Ayr no llegaron y durante quince días hubo una gran hambruna en el campamento. El ejército volvió con desánimo hacia el sur y se arrastró a través de extensos páramos yermos hasta Nithdale, y después hasta Lochmaben, donde tomaron el castillo de Robert Bruce. Edward I puso una guarnición en él y dedicó algún tiempo a reforzar sus defensas y las de la cercana Dumfries; no quería abandonar la parte de Escocia que tenía bajo su control. Robert Clifford quedó a cargo de Lochmaben mientras que Edward se desplazó a Carlisle, adonde llegó el 9 de septiembre. las pérdidas de caballos en Escocia habían sido cuantiosas y la campaña de ocho semanas había salido muy cara. Edward había obtenido una gran victoria, pero aún no había conquistado Escocia y la campaña se saldaba con escasos resultados. En Carlisle, el rey repartió las tierras arrebatadas a los escoceses que se habían enfrentado a él en Falkirk entre sus seguidores en recompensa por los servicios prestados. Algunas de aquellas tierras seguirían en manos escocesas y los nobles ingleses que las recibieron, como bien sabía Edward I, tendrían que volver a ayudarle en Escocia si querían tomar posesión de ellas. El castillo de Jedburgh seguía en poder escocés y Edward supervisó el asedio antes de proseguir su marcha hacia el sur a finales de octubre.

La Campaña de Falkirk (1298)

d) Escocia de 1298 a 1307

A finales de 1298, Robert Bruce, Earl de Carrick, y John Comyn, señor de Badenoch, fueron elegidos guardianes de Escocia. Su cargo duró poco y desembocó en una sucesión de liderazgos en los que los Comyn siempre estaban por medio. A pesar de las divisiones entre sus dirigentes y el propio país, la lucha nacional contra la dominación inglesa continuó sin descanso en nombre del rey John I. Las únicas regiones del país en poder de los invasores eran zonad de Dumfrieshire y el sureste, donde abundaban los castillos ocupados.

En los últimos días de 1298, el rey Edward I, que aún se hallaba en el norte, hizo una convocatoria de tropas para una campaña que no llegó a realizarse. No volvería hasta el verano de 1300 con el objetivo de romper el control que los escoceses habían restablecido durante aquel tiempo en el suroeste. Sitió y tomó el castillo de Caerlaverock, después avanzó hasta Galloway y se enfrentó allí a un ejército escocés comandado por el Earl de Buchan y John Comyn de Badenoch en el río Cree. La caballería escocesa volvió a sufrir una aplastante derrota en este choque a pesar de ser la sección más numerosa de todo el ejército. Edward lamentó no disponer de tropas galesas para perseguir a los fugitivos por el terreno agreste donde se refugiaron. En 1301, el rey de Inglaterra lanzó otra campaña en Escocia para tomar y afianzar el control de la línea formada por los condados de Tweeddale y Clydesdale. El ejército invadió Escocia con dos divisiones: la mayor, bajo el mando del rey, avanzó desde Berwick; la menor, a las órdenes de Edward de Caernarvon, príncipe de Gales, avanzó por el suroeste para que  "el verdadero crédito de domar el orgullo de los escoceses" recayera sobre su hijo, en palabras del padre. Las dos fuerzas debían realizar una maniobra de pinza que se cerraría en Inverkip, pero lo impidieron la decidida resistencia local y las deserciones de los soldados de a pie ingleses. El príncipe tuvo que retirarse a Linlithgow, donde su padre había establecido los cuarteles de invierno. En enero de 1302, Edward I firmó una tregua de nueve meses con los escoceses, pero apenas había expirado, volvió a llamar a sus tropas, que se reunieron en mayo de 1303. Entre tanto, su lugarteniente en Escocia, John de Segrave, realizó una incursión en la región de Lothian controlada por los escoceses, al oeste de Edimburgo. El 24 de febrero de 1303, cerca de Roslin, la brigada principal de su mal coordinada fuerza fue atacada por sorpresa y vencida con grandes bajas por una fuerza escocesa a caballo, entre cuyos jefes pudo estar William Wallace. Segrave resultó herido y fue hecho prisionero, y aunque la segunda brigada llegó justo a tiempo para rescatarlo, fue un desastre importante para los ingleses que devolvió el ánimo a los escoceses.

Edward I partió de Roxburgh en junio de 1303  con una poderosa fuerza de caballería y 7.000 soldados de a pie para "poner fin a este asunto". Las anteriores campañas de verano habían fracasado. Esta vez, el rey pretendía mantener un ejército en el terreno durante todo el año que no diera respiro al enemigo, como ya hiciera para someter a los galeses. Con un coste inmenso, se construyeron tres pontones prefabricados y se transportaron en una flota de 27 barcos. Edward avanzó por escocia en etapas sencillas, "quemando por todas partes, aldeas y ciudades, granjas y graneros [...] incansablemente". El Earl del Ulster y sus tropas irlandesas tomaron los castillos de Rothesay e Inverkip en el oeste, y saquearon sus inmediaciones. Los escoceses no tenían capacidad para poner en el terreno un ejército equivalente al inglés en batalla, solo podían atosigarlos a medida que avanzaban sin pausa. Los puentes flotantes se tendieron sobre el Forth a principios de junio, permitiendo al ejército invasor evitar el castillo de Stirling y marchar hacia el norte hasta Perth, y después hasta Kinloss, en el estuario del Moray, donde el rey recibió la sumisión de los señores del norte. Edward I volvió por una ruta indirecta a través de las montañas de Dunfermline, donde pasó el invierno de 1303-1304. Aún tenía un gran ejército y continuó operando durante toda la estación. Una fuerza de asalto con mil efectivos penetró en Lennox hasta Drymen; John de Botetourt y John de Saint John atacaron Galloway con una poderosa fuerza que incluía cuatro abanderados, 141 hombres de armas y 2.736 soldados de infantería. Tropas comandadas por Sagrave, Clifford y Latimer sorprendieron y aplastaron a una fuerza escocesa bajo el mando de William Wallace, y Simon Fraser en Happrew (Tweeddale).

El pequeño ejército escocés mandado por John Comyn de Badenoch hizo también varias incursiones contra los ingleses desde su base en las montañas, si bien su situación era desesperada y, comprendiendo que la derrota traería la ruina o incluso liquidaría el poder de los Comyn en Escocia, el terrateniente de Badenoch acabó pidiendo la paz. Edward fue indulgente en sus condiciones y los escoceses se sometieron. A cambio, los rebeldes recibieron el perdón sobre sus vidas, la garantía de la libertad bajo sus viejas leyes y la recuperación de los derechos sobre sus tierras. Algunos de los principales rebeldes fueron desterrados por algún tiempo, entre ellos John de Soules, el guardián, que prefirió el exilio permanente en Francia. William Wallace, el enemigo del rey, no recibió clemencia. Permaneció irreductible durante largo tiempo a pesar de los esfuerzos de Edward por capturarlo. Que siguiera libre demuestra el apoyo popular que debió de recibir.

William Oliphant, gobernador del castillo de Stirling solicitó autorización a Edward I para enviar un mensajero a John de Soules a fin de conocer con qué condiciones estaría dispuesto a rendir el castillo. El rey rechazó su solicitud y el 22 de abril comenzó el asedio del castillo de Stirling. Era una ocasión tanto social como militar, y el rey hizo construir un mirador en su casa de la ciudad para que las damas de la corte tuvieran un puesto de observación confortable. El más importante despliegue de artillería de asedio nunca visto en Escocia llegó a Stirling para doblegar las defensas del castillo. La guarnición resistió a pesar del intenso bombardeo, aunque al final se vio obligada a aceptar la rendición incondicional por falta de provisiones. El asunto tuvo un epílogo cómico: el rey había hecho construir in situ una nueva y poderosa máquina llamada Warwolf, "lobo de guerra" con un costo elevadísimo, pero aún no había llegado a entrar en acción. El rey insistió en que el asedio aún no haía concluido y que con sus tropas no entrarían en el castillo "hasta que lo alcancemos con Warwolf, y los que están dentro se defiendan de él como mejor puedan".


Campañas de Edward I desde 1300 hasta 1307


e) Captura y ejecución de Wallace

En el verano de 1304, el rey de Inglaterra tenía Escocia bien sujeta en su firme puño, sus tropas guarnicionaban los castillos y se había restablecido el orden. Edward I regreso a Inglaterra con su ejército y la administración real abandonó York para volver a Londres. El rey nunca volvió a poner los pies en Escocia. Designó como su lugarteniente a su primo, John de Britanny, Earl de Richmond, y con sagacidad política se aseguró de que los escoceses desempeñaran un papel importante en la administracion del país. Wallace seguía huido, pero la red se cerraba a su alrededor y el rey instó a los nobles escoceses a "esforzarse por capturar a sir William Wallace y entregarlo al rey, que vigilará cómo se conducen cada uno de ellos para conceder el mayor favor en lo qe respecta a la expiacion de deudas pasadas a quien lo capture". Wallace fue capturado el 3 de agosto de 1305, tras ser traicionado, según la tradición, por su compatriota sir John Menteith. Lo condujeron a Londres, donde, coronado burlonamente con laurel, protagonizó una procesión de camino a su juicio en Westminster Hall ante una enorme multitud que se había congregado para presenciar el espectáculo. El proceso fue una mera formalidad y Wallace fue condenado a una bárbara ejecución. Fue ahorcado, descuartizado y destripado en vida, y quemaron sus entrañas ante sus ojos. Finalmente, fue decapitado y su cabeza se exhibió en el puente de Londres. Su cuerpo fue cortado en cuatro partes para exhibirlos en Newcastle, Berwick, Stirling y Perth.

f) Muerte de Edward I y restauración de la monarquía escocesa bajo Robert Bruce

Para Edward I, la situación de Escocia parecía estar estabilizada. Pero el 10 de febrero de 1306 Robert Bruce asesinó a John Comyn el Rojo en la iglesia de Greyfriars, en Dumfries, y se proclamó rey de los escoceses (1306-1329). El rey Edward I de Inglaterra murió el 7 de julio de 1307 en Burgh-by-Sands, en la costa de Solway, cuando se dirigía al norte para someter de nuevo a los escoceses. Le sucedió su hijo, Edwad de Carnarvon, que fue coronado con el nombre de Edward II (1307-1327). Los intereses del nuevo rey estaban lejos de Escocia y la presión acuciante sobre Bruce se suavizó, concediéndole un respiro que le permitió imponer su dominio, derrotar a sus adversarios y aflojar el puño que Inglaterra cerraba sobre su reino.



BIBLIOGRAFÍA:

PETE ARMSTRONG: Stirling Bridge & Falkirk 1297-98. William Wallace's rebelion. 2003

martes, 2 de junio de 2015

Historia Antigua y Medieval del Tibet


1. Prehistoria e Historia Temprana

En nuestro actual nivel de conocimiento no podemos definir con certeza las fronteras entre prehistoria e historia temprana. Esto se debe, por una parte, al hecho de que las excavaciones sistemáticas en el Tibet y regiones limítrofes todavía no han sido posibles, ni se esperan en un futuro cercano. Por otra parte tenemos acceso a los antiguos trabajos históricos chinos que contienen datos etnográficos e históricos sobre los "pueblos bárbaros", información que que debemos usar ciertamente a pesar del hecho de está frecuentemente adulterad con interpolaciones contemporáneas. En tales fuentes también debemos distinguir entre los datos que se refieren a los pueblos que directamente limitaban la meseta china y tenían comercio o relaciones militares con los chinos, y los datos sobre los pueblos que simplemente son mencionados de rumores pero no tenían contacto directo con los chinos y en relación con los cuales existen ciertos "clichés bárbaros" que, por supuesto, no tienen valor histórico. Por ejemplo, se hace mención frecuente de la inmoralidad de las mujeres que  pertenecían a los diversos pueblos extranjeros, información que simplemente demuestra que tenían diferentes costumbres sexuales de las que eran aceptables en China. Entre los tibetanos y pueblos relacionados esto se refiere a la institución de la poliándria.

Cuando cambiamos a los pocos hallazgos arqueológicos disponibles, es evidente que su valor es más bien escaso, consistiendo en como hacen los objetos encontrados sobre la superficie de la Tierra, o fueron desenterrados mediante un ligero rascado del suelo y esto bastante por casualidad.

Los indicios más importantes de la prehistoria tibetana son los monumentos megalíticos que se extienden en un ancho cinturón desde el Tibet occidental a través de la meseta al norte de los trans-himalayas, la región de los grandes lagos salados, y partes del Byang-thang hasta Amdo en el Tibet nororiental. Debido a que a no ha habido ningún estudio a fondo de esos montones de piedras, menhires, y dólmenes que los etnólogos conectan con el culto a los ancestros, simplemente no sabemos si pueden remontarse a los antiguos tibetanos. No obstante, un hecho es de gran interés: la línea de distribución de los megalitos coincide con la del estilo animal euroasiático, artefactos de los cuales han sido encontradon en una ancha banda que se extiende desde las tierras de los escitas en Rusia meridional a la provincia china de Kansu.

Como demuestra el trabajo etnográfico-antropológico de W. Eberhard Show, la cultura de esos grupos que él llama "tibetanos occidentales" es prácticamente idéntica a la de la cultura de las tribus "Ch'iang", apareciendo diferencias solamente en forma de influencias de otros pueblos, principalmente de la estepa. Mientras que Tu'fan, el antiguo nombre que los chinos dieron a los Bod (los tibetanos verdaderos), apareció solamente en ela época de la dinastía Sui y era especialmente predominante en los dos anales T'ang, el nombre colectivo "Ch'iang" (escrito en un carácter que se componía de "oveja" y "hombre") se remonta a la documentación china más antigua. Así, los tibetanos estaban estrechamente relacionados con los Ch'iang, que se componían de muchas tribus, y a los grupos de población que más tarde fueron conocidos como tibetanos pueden haber vagado desde el país natal Ch'iang en lo que ahora es Tibet nororiental, la región de Kukunor, y los distritos limítrofes con Kansu, hasta el valle del Alto Brahmaputra en el suroeste, obviamente en muchas etapas intermitentes.

Entre los chinos el nombre Ch'iang es extremadamente antiguo y aparece, siempre escrito con el mismo carácter, en los huesos oraculares de la dinastía Shang, en los Anales de Bambú, en el venerable Shu-ching, en el primer gran trabajo de la historiografía china, el Shi-chi de Ssu-ma Ch'ien, y en los anales de la primera y segunda dinastías Han. Los Ch'iang eran nómadas criadores de ovejas sin lazos políticos estrechos, un factor que de ningún modos, les entorpeció para unirse en bandas constantemente en bandidaje guerrero tras las huellas de otros pueblos como los Hsiung-nu. Durante el periodo han los Ch'iang se asentaron más al este, en las regiones que más tarde incorporarían de los chinos a su propio reino: Kansu y Shensi. Realmente, partes de Shensi, estaban inundadas por los Ch'iang, como lo fue Szechwan occidental. Como apelativo para los bárbaros occidentales, el nombre Ti aparece de alguna manera más tarde que Ch'iang y la descripción etnológica de Eberhard de los Ti tiende a identificar a los Ch'iang con los Ti que dejaron sus huellas sobre el mapa del Tibet en nombres de lugar como Dan-tig al este de bsTong-kha. Durante el periodo T'ang los Ch'iang en el Nan Shan también fueron conocidos como los Nam-tig, de ahí que  Nan Shan problemente no significara originalmente "montañeses del sur", sino las montañas donde vivían el grupo Shan de los Ti, siendo empleado el nombre no solo étnica sino también geográficamente.

Se ha mencionado el hecho de que los Ch'iang nunca crearon un estado real sino que simplemente formaron confederaciones efímeras para llevar a cabo expediciones de bandolerismo o protegerse de las frecuentes incursiones de los oficiales chinos. Sin embargo, hay ejemplos de grupos de Ch'iang que se unían en un estado real bajo la supremacía de los guerreros de la estepa. Un ejemplo clásico de tal proceso fue el estado T'u-yü-hun que fue destruido más tarde, en el siglo VII,por el rey tibetano Srong-brtsan sgam-po. Los Ch'iang del Tibet nororiental, que incluía la región de Kuku Nor, quedaron bajo el gobierno de un grupo de Hsien-pi cuya dinastía se llamaba A-ch'ai (encontrada en la literatura tibetana como A-zha) y el estado fue llamado T'u-yü-hun (en tibetano: Thogon, Tho-yo-gon). La información de los habitantes del estado T'u-yü-hun montaban caballos y bebían kumiss, pero también tenían yaks y cultivaban grano en lugares favorables, indican que su cultura era compuesta, característica de los pueblos de la estepa tales como los Ch'iang.

Entre los mismos tibetanos las cosas eran más de lo mismo. De acuerdo a las fuentes chinas el ancestro mítico de los Bod fue llamado T'u-fa y se creía que había sido el hijo de un T'o-pa (por lo tanto, un turco, al que la dinastía Wei del norte, 386-534, llamaba T'o-pa) y una mujer hsiung-nu, probable indicación de la sumisión de un pueblo Ch'iang por un estrato de guerreros de la estepa. Ya que los chinos disfrutaban jugando con nombres que sonaban parecidos, surge la sospecha  por el hecho de que el ancestro de los tibetanos es llamado T'u-fa (T'u-fan). A pesar de no hay motivos para tratar todos los datos chinos como invenciones, al menos en la manera en que los anales T'ang dan el nombre del primer rey mitológico de los tibetanos como Ho-t'i po-si-yeh, en el que solo es necesario transponer dos caracteres (Ho-t'i Si-po-yeh) para obtener una excelente transcripción de la forma tibetana (O-lde spu-rgyal) del nombre del primer rey que, de acuerdo con los documentos, se supone había descendido del cielo. Entre los tibetanos el totem y el tabú eran dobles: el perro (que indica un pueblo de la estepa), y el mono, que también aparece entre otros pueblos Ch'iag, tales como los Tang-hsiang. De acuerdo con otras fuentes, los tibetanos se originaron en la región de Yung-pei en Yunnan septentrional donde viven los Mo-so ahora y donde, en las cálidas regiones del Yangtse, los monos viven entre la vegetación exhuberante.

La suposición de que los Ch'iang llevaban originalmente una vida nómada en el Tibet nororiental y regiones vecinas que iban a ser más tarde sinizadas no prevé una explicación de las influencias de los nómadas de la estepa en la conformación cultural y etnológica general de la poblacion. Incluso si los tibetanos (los Bod-pa como ellos mismos se llamaban) habían llegado, como hemos mencionado arriba, de un lugar tan al sur como Yung-pei, aún debemos encarar la suposición de que previamente habían sido forzados hacia el sur desde la comunidad de los Ch'iang en y alrededor de Amdo antes de que quedaran bajo supremacía de los guerreros de la estepa. En el norte, los posteriores "tibetanos" que eran llamados Ch'iang ciertamente entraron en contacto con los Yüeh-chih, el estrato más alto  de los cuales fueron los indoeuropeos, es decir los iranios. Cuando la mayoría de esos pueblos fue expulsada al oeste por los hsiung-nu bajo Motun (alrededor de 177 a.C.) un pequeño grupo quedó atrás en el Nan Shan y pudo haberse mezclado en cierta medida con los Ch'iang locales.

La migración occidental de los tibetanos en su posterior patria en el valle del gTsang-po fue un proceso gradual. Esto es evidente a partir del hecho de que el primer rey mítico, que es llamado O-lde spu-rgyal más bien que gNgya-khri btsan-po en las fuentes antiguas, solo aparece como el noveno  monarca con el nombre de sPu-lde gung-rgyal en las listas evidentemente alteradas con frecuencia de los historiadores posteriores, y a partir del hecho de que en el país rKong-po que limita con el Ol-kha hay una montaña llamada O-de gung-ryal. Si recordamos que el primer rey descendía del cielo sobre una montaña que más tarde fue localizada en el valle de Yar-klungs, luego miramos los nombres O-lde spu-rgyal y sPul-lde gung-rgyal, será evidente que el nombre de la montaña en Ol-kha rKong-po es similar al del rey. El rGyal-po bka'i thang-yig (Documentos concernientes a los Reyes) denomina la montaña del descenso, al Byang-rdor en (r)Kong-po que, como la "montaña del descenso de los dioses" (iha-bab-ri), fue transferida al valle del Yar-klung, el hogar de la posterior dinastía real. (La pronunciación de Byang y Thang es idéntica.)

En un artículo inusualmente informativo sobre las tribus nómadas G. N. Roerich señala correctamente que allí ocurrió no solo una migración al suroeste de los pueblos Ch'iang de la region de Amdo, es decir, la region donde vivían los auténticos tibetanos, sino también una migración directamente al oeste. Esas tribus emigraron en la dirección de las tierras altas tibetanas (Byang-thang) y, después de alcanzar las estribaciones septentrionales de la coordillera gNyan-chen thang-lha (en ese tiempo la frontera norte de Tibet), se desplazaron a lo largo de los trans-Himalayas y se abrieron paso a través de la region de los grandes lagos salados en la región Kailas-Mansarovar y sus distritos adyacentes. Estas tribus eran los Yang-t'ung (en tibetano: Zhang-zhung). Los chinos hablan de el "Yang-t'ung Mayor" y el "Yang-t'ung Menor", mientras que las crónicas y otros textos de los Bon-po, que han llegado a estar disponibles para nosotros y eran originalmente compilados en lenguaje Zhang-zhung, hablan de Zhang-zhung "Superior" (stod) e "Inferior" (smar), siendo éstas últimas las más antiguas expresiones y típicas del pueblo montañés. Los Zhang-zhung eran los Ch'iang indudablemente y hablaban un lenguaje similar, pero no idéntico, al de los tibetanos. El imperio Zhang-zhung comprendía todo el Tibet Occidental e incluía Gu-ge, Ladakh, Zangs-dkar, Lahul, Khu-nu, y los distritos de Ru-thog, Da-rog, Guge, y la región de Manasarovar en el este así como la controvertida Suvarnagotra (en tibetano; gSer-rabs) que es dudoso identificar con Zhang-zhung, considerándola más bien su estado vasallo. El poder de Zhang-zhung se extendía al norte hasta las montañas de Khotan y al este el alto Yangtse (en tibetano: 'Bri-chu) formaba el límite de la esfera de influencia de los Sum-pa (en chino: Su-p'i) que llevaron a cabo campañas militares y de bandolerismo contra Khotan. Los Sum-pa fueron finalmente conquistados por los Zhang-zhung. Esta era la situación cuando los tibetanos comenzaron su expansión, y leemos en un texto religioso Bon (sNyan-rgyud) que los tibetanos abordaron al rey Zhang-zhung en la vecindad de Dangra (en tibetano: gYu-mtsho) mientras que él estaba en un viaje de inspección de los Sum-pa y le mataron. Los Sum-pa también hablaban de un lenguaje tibetano-birmano que difería del tibetano y del que solamente tenemos unas pocas copias dudosas.

La residencia del rey Zhang-zhung en el Zhang-zhung "Superior" del oeste era Khyung-lung dngul-mkhar en el valle superior del Sutlej. La del Zhang-zhung "Inferior" estaba al este del sagrado Dang-ra en gYu-mtsho Khyung-rdzong. Que el Tibet estaba rodeado por una media luna de Zhang-zhung en la época del primer estado tibetano se ve clarametne a partir de un comentario de Dranpa nam-mkha en una fuente bon. En la época del rey probablemente histórico cuyo reinado no puede ser datado pero al que las posteriores míticas listas de reyes de las crónicas budistas colocan en séptimo lugar y, por razones etilógicas, llaman Gri-gum btsan-po, apareció allí una descripción bastante sobria de Tibet: "
"Hacia abajo desde la miriarquía (1) del Zhang-zhung Superior, y hacia arriba de la quiliarquía (2) del Sum-pa Inferior, al norte y al sur entre los Türk y los Mon [los pueblos en las laderas meridionales de los Himalayas], estaba el territorio del Tibet de los cuatro 'cuernos' o distritos militares [ru]"
 2. El ascenso del Imperio Tibetano

Aunque las crónicas monásticas posteriores proporcionan solamente datos muy generales sobre la prehistoria de las tribus tibetanas a lo largo del Brahmaputra y confunden lo mítico con lo genuinamente histórico, poseemos valiosos documentos, encontrados en el Turquestán oriental, que describen el periodo antes de unificación en un estado comparativamente centralizado bajo un emperador (btsan-po). Las crónicas posteriores simplemente nos informan de que el Tibet estaba gobernado por varios espítitus hasta que, como ya se mencionó, el primer soberano descendió del cielo para gobernar la tierra. La lista de los 27 reyes fue evidentemente alterada muchas veces de acuerdo con varias tendencias religiosas y políticas, y solo los cuatro últimos príncipes: Lha-thop tho-ri gnyan-btsan, Khri-gnyan gzung-btsan, ’Bro-gnyan lde’u y sTag-ri gNyan-gzigs, que precedieron a gNam-ri Srong-brtsan pudieron haber ejercido alguna autoridad como príncipes locales desde su castillo de Phying-ba stag-rtse en Phyong-rgyas, un valle cerca de Yar-klungs. Él reinó desde 570 a 620 y se propuso a unir a los tibetanos y a los pueblos Ch'iang emparentados, un trabajo que iba a ser completado solamente por su hijo.



La Crónica Tun-huang nos proporciona una interesante y evidentememente auténtica información sobre los problemas de los soberanos de Phying-ba stag-rtse, que aparentemente también gobernaban sobre Myang-ro (más tarde Nyang-ro). Al parecer sus dos principales competidores eran Zing-po-rje sTab-skya-bo, que residía en Nyen-kar rnying-pa (en el valle sTod-lung), y Zing-po-rje Khri-pangs-sum, que gobernaba sobre el castillo de sDur-ba’i yu-sna. También importantes en este periodo eran las famlias nobles o clanes de los Myang, mGar, dBa’s, mNon, Tshe-spong, y Khyung-po. gNam-ri srong-(bslon) brtsan derrotó a sus oponentes y un noble Zhang-zhung, K’yung-po sPung-sad zu-tse, jugó un importante papel en esas luchas hasta el tiempo del gran Srong-brtsan sgam-po. Derrotó y mató a Mar-mum, el gobernante de rTsang-bod (la posterior provincia de gTsang, o parte de ella), comprendiendo unas veinte mil familias, ganando por tanto el favor especial de gNam-ri, de cuya mano recibió como feudo las partes conquistadas de gTsang. Es muy posible que partes de gTsang, especialmente aquellos distritos al norte del Brahmaputra, que incluso en nuestro siglo se cubrieron con monasterios Bon, estuvieran en ese tiempo habitados por un pueblo Zhang-zhung. Una revuelta de la provincia de Dags-po al este de Yarklungs fue sofocada por las tropas de bTsan-po. De acuerdo con un artículo en la enciclopedia china Wen-hsien t’ung-kao de Ma Tuan-lin (esta información no se encuentra en los trabajos hsitóricos más antiguos), este primer gran soberano del Tibet derrotó a las tribus bárbaras (definitivamente de origen tibetano-birmano) en las fronteras occidentales de la provincia china de Szechwan y la region aún no sinizada de lo que más tarde sería Yunnan. El La-duags rgyal-rabs afirma incluso que gNam-ri conquistó al rey gNya-zhur (Lig-gnya-šur fue un título de los reyes Zhang-zhung) y otros estados en el oeste además de Gru-gu (Dru-gu) o los Turcos occidentales del Asia Interior. Esta información parece anticipar los sucesos que tuvieron lugar bajo el sucesor de gNam-ri, Srong-brtsan sgam-po, aunque no podemos excluir la posibilidad de que el creciente poder de los tibetanos, incluso entonces, tuviera relaciones, pacíficas o belicosas con los Zhang-zhung o los turcos. Indicios de este poder se encuentran en una observación en la Crónica Tun-huang que afirma que los Zing-po-rje huyeron a la tierra de los turcos (dru-gu yul-du bros-so) tras la caída de su castillo. De interés histórico-cultural es una firmación en el La-duags rgyal-rabs que, desde el reinado de gNam-ri, la ciencia médica y la astrología (rtsis) eran importadas desde China. De acuerdo a la Crónica Tun-huang, se cree que gNam-ri srong-brtsan había sido envenenado.


Como iba a ser frecuentemente el caso más tarde, la muerte de bTsan-po provocó una rebelión general y la Crónica Tun-huang enumera entre los insurgentes las regiones de Dags-po, rKon-po, que eran semi-autónomas, aunque incorporadas dentro del imperio, la región Myang-po, e incluso Tshe-spong, la tierra que la esposa del envenenado rey había traido consigo. Los estados confederados de Zhang-zhung, que como mucho eran semi-independientes, también se volvieron hostiles. A pesar de su juventud, el heredero al trono, Srong-rbtsan sgam-po (en torno a 620-649) dio un aviso de su futuro al haber ejecutado a un traidor sin nombre en la corte. El fiel "Gran Ministro" (Myang Mang-po-rje Zhang-snang) obligó a los Sum-pa a la sumisión sin un golpe de espada; entonces el emperador (btsan-po) personalmente condujó un ejército al noroeste y obligó a los A-zha y a los "chinos" a pagar tributo, que evidentemente significaba que varios gobernadors chinos en Kansu fueron obligados a someterse a la extorsión tibetana.

La campaña tibetana contra los A-zha y las regiones vecinas de china parece haber sido en cierto modo inesperada, ya que los A-zha nunca habían sido un estado vasallo tibetano ni sometido a Srong-brtsan gam-po. Los Anales T’ang proporcionan una explicacion para esto:  los tibetanos habían oido que tanto los turcos como los T’u-yü-hun (A-zha) habían obtenido princesas chinas como esposas para sus soberanos, pero que el emperador T’ai-tsung había rechazado a los tibetanos, evidentemente debido a las intrigas y la oposición de los T’u-yü-hun. Un resultado de esta guerra de venganza fue que la región de Kokonor de los A-zha se convirtió en parte del imperio tibetano; solo unos pocos de los A-zha conquistados se pasaron a los chinos y se estblecieron más al este. También T’ai-tsung acordó en 641 entregar a la princesa real Wen-ch’eng al soberano tibetano como su prometida. Srong-brtsan sgam-po vivió con la princesa (cuyo nombre los Anales Tun-huang transcriben como Mun-chhang Kong-cho) durante nueve años hasta su muerte en 649. En el frente doméstico el gobernante tibetano tuvo que encarar muchos peligros, en especial los instigados por el favorito de su padre, Khyung-po sPung-sad zu-tse, que era nativo de Zhang-zhung y aprentemente deseaba restaurar el poder de Zhang-zhung. Él sembró desconfianza entre el emperador y el "Gran Ministro", Myang Zhang-snag, que se atrincheró en su castillo de sDur-ba, un hecho que en sí mismo parecía probar al emperador las intenciones malvadas del ministro. La fortaleza fue asaltada, destruida, y el ministro muerto. sPong-sad zu-tse creyó ahora que el momento era propicio para deshacerse del emperador mismo y dispuso una trampa al invitarle a un banquete en su jardín. El emperador aceptó su invitación pero envió a su ministro mGar Srong-brtsan yul-bzung por delante para observar. Él anunció que se estaba tramando una conspiracion, e informó esto al emperador. sPung-sad zu-tse, quien se dio cuenta de por qué había enviado el emperador a su fiel ministro, vio que había fracasado y cometió suicidio. Su propio hijo decapitó el cuerpo de su padre y entregó la cabeza al emperador quien, a su vez, le permitió retener su feudo. mGar sirivió al emperador hasta la muerte de este último, y su cargo de "Gran ministro" fue ejercido por sus descendientes dureante décadas.

Srong-brtsan sgam-po también hizo uso de otros matrimonios para impulsar sus políticas de imperio. Casó con una princesa de la aristocracia feudal tibetana, Mong-bza Khri-mo mnyen-idong-steng, procedente de sTod-lung, que le presentó como heredero al trono, y también una princesade los Mi-nyan (los posteriores tangutos) al noreste de Kukunor. Su matrimonio con una princesa nepalí, Khri-btsum, la hija de Amsuvarman, había sido cuestionada por Tucci, aunque los indicios internos indican fuertemente su historicidad. Nepal fue un estado-vasallo del Tibet en la época del emperador, como queda claro del hecho de que cuando el enviado chino Wang Hsüan-ts’e en su camino a la India en 648 fue maltratado por el potentado local de Tirabhukti fue protegido por una guardia personal compuesta de tibetanos y nepalíes dada a él por Srong-brtsan sgam-po.

Deseando mejorar el imperio culturalmente y alzarlo desde el barbarismo (más tarde las fuentes budistas describen el país en ese tiempo como la tierra de los bárbaros de cara roja de las zonas fronterizas), el emperador envió a uno de sus nobles, Thon-mi Anu-i bu Sambhota, a la India para estudiar los textos indios y adaptar uno de ellos al lenguaje tibetano. Viajo por la mayor parte de la India y finalmente retornó con un texto, supuestamente el texto gupta de Cachemira, que él adaptó a la escritura tibetana. Las fuentes informan que Thon-mi compiló ocho tratados sobre gramática tibetana, de los cuales solo dos han llegado hasta nosotros. el nuevo texto fue usado por primera vez en una cancillería de estado creada  por los chinos, factor de gran importancia para este periodo, como lo fue la importación de papel, te, y bebidas alcohólicas desde China. Srong-brtsan sgam-po una ciudad fortificada y amurallada, Ra-sa (lugar amurallado) para la princesa que más tarde fue llamado Lha-sa (lugar de los dioses). Los Anales Tun-huang nos cuentan que los emperadores tibetanos que siguieron residían alternativamente en varios castillos y fortalezas, especialmene en la vecindad de los posteriores bSams-yas.

En asuntos pertenecientes a la cultura espiritual los indios eran los maestros de los tibetanos. Es posible que varias enseñanzas llegaran a ser conocidas durante la época de Srong-brtsan sgam-po, aunque el emperador estaba más interesado en los aspectos culturales que en los puramente religiosos de la religión india. A pesar de los ornamentos legendarios, la influencia de las esposas chinas y nepalíes del emperador fue de gran importancia en que fueron construidos los primeros templos budistas: el Jo-khang de Lhasa, el templo más sagrado en el Tibet y el "ombligo", es decir, el centro del imperio, y el Ra-mo-che. Las capillas para el civilizador de las zonas de frontera también se remontan a este periodo. Entre estos el templo de Khra-’brug ha permanecido intacto y prácticamente inalterado y demuestra que la arquitectura de los templos tibetanos se desrrolló desde la de las antiguas fortalezas; en ambos encontramos baluartes defensivos con delgados muros inclinados hacia dentro y esterchas y almenadas ventanas.

Cuando, a la edad de 13 años, el heredero al trono, Gung-srong gung-brtsan, alcanzó su mayoría de edad, fue nombrado corregente, pero murió cinco años más tarde.  Cuando el emperador murió en 649 fue sucedido por su nieto Mang-slon (srong) mang-brtsan.

3. El Periodo de Regencia

Como el nieto de Srong-brtsan sgam-po todavía era un niño cuando sucedió a su abuelo, la administración del gobierno estuvo en manos del fiel "Gran Ministro", mGar sTong-brtsan, hasta su muerte en 667. El nuevo emperador, y más tarde su hijo, prorrogaron a la familia mGar que durante el resto del siglo tuvieron las riendas del poder. El que los hijos de mGar sTong-brtsan no hicieran ningún intento or expulsar a la dinastía reinante se debió probablemente al hecho de que los súbditos tibetanos, cuyas mentes estaban dominadas por la magia, veían en la majestad (mnga-thang) y los poderes mágicos (mthu) de la dinastía legal una garantía para la existencia del estado que ni siquiera la poderosa familia mGar podía tomar a la ligera.

Cuando en 659 los chinos comenzaron negociaciones desleales con los A-zha, mGar sTong-brtsan apareció en el noreste y atacó y mató al rey vasallo, aunque al sucesor de este último se le permitió retener su posición especial su pueblo estrechamente unido. A la muerte de su padre, mGar bTsan-snyal Ldom-bu se convirtió en "Gran Ministro" y al principio de su administración en 669 los chinos dufrieron una gran derrota en el Turquestán oriental. Su efímero gobierno colonial sobre la totalidad del territorio duró  desde 670 hasta 692. es de interés destacar que  en el verano de 673 bTsan-snyal Ldom-bu convocó la gran Asamblea de Estado en conjunción con su hermano mGar Khri-’bring brtsan-brod que, hasta el fin de siglo fue el hombre más poderoso del Tibet y "Gran Ministro" desde 685 hasta 698. Otro hijo del mGar mayor, bTsan-po yon-tal rgyal-bzung, fue un general (dmag-dpon).

En 677 bajo el nuevo emperador, Khri-’dus-srong Mang-po-rje (676-704), los Zhang-zhung en el oeste también intentaron un levantamiento. El líder de la revuelta, Ra-sangs-rje sPung-rye-ryung, no tuvo éxito y "cayó en la desaprobación", es decir, fue asesinado. Como puede deducirse de su nombre, el anterior reino de Zhang-zhung había sido dado por los tibetanos a una administración nativa; "Ra-sangs" es la palabra Zhang-zhung para ministro u oficial al que los tibetanos añadieron "rje" que lleva el mismo significado.

En 698 Khri-dus-srong logró deshacerse de su senescal, mGar Khri-’bring, quien entonces se suicidó, y el papel de regente fue asumido por su madre, Khri-ma-lod. Khri-dus-srong asumió entonces el mando del ejército, pero sus campañas fueron infructuosas y fue derrotado por los chinos. Murió en 704, a edad temprana, durante una campaña contra los ’Jang (el reino Mo-so en el actual Yunnan), en el mismo año en que le nació un hijo.

Dos cosas fueron dignas de nota a continuación de la muerte de Khri-’dus-srong: durante los siguientes pocos años no hay mención de un "Gran Ministro" ni hay ninguna indicación de residencias de verano e invierno de la emperatriz viuda y el niño real. Durante esos años Khri-ma-lod estuvo en la cima de sus poderes y fue la regente real del Tibet como es evidente del hecho de que su nieto, Khri-lde-gtsug, quien era simplemente "heredero al trono", fue entronizado solo ocho años más tarde en 712 con el título dinástico completo de Khri-lde-gtsug-brtsan (también llamado Mes-ag-tshoms) en las crónicas posteriores. Que las campañas de su padre en ’Jan (Nan Chao) no fueron totalmente en vano, aunque costaron a ese gobernante su vida, puede verse a partir de la crónica que informa que Kag L-bong (en chino: K’o-lo-feng), el soberano de Nan-Chao, se convirtió en vasallo del Tibet durante el reinado de Khri-lde gtsug-brtsan. Una princesa de Nan-Chao, ’Jeng Me-khri-btsun, fue entregada al emperador en matrimonio y le dio un heredero al trono, Lhas-bon, quien, no obstante, murió antes que su padre. La información en los anales de levantamientos de 705 (evidentemente en el propio Tibet) puede explicarse como las consecuencias normales de un cambio en la dinastía. En el mismo año Khri-gzigs zhang-nyen del clan de los Dba se convirtió en primer ministro, y el país Serib en la frontera sur del imperio se alzó en una revuelta que solo finalizó en 709 con la captura de su rey.

La anticipada agitación en Zhang-zhung llegó solo más tarde. En 719 el partido antitibetano allí y en Mard (la parte más baja de Ladakh, Mar-yul) tuvo que mantenerse a raya, e incluso en 721 el ministro Khri-gzigs tuvo que probar el poder del Tibet mediante la celebración del Consejo de Estado de invierno en ’Ryan-shi-gar, aunque el mismo año "numerosos emisarios de sTod-phyogs [es decir, Zhang-zhung] habían profesado su lealtad".

Durante la década siguiente a la muerte de Khri-’dus-srong la frontera china estuvo tranquila en comparación. Los mensajeros chinos llegaron y se fueron y las negociaciones estaban en marcha por otro matrimonio con una princesa china. Pero cuando en 710 la princesa Chin-ch’eng (en tibetano: Kim-sheng) llegó a Ra-sa (Lha-sa) con una guardia de honor tibetana, Khri-’dus-srong estaba muerto y Mes-ag-tshoms, su sucesor, era un niño de seis años. La boda tuvo que posponerse y los chno spermanecieron en el Tibet hasta la muerte de la princesa en 739 cuando las relaciones entre los dos países degeneraron en una guerra abierta. En 729 los tibetanos capturaron la ciudad fortificada de Kua-chou. Durante los últimos años de la princesa los chinos y tibetanos compitieron por la posesión de Gilgit (en tibetano: Bru-sha), importante debido a su estratégica posición en el camino que llevaba a los pasos del Turquestán oriental. En 737 la situación alcanzó su punto álgido. En verano de ese año apareció un oficial tibetano en Bru-sha, el país aceptó el gobierno del bTsan-po tibetano, y en el invierno siguiente el príncipe local devolvió la visita a Khri-lde gtsug-brtsan. Pero mientras que un enviado chino estaba negociando en la corte tibetana, el ejército chino destruyó Bru-sha. Finalmente, la influencia tibetana volvió a Bru-sha y se alcanzó un nuevo acuerdo que implicaba una alianza matrimionial: el rey de Bru-sha casaba con una princesa tibetana. Más tarde, bajo el hijo del entonces bTsan-po, la posesión de esta tierra iba a llevar a grandes problemas. Durante todo este periodo las actividades diplomáticas y militares del imperio tibetano fueron inusualmente activas: se hicieron intentos para contactar con otros oponenetes de la expansión china hacia el oeste, tales como los turcos Türgesh (en tibetano: Dur-gyis) y el Califato (Ta-ching). En 732 y 744 los enviados de ambos poderes estuvieron en la corte tibetana. En 732 la princesa tibetana, ’Dron-ma-lod, se convirtió en la prometida del kaghan de los Türgesh. En 742 le nació un heredero a Mes-ag-tshoms quien, en su entronización en 756, tomó el nombre de Srong-lde-brtsan. Fue bajo este hombre cuando el imperio tibetano alcanzaría el cenit de su poder.

Debería mencionarse un suceso en conexión con la muerte de la esposa china de Mes-ag-tshoms en 739 cuando hubo una epidemia de viruela a la que sucumbió la misma princesa. Una descripción de esta terrible epidemia en el Tibet se encuentra en un trabajo religioso: La Profecía concerniente la Tierra de Li, es decir, Khotan. Los sucesos insertados aquí dentro del marco de una profecía más antigua describe el exilio del clero budista de los reinos de Khota, Kashgar, y Gilgit y Cachemira, sus andanzas, y finalmente su admisión en el Tibet a instancias de la esposa china de Mes-aag-tshoms. Tres o cuatro años más tarde la viruela estalló en el Tibet y los ministros y nobles antibudisstas tomaron ventaja de esta oortunidad para expulsar a los invitados indeseados.

4. El cenit del imperio tibetano: Khri-srong lde-brtsan (755-797)

Aunque el nuevo bTsan-po observó aparentemente una estricta neutralidad y apoyó tanto al budismo como al Bon-po, de hecho favoreció a los budistas y envió a sus confidentes a la India y China para obtener escrituras budistas e invitar a destacados maestros al Tibet. También confió en el clero budista como aliado contra los nobles para consolidar su posición como emperador. Cuando uno de sus emisarios, sBa gSal-snang, trajo escrituras desde China encontró que era necesario ocultarlas. Temiendo por la seguridad de su cómplice provisionalmente le sacó del centro plagado de intrigas del imperio y le nombró gobernador de su provincia meridional de Mang-yul en la frontera nepalí. Desde Nepal gSal-snag fue capaz de viajar a la India, visitar Both-gaya, y hacer los primeros contactos con los destacados filósofos budistas de ese tiempo. Entretanto, el emperador, con la ayuda de su influyente y obediente ministro, ’Gos Khri-bzang, preparó un complot para deshacerse de sus más poderosos enemigos entre los nobles. Se dispuso que los adivinos profetizaran que para asegurar la seguridad del imperio y el emperador, dos prominentes oficiales deberían permanecer durante tres meses en una tumba. La elección recayó sobre Ma-zhang Khrom-pa y ’Gos Khri-bzang. Este último fue capaz de escapar, pero Ma-zhang Khrom-pa fue sellado y murió miserablemente. Al mismo tiempo, el líder de los nobles, sTga-agra kLu-khong, fue desterrado a los desiertos septentrionales. Mientras estos sucesos domésticos tenían lugar la expansión externa del imperio continuaba. Los fragmentos de los Anales de Tun-huang informan de misiones diplomáticas de alianza enviada desde el oeste en 756, incluyendo la de Shig-nig (Shignan o Shugnan) en los Pamires. Una fuente hasta la fecha descuidada describe cómo el "Rey de los Árabes" (sTag-gzig) prometía, después de su derrota, construir y defender un puente de travesaños de madera en un lugar donde la ruta comercial cruzaba una corriente sobre la frontera occidental del imperio tibetano. Evidentemente esto se refiere a un puente sobre el alto Oxus en una localidad llamada Dar-i Tubbat (la "Puerta del Tibet") en un trabajo geográfico musulmán titulado Hudūd al-Ālam.

Durante el mismo año 756 los Anales informan de la conquista de Se-cu, la región de Turfan, (en Chino: Hsi-chou). En 758 las tropas tibetanas capturaron Leng-cu (en chino: Liang-chou), junto a la frontera china. En 762 los generales tibetanos tomaron Keng-shi o King-shi, la region que rodea e incluye la capital de Ching-chao o Ch’ang-an. Como el emperador chino huyó ante la cercanía del ejército tibetano, los tibetanos instalaron a un príncipe, Guang-bu huant-ti, que fue capaz, de resistir solo durante tres semanas.

El tratado de paz chino-tibetano de 783 confirmó el dominio tibetano sobre el turquestán oriental, Kansu y una extensa parte de Szechwan. Durante este periodo la influencia tibetana también se extendió al sur y el rey budista de Magadha y Bengala, Dharmapala, (circa 760-815) reconoció la supremacía tibetana -la razón por la que los escritores musulmanes se refieren a la Bahía de Bengala como el "Mar Tibetano".

La larga serie de victorias políticas y militares de Khri-srong lde-brtsan muestran que él fue capaz de establecer su autoridad cada vez más en los asuntos domésticos, especialmente en politicas religiosas. El maestro budista Shāntirakshita estaba ahora realmente invitado al Tibet, pero como la oposición demostraba ser demasiado fuerte, su visita duró solamente cuatro meses. En su partida avisó al emperador para que invitara al famoso tántrista y exorcista Padmasambhava, que estaría en mejores condiciones para hacer frente a los Bon y su magia. De este modo ocurrió que Padmasambhava expulsó del país a los "malos espíritus", es decir, los refractarios seguidores de la religión popular y la fe Bon. El emeprador comenzó ahora la construcción de bSams-yas, el primer complejo monástico, y Pradmasambhava impidió que los espíritus malignos destruyeran por la noche lo que había sido construido durante el día. El recinto del monasterio con sus habitaciones para los monjes y numerosos templos que simbolizaban el universo budista, fue diseñado por Shāntirakshita, que había sido vuelto a llamar al Tibet donde ordenó a los primeros siete jóvenes tibetanos llamados "monjes de prueba". Las fuentes no concuerdan en cuanto a su número o nombres. Esos primeros monjes, a quienes pronto iban unirse otros, inmediatamente comenzaron la traduccción de textos budistas desde varios lenguajes al tibetano en la "Casa de los Traductores". Que el Bon aún tenía que ser tomado en consideración se ve a partir del hecho de que los sacerdotes Bon eran invitados desde sus distritos del anterior estado de Zhang-zhung para traducir sus textos sagrados  del Zhang-zhung al tibetano. Uno de los discípulos de Shāntirakshita, Vairocanarakshita, o simplemente Vairocana, demostraba una versatilidad inusual al traducir textos tanto budistas como Bon. No solo se dedicó a la enseñanza de las Diez Perfecciones de Shāntirakhita (pāramitā) como la base para la ascensión gradual a la Liberación sino que, como discípulo de Padmasambhava, también tradujo textos tántricos mágico-místicos que estaban basados en una "súbita" Iluminación, doctrina compartida por la escuela china Ch’an. Recordando que los monjes chinos que defendían la doctrina de la Iluminación "súbita" también estaban trabajando en bSams-yas, es evidente que se estaban formando los motivos del conflicto.

La lucha entre los "Gradualistas" y los "Subitistas" finalmente llevó a  la catástrofe. Desde 792 hasta 794 tuvo lugar un debate entre las dos escuelas, ordenadoy presidido por el emperador. Declaró inválidos los argumentos de los chinos y les ordenó dejar el país. Su escuela, aunque reprimida de vez en cuando, no desapareció en el Tibet, sino que todavía continuó como una rama del rNying-ma-pa y es llamada la "Gran Perfección".

En 779, el budismo fue declarado la religión del estado y un edicto imperial ordenaba que se proporcionara apoyo para la religión y el monasterio, y que los subsidios iban a darse para comida y ropa, papel y tinta, y se hicieron concesiones para los ermitaños meditativos. Un número específico de familias tibetanas fue obligado a suministrar las necesidades de un monje, un acuerdo que llevó al incremento de los gastos bajo los sucesores del emperador y llevaban dentro un problema latente.

Los últimos días del reinado del emperador fueron menos afortunados que los primeros. Esto fue debido más a una concatenación de varios sucesos en los asuntos externos del país y un resurgimiento de la hostilidad de los nobles que a una disminución de su energía. Lo que es más importante, el Tibet, una tierra débilmente poblada, había alcanzado los límites de sus capacidades militares y la guerra constante en varios frentes no podían continuar indefinidamente. El tratado de paz de 783 con China demostró ser frágil y en 787 los ejércitos tibettanos avanzaron denuevo contra la capital china, cuando una seria derrota en T’ai-te en 789 les obligó a abandonar la campaña. En 789 los árabes bajo el Califa Hārūn al-Rashīd (786-809), cuando se volvieron inquietos por la expansión tibetana, repudiaron su tradicional alianza ocn los tibetanos y entraron en negociaciones con los chinos. Esto provocó que los tibetanos utilizaran una considerable porcio de sus tropas en el oeste como defensa contra los ejércitos musulmanes. Un avance chino en el Turquestán oriental fue detenido en la gran batalla de Pei-t’ing (en turco: Beshbalik) en 791 en el que los tibetanos y sus aliados karluq se enfrentaron a los chinos y los uigures. A pesar de las victorias chinas iniciales recordadas en la inscripción de Karabalghasum, los tibetanos y sus aliados fueron capaces de destruir al enemigo e incluso los turcos Sha’to que eran amigos de los chinos fueron expulsados de Kansu. El resultado de esto fue que el Turquestán oriental permaneció bajo control tibetano hasta mediados del siglo IX.

El fin del reinado del gran Khri-srong lde-brtsan (797) está oculto por un velo de incertidumbre. Aunque se acepta que abdicó en ese año, muchas circunstancias sugieren que su primera esposa, Tshe-spong-bza rMa-rgyal ldon-skar, que era miembro de la nobleza Bon y su enemiga, le asesinó justo cuando ella envenenó más tarde a su hijo, Mu-ne btsan-po, al que ella misma había puesto sobre el trono.

5. El declive y la desintegración del imperio

Si los sucesos relacionados con la muerte de Khri-srong lde-brtsan no están claros, incluso menos clara es la información que tenemos en relación con su hijo, Mu-ne btsan-po. La antigua crónica del jerarca Sa-skya, Grags-p rgyal-mtshan, menciona a un Mu-khri btsan-po que murió siendo joven, y que pudo ser la misma persona que Mu-ne btsan-po. Fue colocado sobre el trono por su madre, y tuvo un corto reinado, probablemente solo desde 797 hasta 804. Continuó la política de su predecesor e hizo todo lo que pudo pra privar a los nobles de su poder. Golpeó en su base económica, y en tres litigios confiscó sus propiedades, parte de las cuales añadió a las tierras de la corona, y parte distribuyó entre los campesinos. Aunque su accion asestó un golpe mortal a los nobles, no había sido bien planeado. Desbido a que su existencia personal y política estaba en juego, los nobles anteriormente desunidos ahora se unieron, y con su propia madre tomando la iniciativa, el emperador fue envenenado.

La emperatriz viuda deseo ahora colocar a otro hijo, Mu-rung btsan-po, sobre el trono, pero fue dificultada en esto por un acto de violencia cometido por el mismo príncipe. De acuerdo con el bLon-po bka’i thang-yig, el príncipe había atraido sobre sí el odio del poderoso clan sNa-nam al matar al ministro sNa-nam bTsan-po ’U-ring, hijo del "Gran Ministro" Zhang rGya-tsha Lha-snang. De acuerdo al relato, el "Gran Ministro" estaba teniendo una discusion privada con el emperador y a ’U-ring se le había ordenado guardar la puerta. Cuando intentó detener al príncipe para que no entrara, este último le mató. La viuda todavía entronizó ahora a otro de sus hijos, Mu-tig btsan-po, que reinó desde 804 hasta 815 bajo el título imperial de Khri-lde Srong-btsan, aunque Mu-rung btsan-po, que era obediente a su madre y un ayudante complaciente para los nobles, gobernó realmente en la sombra hasta que fue asesinado por un noble sNa-nam en 804. La cronología de estos gobernantes es extremadamente confusa; los datos tibetanos y chinos son difíciles de armonizar.

Como su padre, Khri-lde srong-btsan (también llamado mJing-yon Sad-na-legs) fue favorable al budismo. Bajo su gobierno se continuó la tradución de los textos budistas, incluso intensificada, y es probable uqe el trabajo sobre el Mahavyutpatti, un diccionario bilingüe cuyo propósito era unificar la terminología budista tibetana, se comenzara en esta época y completada bajo su hijo Ral-pa-can. Fue durante este periodo cuando ocurrió allí en la escena doméstica exactamente lo que la nobleza había temido: los monjes budistas tibetanos lograron una influencia incrementada en los asuntos de estdo. Especialmente importante fueron los papeles jugados por los monjes Myang Ting-nge-’dzin y Bran-ka dPal-yon, convirtiéndose incluso este último en "Gran ministro" y, desde 810 fue la figura dominante en la política tibetana. Se cree que este monje retuvo su cargo bajo Ral-pa-can, hijo y sucesor del emperador.

La lucha continua en la frontera china con éxito diverso, pero los chinos aún eran incapaces de reconquistar el Turquestán oriental. En el oeste, la lucha feudal entre al-‘Amin y al-Ma’mūn, hijos de Hārūn al-Rashīd había deteriorado el Califato y los tibetanos fueron capaces de hacer incursiones en territorio musulmán. En una ocasión incluso asediaron  Samarcanda y Sogdiana. De alguna manera más tarde, en 840, los uigures, que había representado un peligro para los tibetanos en el norte, perdieron su imperio estepario en favor de los kirguises. En esta época el "Gran Ministro" budista intentó concluir un tratado de paz permanente con los T’ang, pero fue incapaz de lograr esto hasta el reinado del siguiente emperador.

Sad-na-legs tuvo tres hijos: bTad-ma, que se convirtió en monje budista, gLang-dar-ma (cuyo nombre obviametne es un apodo), y el más joven que, como emperador desde 815 hasta 838, fue conocido por el título de reinado de Khri-gtsug lde-brtsan aunque los historiadores tibetanos le llamaron Ral-pa-can ("el que tiene rizos"), ya que supuestamente envolvía su pelo con largas piezas de tejido sobre las que invitaba a los monjes budistas  a sentarse para demostrar su piedad. Ral-pa-can fue un gobernante débil que sufría de mala salud, prestaba poca atención a los asuntos de estado, que él dejaba para sus consejeros, y fundamentalmente estaba interesado en la propagacion del budismo y, mucho más peligroso para el estado, en conceder privilegios al clero. Las traducciones de textos budistas se multiplicaron, los textos y monasterios fueron dotados, y se ergieron nuevas construcciones religiosas. El ministro, Bran-ka dPal-yon logró concluir un acuerdo con los chinos que garantizaba a los tibetanos tanto la paz como la ratificacion  de sus conquistas. El acuerdo fue firmado en la capital chna en 822, en Lhasa en 822, y el texto inscrito sobre un obelisco (rdo-ring) que se colocó en la capital china, sobre la frontera en Me-ru, y en Lhasa, levantándose este último antes del Jo-khang hasta 1959.

La situación doméstica finalmente llegó a una crisis; los nobles y el pueblo común se rebelaron ante los continuos y crecientes privilegios del clero. El emperador había cometido el serio error de intentar forzar las virtudes budistas sobre un pueblo que aún se aferraba a su antiguo código de ética. Se hizo a los monjes responsables de reforzar esos cambios y si se encontraban con miradas airadas o o dedos acusadores, los delincuentes eran castigados arrancándoles sus ojos o cortándoles sus dedos. Los nobles Bon pensaron que ahora era el momento propicio para dar la vuelta a las cosas. Se urdió una conspiración, se asaltaron las cámaras del emperador, y su cabeza fue retorcida hasta separarse de su cuerpo. Los conspiradores pusieron a gLang-dar-ma sobre el trono que gobernó desde 838 hasta 842 bajo el título de ’Ui-dum-rbtan, y el líder de lso conspiradores, dBa’s rgyal-to-re, se convirtió en "Gran Ministro". Comprensiblemente, los historiadores budistas describen al ministro como un monstruo e incluso los posteriores Anales de los T’ang describen su debilidad por el vino, las mujeres, y la caza, e informan que fue cruel y perverso, falto de generosidad, y concluye que la desintegración del estado fue inevitable. Ahora era el turno de los nobles y los sacerdotes Bon para controlar al nuevo gobernante tal como los budistas habían controlado a Ral-pa-can, aunque una nota en la Crónica de Grags-pa rgyal-mtshan indica que la terrible persecución de los budistas comenzó solo seis meses después de que gLam-dar-ma ascendiera al trono. En su transcurso fueron profanados templos y monasterios, el trabajo de traducción se detuvo, y se desterrraron a los monjes extranjeros. a los religiosso tibetanos se les dio a elegir entre vovler a la vida laica o la muerte, y fueron obligados a participar en eexpdediciones de caza con arcos y flechas. Claramente esto fue un periodo de salvaje confusión y desorden y las fuentes chinas informan de catástrofes, seismos, epidemias y hambre. El budismo fue extirpado de todo el Tibet central; el poder del gobierno no se extendía a las provincias distantes del este o del oeste. El imperio de Srong-brtsan sgam-po se estaba desintegrando completamente y el asesinato de gLang-dar-ma a manos de un hermitaño tántrico (llamado Lhalun Pelgyi Dorje de Yorpa) anunciaba más problemas.


Las antiguas familias nobles no estaban interesadas en una continuación de la dinastía, y una gran guerra nacional parece haber estallado trayendo al imperio a su fin. Aparentemente los sucesores de los grandes emperadores gobernaron como reyes menores en el Tibet central y Yar-klungs y como señores feudales en las viejas tierras imperiales alrededor de bSams-yas. Al parecer la reina secundaria Tsepongza dio a luz al heredero real, gNam-lde ’od-sruṅs (Namde O-sung), en la vieja fortaleza de Yambu Lhagang, antes del asesinato de gLang-dar-ma, aunque otras fuentes proclaman que esto sucedió después de su muerte. En una fecha posterior, la reina principal Bel-pen za-ma tuvo un hijo, Yum-brtan (Yumten), en algún lugar de la región de dbU-ru, alrededor de Lhasa. Entre estos dos -Yum-brtan y gNam-lde ’od-sruṅs, con sus respectivas facciones clánicas- la sucesion se convirtió en un problema, especialmente cuando el principio de primogenitura no se había aplicado con carácter unviersal a la casa real tibetana y la legitimidad de Yum-brtan era dudosa. Además, las fuentes parecen indicar que los jóvenes príncipes fueron el foco de la rivalidad entre los Dro y los Ba/Wa, con los primeros apoyando a gNam-lde ’od-sruṅs, y los segundos a Yum-brtan. Circulaba una historia por la que se pretendía que Yum-brtan no descendía de gLang-dar-ma, sino que se trataba de una trama urdida por la familia Bel para proporcionar un niño a la hija esteril. No obstante, el niño fue aceptado como heredero real.



El Hsin T’ang-shu deja claro que gLang-dar-mano no dejó heredero, y que se instaló a un niño en el trono por el clan de la reina. Las crónicas afirman que el problema de la sucesión fue el punto sobre el que el imperio llegó a dividirse, y la decisión inicial fue que Yum-brtan quedaría a cargo de la parte del Tibet conocida como dbU-ru (el cuerno central: a grosso modo el Tibet centro-oriental, por encima del río Tsang-po) y que gNam-lde ’od-sruṅs controlaría gYo-ru (el cuerno derecho: más o menos, el tibet centro-oriental por debajo del Tsang-po). Esas áreas eran desiguales en recursos, poblacion y tierras, de modo que se extendió un conflicto de bajo nivel entre las dos partes del reino.

Sabemos que los dos herederos operaron independientemente, pues los documentos procedentes de Donhuang indican que gNam-lde ’od-sruṅs fue suficientemente poderoso como para renovar una concesión al clero budista en 844, pero que Yum-brtan pareció tomar posesión de sus propiedades en las décadas que siguieron al asesinato de gLang-dar-ma. La carta de Dunhuang procedente de Yum-brtan se queja específicamente contra los miembros de los clanes Dro y Chog, y, de hecho, había muchas razones para cuestionar la alianza de individuos concretos, pues el Tibet estuvo enredado en una serie de revueltas aproximadamente entre 845 y 910. Estas son designadas como los "levantamientos populares" (kheng los gsum), aunque de hecho procedían de una gran variedad de estratos y duraron casi setenta años.

El primero de los levantamientos fue realmente un intento separatista iniciado por un aristócrata, Lön Gungzher, que era miembro del clan Wa/Wé (-Ba) y administrador en el territorio tibetano, en el noreste, alrededor de Dunhuang, la cual se perdió a manos del señór de la guerra chino Zhang Yichao en 848, quizá en parte como resultado de las actividades de Lön Gungzher, de manera que poseemos alguna indicación de que los movimientos separatistas comenzaron casi tan pronto como el centro del imperio se debilitó, La dinastía real comenzó a contraerse exactamente en aquellas zonas que solo habían estado bajo dominio tibetano tan solo unas pocas décadas (como Dunhuang), pero la debilidad del imperio chino al final de las dinastía Tang también era evidente, pues el lenguaje tibetano continuó siendo usado en los documentos civiles varias décadas después de que la administración desde Lhasa no fuera sino un tenue recuerdo.

Lön Gungzher se vio envuelto en una serie de dificultades con el gobernador de Shanzhou, un tibetano llamado Zhang Bibi, miembro de la familia Dro, que representaba a la facción prochina entre los gobernadores coloniales. Lön Gungzher estaba indignado con el asesinato de gLang-dar-ma y detectó la participación del odiado clan Dro. Después de muchos conflictos, Lön Gungzher obtuvo la victoria, pero personificaba la desintegración del sentido del orden, ya que ejecutó a todos los varones del área de Shanzhou/Amdo; saqueó las prefecturas de Kuo, Gua, Su, Hami y Qocho; y fue sometido por Zhang Yichao solo en 851. Lejos de abandonar su meta, Lön Gungzher intentó más tarde una insurrección contra los chinos e hizo su aparición final en la política china como una cabeza cortada en un saco en su camino a la capital Changan en 866.

6. La administración y la estructura social durante el imperio

Antes de la unificación del Tibet bajo gNam-ri srong-brtsan y Srong-brtsan sgam-po, las tribus individuales eran independientes y, como las fuentes chinas indican, no tenían prácticamente ninguna organización política más allá de breves alianzas para actividades limitadas como el bandolerismo. Con la unificación del Tibet, todo esto cambió, y en lugar de jefaturas tribales, las cuales gobernaban desde sus fortificaciones sobre unos súbditos nómadas o sedentarios, fue establecido un gobierno centralizado por un emperador que, a través de sus oficiales, alcanzó las más lejanas avanzadillas del imperio. Que el principio feudal estaba aún firmemente mantenido por los jefes tribales se demuestra por el hecho de que consideraban al soberano como un primus inter pares, y solo fuertes personalidades como Srong-brtsan sgam-po y Khri-srong lde-brtsan eran capaces de preservar el imperio de una anarquía feudal y empleaban las confederaciones tribales que ejercían los poderes militares y administrativos como ministros y oficiales imperiales.

Si la intrusión del clero budista en la política del estado no llevó a una ruptura entre los nobles y la dinastía, o si los a menudo refractarios nobles no acabaron con el régimen imperial incluso bajo débiles gobernantes (como  pudo haberlo hecho fácilmente la familia mGar en el siglo VII), la causa de ello debe verse en la naturaleza sagrada del bTan-po que, en la religión Bon, no podía ser cuestionada. Que la dinastía era bien consciente de esto queda demostrado por el hecho de que los emperadores posteriores, que se inclinaban hacia el budismo, observaban las costumbres sagradas cuando ascendían al trono, en los ritos funerarios, y cuando celebraban tratados. Era el factor mágico-carismático en el cargo del monarca universal, la naturaleza sagrada de su gobierno, lo que protegía a la dinastía. Había cuatro poderes inherentes en el monarca que aseguraban el bienestar del estado: majestad (nMga-thang), magia (dBu-ring) -literalmente "yelmo" que el bTsan-po llevaba en las funciones sagradas- la ley religiosa (chos) que se originó con el Bon, pero que más tarde reclamaron los budistas- y la autoridad política (chab-srid). Los emperadores tibetanos, así como los reyes de Zhang-zhung tenían sus propios sacerdotes Bon (skut’sho-bai gshen, o sku-gshen) que protegían sus poderes vitales, e incluso sabemos los nombres de varios de estos sacerdotes, tales como Khri-srong lde-brtsan’t, que fue llamado Khri-snyan rgyal-chung. En ocasiones ceremoniales el bTsan-po se sentaba en el centro del salón del torno, el sacerdote Bon se sentaba en el lugar de honor a su derecha, y el "Gran ministro" se sentaba a su izquierda.

Directamente bajo el bTsan-po estaban los príncipes vasallos, el Dar-rgyal de los T’u-yü-hun, y los príncipes de rKong-po y Myang que eran de más alto rango que los ministros tibetanos. Estos eran seguidos por orden de su rango por el "Gran ministro" o "Grandes ministros" que generalmente venían de las más ilustres de las familias feudales. Si un monarca se casaba en una de tales familias esos nobles tomaban el título de Zhang, o "tío materno". Estos eran seguidos por los ministro "interiores" (nang-blon) y "exteriores" (phyi-blon), refiriéndose los adjetivos a su posición en el palacio. Luego venían los quiliarcas, es decir, los comandantes de un "distrito de un millar" militar, los oficiales militares (dMg-dpon), y los supervisores de los establos reales (lo-ngam rta-rdzi).

Originalmente el Tibet propiamente dicho estaba dividido en distritos militares y los gobernadores militares finalmente asumieron la administración civil. En los tiempos antiguos el Tibet estaba dividido en tres cuernos o banderas (ru): dbU-ru (más tarde dbUs-ru) en el centro, que incluía Lhasa, la capital; gYo-ru (más tarde gYon-ru) al este, que incluía las importantes provincias de Yar-klungs, Phyin-lungs, Das-po, gNyal y Lho-brag; y gYas-ru en el oeste que incluía el Bajo Tsang y el Alto Tsang. Cada cuerno estaba a cargo de un Ru-dpon (comandante de una bandera), que era asistido por dos dPa’zla (asistentes). Más tarde Ru-lag, un cuarto cuerno, fue creado -por primera vez mencionado en los anales de Tun-huang de 709- que incluía los distritos al sur del Brahmaputra, es decir, Mang-mKhar, Lha-rtse, y Myang-ro. Cada bandera tenía un número variado de quiliarcas.


Regiones y provincias del Tibet Central

Las regiones conquistadas en el Turquestán, China y el oeste tenía administraciones coloniales especiales. El Turquestán oriental era administrado desde Khotan donde al rey de la dinastía hereditaria se le permitía residir y supervisar los asuntos domésticos de su distrito. El gobernador tibetano llevaba el título de nang-rje-po y era al que se referían las fuentes musulmanas como el "Rey del Tibet" ya que no tenían conocimiento de Lhasa o el Tibet propiamente dicho. Este alto oficial dirigía tanto los asuntos militares como civiles y los pueblos en el oeste tenían que tratar con él sobre asuntos de paz y tributo.

Los diversos documentos de Tun-huang y el Turquestán oriental muestran que había otros oficiales en los distritos coloniales: el Brung-pa y el mNag. Ambos parecen haber estado conectados con las finanzas, y el cargo de mNag era evidentemente el más alto de los dos. El cargo de Brung-pa dejó de existir a comienzos del siglo VIII cuando fue amalgamado con otro cargo o el título fue cambiado. el "Gran mGans" parece haber estado conectado con la recaudación de impuestos y los Anales de Tun-huang informan que en 726 su número fue reducido de ocho a cuatro y que la recaudación de impuestos entonces se convirtió en la función del Khab-so (oficiales de corte o guardias de palacio).

En relación con la estructura social del Tibet durante la monarquía universal (y aquí debemos disentir con Bogoslowskij que cree que la misma estructura se mantenía en muchos pequeños estados antes de la unificación), había, primero de todo, los miembros de los clanes nobles (phu-nu) que eran ciudadanos libres (dMangs o ’Bangs) y los siervos (bran) quienes generalmente estaban ligados a la tierra y trabajaban para los terratenientes. Más tarde los monjes budistas se unieron a esos grupos y al menos igualaron a la nobleza feudal o (especialmente bajo Ral-pa-can)  incluso ocuparon posiciones más altas. Aparte del clero, las posiciones de las clases no eran fijas y estaban sujetas a cambios. por ejemplo, dos nobles del importante clan Myang, Nam-ro-re khru-gu y sMon-to-re, padre e hijo, fueron dados como bran a mNyan Ji-Zung, y en una fecha posterior gNam-ri srong-brtsan dio a su padre los bienes raíces de mNyan Ji-zung, su señor anterior. Ni, como Róna-Tas señala, eran casos aislados. Como puede comprobarse a partir de las fuentes antiguas, (anales, crónicas e inscripciones), el estatus de una familia podía verse totalmente alterado por una concesión del bTsan-po. Tales concesiones en tierra eran conocidas como khol-yul y eran feudos que el emperador otorgaba  para servicios especiales. Bajo ciertas circunstancias estas llegaban a convertirse en propiedades heredadas con la condición de que los titulares del feudo no desobedecieran al estado o al emperador. Si lo hacían, la tierra y las familias del bran (bran-khyim) revertían al estado. Los bienes raíces del estado, es decir, del emperador, eran llamadas rje-zhing. Todos los distritos recientemente conquistados fuera del Tibet automáticamente se convertían en propiedades del estado que el emperador podía otorgar para favorecer a sus oficiales y funcionarios.

Cuando en 779, el budismo fue declarado la religión del estado el clero obtuvo muchos privilegios. La tierras transmitidas a los monasterios estaban libres de impuestos, una medida tomada por el emperador para equilibrar el poder de los nobles feudales y los templos y monasterios regularmente recibían concesiones. Importante en esta conexión así como generalmente para un estado que llevaba a cabo guerras de expansión, era el sistema de impuestos fijados que en el Tibet propiamente dicho fue llamado khral y que podía ser reducido o pospuesto en el caso de una cosecha pobre o un daño de guerra. Los impuestos en especie eran llamados khva. Chad-kha era un impuesto especial recaudado a intervalos irregulares, de acuerdo con circunstancias especiales, y un impuesto llamado dpya era recaudado  solamente en las regiones conquistadas. Es interesante destacar que en el siglo IX rKon-po, cuyo príncipe mantenía una posición especial en el imperio, rehusaba pagar el impuesto de khral  recaudado por los oficiales Khab-so y que la inscripción de rKong-po contiene un documento que confirma los privilegios del principado, a saber, que solo el príncipe de esa tierra podía recaudar impuestos.

7. El periodo "oscuro" (850-1000) y la "segunda introducción del Budismo"

En el colapso de la monarquía no hubo vencedores, solo vencidos. La reducción de los herederos de la dinastía imperial a insignificantes principados en el Tibet central tuvo como consecuencia una ausencia de archivos de estado, de ahí que no hubiera una historiografía oficial hasta la época de los monasterios posteriores. Las fuentes chinas, debido a la lenta agonía de la dinastía T’ang, generalmente guardan silencio en relación a este periodo y solo hacen menciones casuales de los principados tibetanos orientales.

Si, a continuación de la destrucción del Budismos en el Tibet central, las fuentes no dicen nada sobre ninguna actividad bon o sobre la formación de una Iglesia bon de estado, esto es así no a causa de las guerras religiosas, sino porque el egoísmo de los nobles causó la ruina del imperio. Sin embargo, los grandes príncipes feudales no recogieron los beneficios del estado cambiado de los asuntos. Sin ser capaces de establecer por qué esto fue así, solo apuntaremos los hechos de que las antiguas familias nobles de los dBas, sNa-nam, ’Bro, Tshe-spong, simplemente desaparecieron de la historia y fueron reemplazadas por una nueva generación de príncipes locales, y que la historia tibetana como totalidad alteró su curso y se convirtió en la historia de grupos y sectas religiosos.

Surge ahora una cuestión  interesante: ¿desapareció el budismo, que, según sus oponentes, fue obligatorio sobre el pueblo por decreto, en el declive general, o hubo tibetanos que aceptaron la religión voluntariamente? La cuestión debe ser respondida afirmativamente porque en los siglos que vinieron iban a ser los idealistas quienes se unieron, observaron la tradición, y finalmente de nuevo propagaron la Doctrina a través de todo el país. Nuevos centros de propagación se formaron en Amdo en el este y más tarde en el reino de Gugé.

La persecución de los budistas en el Tibet central evidentemente fue un serio golpe, pero incluso en 841, el año de la persecución, tres "hombres eruditos" (en tibetano: mkhas-pa-mi-gsum) que fueron sorprendidos en su monasterio al suroeste de Lhasa, escaparon y se abrieron paso en los alrededores del monte Dan-tig sobre el Alto Huang-ho en Amdo, llevando con ellos en mulas libros religiosos (Vinaya y Abhidharma). Allí, en una cueva, se dedicaron a la meditación. Un joven de una familia Bon de nombre Mu-zu gSal-’bar tuvo noticia de los ermitaños, los buscó, y quedó tan impresionado que pidió ser admitido en la Orden. Fue aceptado y finalmente se convirtió en el estudioso budista conocido como dGongs-pa rab-gsal (832-915). Este hombre llegó a ser el eje de un renovado movimiento colectivo y su trabajo y el de sus discípulos constituye una primera etapa en la reintroducción del budismo en el Tibet. Debido a contradicciones en las fuentes todavía no es seguro si hubo uno o dos enlaces en la cadena de transmisión entre él y kLu-mes Shes-rab Tshul-khrims (c.950-1025), pero hubo, en cualquier caso, una conexión directa que se remontaba a la época del emperador. Un número cada vez mayor de hombres jóvenes fueron ordenados en Amdo y volvieron a las provincias centrales de dbUs y gTsang, para propagar lo que habían aprendido, y para crear los comienzos de la más vieja escuela del budismo tibetano, el rNying-ma-pa. Sería bastante injusto subestimar, como ha ocurrido frecuentemente, el trabajo de esos hombres. Como queda claro del Deb-ther sNgon-po, transmitieron no solo los Tantras que se remontan a Padmasambhava, sino también a la tradición ininterrumpida de los Vinaya.

Los monjes que vinieron desde Amdo quedaron a cargo de los clausurados y descuidados templos y monasterios, o fundaron unos nuevos. kLu-mes hizo reparar el primer monasterio tibetano de bSam-yas que había sido fundado en 786 por Khri-srong lde-brtsam y había caído en el deterioro. Sum-pa ye-shes blo-gros que pertenecía al grupo de los "diez hombres desde dbUs y gTasang"encontró al maestro indio Atīsha que había llegado al Tibet occidental en 1042, y los monjes que habían sido ordenado en Amdo encontraron a aquellos desde el oeste. Los renovadores tibetanos occidentales del budismo aparecieron así varias décadas después del ascenso del grupo de Amdo.

Como ya se ha mencionado, un bisnieto de gLang-dar-ma se abrió paso hasta el Tibet occidental donde estableció un pequeño reino. La Crónica de Ladakh informa de que un cierto dGe-bshes-bstan de sPu-hrangs le invitó a su región al sur de Manasarowar y le concedió a ’Bro-bza ’khor-skyong en matrimonio, y que fue capaz de establecer una capital, Nyi-zungs, desde la que conquistaría todo el Tibet occidental. Su reina pertenecía al linaje Zhang-zhung, los ’Bro, que habían sido importantes durante la monarquía universal. Las fuentes de G. Tucci concuerdan en que este rey dividió su reino entre sus tres hijos y que el mayor recibió Mar-yul (Ladakh). Las más antiguas crónicas monásticas están en desacuerdo en relación con los dos hermanos menores. De acuerdo con Grags-pa rgyal-mtshan y ’Phags-pa, el segundo hijo, bKrashis-mgon, recibió el corazón de la región de Zhang-zhung: Pu-hrangs (Purang) y Yartse (Semja en el actual Nepal) mientras que al más joven, lDe-gTsug-mgon se le entregó los distritos de Mon, un término más bien vago aplicado a las tribus de las laderas meridinales de los Himalayas. no obstante, de acuerdo con Bu-ston, el Deb-ther sNgon-po, y el dPa-bo gtsug-lag ’phreng-ba, el hijo mayor recibió sPu-hrangs y el hermano menor heredó Zhang-zhung. Aunque encontramos discrepancias posteriores en la genealogía de los reyes tibetanos occidentales, es cierto que el reino de Gu-ge y sPu-hrangs fueron unidos más tarde, aunque no es seguro cuando o de qué rey desciende la dinastía de Guge.

Los hijos del rey de Gu-ge se llamaron ’K‘or-re y Sroṅ-ṅe. El mayor, ’K‘or-re, finalmente se convirtió en un monje budista sin, no obstante, renunciar totalmente a sus funciones reales, y es conocido como "el monje real" Yeshes-’od. La línea posterior de la dinastía de Gu-ge desciende de su hermano, Sroṅ-ṅe (988-996) quien, incluso durante el tiempo del monje real, estuvo a cargo de los asuntos gubernamentales. Los reyes de Gu-ge residían en rTa-brang en un risco que dominaba el valle de Sutlej.

Ye-shes-’od deseaba reformar el budismo degenerado de su reino y se esforzó por traer a los más destacados maestros indios a su capital, como por ejemplo, Dhārmapala, el gran maestro de los Vinaya, que se convirtió en el gurú personal del rey y fundó una escuela vinaya especial. Teniendo noticia de la fama de Dīpankara Shrījnana (generalmente conocido como Atīsha), Ye-shes-’od hizo cuanto estuvo en su mano para traerle a la capital. Cuando una primera invitación no produjo resultados, organizó expediciones a través del país para recaudar oro para enviarlo como regalo al monasterio de Atīsha. Entretanto, Sroṅ-ṅe, el hermano del monje real, había muerto y su hijo Lha-lde bkra-śis btsan (996-1024), gobernaba en su lugar. En una de sus expediciones en busca de oro, Ye-shes-’od cayó en manos de los Karluq que en ese tiempo gobernaban la parte oriental del Turquestán oriental. Sus condiciones para liberar al monje real eran o bien la conversión al Islam o un rescate que consistía en su peso en oro. Cuando Byaṅ-c‘ub-’od, el sobrino del rey, trajo el oro, faltaba el equivalente del peso de su cabeza y los Karluq rehusaron a liberarle. Un emocionante diálogo entre el monje real y su sobrino ha llegado a nosotros en el que el sobrino promete obtener el resto del oro pero el tío lo rechaza, diciendo que él es ahora viejo y que es mejor utilizar el oro para invitar al maestro Atīsha. Llorando, el príncipe obedece, y Ye-shes-’od, roto y enfermo por su largo cautiverio, es ejecutado por los Karluq. Un ejemplo revelador que muestra la diferencia entre este budismo y el de la era imperial.

El sabio traductor Nag-tsho Tshul-khrims rgyal-ba fue enviado a Vikramashila y Atīsha ahora estuvo de acuerdo en ir al Tibet. Dejó su monasterio en 1040, viajó a través de Nepal, y llegó a la capital tibetana occidental en 1042 donde cumplió las expectativas de Ye-shes-’od, purificando los rituales tántricos, cultivando las enseñanzas budistas, reforzando el Vinaya, e introduciendo los Sutras Mahāyānas y las doctrinas Vajrayanas. Como guía dejó a los tibetanos su Bodhipathapradīpa con un voluminoso comentario. Atīsha enseñó en varias partes de dbUs, y finalmente murió allí en 1054. Su discípulo, ’Brom-ston, fundó la escuela de bKa-gdams-pa y su primer monasterio, Rva-sgrengs, que fue establecido en 1057 y rápidamente fue seguido por muchos más. El trabajo de Atīsha continuó viviendo en la escuela posterior de los dGe-lugs-pa. El concilio de Tabo en Gu-ge (1076) en el que participaron los monjes desde dbUs, gTsang y el Tibet oriental así como desde el Tibet occidental, debe considerarse como el punto supremo de la "introducción posterior" del budismo desde el oeste.

Como es evidente a partir de lo expuesto arriba, las escuelas de el rNying-ma-pa y el bKagdams-pa eran establecidas en conexión directa con la "introducción posterior" del budismo. También es importante apuntar que las otras grandes escuelas cuyos jerarcas iban a jugar un importante papel en el Tibet se formaron políticamente, con excepción de los dGe-lugs-pa, en los siglo XI y XII como resultado de la intensificación de las comunicaciones con la India después de que los musulmanes destruyeran las últimas fortalezas del budismo allí.





8. El Desarrollo del Estado Teocrático: el Tibet y el imperio mundial de los Mongoles

La proliferación de monasterios alteró enormemente la situación general en el Tibet.  Cuando los piadosos laicos hacían ricas donaciones, los monasterios rápidamente acumulaban vastas extensiones de tierra que eran cultivadas por los órdenes más bajos de monjes. Los líderes de las diversas sectas y los abades de los monasterios pronto formaron un aristocracia religiosa que no siempre era distinta de la nobleza laica o adversa para ella. Como era normal para el hijo de una familia acaudalada entrar en la vida religiosa, las líneas entre la aristocracia religiosa y secular frecuentemente se cruzaban y los estrechos lazos políticos y económicos a menudo ligaba a cierta familia noble a un monasterio. Incluso hubo una guerra abierta entre monasterios rivales en el que los ejércitos de los nobles combatían en cada lado.

Mientras los nómadas de la meseta septentrional estaban ligados al pasado y ya no jugaban ningún papel en el curso de los acontecimientos como habían tenido en los tiempos imperiales, los nómadas orientales eran famosos bandoleros. La vida política y económica solo continuó en los distritos de los oasis agrícolas,las ciudades pequeñas y los grandes monasterios, y solo el Tibet occidental disfrutó de un gobierno estable, siendo todavía endémica la anarquía en el Tibet central. Influyentes en esta época eran la familia Tshalpa, varios clanes en Yar-klungs, y entre los religiosos, los abades de Sa-skya y ’Bri-bung.



El surgimiento de los mongoles en el noreste en 1207 demandó una respuesta a la cuestión de quien ejercía realmente el poder en el Tibet. Había sido un miembro de la familia Tshal-pa quien había informado a Genghis Khan de la capitulación de los tibetanos y que había prometido tributo con lo cual el khan mongol abandonó su campaña propuesta y se volvió al oeste. Hacia 1227 los mongoles, tras la destrucción final del estado tanguto Xi-Xia en los alrededores de Gansu y Koko Nor se habían desplazado incomodamente cerca de los tibetanos y quedaba por ver si el expansivo mundo mongol se tomaría la molestia otra vez con el Tibet, especialmente desde que los nobles cesaron de pagar tributo mientras el gran Genghis Khan había estado en Khwarizm en el oeste. En 1239 un cuerpo expedicionario mongol fue enviado a la frontera septentrional y fue a través del país saqueando y destruyendo. Este golpe se extendió a lso venerables monasterios de Rva-sgeng y rGyal-lha-khang, que fueron saqueados sin piedad.

Estos acontecimientos aterrorizaron a los tibetanos. Sabían que no podían resistir a los mongoles, que serían necesarias las negociaciones si querían escapar a lo peor. Un consejo de magnates tibetanos mostraron que el abad Sa-skya, Kun-dga rgyal-mtshan, era la figura política política en el Tibet, y le fue ordenado por el príncipe mongol Godan  que se presentara en su campamento cerca de Lan-chou. cuando llegó en 1247, reconoció la supremacía de los mongoles y fue capaz de curar al príncipe de una enfermedad. Fue entonces nombrado darughachi, o gobernador, del Tibet, recompensado con un diploma de oro, y reconocido como la suprema autoridad en el tibet, directamente responsable para los mongoles. Una carta que el abad envió a los dignatarios religiosos de dbUs, gTsang y el Tibet occidental en su viaje de regreso es un documento histórico extraordinario, al dar, como lo hace, abundantes detalles que completan el cuadro general. Aunque la carta de Sa-skya Pandita había contenido suplicas y serios avisos a los jerarcas tibetanos y nobles, muchos de ellos pronto repudiaron su sumisión y rehusaron reconocer a los abades Sa-skyas como soberanos del Tibet. Esto llevó a otra invasión mongol en 1251 y a más devastaciones.

A continuación de la muerte de Godan, Kubilai se convirtió en el comandante supremo en Lanchou hasta que fue elegido Gran Khan y Emperador de China (1259-1294).  ’Phags-pa (1235-1280) sucedió a su tío, Sa-skya Pandita, como gobernador del Tibet y abad Sa-skya, y aunque Kubilai también favoreció al segundo jerarca Karma-pa, Karma Bakshi, al final el nuevo abad Sa-skya se convirtió en el maestro espiritual del emperador. Frecuentemente ’Phags-pa pedía aparecer en la corte de Khanbalik, y no solo dio a los mongoles la llamada escritura cuadrada (dörbeljin üsüg) que fue usado para los documentos oficiales hasta el fin de la dinastía Yuan, sino que también confirió al emperador una iniciación esotérica. En gratitud, Kubilai le confirmó en el cargo de su tío como representante de los trece "diez mil distritos" (dbUs, gTsang y Alto y Bajo Amdo). A continuación de un censo preliminar, los mongoles tomaron un segundo censo exacto en el Tibet y crearon una nuevas unidades administrativas con el propósito de recaudación. Aunque el cargo de los abades Sa-skya era hereditario, le fue adjuntado un jefe al mando (dPon-chen) que fue nombrado por el emperador; así, el gobierno de los Sa-skya-pa era dependiente de la dinastía Yuan. Cuando el poder de la dinastía declinó, la posición de los Sa-skya-pa llegó a ser cada vez más disputada e inútil. Una de las primeras revueltas de esta época se originó en el monasterio de ’Bri-gung y fue sofocada en 1290 conjuntamente por el Sa-skya y las tropas mongolas, que arrasó el monasterio rebelde.




9. El Declive del poder sa-skya y el gobierno de los Phag-mo-dru-pa

En torno al año 1300 se desarrolló una situación explosiva en el tibet central. La influencia mongol (después de la muerte de Kubilai no hubo más cuestión de dominio) siempre se había resentido y este desagrado se extendió cada vez más a los jerarcas Sa-skya, cuya influencia sobre los miriarcas disminuyó cuando los mongoles fueron menos capaces de acudir en ayuda militar de sus representantes. El liderato del movimiento contra los Sa-skyas aún estaba en manos de los ’Bri-gung-pa que eran apoyados por los abades de otro monasterio, gDan-sa-mthil, que había sido fundado por Phag-mo-gru-pa, el discípulo de sGam-po-pa. A lo largo de las generaciones el poder de esos abades se incrementó paulatinamente y finalmente fue ejercido por una única familia, los rLangs, que habían proporcionado los abades del monasterio desde 1208. La rivalidad también había surgido a lo largo de los años entre gTansg, que estaban representada por los Sa-skya-pa, y dbUs, que aún se vanagloriaba de la herencia imperial -una rivalidad que siguió existiendo hasta el tiempo de la fundacion de la Iglesia Amarilla.

El hombre que iba a elevar el poder de Phag-mo-dru-pa a su cenit fue Byang-chub rgyal-mtshan (1302-1373). Recibió una educación religiosa en Sa-skya y no tenía diferencias con el Gran Lama, aunque sí con el dPo-chen. Estas diferencias llevaron a tensiones que le causaron volver al distrito Phag-mo-gru-pa en donde se convirtió en miriarca en 1338. hizo todo lo que estuvo en su poder para mejorar la fortaleza militar y la administracion de su miriarquía, pero vivía en constante discordia con los miriarcas vecinos de gYa-bzang y Tshal-pa. Su enemigo, el dPon-che de Sa-skya, obtuvo ventaja de esta situación para quitarle de en medio, y después de un recurso a las armas fue capturado y condenado, pero escapó. No obstante, todavía tenía que responder a los Sa-kya y temiendo otro arresto, dejó instrucciones a sus seguidores para cualquier eventualidad. De nuevo fue encarcelado y torturado, pero rehusó abandonar sus pretensiones. La disensión entre los altos oficiales Sa-skya le permitió regresar a su distrito administrativo donde llevó a cabo otra guerra con las tropas Sa-skya y los otros miriarcas y resultó finalmente victorioso. Conquistó una provincia tras otra, atacó gTsang, dirigió un ejército a Sa-skya, y destituyó a sus jerarcas. En consecuencia, Sa-skya fue privado de su supremacía y su territorio añadido a los dominios del vencedor. El último emperador mongol de china, Toghon Temür, solo pudo reconocer el fait accompli y nombró a Byang-chub rgyal-mtshan darughaci. Como soberano de un imperio que incluía todo el Tibet central, asumió ahora el título de sde-srid. Intentó restaurar la antigua monarquía pero, a causa de la independencia creciente de los gobernadores provinciales, fracaso en eso -al igual que sus sucesores, ninguno de los cuales se acercaría remótamente a su grandeza. Su creación de un código legal aumentado, basado en las antiguas leyes de Srong-brtsan sgam-po, es indicativo de las indicaciones de este hombre extraordinario bajo el que el Tibet experimentó algo que se aproximaba a un renacimiento nacional. Fue sucedido en 1373 por su nieto, ’Jam-dbyand Shakya rgyal-mtshan, que reinó poco tiempo.




El problema de la sucesión Phag-mo-gru-pa es compleja y quedan por hacer más búsquedas sobre los sucesos de este periodo. Aunque produjo muchos gobernantes capaces, siendo las razones para  esto: la rivalidad entre los abades de gDan-sa-mthil y los líderes político-militares, y el hecho de que Byang-chub rgyal-mtshan había hecho los cargos de oficiales y líderes militares hereditarios. Esto fue una innovación que permitió a los principados separarse de la autoridad central, abriendo así la puerta a la anarquía feudal. Los rivales más poderosos eran los Rin-spungs-pa que poseían las mismas posiciones de poder bajo los Phag-mo-gru-pa que estos habían tenido bajo los Sa-skya-pa, y eran símbolos de la independencia e igualdad de gTsang contra dbUs. Esto significaba que la antigua rivalidad entre las dos provincias de nuevo se estaba haciendo sentir. Desde 1435 los príncipes Rin-spung de bSam-grub-rtse (actual Shigatse) gobernaron sobre todo gTsang y excedieron en posición a los Phag-mo-gru-pa. de gran importancia fue el hecho de que los príncipes Rinspung se unieron a la secta del gorro rojo, añadiendo así el conflicto religioso al político entre dbUs y gTsang. En 1368 la dinastía mongol Yüan fue sustituida por la Ming, que no estaba en posición de interferir en el Tibet aunque perpetuaron la ilusión de supremacía al recibir los llamados "emisarios del tributo" y conceder títulos a varios de los lamas guardianes.

La pequeña importancia alcanzada por esas visitas a la corte china se demuestra por su número limitado -una vez cada tres años- y por la obligación de que los emisarios tenían  que seguir rutas de viaje específicas.
 


Genealogía de las dinastías de: emperadores Yar-klung de Tibet, reyes de Gu-ge, Purang, Ngari, y Ladakh; sa-skya, Phag-mo-gru-pa, príncipes de Shigatse y Khanes Qošuud del Tibet (en pdf)


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BIBLIOGRAFÍA:

HOFFMAN, HELMUT: "Early and Medieval Tibet", in Sinor, David, ed., Cambridge History of Early Inner Asia, Cambridge: Cap. 14.