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martes, 11 de diciembre de 2012

Historia del Imperio de Kanem-Bornu en Chad

1. La región de Chad como cruce de caminos

La región de Chad, que es zona de sabana, ha sido habitada por pueblos pastores y agrícolas desde antes de los comienzos de la Era cristiana. Al norte, donde la sabana gradualmente se funde con el desierto predominan pueblos nómadas, aunque también hay oasis con comunidades estables. Al sur, especialmente a lo largo de las riveras de los ríos que fluyen hacia el lago Chad, se encuentran culturas sedentarias principalmente. La desecación del Sahara y la contracción del lago Chad condujeron a las poblaciones desde diversas direcciones hacia el disminuido lago. La llegada al mismo tiempo de pueblos de áreas no hacía mucho tiempo viables y sus intentos para adaptarse al entorno y circunstancias cambiantes forman el fondo de la historia del área.

Para una comprensión más clara dentro del significado de los hechos históricos, habría sido deseable un relato preciso de los cambios climáticos que ocurrieron durante el periodo en proceso de revisión. De hecho poco se sabe del clima del Sahel (zona ecoclimática y biogeográfica de transición entre el desierto del Sahara en el norte y la sabana sudanesa en el sur) durante el primer milenio de la era cristiana. No obstante,  hay varias indicaciones de que las condiciones climáticas durante ese periodo eran, en conjunto, mejores que las que predominan ahora. Particularmente notable es el hecho de que, entre el siglo III y el comienzo del siglo XIII de la era cristiana, las aguas del lago Chad fluyeron casi continuamente en el Bahr al-Ghazal, lo que presupone que el nivel del lago excedió de 286 m. Además, J. Maley considera, a la luz de varias informaciones, que tuvo lugar un periodo húmedo a mediados del primer milenio, y que la región saheliana sufrió una fase árida en el siglo XI. El área de contacto entre los pueblos sedentarios y nómadas deben, por tanto, haberse extendido más al norte que en el presente.

Por otra parte, no puede darse por sentado que la región del lago Chad fue siempre un cruce de caminos para el comercio y las intercambios fructíferos. Datos actualmente disponibles para la expansión de las técnicas metalúrgicas sugiere que algunas poblaciones en la región permanecieron mucho tiempo aisladas de las tendencias innovadores más importantes. La principal división a este respecto estaría entre el oeste y el este, más que entre el norte y el sur. En efecto, se sabe ahora que, al sur de Aïr en Ekne Wan Aparan, técnicas de fundición de hierro eran conocidas en época tan temprana como –540±90, fecha que concuerda estrechamente con la de –440±140 obtenida en Taruga (cultura Nok) en Nigeria central. En la región de Termit, entre Air y el lago Chad, parece haberse practicado  la metalurgia  en el siglo VII antes de la era cristiana. No obstante, las técnicas del trabajo del hierro fueron adoptadas mucho más tarde. En Koro-Toro, entre el lago Chad y Tibesti, han sido descubiertos vestigios de una cultura basada en la metalurgia del hierro. Conocida como haddad a partir del término árabe para “herrero”, esta cultura floreció solamente entre los siglos IV y VIII de la era cristiana. La cerámica pintada encontrada en los mismo lugares apunta hacia afinidades con las dos mayores civilizaciones del Valle del Nilo: Meroe y Nubia durante su periodo cristiano. Otros datos están disponibles para la región alrededor de la orilla meridional del lago Chad. De acuerdo con informaciones relativamente poco fiables, el hierro no iba a ser encontrado en el importante lugar de Daima hasta el siglo V o VI de la era cristiana y fue más tardío antes de que se adoptaran las técnicas de fundición del hierro. Estas pocas indicaciones en relación con la arqueología del hierro muestran que, anterior a la fundación de Kanem, la región del lago Chad era notable más por sus divisiones y niveles no igualados de desarrollo que por cualquier factor unificador.

Un proceso de cambios más raros y espectaculares parece haber comenzado alrededor de mediados del primer milenio de la era cristiana. Se desencadenó probablemente de manera indirecta por la introducción del camello en el área, bien desde norte de África o bien –como parece más probable- desde el Valle del Nilo, y su adopción por los Zaghawa o los Tubu. Estando adaptado mucho mejor a las condiciones naturales imperantes en el Sahara que lo haría el caballo, el camello hacía las largas travesías por el desierto perfectamente factible, y podía transportar cargas relativamente pesadas además. Entre el Fēzzan y la región del lago Chad, las condiciones naturales eran particularmente propicias para cruzar el Sahara: toda una serie de pequeños oasis y pozos naturales y, a medio camino, el vasto oasis de Kawar, proporcionó una ruta caravanera ideal.

Otra oportunidad para el comercio era con el Valle del Nilo a través de Darfur y Kordofan. En ausencia de cualquier dato arqueológico preciso relativo a esas rutas uno solo puede conjeturar; parecería que en el periodo más antiguo el comercio con el Valle del Nilo era más imiportante. Por otra parte, la existencia del antiguo reino de los Garamantes en el Fezzan era indudablemente una factor de primer orden en la organización del comercio de larga distancia; pero de nuevo la ausencia de evidencias relativas a los oasis meridionales de Fezzan y Kawar, donde son visibles restos de fortificaciones de fecha incierta a simple vista, hace cualquier conclusión positiva dudosa.

Parece, sin embargo, que en fecha tan temprana como el siglo VII de la era cristiana al ruta sahariana central fue recorrida por pequeñas caravanas procedentes de Fezzan, ya que el famoso conquistador árabe ‘Ukba b. Nafi’ habría encontrado difícil penetrar hasta Kawar, lo cual fuentes del siglo III/IX afirman que hizo-; el camino no habría sido trazado antes de él, ni por mercaderes bereberes ni zaghawas. Ciertamente, el oasis de Kawar no era el destino final de esas caravanas y los comerciantes sin duda ya habían pasado más allá de él, para alcanzar al región del lago Chad. En épocas posteriores la ruta del Sahara central llegó a ser más importante persiguiendo el establecimiento del comercio regular entre el área del lago Chad y la costa mediterránea que siguió a la conquista islámica y el ascenso de los estados musulmanes en el norte de África y más tarde en el Sahara.

En el sur, alrededor del lago Chad, toda una serie de factores, incluyendo no solo la expansión del comercio sino también el desarrollo de mejores armas y herramientas, y la evolución nuevos modos de vida para hacer frente a las circunstancias cambiantes, iban a conducir a la fundación y expansión de una vasta entidad política, Kanem-Bornu, cuyo poder unificador y capacidad para la innovación ayudó a determinar el destino de la región entera hasta el comienzo de la era colonial.  

2. Los inicios del Imperio de Kanem-Bornu: el reino Zaghawa

En el siglo XII, la parte más importante de la región del lago Chad queda bajo el dominio de un poderoso reino, Kanem. Probablemente existían otros reinos en el área en ese tiempo, y una variedad de pueblos vivían allí en clanes separados o grupos étnicos. Kanem era conocido en tiempos muy antiguos para los viajeros y geógrafos árabes y era la única entidad política de renombre internacional entre los Nuba del Valle del Nilo y los Kaukau de la curva del Níger al oeste. A tenor de las fuentes existentes y el estado de nuestro conocimiento, este estudio tiene que ver necesariamente más con Kanem y los pueblos que vivían en ese reino que con los de fuera, que no llamaron la atención de los cronistas y sobre los que, por tanto, tenemos poca información.

Situación de Kanem-Bornu en África

Kanem, que es mencionado en varias fuentes externas desde el siglo IX en adelante, también es distinguido por la existencia de una fuente interna: el Diwan de los Sultanes de Kanem-Bornu. Los orígines del Diwan probablemente datan de la mitad del siglo XIII. En ese tiempo los cronistas de la corte comenzaron a poner por escrito hechos determinados relacionados con la historia dinástica que anteriormente habían sido dictados por vía oral. Pero antes de pasar a los sucesos de su propia era, los cronistas procedieron a hacer un registro escrito de los elementos principales de una tradición que se remontaba al fin del siglo X. Por consiguiente, el trabajo era traido constantemente puesto al día hasta el fin de la dinastía Sēfuwa en el siglo XIX; a la muerte de cada soberano, se añadía un breve párrafo relativo a su reinado. Este método de composición podía, después de seis siglos haber producido un voluminoso trabajo. De hecho, el Diwan en su presente estado consta solo de 5 páginas y media. Para estar seguros, el Diwan nos informa sobre todo de la historia dinástica de Kanem-Bornu, pero es posible deducir de él ciertos elementos relativos a otros aspectos de la historia de Sudán central.

Hay, además, una cierta cantidad de información proporcionada pro los geógrafos árabes. De valor particular para el estudio de la historia del Sudán central son los registros de al-Idrīsī (escribiendo en 1154), Ibn Sa’īd († 1286) y al-Makrīzī († 1442). Las dos series de informes se complementan en gran medida uno al otro: los cronistas africanos proporcionan el marco temporal y los geógrafos árabes la dimensión espacial.

Antes de Ibn Sa’īd, la mayoría de los geógrafos árabes mencionan al pueblo Zaghawa cuando se refieren al Sudán central (una expresión usada aquí como sinónimo de la “región del Chad”. Hasta el siglo IV/X, autores árabes bien informados sugieren que los Zaghawa mantuvieron un dominio sobre Kanem; sin embargo, al-Idrīsī, escribiendo en el siglo VI/XII, da detalles que sacan a la luz su naturaleza puramente nómada. Sin tener en cuenta las lecciones que hay que aprender de las fuentes anteriores, los autores modernos frecuentemente minimizaron el papel de los Zaghawa, bien considerándoles un grupo marginal, bien, por el contrario, considerando que eran un grupo extremadamente amplio, semejante a los  Tubu de hoy día. Como se verá más abajo, los Zaghawa experimentaron transformaciones radicales como resultado de un cambio dinástico que tuvo lugar en Kanem a mediados de la segunda mitad del siglo V/XI. El equilibrio étnico y la proporción de pueblos sedentarios a nómadas dejó de ser la misma después de la llegada de la nueva dinastía en Kanem.

La principal fuente interna, el Diwan salatin Barnu, contiene una nomenclatura étnica que no puede ser comprobada con la de las fuentes externas.  Pues, hasta el final del siglo VII/XIII, los cronistas de la corte real se esfuerzan en indicar los nombres de los grupos étnicos del que proceden las sucesivas reinas madres. Sabemos, por ejemplo que en los siglos IV/X y V/XI los reyes de Kanem se casaron con mujeres de los Tomaghra, los Kay y los Tubu. Hoy, el nombre Tomaghra se aplica a un clan que vive entre los Teda, los Kanembu y los Kanuri. El nombre Kay denota un clan Kanuri, mientras Tubu es el nombre genérico usado por los hablantes Kanembu para referirse a los Tada-Daza.

De acuerdo con la hipótesis más probable, las tradiciones registradas en el Diwan cuentan las sucesivas alianzas matrimoniales entre los reyes de Kanem y los diversos grupos nómadas cuyo valor militar encontraron útil los primeros reyes para sostener su poder.

La primera mención de Kanem en fuentes escritas iba a ser encontrada en un texto de al-Ya’kūbī datado en 258/872. Este autor nos cuenta que en este tiempo Kanem estaba bajo el gobierno de un pueblo llamado los Zaghawa. El mismo pueblo también es mencionado por Ibn Kutayba († 276/889) sobre la base de un informe que se remonta al comienzo del siglo II/VIII. A finales del siglo IV/X, otro autor árabe, al-Muhallabī, da una gran cantidad de información sobre el rey de Zaghawa desde el que está claro que las fronteras de su reino eran las mismas que las del reino de Kanem. El gobierno Zaghawa sobre Kanem solo llegó a su fin alrededor de 468/1075, cuando una nueva dinastía, los Sefuwa, llegó al poder en el mismo estado y expulsó a los Zaghawa hacia el este, en la región donde se encuentran todavía hoy. Pero, ¿cúal fue exactamente el papel que jugaron los Zaghawa en la fundación de Kanem? Al-Ya’kūbī establece que los diversos pueblos africanos occidentales de los que él tuvo conocimiento ‘tomaron posesión de sus reinos’ después de una larga migración este-oeste:

El primero de sus reinos es el de los Zaghawa. Ellos establecieron en un lugar llamado Kanem. Sus viviendas son cabañas rojas, y no tienen ciudades. Su rey se llama Kakura. Entre los Zaghawa hay un clan llamado Hawdin: ellos tienen un rey Zaghawa”

De las expresiones explícitas del texto puede deducirse que los Zaghawa estaban entre los habitantes más antiguos de Kanem, pero sin evidencias adicionales se piensa que esto sería bastante improbable. La referencia a los Hawdin como un clan particular entre los Zaghawa parece indicar, de hecho, que los Zaghawa estaban lejos de ser un pueblo homogéneo. Parece probable que una alianza dominante, que produjo tanto al rey de Kanem como al rey de los Hawdin dio su nombre a la totalidad del grupo de pueblos establecidos en ambos países.

Al-Muhallabī, un siglo más tarde, aporta el importante detalle de que los Zaghawa (usando el término en un sentido amplio) comprenden muchos pueblos. Mientras que no hace referncia a una aristocracia dominante (los Zaghawa ‘verdaderos’) hace un gran hincapié en la omnipotencia de su rey:

[Los Zaghawa] veneran a su rey y le adoran en lugar de Allah, el Más Grande. Imaginan que no ingiere comida. Sus sirvientes lo toman para él secretamente en sus causas: ninguno sabe de dónde viene. Si cualquiera de sus súbditos le ocurre que se encuentra el camello cargado de vituallas, él es inmediatamente matado en el lugar […] Como tiene poder absoluto sobre sus súbditos, reduce a la esclavitud a quien quiere […] La religión [de los Zaghawa] es la adoración de sus reyes: creen que son ellos quienes traen la vida y la muerte, la enfermedad y la salud.

El gran poder del rey de los Zaghawa, ya aparente desde el mucho más conciso relato de al-Ya’kūbī, y el elaboradísimo ritual real descrito por al-Muhallabī, debe ser el resultado de un considerable número de factores, como ya se ha mencionado más arriba. También es improbable que Kanem fuera fundada como el resultado de una invasión masiva por diversos emigrantes, como algunos escritores han sugerido. La hipótesis más plausible es que un pequeño grupo de gente desencadenara el desarrollo de construcción del estado en una región donde las técnicas de trabajo del hierro se hubieran conocido desde el siglo IV de la era cristiana (cultura haddad) y donde la posesión de caballos no fuera solo la marca de un considerable prestigio sino  también una garantía de un poder de combate superior. Equipados con armas de hierro, y teniendo la ventaja de los contactos, no obstante rudimentarios, con el mundo exterior, este grupo –sin duda los Zaghawa- gradualmente trajeron bajo su poder a los pueblos agrícolas y pastoriles que vivían en la región al sur-este de Kawar, entre el lago Chad y el Bahr al-Ghazal, la región conocida más tarde como Kanem. La aristocracia Zaghawa dominante probablemente no habría nacido hasta más  tarde, aunque de acuerdo a esta hipótesis, los Zaghawa como totalidad puede no haber sido étnicamente distintos de los principales grupos de agricultores y pastores sobre los que ellos gobernaron al principio. Parece haber sido solamente en un estadio mucho más tardío, en tiempos de al-Muhallabī, que los diversos grupos étnicos se integraron en uno y la misma estructura de estado.

Al-Idrīsī, a mediados del siglo VI/ XII, distinguía entre el reino de Zaghawa y el de Kanem y su testimonio ha engañado a muchos historiadores sobre el papel de los Zaghawa en la región del lago Chad. En realidad, si los informes de al-Idrīsī sobre el Sudán central son tomados en conjunto, si queda claro que yuxtapone trozos de información relativas a dos periodos diferentes en la historia de Kanem: el periodo de la dominación Zaghawa y el periodo Sefuwa. En lugar de poner esos trozos de información en una perspectiva cronológica, el autor las proyecta sobre el plano geográfico. Ibn Sa’īd, escribiendo en el siglo VII/XIII, pone a los Zaghawa al este de Kanem, cerca de los Dadjo –donde viven todavía hoy- y afirma que la mayoría de ellos estaban en ese tiempo bajo el gobierno del rey de Kanem. A la luz de este conjunto de pruebas, encontramos, al final, que es más natural explicar el surgimiento de los Zaghawa por el nacimiento y crecimiento del estado de Kanem que postular que un grupo étnico anterior, homogéneo y distinto de los otros grupos de la región, conquistaron todas las comunidades indígenas y así trajo a la existencia al primer y más exenso estado que fuera fundado entre el Nilo y el Níger.

Podemos ir un paso más allá. Si es cierto que la historia de Kanem y la de los Zaghawa forman un todo inseparable hasta el siglo V/XI, podemos deducir que la mención más  temprana de los Zaghawa, que debemos a Wahb b. Munabbih, indica que el estado de Kanem ya existía en su época. Wahb b. Munabbih (†c.112/730) era un de los más famosos tradicionistas del Yemen en el periodo Omeya. Su prueba fue informada por Ibn Kutayba (213/828-276/889). Además de los Zaghawa, los textos mencionan a los Nuba, los Zandj, el Fēzzan, los Habasha, los Coptos y los Bereberes. El punto principal a destacar es que, de acuerdo con esta antigua pieza de evidencia, los Zaghawa eataban diferenciados tanto de los Fēzzan (sucesores de los Garamantes) y de los Bereberes. Los Zaghawa son mencionados de nuevo a comienzos del siglo III/IX por el gran geógrafo al-Khuwārizmī (†c.231/840), que les muestra en su mapa al sur de el Fezzan y al sur del reino nubio de Alwa. Medio siglo más tarde, como hemos visto, al-Ya’kūbī coloca el reino Zaghawa en Kanem. Por tanto, al-Muhallabi no ha descrito el reino Zaghawa en gran detalle sin mencionar a Kanem, podemos haber estado tentados de interpretar la referencia de al-Ya’kubi a Kanem con el significado de que los habitantes de esa región habían completado una importante estadio en el proceso general de asentamiento. Todas las pruebas están dirigidas a demostrar que bajo el concepto de Zaghawa y el de Kanem se sitúa allí, en realidad, un único e idéntico hecho histórico: la primera mención de los Zaghawa, que data de principios del siglo II/VIII, parece ciertamente indicar que el extenso estado en el límite meridional de la ruta sahariana central ya existía entonces. Además, si es verdad que en el siglo VII/XIII los tradicionalistas indígenas de Kanem tenían conocimientos amplios de las genealogías reales y que indicios de su conocimiento iban a encontrarse en el Diwan y en información transmitida por al-Makrīzī a comienxo del siglo IX/XV, podemos fechar incluso el comienzo del estado de Kanem hacia poco antes de la hidjra. La expedición a Kawar emprendida por ‘Ukba b. Nafi’ en los primeros días de la conquista muestra la importancia de los intercambios norte-sur en esta región. El control de esos intercambios sin duda estaba en manos de un estado sudanés más allá del alcance árabe.

En gran parte sobre la fuerza de la tradición oral, algunos autores han adoptado la visión de que los Sao eran los habitantes indígenas de Kanem, y que desde una fecha temprana estuvieron bajo la presión de los pueblos nómadas más al norte. De acuerdo con esta teoría, los Sao, siendo un pueblo sedentario, vivían en comunidades rurales –o incluso pequeñas ciudades fortificadas- y han estado organizados en jefaturas desde tiempo inmemorial. Después de su sometimiento por los nómadas Zaghawa, se cree que los últimos habrían aprendido de ellos las formas de organización política que hicieron posible establecer un estado a gran escala.

De hecho, no obstante, ninguno de los supuestos que apoyan esta teoría de la fundación de Kanem se basan en terreno firme. Ni la marcada división entre nómadas y sedentarios, ni la distinción entre pueblos indígenas y extranjeros, y lo que menos la existencia postulada de un pueblo Sao (o cultura) desde una fecha temprana es una proposición sostenible. Los Sao aparecen en las fuentes escritas por primera vez a mediados del siglo VIII/XIV (Diwan) y son mencionados por varios autores del siglo X/XVI: en ese tiempo el término ‘Sao’ era usado para un grupo de pueblos establecidos al este y sureste del lago Chad y que hablaban probablemente lenguas chadianas. Fue solo durante su larga resistencia a la expansión de Kanem-Bornu cuando esos pueblos desarrollaron las formas de organización política y social que les dieron su carácter distintivo. Atribuir a los habitantes indígenas del antiguo Kanem las características que fueron desarrolladas en épocas relativamente recientes por los habitantes indígenas de Bornu (situados al oeste del algo Chad) es por tanto un flagrante anacronismo.

Además, no hay razón para asumir que existiera una marcada división, especialmente en lo que respecta a características étnicas, entre pueblos nómadas y sedentarios, o entre pueblos indígenas o foráneos, en la época del antiguo Kanem. Por ejemplo, sería una afirmación totalmente arbitraria decir que los habitantes indígenas de Kanem, como los Sao, hablaban un leguaje chadiano. Por el contrario, puede haber un cierto grado de de afinidad cultural entre los grupos nómadas y sedentario –tal como existe todavía hasta hoy entre los sedentarios Kanembu y los nómadas Tubu y Daza (hablando lenguajes estrechamente relacionados con el sahariano) –y si aceptamos esto, será más fácil entender cómo una aristocracia como  la de la Zaghawa (que aún hoy hablan un lenguaje sahariano) pueden haber venido a dominar al resto de la población sin la división entre dos grupos de pueblos convirtiéndose en algo particularmente evidente para los observadores extranjeros posteriores. El relato de al-Muhallabī –el único que incluye información sobre el modo de vida- sugiere una coexistencia pacífica entre agricultores y pastores, estando limitado aparentemente el poder de emprender acciones coercitivas al rey:

[El reino de los Zaghawa] está bajo cultivo de un extremo a otro. Sus casas son todas cabañas rojas, e igualmente el palacio de su rey…Como tiene el poder absoluto sobre sus súbditos, reduce a la esclavitud a quien quiere. Su riqueza consiste en ganado: oveja, ganado bovino, camellos y caballos. Los principales cultivos de su país son mijo, habas y también trigo. La mayoría de los súbditos del rey van desnudos, no usando nada más que taparrabos de cuero. Viven de la labranza y del pastoreo del ganado.

El reino de Zaghawa no esta reflejado en este texto como un todo completamente homogéneo. Por el contrario, comprende ‘muchas naciones (umam)’, que sugiere claramente la coexistencia de diferentes grupos étnicos dentro de una única estructura estatal. A finales del s.IV/X, el reino de Zaghawa evidentemente se expandió de manera considerable y ya no estaba confinado a la región habitada por los pueblos hermanos de lengua sahariana: el propio Kanem, situado entre el lago Chad y el Bahr al-Ghazal, era aún el centro del reino, pero otros pueblos en la periferia habían sido traídos bajo su dominio. De acuerdo con al-Muhallabī, su longitud era quince días de viaje y su anchura lo mismo. En conexión con Kaw-Kaw el mismo autor afirma que el reino de los Zaghawa era más grande, pero el reino de de Kaw-Kaw era más próspero. No podemos negar que desde ese momento en adelante el estado más extenso en el Sudán central contribuyó en gran medida a la expansión de los lenguajes saharianos y la asimilación cultural de los pueblos vecinos. Solo más tarde surgieron las ciudades-estado de los Hausa en su frontera occidental y el reino de Bagirmi fue formado al sureste del lago Chad, en la tierra habitada por pueblos de habla Sara-Bongo-Bagirmiano, contribuyendo, a su vez,  a la expansión de otras culturas sudanesas.

En Kanem, otro importante proceso que tuvo lugar en este tiempo fue un incremento en el número de comunidades sedentarias junto con la fundación de pequeñas ciudades. Al-Ya’kūbī, a finales del siglo III/IX escribió en pocas palabras que los Zaghawa no tenían ciudades. Pero al-Muhallabī, escribiendo más de un siglo después, da los nombres de dos ciudades, Mānān y Tarāzakī. La ciudad de Mānān no es conocida por el Diwan, e Ibn Sa’īd, en el siglo VII/XIII, afirma que era la capital de los ‘ancestros paganos’ de los Sefuwa. No hay pruebas que demuestren que en el siglo V/XI y la primera mitad del VI/XII los reyes de Kanem todavía tuvieran sus principales esposas de dos grupos nómadas, los Tomaghra y los Tubu. No fue hasta la primera mitad del siglo XIII, en el reinado de Dūnama Dībalāmi (c.607/1210-646/1248) que los elementos sedentarios finalmente tomaron la delantera. Este desarrollo iba de la mano con los progresos de la islamización.

3. El Progreso de la Islamización

La fuentes escritas proporcionan muy poco material que lleve directamente al crecimiento del Islam en Kanem o en las regiones vecinas, y nos vemos reducidos a hacer uso de algún que otro resto de información para construir un retrato muy imperfecto del proceso que llevó primero a la conversión de los reyes de la vieja dinastía, y luego al declive de los Zaghawa y el advenimiento de los Sefuwa. Con respecto a los comienzos de Kanem, está bien establecido que el Islam no jugó ningún papel en la fundación de este estado sudanés, ni en los estadios primitivos de su desarrollo. En Kawar, en el extremo norte del Sudán central, el Islam hizo una fugaz aparición con la expedición dirigida por ‘Ukbā b. Nafi’ poco después de la mitad del siglo I/VII, peor probablemente no dejo u a profunda impresión. Solo fue en el siglo II/VIII, cuando los Bereberes de Fezzan y Kawar se convirtieron en gran número, que el Islam comenzó a alcanzar regiones más meridionales.

Como muchos pueblos bereberes, los habitantes de Fezzan inicialmente adoptaron una forma heterodoxa del Islam, la Ibādiyya, aliándose ellos mismos con la facción Khāridjí. El Fezzan, situado en el extremo norte del ruta caravanera del Sahara central, controlaba el volumen de comercio entre el área del lago Chad –y a fortiori los oasis de Kawar- y el mundo musulmán del Mediterráneo. De ahí que es bastante probable que la forma más primitiva del Islam  propagada al sur del Sahara por los comerciantes fuera, de hecho, la Ibādiyya. Prueba indirecta de la influencia Ibādí en Kanem es proporcionada por un dato de información bibliográfica en relación con Abū ‘Ubayda ‘Abd al-Hamīd al Djināwunī, gobernador de Djabal Nafūsa, región donde el sector ibādí sobrevive bien hasta hoy. Es en el sentido de que su gobernador, que vivía en la primera mitad del siglo III/IX, conocía el lenguaje de Kanem además del beréber y el árabe. Sin duda aprendió el lenguaje durante una visita al Sudán central.

En el Fezzan la situación cambió al comienzo del siglo IV/X cuando la nueva dinastía de los Banu Khattab llegó al poder: después de ese acontecimiento los geógrafos árabes cesaron de mencionar las creencias heterodoxas de los beréberes del Fēzzan, y es muy probable que el cambio político trajera también un cambio en la tendencia religiosa. Esto no significa necesariamente que la transición desde la Ibādiyya hacia la Sunna tuviera lugar con la misma rapidez más al sur, aunque la resistencia Kharidjí finalmente se agotó allí también.

De hecho, nada definitivo puede decirse en este punto, y es notable que al-Ya’kūbī, aunque dando fe a la existencia de la secta Ibādí en Zawila (la capital de Fēzzan) se contiene, en sus observaciones sobre los habitantes de Kawar, de afirmar que ellos eran musulmanes:

Quince días de viaje más allá de Zawila, llegas a la ciudad [madina] llamada Kuwwar habitada por una comunidad musulmana compuesta de varios pueblos. La mayoría son beréberes. Ellos traen [esclavos] sudaneses.

Queda claro de este texto que en la segunda mitad del siglo III/IX Kawar estaba habitada por beréberes; su ocupación principal parece haber sido el comercio de esclavos. Los otros pueblos mencionados eran probablemente sudánicas; incluso en esa temprana fecha pueden haber sido los Tubu quienes hoy día viven allí junto con los Kanuri. La mayoría de los esclavos que los comerciantes beréberes de Kawar trajeron a Fēzzan sin duda provenian de Kanem, donde el rey de los Zaghawa ‘redujo a la esclavitud a aquellos entre sus súbditos que quiso’. Al-Ya’kūbī mismo dice que ‘los reyes del Sudán venden al sudanés [¿a sus súditos?] por ninguna razón, y al margen de cualquier guerra’.

Pero no puede ser cierto si aceptamos el hecho de que para el propósito de su comercio con el mundo exterior, el rey de Kanem necesitaba un considerable número de esclavos. Debió haber estado capturando a la mayoría de ellos de los pueblos vecinos. No estaba en sus intereses que el Islam se extendiera entre ellos, pues la ley islámica prohibía estrictamente la esclavitud de un hombre musulmán.

En ese tiempo, no obstante, los reyes de Kanem ya habían establecido relaciones diplomáticas con los estados musulmanes del norte de África. Las fuentes disponibles proporcionan al siguiente información: en 382/992 Ibn Khattāb, gobernador de Zawila, recibió un presente de uno de los países del Bilād al-Sūdān cuyo nombre no es especificado, pero que, en vista de la posición geográfica de Zawila, es razonable suponer que era Kanem; en el mismo año, el sultán ziri de Ifrikiya, al-Mansur (373/984-386/996), recibió igualmente un regalo enviado por un país del Bilād al-Sūdān, cuyo nombre no se determina. En 442/1031, uno de sus sucesores, al-Mu’izz (406/1016-454/1062) recibió un obsequio de esclavos enviados por un malik al- Sūdān. No podemos estar seguros de que fue realmente el rey de Kanem quie inició esas relaciones diplomáticas, pero sabemos que estaba al menos indirectamente en contacto con Ifrikiya (Tunisia) pues de acuerdo con al-Muhallabī ellos llevaban ropas hechas de seda de Sousse (Sūs). Con respecto a un periodo posterior, Ibn Khaldūn nos cuenta que los reyes de Kanem estaban en contacto con la dinastía Hafsí (625/1228-748/1347) desde la época de su fundación, e informa en particular que en 1257 ‘el rey de Kanem y Señor de Bornu’ envió una jirafa al sultán hafsí al-Mustansir (647/1249-675/1277), que causó gran revuelo en Tunez. No hay nada sorprendente en el hecho de que el rey, que era uno de los mayores abastecedores de esclavos y tenía algún tipo de monopolio sobre la adquisición en su propio país, haya cortejado la buena voluntad de sus principales clientes. A los ojos de los gobernantes musulmanes, su importancia económica sin duda compensó cualquier objeción a su posición religiosa.

Las relaciones comerciales con los países del norte de África y los frecuentes contactos con los mercaderes musulmanes no podían haber durado mucho tiempo sin permitir hacer al Islam considerables progresos en los círculos de la corte para visualizar la islamización progresiva de Kanem como un progreso de crecimiento ininterrumpido: sería extraño que el rey y la aristocracia Zaghawa no hubiera intentado frenar un movimiento que amenazara con minar el orden económico sobre el que, al menos parcialmente,  se basaba su poder. Es interesante notar en esta conexión que. De acuerdo con el Diwan, Arku b. Būlū (c.1013-1057), uno de los últimos reyes Zaghawa estableción colonias de esclavos en varios de los oasis e incluso en Zayla en el Fezzan meridional, una región que aún hoy forma parte de Libia. Esta información es por supuesto difícil de comprobar pero es bastante comprensible que Arku b. Būlū se habría sentido impulsado por un instinto de conservación  a extender su dominio sobre las comunidades beréberes de Kawar con el fin de controlar mejor sus actividades comerciales y su proselitismo religioso. Los autores del Diwan, por supuesto, no establecían los motivos que condujeron de Kawar por Kanem pero mencionan abruptamente la ‘mezquita’ en Sakadam (Seggedine), que puede tomarse, al menos, como un signo de la importancia de la ‘cuestión religiosa’. Además, sabemos que en el mismo periodo el rey de Ghana estaba extendiendo su autoridad sobre le importante centro de Awdāghust, y la conjunción de esos procesos puede que no fuera fortuito.

El sucesor de Arku fue el primer rey musulmán de Kanem. Su nombre se da en el Diwan de tres formas diferentes: Ladsū, Sū (o Sawā) y Hū ( o Hawwā)- la forma correcta, sobrepuesto por una interpolación reciente, era sin duda Hū (o Hawwā). Los autores del Diwan, informando del acontecimiento crucial en la historia de la región del Chad, que era la ascensión al poder de una dinastía musulmana en el reino de Kanem, se contentaron con una nota extremadamente breve: ‘él fue investido por el Califa (Dīwān, §10). Ni esta manera de investidura ni la forma no ortodoxa del nombre del primer rey musulmán admiten una hipótesis de una conversión. Por el contrario, es muy probable que después de la muerte de Arku (en Zayla) la facción pro-musulmana en la vieja dinastía presentara el candidato más fuerte que pudiera encontrar teniendo en cuenta las normas de sucesión entonces en vigor. En ausencia de otra prueba, no podemos descartar la posibilidad de que Hū (o Hawwā) fuera en realidad –como ciertas pistas sugieren- una mujer llevando el nombre tan musulmán de Hawwā. Él (o ella) solo reinó durante cuatro años, y fue sucedido por ‘Abd al-Djalil, cuyo reinado por otra parte duró cuatro años. El siguiente rey, Hummay, fue el primero de la nueva dinastía, la Sēfuwa. Los cortísimos reinados de Hū (o Hawwā), (c.1057-1061) y ‘Abd al-Djalīl (c.1061-1065) contrastan con los largos reinados de sus predecesores: Ayūma, de cuerdo con el Diwan, reinó durante veinte años (c.977-997), Būlū durante dieciséis años (c.997-1013) y Arku durante cuarenta y cuatro años (c.1013-1057). La brevedad de los reinados de los últimos gobernantes Zaghawa puede interpretarse como un signo de una seria crisis: después de un largo periodo de incubación, cuando se alcanzó el estadio crucial en el creciente poder del Islam, los musulmanes primero minaron la estabilidad del viejo régimen y luego produjeron un drástico cambio dinástico.

4. El advenimiento de los Sēfuwa

Por una extraordinaria coincidencia, el cambio dinástico que ocurrió en Kanem alrededor del año 1065 no está claramente documentado en ninguna de las fuentes disponibles. En consecuencia, no hay ningún modo en absoluto de establecer de manera cierta la secuencia de sucesos que llevaron al cambio dinástico, ni sus precisos efectos económicos y sociales. Ya que hay escasez de información sobre este periodo a pesar de su gran importancia, tenemos que conformarnos con la poca evidencia que hay. El primer paso será establecer que realmente hubo un cambio de dinastía en ese tiempo, luego tendremos que responder a la pregunta: ‘¿Quiénes eran los Sēfuwa?’ Entonces podremos estar en posición para aportar alguna luz sobe el significado total de los sucesos que tuvieron lugar.

Al final del párrafo que el Diwan dedica a ‘Abd al-Djalīl, hay un curioso pasaje cuyo significado real ha escapado a la mayoría de los historiadores:

“Esto es lo que los historiadores han escrito sobre la historia de los Banu Dūkū; ahora debemos poner por escrito la historia de los Banu Hummay, que profesaban el Islam.”

Incluso desde los días de Heinrich Barth esta observación se ha tomado para referirse únicamente a la adopción del Islam –y no a un cambio dinástico- ya que los autores del Diwan indican en un pasaje posterior que el siguiente rey, Hummay, era hijo de ‘Abd al-Djalīl. Hemos visto más arriba, sin embargo, que Hū (o Hawwā) ya era musulmán, al igual que el sucesor de él (o ella), ‘Abd al-Djalīl y esto no podía escapar a la noticia de los cronistas. De ahí que el pasaje recien citado debe estar relacionado con alguna otra cosa distinta de la introducción del Islam.

Es un autor del siglo VIII/XIV, Ibn Fadl Allāh al-‘Umarī, el que establece la sucesión de acontecimientos. Basando indirectamente su relato sobre la evidencia del Shaykh ‘Uthmān al-Kānemī, ‘uno de los parientes cercanos de su rey’, escribe:

El primero en establecer el Islam [en Kanem] fue al-Hādī al-Uthmān al-Kānemī, que pretendía ser un descendiente de ‘Uthmān b. ‘Affān. Después de él [Kanem] cayó a los Yazaniyyūn de los Banī Dhī Yazan.

Los Yazaniyyūn al que al-‘Umarī se refiere no son otros, de hecho, que los Sēfuwa, cuyo nombre se deriva del de Sayf b. Dhī Yazan. El autor dice en pocas palabras que la ascensión al poder de los Sēfuwa fue precedida por la introducción del Islam.

Mucho más tarde, a comienzos del siglo XIII/XIX, Muhammad Bello ofrece más información sobre el advenimiento de la dinastía Sēfuwa en una etapa determinada en la historia de Kanem. Se refiere a un grupo de beréberes que, dejando el Yemen, viajaron todo el camino hacia Kanem:

“Los beréberes encontraron en este país un pueblo diferente [‘adjam] bajo la dominación de sus hermanos Tawārik [llamados] Amakita. Ellos les quitaron su país. Durante su ocupación del país, su estado prosperó tanto que dominaron los más remotos países de esta región.”

El punto que destaca es que el autor distingue entre los dos grupos étnicos de origen extranjero que reinaron sobre Kanem uno después del otro. Esta observación en sí misma nos lleva a pensar que el autor se está refiriendo al cambio de dinastía en el siglo V/XI. El punto decisivo es que hace al segundo grupo –y no al primero- venir desde el Yemen, la patria de Sayf b. Dhī Yazan, el ancestro epónimo de los Sēfuwa. Debe haber sabido que la dinastía que todavía reinaba sobre Bornu en sus días pretendía haber venido del Yemen y que no eran ellos quienes habían fundado el estado de Kanem, como el Diwan y la tradición popular daban a entender, sino un grupo anterior que, de acuerdo con él, también era de origen extranjero.

En cuanto a los pretendidos orígenes beréberes de los sucesivos gobernantes de Kanem, hay que tener en cuenta que el trabajo de Bello estaba escrito unos 800 años después de los acontecimientos bajo discusión y que mientras tanto el papel de los Beréberes en el Sudán central se había incrementado enormemente, desde el punto de vista tanto político como religioso. La leyenda Sēfuwa del origen parece haber sido primeramente el trabajo de estudiosos musulmanes muchos de los cuales vinieron al primitivo Kanem desde las áreas donde las tradiciones Himyaríes estaban todavía vivas. Al elaborar la leyenda, los clérigos estaban sin duda influenciados por los relatos populares y tradiciones locales, especialmente los referidos a las migraciones norte-sur.

La antigüedad de la tradición que tiende a ocultar el cambio dinástico al poner el énfasis en la adopción del Islam está atestiguada por Ibn Sa’īd en el siglo XIII. Recurriendo a las fuentes que se remontan al reinado de Dūnama Dībalāmi (c.1203-1242) aporta la prueba más antigua de la existencia en Kanem de una dinastía que pretende descender de Sayf b. Dhī Yazan:

El sultán de Kanem…es Muhammad b. Djīl de la línea de Sayf b. Dhī Yazan. La capital de sus ancestros infieles, antes de que se convirtieran al Islam, fue Mānān; entonces, uno de ellos, el abuelo de su tatarabuelo, se convirtió en musulmán bajo la influencia de un jurista, tras lo cual el Islam se extendió a través de la tierra de Kanem.

El abuelo del tatarabuelo de Muhammad b. Djīl (= Dūnama/Ahmad b. Salmama/’Abd al-Djalīl era, de hecho, Hummay (c.1065-1080) y él, como hemos visto, no era, de ningún modo, el primer rey musulmán de Kanem, menos aún un nuevo converso. El único punto en este pasaje que hace referencia directamente al cambio dinástico es el cambio de capital: primero Mānān, luego Njīmī.

Otro geógrafo árabe, al-Bakrī, escribiendo en 460/1067-8 nos da un terminus ante quo tanto para la introducción del Islam en Kanem como para el cambio de dinastía:

“Más allá del desierto de Zawila y a cuarenta días de viaje desde esa ciudad allí se sitúa la tierra de Kanem, a la que es muy difícil llegar. [Los habitantes de Kanem] son sudaneses idólatras. Se dice que existe allí en esas regiones un clan descendiente de los Omeyas, que tomó refugio allí cuando fueron perseguidos por los Abbasíes. Se visten a la manera de los árabes y siguen sus costumbres.

No sabemos con certeza a que periodo se refiere esta información, pero no puede ser más tarde de 460/1067-8. De acuerdo con la cronología que se desprende del Diwan, este fue, de hecho, el mismo año en el que el primer rey musulmán, que aún era miembro de la vieja dinastía Zaghawa, llegó al poder en el reino de Kanem. Al-Bakrī, residiendo en la lejana Andalucía no pudo, sin embargo, haber sabido del acontecimiento incluso bajo las más favorables circunstancias; y aún menos pudo haber conocido el cambio de dinastía, que solo ocurrió alrededor de 457/1065. Así, su referencia a los ‘idólatras’ habitantes de Kanem concuerda bastante bien con la información en el Diwan. En cuanto a los ‘descendientes de los Omeyas’ que ‘vestían a la manera de los árabes’ –y que por tanto no eran árabes- supuestamente debieron ser un grupo de beréberes que habían adoptado ciertas costumbres árabes (en todo caso, no eran africanos negros). Este grupo quizá había llamado la atención sobre sí mismo por su subordinación a la autoridad y muy posiblemente habían sido uno de las fuerzas que iban a contribuir más tarde al éxito de la facción pro-musulmana en la vieja dinastía antes de que produjeran la caída de la dinastía.

De todos los autores árabes, al-Idrisī (que escribía en 549/1154) debería habernos dado el relato más exacto de los cambios que tuvieron lugar en Kanem –y el área circundante- en la segunda mitad del siglo V/XI. Escribiendo solamente  tres cuartos de siglo después de la caída de los Zaghawa, tuvo acceso a una riqueza de información, la mayoría de la cual le fue transmitida oralmente pero también alguna derivaba de fuentes escritas. Pero, de hecho, al-Idrisī confundió todo este material, y también lanzó algunos detalles que eran puras invenciones. De ahí que su descripción del Bilād-al-Sudān debe usarse solamente con una gran precaución.

No obstante, de la masa de información proporcionada por al-Idrisī surges revela que en su día ‘Kanem’ y ‘Zaghawa’ eran dos entidades separadas. Todas las pruebas van a demostrar que los Zaghawa ya no gobernaban sobre Kanem: habiendo perdido sus antiguos privilegios, aparentemente estaban viviendo en condiciones bastante miserables. La mayoría de ellos parecen haber sido nómadas. No se dice nada concreto sobre los nuevos gobernantes de Kanem, pero alguna de las observaciones del autor sugieren que los Zaghawa tenían sus súbditos. Existe la misma vaguedad sobe la capital: Mānām y Ndjīmi son mencionadas ambas, y Mānām parece haber sido la ciudad más importante, pero no está claro del texto, si era la capital de Kanem. No se proporciona ninguna información sobre la religión religiosa.

Se deduce de lo que precede que el cambio dinástico al que se refiere Muhammad Bello y la llegada al poder de los Yazaniyyūn informada por al-Umārī debe haber tenido lugar entre el tiempo de al-Bakrī (460/1067-8) y el de al-Idrīsī (549/1154). El cambio dinástico, entonces, se ve coincidir con la expulsión de los Zaghawa de Kanem. Esto es hasta donde podemos llegar sobre la fuerza de las fuentes externas, pero del análisis del Diwan, el alcance de datos para este suceso que es de crucial importancia para la historia del Sudán central, puede ser reducido al comienzo del reinado de Hummay (c.457/1065-472/1080) pues su predecesor, ‘Abd al-Djalīl, fue el último rey de la línea Banū Dūkū y Humay sería el primero de la línea Banū Hummay. La distinción trazada entre esas dos casas reales de este modo significa que hubo una brusca ruptura en la continuidad dinástica; no coincide con la introducción del Islam.

¿Quienes eran los nuevos gobernantes de Kanem? El Diwan no da ninguna respuesta a esta cuestión: mientras enlaza a Hummay genealógicamente con su predecesor, su autor guarda silencio sobre sus verdaderos ancestros paternos. No obstante, las tradiciones de Kanem y Borno que han sido consignadas por escrito en tiempos recientes dicen generalmente que la nueva dinastía era descendiente de Sayf b. Dhī Yazan.

Varios autores han comentado sobre el origen de esta nueva dinastía. Abdullahi Smith sugiere que eran el producto del mundo nómada/seminómada, probablemente Tubu que se aliaron con los otros grupos a través de relaciones matrimoniales para llegar al poder. Este parece ser también la visión de John Lavers. Nur Alkali así como Bawuro Barkindo creen que eran de origen local pero intentaron asumir orígenes foráneos para ganar prestigio.

Sabemos que fue durante el gobierno de Hummay o de sus sucesores que se introdujo el nisba Sayfí. Sayf Ibn Dhī Yazan fue un héroe yemení que, de acuerdo con la leyenda, ayuda a expulsar a los etíopes de Yemen en la segunda mitad del siglo VI de la era cristiana. Y es conocido que los beréberes del norte de África les gusta reclamar descendencia yemení para diferenciarse de los árabes adnaníes del Nadj y el Hidjāz. Esta actitud fue el equivalente en el campo genealógico de la adopción de la ortodoxia kharidjí en asuntos religiosos.

Debe señalarse, no obstante, que Sayf b. Dhī Yazan se distinguió en batalla contra un pueblo africano. El tema de la guerra entre árabes musulmanes blancos (¡en una época anterior al Profeta!) y africanos negros que practicaban una religión tradicional (¡aunque los etíopes eran de hecho cristianos!) llegó a apelar a la imaginación de ciertas clases de árabes. En Egipto este tema finalmente tomó la forma de un cuento verdadero o novela que exalta los poderes de Sayf b. Dhī Yazan en sus innumerables batallas con los ‘impíos negros’.

Si los que introdujeron este concepto genealógico extraño dentro del entorno africano negro del Sudán central eran conscientes de sus connotaciones racistas permanece incierto. Que eran beréberes no puede dudarse; en África del norte la leyenda himyarí toda es corriente. H. T. Norris ha descubierto que la saga himyarí ha sido antigua y ampliamente extendida entre los beréberes de África del norte y el Sahara. Los que ostentan el nombre de Sayf b. Dhī Yazan no pueden haber sido ni sudáneses ni árabes, los cuales tenían genealogías altamente respetables, mientras que, por otra parte, los beréberes estaban orgullosos de su origen yemení himyarí. Los clérigos beréberes musulmanes que elaboraron la nisba sayfí eran atraídos también, sin duda,  por la similitud en el significado o uso entre ‘Kanem’ que significa Sur de Teda-Daza, y ‘Yemen’, a menudo usado coloquialmente para querer decir sur.

Todo lo que podemos decir es que los Sēfuwa parecen haber sido de una genealogía diferente que sus predecesores Zaghawa y que su llegada al poder no estaba conectada con la introducción del Islam ya que Hummay no fue el primer soberano musulmán de Kanem. Aunque no hay pruebas concretas que demuestren que los Sēfuwa no eran de origen local, tampoco hay ninguna que diga convincentemente que lo eran.

Se ha demostrado que la islamización del Sudán central comenzó con la conversión de los habitantes de Kawar, que más tarde se convirtieron en los agentes principales de la expansión del Islam en el reino de los Zaghawa. En la época de Hummay (c.1065-1080) la infiltración gradual del Islam en las diversas secciones de la población había estado continuando durante al menos dos siglos. Las autoridades políticas finalmente encontraron que no podían permanecer indiferentes a este proceso y al mismo tiempo ayudó a debilitar la posición de la aristocracia Zaghawa. Hemos visto que el rey probablemente disfrutaba de un monopolio de la adquisición de esclavos y estaba claro en los intereses de los comerciantes beréberes romper el monopolio real así como tener acceso directo a las fuentes de suministro. En cuanto a la aristocracia Zaghawa, probablemente puede ser considerada como el medio por el que el rey ejercía su poder sobre el pueblo común. Por otra parte, estaba en el interés de los diversos pueblos integrados en el reino abrazar el Islam como protección contra el poder arbitrario del rey.

Pero a finales del siglo XI, el Islam aún estaba restringido a los círculos estrechos de la corte real y la aristocracia, y solo en tiempos de Dūnama Dībalāmi (c.1203-1242) fue cuando se convirtió en instrumento de una política expansionista, que fue capaz de reducir la brecha que separaba a la aristocracia gobernante de los pueblos gobernados y por tanto convertirse en una religión verdaderamente popular.

Hummay llegó al poder en Kanem alrededor del año 1065. En el mismo periodo, el movimiento almorávide en el Sahara occidental se estaba dirigiendo hacia el sur para conquistar el reino de Ghana, donde se estableció una dinastía musulmana. Más hacia el este, el avance almorávide dio como resultado un poco más tarde el establecimiento de una nueva dinastía musulmana en el reino de Kaw-Kaw (Gao) en la orilla este del Níger. No sería razonable suponer que el movimiento dirigido por Hummay en el Sudán central fue una de las consecuencias del fermento religioso que se había despertado, en un contexto económico diferente, entre los beréberes occidentales. Pero al contrario que las nuevas dinastías del Sudán Occidental, los Sēfuwa de Kanem estaban integrados en un contexto africano, asegurando así la continuidad de la tradición de estado que ellos habían heredado. Un siglo y medio después de su toma del poder, los reyes Sēfuwa estaban haciendo todo lo posible para erradicar la memoria de sus orígenes reales y así enlazarse directamente con sus predecesores Zaghawa. Al final, las instituciones estatales habían probado ser más fuerte que todas las tendencias particularistas.
 
A comienzos del siglo XIII, la genealogía de Hummay estaba claramente vaciada de su contenido beréber y asignada a una nueva función; en lugar de testificar un origen himyarí, la genealogía oficial de los Sēfuwa fue requerida sobre todo para probar  su larga fidelidad al Islam. El nombre de Sayf b. Dhī Yazan se había convertido por este tiempo en un fósil vacío de significado.

Otra prueba indica que los reyes Sēfuwa deseaban que sus orígenes beréberes fueran olvidados; por ejemplo, el relato de los cronistas del siglo XIII de Salmama b. Abd Allāh (c.1176-1203), hijo del biznieto de Hummay, que era “muy oscuro”. De acuerdo con los cronistas, “ningún sultán había nacido negro desde el sultán Sayf hasta éste, pero todos eran de la rojez de los árabes beduinos”. Sin duda, esta información se refiere solamente a la segunda dinastía. No obstante, podíamos haber esperado encontrar alguna referencia a los orígenes beréberes de los  Sēfuwa, pero una vez más los cronistas prefieren pasarlo por alto, aludiendo a los árabes más que a los beréberes. Este ejemplo muestra claramente que, a los ojos de los historiadores, una piel blanca era estimada solo en la medida en que era asociada con la religión musulmana.

Un pasaje de Ibn Sa’īd muestra que los orígenes extranjeros de los Sēfuwa se desvanecieron rápidamente en la memoria popular. Basándose en la prueba de Ibn Fātima, que había visitado él mismo Kanem, Ibn Sa’īd escribe:

El sultán de Kanem…es Muhammadi b. Djabl, del linaje de Sayf b. Dhī Yazan. La capital de sus infieles ancestros, antes de su conversión al Islam, fue Manan;en consecuencia, uno de ellos, el cuarto bisabuelo, se convirtió en musulmán bajo la influencia de un jurisconsulto, tras lo cual el Islam se extendió a través del país de Kanem.

Ahora Muhammad b. Djil fue el nombre por el que el gran rey Dunama Dibalami (c.1203-1242) Fue conocido en el mundo exterior (Ibn Fatima se había establecido en Kanem durante su reinado, en la primera mitad del siglo XIII). Esto significa que en ese tiempo los Sēfuwa eran considerados los descendientes directos de los Duguwa (los reyes Zaghawa). Solo la introducción del Islam –que se había convertido en un asunto de “conversión” pacífica –y el cambio de la capital quedó dentro de la tradición popular para recordar los trastornos políticos de la segunda mitad del siglo XII. 

Puede inferirse a partir de la continuidad de las tradiciones dinásticas también confirmadas por el Diwan, que Kanem era por ese tiempo un estado poderosamente estructurado con una organización territorial firmemente establecida. La introducción del Islam y el cambio dinástico aparentemente no habían perjudicado a las fundaciones de este estado, cuyos orígenes probablemente se remontan a fines del siglo VI. Incluso el cambio de capital, que fue o bien contemporáneo, o bien posterior al cambio dinástico, parece no haber tenido mayores consecuencias para el desarrollo político de Kanem. Los estados de los Zaghawa y los Sefuwa tenían capitales centrales permanentes: Manan fue la residencia de los reyes Duguwa durante al menos un siglo, y Djimi de los reyes Sefuwa durante tres siglos. No fue hasta el fin del siglo XIV cuando los Sefuwa fueron forzados a dejar Kanem, que Djimi perdió su estatus especial y se convirtió en una ciudad como cualquier otra. Con respecto al cambio de capital que ocurrió en la segunda mitad del siglo XI (o comienzos del XII), es importante resaltar que Djimi estaba situada considerablemente más al sur que Manan. Este cambio, por tanto, podría verse como prueba de la influencia creciente de los pueblos sedentarios de Kanem, a expensas de los seminómadas del Sahel.

Si seguimos la política matrimonial de los primeros reyes Sefuwa, como se revela de la información contenida en el Diwan, descubrimos que la “desberberización” de la nueva dinastía –bastante perceptible a nivel ideológico- fue de la mano con un progresivo incremento en el peso político de los pueblos sedentarios. Gracias al cuidado tomado por los historiadores para destacar los orígenes étnicos de las reinas-madre, se puede trazar la siguiente lista: la madre de Hummay (c.1065-1080) era descendiente de los Kay; la madre de Dunama b. Hummay (c.1080-1133) era una Tubu; la madre de Bir b. Dunama (c.1133-1160) era una Kay (Koyam); la madre de Abd Allah b. Bir (c.1160-1176) era una Tubu; la madre de Salmama b. Abd Allah (1176-1203) era una Dabir; la madre de Dunama b. Salmama (c.1203-1242) era una Magomi (linaje real). Posteriormente, todas las reinas-madre parecen haber sido Magomi, excepto la madre de Ibrahim b. Bir (c.1290-1310) que era una Kunkuna.

Un primer punto a destacar es que los Tomaghra, de los que descienden dos reinas-madre del periodo Duguwa, ya no se mencionan en relacion con los reyes Sefuwa. Esto puede ser la prueba de que perdieron su posición dominante en la época del cambio dinástico que ocurrió en la segunda mitad del siglo XI. Posteriormente, los Tomaghra sin duda continuaron jugando un papel predominante en el Sudán central, pues se van a encontrar hoy día en Tibesti y Kawar (oasis de Bilma) donde predominaron sobre otros grupos Tubu. También se encontran en Kanem y en Bornu, donde están ampliamente integrados con los Kanembu y los Kanuri. De acuerdo con las tradiciones recogidas en Bornu, es de ellos desde donde se originan las dinastía de Munio y Mandara.

En contraste con los Tomaghra, los Kay son mencionados en relación con ambas dinastías. Pro tanto, parecería que su  estatus político no fue afectado por la caída de los Duguwa. Se observará en particular que la madre del fundador de la nueva dinastía era una Kay. Hoy, los Kay –conocidos por el nombre de Koyam-, viven al norte de Bornu, en la vecindad de los Komadugu Yoo. Son un pueblo sedentario, pero el hecho de que continúen montando camellos en un entorno desfavorable es prueba de sus orígenes nómadas del norte.

Los Tubu son mencionado en el Diwan solamente en conexión con los Sefuwa. Esto puede deberse a la naturaleza de la información transmitida, ya que los cronistas nos cuentan solamente sobre los reinados Duguwa siguientes al de Ayuma (c.977-997) con algún grado de precisión. No obstante, el hecho de que la madre de Dunama b. Hummay –y de ahí que principal esposa de Hummay- fuera una Tubu parece significativo; es posible que los Tubu contribuyeran a la caida de los Duguwa. Debe reconocerse, sin embargo, que la relación entre los Tubu del Diwan y los Zaghawa, mencionada en las fuentes externas están lejos de ser claras. Solo es el testimonio de Ibn Fatima, que data de la primera mitad del siglo XIII, y transmitida por Ibn Sa’id, que hace posible que se haga una clara distinción entre las dos entidades étnicas. Los Zaghawa, mencionados en conjunción con los Tadjuwa (Djadja), son vagamente localizados entre Kanem y Nubia, donde los Tubu están situados precisamente en la vecindad de Bahr al-Ghazal. Aún hay un número de grupos Tubu viviendo hoy en la región al este de Kanem. Son llamados colectivamente Daza o Gorhan. Los ‘autenticos’ Tubu viven en Tibesti y su vecindad. Esta sierra montañosa es considerada generalmente como el país de origen de todo el pueblo Tubu (el nombre tu-bu se toma para querer decir ‘habitantes de la montaña’), pero esto no es seguro en absoluto.
 
Los otros dos grupos étnicos mencionados en el Diwan, los Dabir y los Kunkuna ya no existen hoy. De acuerdo con la información recogida por Nachtigal, los Dabir (más correctamente, los Dibbiri) eran un pueblo Kanembu sedentario; después de emerger con nómadas Daza, se piensa que había formado el grupo Kadawa, que aún está viviendo en Kanem. Barth y Nachtigal creen que los Kunkuna eran también originalmente un pueblo Kanembu sedentario, pero ninguna autoridad ha logrado establecer una línea clara de descendencia a modernos grupos étnicos.

Finalmente, los Magomi –escrito M.gh.r.m por los cronistas- constituyeron el patrilinaje de los reyes Sefuwa. Si hemos de creer la información contenida en el Diwan, la madre de Dunama Dibalami (c.1203-1242) era la hija de un hermano de ‘Abd Allāh Bakaru (c.1160-76). Esta puede verse como la prueba de un establecimiento gradual de un grupo de linaje que más tarde iba a constituir el núcleo del pueblo Kanuri. No hay nada que sugiera que los Magomi existían antes del reinado de los Sefuwa, y ciertamente sería erróneo ver en ellos la fuerza política que hizo posible a Hummay acceder al poder. Por el contrario, es altamente probable que los Magomi comprendieran, de hecho,  a todos los descendientes de los reyes Sefuwa (en línea agnática), como sugieren sus genealogías y los nombres de sus diferentes subsescciones. Si esas consideraciones son correctas, los Magomi son el núcleo de un pueblo (Kanuri) que gradualmente se estableció a partir de un linaje dinástico (el de los Sefuwa); no obstante, el origen real del estado de Kanem-Bornu habría precedido al del pueblo que hoy forma su sustrato principal.

Antes del surgimiento del pueblo Kanuri, los reyes de Kanem derivaban su poder de diferentes grupos étnicos, comprendiendo pueblos tanto nómadas como sedentarios, que hablaban lenguajes nilóticos-saharianos  -como los Tubu, Zaghawa y Kanuri hoy- o lenguajes de Chad. En ciertos periodos, el poder de los reyes de Kanem debe haberse extendido, como en el siglo XIII, a los grupos de habla beréber; pero estos siempre aparecen haber estado en minoría en relación con los grupos nilóticos-saharianos. Si debe creerse la éxigua evidencia contenida en el Diwan, parecería que hubo tres fases en el desarrollo y reforzamiento de la base étnica de los reyes Sefuwa.

Durante la primera fase, que se extiende desde el advenimiento de Hummay hasta mediados del siglo XII, dos tribus nómadas –los Tubu y los Kay- parecen haber jugado el papel predominante. En la segunda fase, los Dabir y los Kunkuna –y probablemente otras tribus sedentarias suplantaron a los Tubu y los Kay como aliados principales de los Sefuwa. A raiz de este cambio de alianzas, durante la tercera fase, el poder politico de la línea real de los Magomi llegó a establecerse de manera más firme; la madre de Dunama Dibalami (c.1203-1242) era un Magomi, como una de sus esposas –la madre de Kaday (c.1242-1270). Su otra esposa –la madre de Bir (c.1270-1290)- también pudo haber sido una Magomi, pero los cronistas no especifican su origen étnico. En cualquier caso, el hijo y sucesor de Bir, Ibrahim Nikale (c.1290-1310), tuvo una madre Kunkuna. Después de esto, el Diwan cesa de indicar los orígenes étnicos de las reinas-madre, y puede suponerse que por el inicio del siglo XIV los Magomi finalmente habían eclipsado todos los otros grupos sedentarios de Kanem.

El cierre de filas alrededor de la línea real de algún modo pudo explicar de alguna manera el poder del reino en los reinados de Dunama Dibalami (c.1203-1242) y sus inmediatos sucesores. Además, puede haber sido la causa –al menos indirectamente- de una larga guerra contra los Tubu que estalló durante su reinado. Barth creía que la segunda esposa de Dunama –la madre de bir- procedía de un grupo étnico que llevaba el nombre de Lakmama: si esto es cierto, la fundación de líneas rivales por los dos hijos de Dunama, Kaday, (cuya madre era una Magomi) y Bir,  puede atribuirse a la lucha de poder entre los grupos sedentarios de Kanem y el patrilinaje de los Magomi. En cualquier caso es altamente significativo que el pacífico periodo, marcado por la sucesión de padre a hijo, llegó a su fin cuando los reyes Sefuwa cearon de tomar mujeres extranjeras como esposas (principales) y se casaron con mujeres descendientes de su propio patrilinaje en su lugar.

5. El Cenit de Kanem

El desarrollo del estado de Kanem no puede explicarse sin referencia al comercio transahariano. Sin duda no es accidental que el más grande estado del Sudán central entrara en vigor en el extremo sur de la mayor ruta caravanera que pasaba por Fezzan y el oasis de Kawar. Este rastro probablemente había estado en uso desde tiempos romanos: fue la línea de comunicación más directa entre la región del lago Chad y el Mediterráneo. Al este, solo el extremadamente difícil camino que atravesaba el oasis de Kufra podías considerarse un rival potencial, y, al oeste, el la ruta que pasaba a través de Takkeda (posteriormente Agades).

a) Estructura política

El Diwan prácticamente no proporciona ninguna organización política de Kanem. Podemos asumir, no obstante, que durante un periodo inicial, hasta el reinado de Dunama Dibalami (1203-1242), los miembros de la familia real ocupaba la primera posición en la maquinaria del estado.

Esa situación cambió en el siglo XIII, de acuerdo con los cronistas, cuando el sultán entró en conflicto con sus propios hijos, y más tarde Ibrahim Nikale había ejecutado a su hijo. Podemos inferir de esas indicaciones que, desde el siglo XIII en adelante, los Sefuwa excluyeron a miembros de su familia de los puestos de gobierno claves, y se apoyó más en oficiales en los que no estaban relacionados, tales como jefes locales. El kagiama (gobernador del sur ) y el yerima (gobernador del norte) probablemente datan del periodo de Bornu. Ambos parecen haber llegado de regiones al oeste del lago Chad. Yeri era el nombre de una provincia al noreste de Komadugu Yobe, y Kaga es el nombre del área alrededor de la actual ciudad de Maiduguri.

En tiempos más recientes, las reinas-madre jugaron un papel prominente en Bornu. No es casualidad que el Diwan de los orígenes étnicos de las reinas-madre de los primeros diez reyes. Vale la pena destacar que el apoyo del clan de la reina-madre podía ser decisivo en tiempos de una sucesión. Más tarde, la ghumsa (primera esposa del rey) se convirtió en la esposa más importante y el rey designaba a su sucesor (el shiroma) de entre sus hijos.

Sobre administración local no se dispone de información precisa, pero sabemos que a finales del siglo XV los Sefuwa gobernaban sobre doce reinos vasallos. La administración directa se extendía sobre un área más limitada, y probablemente fue ejercida por esclavos de la familia real. En asuntos militares, los textos escritos indican que el rey mantenía un ejército permanente. Ellos distinguían entre un djunud, un soldado convocado para una campaña y un asakir', o soldado profesional.

La justicia estaba dispensada por el rey, como en la corte del mansa de Mali, a pesar de la conversión de los soberanos al Islam. Sin embargo, durante ciertos reinados, se hacían intentos para basar la justicia en la shari’a, como durante el gobierno de Idris Alawoma. Casi todos los estados estaban influenciado directa o indirectamente por Kanem-Bornu, cuya organización política fue un modelo para los Hausa, los Kotoso y los Bagirmi.

b) Comercio e intercambios

Situada al noroeste del lago Chad, Kanem inevitablemente buscó controlar la región al oeste del lago Chad, donde Bornu iba a tomar forma más tarde, para asegurar un domino completo sobre als rutas comerciales desde Kawar hacia el sur. No obstante, Kawar fue también accesible desde Aïr (Takedda, con posteridad Agades), y así el control de esta escala principal estaba obligado a constituir un primer objetivo para los reyes de Kanem no menos que para los de Bornu. El control de Kawar asumió una importancia incluso más grande de lo que su localización estratégica para el comercio transahariano puede sugerir, pues las extremadamente ricas minas de sal en Bilma y Agram (Fachi) proporcionaron a sus propietarios un gran ingreso procedente de la exportación masiva de sal a los países del Sahel. Ningunas otras minas de sal del Sahara central tuvieron un valor económico comparable. Sin embargo, no sabemos, cuando estas minas fueron explotadas primero. Los autores del Diwan quizá se están refiriendo al control de las minas de sal  por Kanem, cuando destacan que Arku (1013-1057) estableció colonias esclavas en Dirku y Siggedim, pero de ninguna manera es cierto.

En la primera mitad del siglo XII, los habitantes de Kawar disfrutaban de independencia de sus poderosos vecinos al norte y al sur. Al-Idrīsī menciona la existencia de varias ciudades pequeñas habitadas por comerciantes y mineraos de sal. Los jefes de estas comunidades eran beréberes (Tawarik o Tuareg), usando el litham. De acuerdo con al- Idrīsī, los habitantes de Kawar ante todo estaban ocupados en la minería y comercialización de alumbre (usado para teñir y curtir), que ellos transportaban hasta Egipto y hacia Wargla. Este cuadro está indudablemente falsificado por la perspectiva de un observador exterior. Si el comercio de sal con los países de la región del Sahel existía entonces, ciertamente era mucho más grande en volumen que la exportación de alumbre a las ciudades del norte de África. Más aún, debe señalarse que al-Idrīsī no mace mención al extenso comercio transahariano, por el que Kawar era la única escala entre Fezzan y la región del lago Chad. Su silencio en este punto es quizá indicativo de la importancia relativa de esos dos tipos de actividad comercial: el floreciente comercio regional no fue quizá inferior –al menos en volumen, si no en valor- al comercio internacional a gran escala.

El grupo de oasis del Fezzan era más importante para el comercio a larga distancia que el de Kawar, estando situado en el cruce de dos las más importantes rutas comerciales de África Occidental. La dominación del Fezzan hizo posible controlar ambas rutas norte-sur (Ifrikiya/Trípoli-Kanem-Bornu) y este-oeste (Egipto, Ghana, Mali/Songhay). Kanem no tenía alternativa para su comercio de larga distancia con los países mediterráneos (excepto para el lejano Maghrib); la mayoría de importaciones y exportaciones tenían que hacer ese camino. Solo los mercaderes que comerciaban con los países del Maghrib podían evitar el Fezzan, tomando la extremadamente ardua ruta que pasa a través de Djado y Tassili. La seguridad en la ruta caravanera norte-sur y el control de las escalas tenían que estar, por tanto, entre los objetivos primarios de los reyes de Kanem-Bornu.

 ¿Cuáles eran los bienes que Kanem intercambiaba con el norte? Sobre este tema, las fuentes dan escasa información, pero podemos suponer que hubo pocos cambios ente el comienzo del periodo musulmán y el siglo XIX; los esclavos eran probablemente siempre un elemento principal. Nuestras informaciones más tempranas sobre esto vienen de al-Ya’kūbi, quien registra que en siglo IX los comerciantes beréberes de Kawar traían esclavos negros, probablemente desde Kanem, a Zawila, la capital del Fezzan. A comienzos del siglo XVI, León el Africano nos da información más precisa en relación a los comerciantes norteafricanos que viajaban personalmente a Bornu para adquirir esclavos a cambio de caballos: frecuentemente eran obligados a esperar un año entero antes de que el rey hubiera reunido suficiente número de esclavos. Al parecer las redadas de esclavos del rey contra los pueblos paganos al sur de Bornu no bastaban para satisfacer la gran demanda. Cuando el reino se volvió débil, los habitantes de Kanem-Bornu mismos estuvieron en peligro de ser vendidos como esclavos pro enemigos externos, a pesar del hecho de que la mayoría de ellos habían sido musulmanes desde el siglo XIII. A finales del siglo XIV, en una carta al Califa Baybars de Egipto, Bir b. Idris (c. 1383-1415) se quejaba que los árabes que estaban reduciendo a sus súbditos musulmanes a la esclavitud. Sabemos por D. Girard que en el siglo XVII ciertos habitantes de Bornu sufrieron el mismo destino, como resultado de las incursiones Tuareg.

Junto con los esclavos, las caravanas que viajaban a Fezzān y a los centros mediterráneos también exportaban ciertos productos exóticos, como colmillos de elefante, plumas de avestruz e incluso animales vivos. No obstante, si el tráfico de esclavos se aprecia en su verdadero valor, debe considerarse primariamente en relación a la actividad productiva como un todo. A este respecto, no cabe duda de que Kanem-Bornu debió su prosperidad más a su pujante agricultura, a la ganadería y a la minería de sal que a los ingresos derivados del tráfico de esclavos. Un papel importante lo jugaron también los artesanos, alguno de cuyos productos fueron exportados a los países vecinos. En el siglo XIV, Ibn Battūta registraba que, además de los esclavos, Bornu exportaba prendas bordadas. Por otra parte,  se debe tener en cuenta que, de acuerdo con al-Idrīsī en el siglo XII, el alumbre de Kawar fue muy solicitado después en Norteamérica.

La importaciones consistían en caballos, que eran muy apreciados por sus usos militares. Los cronistas establecen que la caballería de Dunama Dibalami (1203-1242) comprendía 41.000 caballos. Al-Makrīzī aporta la interesante información de que los caballos de Kanem eran particularmente pequeños: parece admisible inferir de esto la práctica indígena la cría de caballos en tiempos antiguos.

Los productos manufacturados como las prendas y telas también eran importadas desde el norte, así como armas de hierro. Ibn Sa’īd señala de paso que en la época de  Dunama Dibalami las prendas eran importadas a Kanem desde la capital tunecina. Anteriormente, al-Muhallabī había mencionado que el rey de Zaghawa vestía prendas de lana y seda de Sousse. En el siglo XIV la tejeduría estaba suficientemente bien desarrollada para que los habitantes de Kanem usaran tiras de algodón como medida de valor en sus actividades comerciales.

Además, puede suponerse que el cobre era también uno de las materias primas transportadas al Sudán central. Sabemos que en el siglo XIV este metal era extraído –probablemente en pequeñas cantidades- de las minas situadas cerca de Takedda. Por esta época, los depósitos de estaño de la meseta nigeriana probablemente habían empezado a ser explotados. Petis de la Croix nos informa de que, a fines del siglo XVII, el estaño era una de las exportaciones de Bornu a Trípoli. El cobre y el estaño (así como el zinc) son, por supuesto, esenciales para la manufactura del bronce; y se sabe que en Benin y Nupe un destacado arte en bronce estaba floreciendo bien antes de la llegada de los portugueses al litoral atlántico.

El volumen de comercio norte-sur dependía fuertemente de la seguridad de la ruta caravanera central a través del Sahara. En la primera mitad del siglo XII, esta seguridad estaba garantizada por tres diferentes poderes: en el norte el reino del Fezzān, dominado desde comienzo del siglo X por la dinastía beréber de los Banu Khattab; en el centro por los jefes beréberes de Kawar; y al sur por Kanem. Cuando Sharif al-Din Karākush, el líder militar mameluco, conquistó Fezzān en 1172-3, sometiendo al país a fuego y espada, el viejo equilibrio fue gravemente amenazado. El vacio político creado por la desaparición de los Banu Khattab más pronto o más tarde obligó a llevar a los reyes de Kanem a la intervención en el Fezzān.

En el siglo XIII, Ibn Sa’īd –cuya información sobre Kanem se refiere al reinado de Dunama Dibalami (1203-1242) –registra que el rey de Kanem estaba en posesión de Kawar y Fezzān. La expansión de Kanem hacia el norte está confirmada por al-‘Umarī, escribiendo a mediados del siglo XIV: ‘El imperio [de Kanem] comienza en el lado egipcio en una ciudad llamada Zella [noreste del Fezzān] y finaliza por la ota parte en una ciudad llamada Kaka; tres meses de viaje separa estas dos ciudades". El poder de Kanem por este tiempo está atestiguado por el viajero al-Tidjani, que registra que los emisarios del rey de Kanem lograron en 1258-9 matar uno de los hijos de Karākush, que había invadido el Waddan, una región al norte de Fezzān.

No obstante, para el control efectivo de todo comercio entre el Sudán central y el norte de África, era necesario prevenir el desvío del comercio a rutas secundarias. De hecho, Ibn Sa’īd establece que el rey de Kanem también gobernaba sobre el reino de Djadja, situado al noroeste del lago Chad, y sobre los beréberes del sur (Tuwarik).

Sería imprudente afirmar, no obstante, que en el siglo XIII Kanem era un vasto imperio con una fuerte organización territorial. En particular, no tenemos información que nos permita establecer la naturaleza precisa del poder que Kanem ejercía  sobre el Fezzān. El may ‘Alī, cuya tumba puede verse aún en Traghen, era en realidad el rey Idrīs b. ‘Alī (1677-1696), que murió en el Fezzān durante la peregrinación, y no, como anteriormente se pensaba, un gobernador o virrey que representaba al rey de Kanem. Además, no hay certeza de si Kanem se extendía hacia el este hasta las afueras de Darfur. Ibn Sa’īd mismo dice que los Tubu de Bahr al-Ghazal –no lejos de Djimi- eran un pueblo independiente. Al parecer Dunama Dibalami no había conseguido subyugarlos, a pesar de la larga guerra, que duró ‘siete años, siete meses y siete días’, de la que Ibn Furtūwa habla.
  
Los pueblos que vivían alrededor del lago Chad y en las islas también continuaron defendiendo su independencia con éxito. Ibn Sa’īd afirma, de la información proporcionada por Ibn Fātima, que el ‘lago Kuri [Chad] está rodeado de infieles del Sudán no dominados que comen carne humana’. Sitúa a los Badi (Bedde?), que, de acuerdo con al-Makrīzī, estaban organizados en forma de un reino- al norte del lago Chad; los Ankazar (sinónimo de los Kotoko?), al sur; los Djabi al noroeste; y los Kuri al noreste, en la boca del Bahr al-Ghazal (hoy los últimios están establecidos sobre las islas). Además, hubo en la costa del lago un lugar llamado dar al-sinā’a (que significa ‘el arsenal’ o, etimológicamente, ‘manufactura’), en relación con el cual Ibn Sa’īd registra: ‘es desde aquí que, en la mayoría de las ocasiones, el sultán  los sultanes zarpan con sus tropas en campañas contra las tierras infieles en las fronteras del lago, para atacar sus navíos, matar y tomar prisioneros. al-Makrīzī, también basándose en una fuente del siglo XIII, menciona los pueblos de varios pueblos paganos que vivçian en la vecindad de Kanem. Entre ellos, es posible identificar a los Bedde (?), los Afnu (un nombre kanuri para los Hausa) y los Kotoko (escrito ‘Kan.ku’ en el texto). El mismo autor registra que en torno a 1252-3 el rey de Kanem vino de Djimi para atacar a los Kalkin, un subgrupo de los Mabna (¿los Mabba de los Wadday?), sin duda, también, con el propósito de tomar prisioneros.

Parece que se puede inferir de todo esto que la expansión de Kanem estaba limitada a la región septentrional. En el sur, las relaciones con los pueblos no musulmanes no habían cambiado aparentemente. Esta necesidad no causa sorpresa, ya que la prosperidad del reino –o al menos la prosperidad del rey- dependía directamente de los ingresos derivados del comercio transahariano más que de cualquier incremento en la producción pastoral o agrícola. Además, los esclavos constituían la principal ‘mercancía’ intercambiada por importaciones del norte, y eran obtenidas mediante la organización de incursiones contra los pueblos no musulmanes del sur. Por tanto no estaba en el interés de los reyes de Kanem el facilitar la expansión del Islam más allá de ciertos límites Incluso en Kanem, el Islam no echó raíces profundas antes del siglo XIII. Al-Makrīzī, que escribía en el siglo XV, consideraba que  Dunama Dibalami había sido el primer gobernante musulmán de Kanem, pero estaba ciertamente equivocado. El Diwan contiene información que demuestra que todos los Sefuwa eran musulmanes. Si hay que creer a los cronistas, el segundo rey de los Sefuwa, Dunama b. Hummay (1080-1133), incluso hizo la peregrinación dos veces y murió en una tercera. Se nos informa de que Hummay mismo, el fundador de la dinastía Sefuwa, había muerto en Egipto. Si esto es cierto, sugeriría que él también había realizado la peregrinación. También es valioso destacar que, empezando con el reinado de Bir b. Dunama (1133-1160), las esposas principales de varios reyes eran musulmanas, a juzgar por sus nombres –o los nombres de sus padres- como se indica en el Diwan. No obstante, no fue probablemente hasta el reinado de Dunama Dibalami (1203-1242) que el Islam, en su forma ortodoxa, dejara ninguna huella en el pueblo en general.

Puede inferirse a partir de las fuentes internas y externas que Dunama Dibalami fue un gran reformador musulmán. Los autores del  Diwan pasan por alto las peregrinaciones de dos reyes del siglo XIV y, con Ibn Furtūwa, acusa de Dunama Dibalami de haber destruido un objeto sagrado llamado mune. Este era probablemente el elemento focal de un culto real transmitido desde tiempos preislámicos. Ibn Furtūwa –aún siendo él mismo un imam, escribiendo en el siglo XVI- ve este ‘acto sacrílego’ como la causa de varias perturbaciones, en particular, la larga guerra contra los Tubu. Además, Dunama Dibalami probablemente era también el fundador de una madrasa en El Cairo destinada a los súbditos de Kanem. Ibn Sa’īd registra que él era ‘celebre por la guerra santa y por sus loables acciones’, y afirma que su entorno estaba compuesto de juristas musulmanes. Él obligó a ciertos pueblos del Sudán central, sobre todo beréberes, a aceptar el Islam. Así, está bastante claro que, en la primera mitad del siglo XIII, la diseminación del Islam fue a la par que la expansión territorial.

Dunama Dibalami murió alrededor de 1242 y fue enterrado en Zamtam, una ciudad al noroeste del lago Chad. No hay fuente comparable al Kitāb al-djughrāfiyya de Ibn Sa’īd para decirnos la extensión de Kanem y el crecimiento del Islam en el periodo posterior. El Diwan registra la visita a Kanem de dos shaykhs ‘Fellata’ (Fulaní) de Malí durante el reinado de Bir (II) b. Dunama (1270-1290) pero no menciona siquiera las peregrinaciones de Ibrahim I b. Bir (1290-1310) o Idris I b. Ibrahim (1335-1359). Escribiendo a mediados del siglo XIV, al-‘Umarī también da poca información precisa. De acuerdo con él, Kanem era un imperio extremadamente débil cuyos recursos eran mínimos y cuyas tropas eran muy pocas. Por otra parte, el celo religioso de los habitantes de Kanem debe haber sido destacable; ellos siguen el rito del Imam Malik. Desterraron de sus vestidos todo lo que es superfluo, y tenían una ardiente fe.

Si hay que dar crédito a Al-‘Umarī, Kanem todavía dominaba el Fezzan en ese tiempo. Takedda, por otro lado, poseía sin duda un sultán independiente. Era indudable que, como resultado de los problemas dinásticos que estallaron en la segunda mitad del siglo XIV, que Kanem fue forzado a renunciar su control exclusivo sobre la ruta caravanera del Sahara central. Cuando, a fines del siglo XIV, los Bulala lograron conquistar Kanem y romper su monopolio comercial con el norte de África, los Sefuwa entraron en el periodo más oscuro de su historia.

6. De Kanem a Bornu

Hacia el siglo XII a más tardar, los difierentes pueblos de Kanem comenzaron a emigrar hacia el oeste, estableciéndose en Bornu, al oeste del lago Chad. Los Tomaghra, los Tura, los Kay (Koyam) y los Ngalma Dukko deben haber estado entre los más antiguos inmigrantes a Bornu. En la segunda mitad del siglo XVI, a continuación de las victoriosas expediciones de Idris Alawoma, un gran número de Tubu y árabes dejaron Kanem a su vez por tierras más fértiles y mejor protegidas al oeste del lago Chad. Este movimiento migratorio, que en el caso de las tribus seminómadas estuvo probablemente acompañado por la expansión política, llegó a su fin solo al comienzo de la era colonial.

Al oeste del lago Chad, los grupos que habían venido desde Kanem encontraron varios pueblos sedentarios que hablaban lenguas Chadianas. Podemos seguir las tradiciones Kanuri al aplicarles el nombre colectivo de Sao o Saw. Ni Ibn Sa’īd ni al-Makrizī mencionan ningún pueblo de este nombre. No obstante, los cronistas registran que a mitad del siglo XIV cuatro reyes Sefuwa cayeron en batalla contra los Sao, dos de ellos en Ghaliwa. Esta ciudad puede ser identificada tentativamente con la moderna Ngala –al sur del lago Chad- que está todavía habitada por los Kotoko. De acuerdo con tradiciones orales registradas en el siglo XIX, sus tempranos predecesores eran los Sao.

Hasta donde la fuentes escritas se refieren, los Sao reaparecen en la primera mitad del siglo XVI en los escritos de León el Africano, que los coloca al oeste del lago Chad y al sur de Bornu. Medio siglo más tarde, Ibn Furtūwa aplica el nombre Sao a dos grupos étnicos: los Ghafata, que vivían junto al Komadugu Yoo, y los Talala, que estaban establecidos en la costa oeste del lago Chad. Idrīs Alawoma (1564-1596) lanzó una serie de ataques asesinos contra esos dos pueblos y forzó a los supervivientes a abandonar sus hogares ancestrales. Algunos buscaron refugio enlas islas del lago Chad. En 1582, el geógrafo italiano G.L. Anania aplicó al lago Chad el nombre de ‘Sauo’. Hoy, el nombre Sao (So o Saw) designa, en la cultura de los Kanuri, a los pueblos que les precedieron –ya sea en Kanem, Bornu o Kawar- refiriéndose a los que ya no hay ningún conocimiento cierto.

Es difícil determinar la naturaleza de las relaciones que existían entre Kanem y Bornu antes del fin del siglo XIV. Una cosa es cierta: entre el comienzo del siglo XIII y el fin del XIV, Bornu adquirió una relativa importancia. Ibn Sa’īd menciona un reino al oeste del lago Chad; aunque solo da el nombre de su capital, Djadja, la situación geográfica sugiere que era Bornu. Él anota: ‘la ciudad de Djadja es la residencia [kursi] de un reino separado, que posee ciudades y tierras. En la actualidad, pertenece al sultán de Kanem.

Por tanto hay una fuerte posibilidad de que antes del siglo XIII Bornu fuera un reino independiente. Al-Makrizī, que conocía un texto de Ibn Sa’īd que desde entonces ha desaparecido usa el ambigüo término kursi, pero lo aplica tanto a Kanem como a Bornu. De acuerdo con él, Ibrahim b. Bir (1290-1310) mantuvo los tronos (kursi) de Kanem y Bornu. Ibn Khāldūn, escribiendo sobre el año 1268, menciona al ‘soberano de Kanem y señor de Bornu’. Ibn Battūta, que visitó Takedda al sur de Aïr- en 1353, conoció a un rey Sefuwa de Bornu, pero la distancia que el da a su capital nos lleva al este del lago Chad, a Kanem. Estas diferentes declaraciones pueden reconciliarse, si se acepta que Kanem y Bornu eran inicialmente dos reinos separados, pero desde el siglo XIII en adelante fueron reunidos bajo el gobierno de una única dinastía, la de los Sefuwa.

No obstante, escribiendo a mediados del siglo XIV, al-‘Umarī afirma que los sultanes mamelucos de Egipto intercambiaron correspondencia tanto con el rey de Kanem como con el de Bornu. A partir de esto puede deducirse razonablemente que Bornu había preservado un grado de autonomía, a pesar de la soberanía de los reyes de Kanem, y que la vieja dinastía probablemente continuó jugando un importante papel allí. Cuando el poder de los Sefuwa declinó, la autoridad de los reyes locales se reforzó; pero cuando los Sefuwa estaban fuertes, los últimos tenían menos margen de maniobra. Sin embargo,  el sustrato étnico debe haber sido el mismo, de otra manera ¿cómo pudo Ibn Battūta haber utilizado el nombre Bornu para designar al imperio Sefuwa?

La situación debe haber cambiado hacia el fin del siglo XIV, cuando los ataques lanzados por los Bulala forzaron a los Sefuwa a abandonar Kanem y establecerse finalmente en Bornu. 


Pueblos y Reinos de Chad en el siglo XIV

Los Bulala eran un pueblo pastoril que estaban ya probablemente establecidos en la región del lago Fitri, donde viven todavía hoy, antes de sus incursiones en Kanem. Allí, ellos gobernaban sobre los Kuka, un pueblo que hablaba un lenguaje asociado al Sara. ¿Estaba su ataque hacia Kanem quizás conectado con la migración hacia el oeste de ciertas tribus que siguió a la dislocación del reino cristiano de Nubia a comienzos del siglo XIV? A fines del siglo XVI, los árabes iban a encontrarse entre los aliados de los Bulala, de acuerdo con Ibn Furtūwa. A fines del siglo XIV, uno de los reyes Sefuwa había caído en batalla contra los árabes.

Parece que la razón inmediata para la intervención de los Bulala en Kanem fue el debilitamiento del reino Sefuwa por el conflicto dinástico entre Dāwūd b. Ibrāhīm Nikale (c.1359-1369) y los hijos de su hermano y predecesor, Idrīs. Dāwūd mismo fue muerto por el rey Bulala ‘Abd al-Djalīl. Sus tres sucesores fueron todos muertos luchando contra los Bulala. El cuarto, ‘Umar b. Idrīs (1376-1381), finalmente tuvo que dejar Djimi y parece haber abandonado Kanem totalmente. De acuerdo con una carta escrita por su hermano, Bir b. Idrīs, fue muerto por los árabes Djudham (Djuhayna?). Dos reyes Sefuwa más iban a morir combatiendo a los Bulala antes de que la amenaza de esos terribles enemigos del Imperio Sefuwa fuera finalmente evitada durante el largo reinado de Bir b. Idrīs (1383-1415).

Esos sucesos no pasaron desapercibidos en los otros países musulmanes. Al-Makrizī los resume en los siguientes términos:

‘En torno al año 700 [= +1300], su rey era al-Hadjdj Ibrāhīm, un descendiente de Sayf b. Dhī Yazan. Mantuvo el trono de Kanem y Bornu. Después de él, su hijo, al-Hadjdj Idrīs, reinó, luego, su hermano Dāwūd b. Ibrāhīm, luego ‘Umar, hijo de su hermano al-Hadjdj Idrīs; finalmente, su hermano ‘Uthmān b. Idrīs, que reinó brevemente antes del año 800 [+1397-8]. Pero el pueblo de Kanem se rebeló contra ellos [es decir, los reyes] y renunciaron a su fe. Bornu permaneció en su imperio. Sus habitantes eran musulmanes y libraron una guerra santa contra el pueblo de Kanem. Ellos tenían doce reinos.’

La declaración de Al-Makrizī puede llevarnos a suponer que los Bulala eran paganos, pero ni el Diwan ni Ibn Furtūwa lo corroboran. Más creíble es la información relativa al nuevo Imperio Sēfuwa, con Bornu como centro: muchos jefes locales parecen haberle jurado lealtad. Kaka se convirtió en la nueva capital. Al parecer, Bir (‘Uthmān) b. Idrīs fue suficientemente fuerte para llevar la guerra a territorio enemigo.

Volviendo a los Bulala, sabemos que fundaron un poderoso reino en Kanem y que, como nos cuenta Ibn Furtūwa, Tubu y tribus árabes fueron sus aliados. León Africano conoció su reino por el nombre de ‘Gaoga’, sin duda derivado de Kaka. De acuerdo a esta información, Kanem fue más extenso y poderoso que Bornu; su rey disfruto de excelentes relaciones con el Califa de Egipto. Esta descripción no puede referirse al comienzo del siglo XVI –cuando León Africano pretende haber visitado los reinos del Sahel- pero podría corresponder a la situación que prevalecía a fines del siglo XV, como se la describen los mercaderes del norte de África. Se sabe que las fuerzas de Bornu volvieron a capturar Djimi alrededor del comienzo del reinado de Idrīs Katakarmabi (1487-1509), 122 años después de haber sido expulsados de ella. Los Bulala no fueron, sin embargo, derrotados de manera decisiva hasta que Idrīs Alawona lo consiguiera en la segunda mitad del siglo XVI.

7. Crisis dinástica y política

La mayoría de la información contenida en el Diwan se refiere a historia dinástica, que es, por tanto, el aspecto mejor conocido de la historia de Kanem-Bornu (vease cuadro genealógico y cronología al final de la entrada). Como norma, el Diwan proporciona solo información relativa a la sucesión (los párrafos decisivos están dedicados a los sucesivos reinados); pero esto es suficiente para permitirnos determinar las líneas de descendencia enlazando los diferentes reyes (su genealogía) y la evolución de las normas de sucesión. Era sobre la base de tales normas –o, más bien, de los precedentes- que un sucesor de un rey muerto era elegido. Aunque el balance de poder entre los grupos dinásticos también era tenido en cuenta, era conforme con las normas existentes que conferían legitimidad a un sucesor. Esas normas no escritas resultaron más duraderas que nuestras constituciones modernas. Variaban solo durante periodos largos y como resultado de grandes cambios. Los grupos dinásticos se formaban en referencia a esas normas y no podían manipularlas como desearan. Una reconstrucción de esas normas de sucesión, y de sus variaciones, facilitarán un entendimiento no solo de la historia dinástica -en el sentido estricto del término- sino también de ciertos aspectos del proceso histórico.

De acuerdo con el Diwan los primeros seis reyes se sucedieron unos a otros en línea directa, de padres a hijos. Los cronistas indicaban un método de sucesión similar en el caso de los reyes Duguwa, pero la duración de los reinados sucesivos demuestra que los reyes no podían haber pertenecido a generaciones diferentes. Por tanto, se piensa que la sucesión patrilineal se había originado entre los jefes de Kawar, los ancestros probables de Hummay, que fundó la dinastía Sēfuwa.

Fue en la generación de los hijos de Dunama Dibalami que encontramos el primer caso de sucesión colateral (un hermano sucediendo a otro); no obstante, se destacaría que Kaday b. Dunama (1242-1270) y Bir b. Dunama (1270-1290) nacieron de madres diferentes. La madre de Kaday era probablemente una Magomi, mientras que la madre de Bir puede haber sido descendiente de una de las antiguas tribus de Kanem. Esta interpretación debe verse a la luz de una importante observación de los cronistas considerando el reinado de Dunama Dibalami: “En su tiempo, los hijos de los sultanes se dividieron en diferentes facciones; anteriormente no habían habido facciones”. Quizá es permisible inferir que la rivalidad entre la línea de Kaday y la línea de Bir refleja conflictos dinásticos que ya estaban estallando en la primera mitad del siglo XIII. Probablemente, como hemos visto, el antagonismo creciente entre la línea real de los Magomi y las tribus sedentarias de Kanem estaba en la raíz de esos conflictos.

También se debe tener en mente que la primera sucesión colateral en la historia de los Sēfuwa ocurrió, de acuerdo con los cronistas, después de la primera muerte violenta de un rey de Kanem en Kanem (Dunama b. Hummay fue asesinado durante la peregrinación). De hecho Kaday murió luchando contra los ‘andakama dunama –sin duda uno de los grandes vasallos del reino. Su hermano Bir, por otra parte, murió de muerte natural en Djimi. Ibrāhīm Nikale (1290-1310) sucedió a su padre, siguiendo el patrón patrilineal, pero él mismo fue derrotado por otro gran vasallo, el yerima Muhammad g. Ghadī, y el poder pasó a manos de su primo, ‘Abd Allāh b. Kaday (1310-1328). Luego, el anterior principio de sucesión fue restablecido cuando, a la muerte natural de ‘Abd Allāh b. Kaday en Djimi, fue sucedido por su hijo Salmama (1328-1332). De esto puede inferirse que, durante la segunda mitad del siglo XIII y el comienzo del XIV, la sucesión patrilineal era aún la norma dominante –norma, además que podía ser rota solo recurriendo a la violencia.

Cada vez más, desde ese momento, la sucesión colateral prevaleció. Los cuatro hijos de ‘Abd Allāh ejercieron el poder a su vez, pero todos ellos fueron asesinados en batallas contra los Sao después de breves reinados. Al parecer, incapaces de derrotar a los Sao, los descendientes de Kaday b. Dunama abandonaron el poder a favor de un nieto de Bir, Idrīs b. Ibrāhīm Nikale (1335-1359). Este rey pudo bien haber sido más conciliador con el pueblo indígena de Bornu, ya que él mismo era un descendiente de la línea de Bir b. Dunama, que disfrutaba de estrechas relaciones con el pueblo no Magomi de Kanem. En cualquier caso, paraece haber logrado establecer un modus operandi con las tribus Sao y traer el orden a Bornu.

A la muerte de Idrīs, el problema de sucesión se convirtió en más agudo que nunca:¿quién iba a sucederle, un hijo o un hermano? Un hermano, Dāwūd, nacido de una madre diferente, fue elegido de hecho, con preferencia a sus hijos; pero más tarde no se reconciliaron y durante el reinado de Dāwūd ‘la guerra estalló entre el hijo [o hijos] del sultán y el sultán mismo’. Puede suponerse que fue esta guerra de sucesión y la consecuente debilidad de los Sēfuwa la que provocó la intervención de los Bulala: entre 1386 y 1389, siete reyes sucesivos cayeron combatiendo a los invasores. También dio lugar a la polarización de dos líneas de descendencia, los Dawudíes y los Idrisíes, quienes, en sus frecuentes luchas por el poder, debilitaron peligrosamente el reino de los Sēfuwa. Pasó otro siglo antes de que se resolviera finalmente el problema sucesorio, por la total eliminación de una de las dos líneas.

La consecuencia inmediata de la invasión externa iba a desencadenar un reflejo defensivo: ‘Uthmān (1369-1373) sucedió a su padre sin dificultad, y los Dawudíes y los Idrisíes posteriormente reinaron por turnos aproximadamente hasta el fin de la lucha en Kanem. Durante este periodo, la sucesión colateral paulatinamente tendió a convertirse en la norma: Uthmān b. Idrīs sucedió a Uthmān b. Dāwūd, y ‘Umar b. Idrīs sucedió a Abū Bakr b. Dāwūd. Claramente, el principio de sucesión legítima estaba subordinado a los imperativos políticos del momento.

En esas circunstancias, no es de extrañar, que incluso se convirtiera en algo posible que un no Sēfuwa accediera al trono. Un ‘rey’ (malik, no sultán), Sa’īd (1381-1382) sucedió de hecho a ‘Umar, que había sido forzado por los Bulala a abandonar Kanem. Por tanto, Sa’īd fue el primer rey en gobernar sobre Bornu en solitario. Probablemente fue elegido porque representaba mejor los intereses de  los habitantes de esa parte del antiguo reino. Ciertamente, es tentador ver en él a un representante de la antigua dinastía de Bornu. Tanto él como su sucesor, Kaday Afnu b. Idrīs (1382-1383) también murieron luchando contra los Bulala, antes de que Bir (Uthmān) b. Idrīs finalmente lograra repeler a los invasores.

Puede haberse supuesto que esta victoria daría a los Idrisíes suficientes cartas de triunfo para permitirles excluir a los descendientes de Dāwūd del poder de una vez por todas. Por ese tiempo, los Dawudíes ya habían sido derrocado de la sucesión tres veces, y el largo reinado de Bir (Uthmān) b. Idrīs (1383-1415) hizo su retorno al poder incluso más dudoso. No obstante, Uthmān Kalnama b. Dāwūd (1415) fue capaz de suceder a Bir (Uthmān); pero esto fue por que los titulares reales del poder en esa época claramente ya no eran los Sēfuwa, sino alguno de los oficiales de alto rango del reino.

El Diwan nos informa que el mismo Bir (Uthmān) ya había tenido que luchar contra el kayghamma (jefe del ejército), Muhammad Dalatu. Uthmān Kalnama, su sucesor, fue eliminado del poder después de solo nueve meses por el kayghamma, Nikale b. Ibrāhīm y por el yerima (gobernador del norte) Kaday Ka’aku. El poder pasó entonces a manos de dos de los hijos de Umar b. Idrīs, Dunama (1415-1417) y ‘Abd Allāh (1417-1425), antes de retornar a dos Dawudíes, Ibrāhīm b. Uthmān (1425-1433) y Kaday b. Uthmān (1433-1434). Esta oscilación del poder entre las dos líneas se debió indudablemente a la manipulación de la sucesión por los oficiales del reino y, en particular, por el kayghamma. Los cronistas no dejan ninguna duda en cuanto a al gran poder ejercido por el kayghamma en esa era. ‘Abd Allāh b. Umar fue destronado por el kayghamma, ‘Abd Allāh Daghalma, quien colocó en su lugar al Dawudí Ibrāhīm b. Uthmān; pero después de la muerte de este último, el kayghamma reinstaló a ‘Abd Allāh b. Umar. Al menos durante veinte años, los amos reales de Bornu fueron así los jefes militares y no los príncipes de sangre real.

Quizás no es accidental que la creciente influencia de los oficiales y en particular de los kayghamma, comenzó a hacerse sentir precisamente durante el reinado de Bir (Uthmān), en un tiempo en que la amenaza exterior representada por los Bulala había sido conjurada. Una vez que las hostilidades hubieron finalizado, fue tentador para los jefes arquitectos del reino consolidado dirigirse ahora a aumentar su influencia con la dinastía reinante. Ellos eran demasiado débiles –y probablemente demasiado desunidos- como para intentar sustituir el gobierno de los Sēfuwa por el suyo propio. No obstante, mediante la explotación de las divisiones existentes entre los grupos dinásticos para sus propios propósitos, ayudaron a revivir al crisis dinástica que pudo haberse establecido con éxito después del largo reinado de Bir (Uthmān).

Durante los siguientes veinte años continuó la confrontación directa entre los Dawudíes y los Idrisíes. Dunama b. Bir (1434-1438) atacó a Kaday b. Uthmān y reconquistó el reino para los descendientes de Idrīs. Dos hermanos –Muhammad b. Matala y ‘Amr b. A’isha bint Uthmān- le sucedieron, pero sus dos reinados combinados duraron menos de dos años antes de que los Dawudíes retornaran al poder. No se sabe en qué circunstancias Muhammad b. Kaday (1439) sucedió a ‘Amr, pero es probable que se impusiera por la fuerza. Fue también sucedido por sus dos hermanos, Ghadjī b. Imāta (1439-1444) y Uthmān b. Kaday (1444-1449). El último fue derrotado por ‘Alī Ghadjideni, con el que los Dawudíes cesaron de existir como poder político. El gran conflicto dinástico, que había desgarrado el país durante casi un siglo terminó así con la completa victoria de los Idrisíes.

Sin embargo, ‘Alī Ghadjideni, hijo de Dunama b. Bir, no estaba necesariamente seguro de la sucesión. Al parecer, dos miembros mayores de su línea tenían pretensiones más fuertes.  ‘Alī Ghadjideni, de hecho, no accedió al trono hasta después de ‘Umar b. ‘Abd Allāh (1449-1450) y Muhammad b. Muhammad (1450-1455). Debe suponerse que durante la prolongada lucha entre los Dawudíes y los Idrisíes los dos grupos dinásticos llegaron a estar fuertemente estructurados y que la sucesión colateral, mediante seniorato, hasta el último miembro superviviente de cada generación, había llegado a vincularse tanto a una norma que incluso el conquistador de los Dawudíes no podía quedar exento de ella.

No obstante, la importancia de su reinado (1455-1487) puede medirse por el hecho de que vio la transformación de las normas de sucesión a favor de sus descendientes directos, su hijo Idrīs Katakarmabe (1487-1509) y su nieto Muhammad b. Idrīs (1509-1538). Después de un largo periodo de problemas, la vuelta a la sucesión patrilineal debe haber parecido a los habitantes de Bornu volver a la edad dorada.
  
8. Kanem-Bornu desde Ali Ghadjideni hasta Idris Alawoma (1455 -1564)

Hacia 1472, ‘Alī Ghadjideni construyó la fortaleza de Birnin Gazargamu en el tridente de los ríos Yobe y Gana. Esta se convirtió finalmente en la capital de los Sēfuwa y permaneció como tal  a través de todo su gobierno en Bornu. Varios establecimientos fortificados más fueron fundados probablemente por el mismo tiempo.

‘Alī Ghadjideni es recordado como un vivificador del Islam ya que intentó eliminar, al menos en el grupo gobernante, el sincretismo que se había llegado a ser común entre los Sēfuwa. También intentó encontrar un gobierno islámico adecuado. Continuando las tradiciones de sus predecesores y en respuesta al fervor islámico del periodo, Alī se rodeó de ‘ulamā’ (eruditos musulmanes) cuyo consejo buscaba en cualquier decisión importante. Dos de ellos eran Ahmad b. ‘Abd al-Kuwwata, su Ķādī al-Kabīr (juez principal), y Masbarma ‘Umar b. Uthmān, su Wazir e Imām principal.

Muchos de los todopoderosos campeones habían reducido sus poderes. Especialmente los kaighamma y los yerima (gobernador de las provincias septentrionales) quienes, durante el periodo de crisis, ponían y quitaban reyes a su antojo. Puede haber sido bajo el reinado de ‘Alī Ghadjideni cuando se creó la división del harem real con sus cuatro esposas titulares y un número de concubinas titulares. El oficio de chiroma (presunto heredero) pudo haber tenido sus orígenes en este periodo.

Durante su peregrinación en torno a 1484, se dice que ‘Alī Ghadjideni había sido investido como el Khalifa de Takrur por el pretendiente Abbasí ‘Abd al-‘Azis b. Ya’qūb. Desde esta época en adelante los soberanos de Bornu se consideraron khalifas, una pretensión que vino a ser aceptada por muchos eruditos y gobernantes en el Bilād al-Sūdān.

Las políticas de ‘Alī Ghadjideni fueron continuadas por su hijo y sucesor Idrīs b. ‘Alī llamado Katakarmabe (1487-1509) que consolidó sus ganancias e intentó expandir el estado. Pero durante cincuenta años o más Katakarmabe y sus sucesores se enfrentaron a muchos retos que distrajeron su atención de sus objetivos expansionistas.

El primer problema de los Sēfuwa era la reanudación de los ataques Bulala tras la muerte de ‘Alī Ghadjideni. Los Bulala parecen haber estado determinados a frustrar el desarrollo político y económico en Bornu y Katakarmabe tuvo que enfrentarse a un ataque Bulala tan pronto como se convirtió en Mai. No solo les derrotó sino que entró victoriosamente en Ndjimi la anterior capital Sēfuwa que, no obstante, nunca fue reocupada. Tras concluir un tratado con los Bulala, Idrīs retornó a Bornu. Fue, no obstante una paz de corta vida y los conflictos intermitentes continuaron bien entrado el reinado de Idrīs Alawuoma (1564-1596).

Otro problema para los reyes Sēfuwa era la emergencia de muchos estados tanto en la cuenca del Chad como en otros lugares del Sudán. Esto obligó a los Sēfuwa a cambiar o modificar sus programas para pactar con estados individuales.

A principios del siglo XVI numerosos reinos pequeños habían surgido en la cuenca del Chad junto al borde meridional de Bornu. Estos incluían Bagirmi, Mandara, los estados Kotoko, los Bolewa septentrionales de Daniski, los Yamta y los Margi. Tal desarrollo potencialmente peligroso atrajo la atención del rey. Muchos estados fueron atacados y forzados a reconocer alguna forma de hegemonía Sēfuwa. Pero más a menudo los Sēfuwa intentaron entrar en alguna forma de relaciones pacíficas con los estados nacientes. Los mencionados arriba tenían registros de temprana cooperación son los Sēfuwa y la intención del rey debe haber sido usar a los estados emergente en la construcción de un sistema económico regional. La mayoría estaban animados a desarrollar sus propias economías y establecer un comercio regular con Bornu. A través de esta asociación los estados emergentes absorbieron la mayoría de la cultura de Bornu, que puede haber contribuido a su rápido desarrollo.

En el mismo periodo muchos estados emergieron también en Hausaland. Katsina y Kano pronto se desarrollaron como el término de la ruta transahariana y puestos comerciales de la ruta oeste-este por la que el oro de Akan y Kola fueron llevados a Bornu. En el Sahara, hubo un ligero cambio de la ruta transahariana cuando Agades se desarrollo y suplantó a Takedda como puesto comercial principal.

Bornu debió haber reaccionado a esos desarrollos. La nueva ruta de comercio entre Hausaland y Bornu pronto se hizo insegura para los viajeros por las incursiones de los Ngizim y los Bedde así como por los Bulala. Debió haberse gastado mucha energía en salguardar la ruta, aunque fue solo durante el reinado de Idrīs Alawuoma que el problema se alivió. El problema de la ruta comercial y la cuestión del control de los nuevos establecimientos que pronto se desarrolló a lo largo de la ruta pudo haber contribuido a los conflictos entre Mai Idrīs Katakarmabe y los dos reyes de Kano, ‘Abdullāhī (c.1499-1509) y Muhammad Kisoki (c.1509-1565).

Bornu también debió haber tenido que ajustarse al cambio de la ruta transahariana. Bornu tenía relaciones desde hace mucho tiempo con Takedda pero ahora debe haber querido controlar Agades, en particular enfrente del creciente poder Songhay. En 1501 y 1515 el Askiya Muhammad de Songhay (c.1493-1528) mandó expediciones militares contra Agades con la intención de colocar el área bajo influencia Songhay. El resultado no queda claro pero en torno a 1532 se dice que Bornu había enviado su propia expedición militar que logró dominar la ciudad. No obstante, la aparición de Kebbi bajo Mohammadu Kanta (c.1516-1554) frustró los esfuerzos tanto de Songhay como de Bornu. Los problemas de Agades continuaron molestando a los reyes Sēfuwa durante casi todo su gobierno.

El periodo desde en torno a 1480 hasta 1520 fue un periodo de activa islamización en Bilād al-Sūdān. En el este, el sultanato Fundj, que fue fundado hacia 1504, pronto adoptó el Islam. En Hausaland muchos eruditos de Mali, África del Norte, Egipto y los oasis saharianos visitaron el área durante este periodo, contribuyendo todos a la propia islamización del área. En el lejano oeste, Songhay alcanzó la preeminencia bajo Askiya Muhammad, cuyo gobierno coincidió con el fervor islámico en el área. Es de interés destacar que Askiya Muhammad durante su peregrinación a La Meca (c.1496-8) reclamó ser –y fue- investido como Khalifa de Takrur, igual que Mai ‘Alī Ghadjideni había hecho diez años antes.

El fervor religioso en este periodo presentaba una oportunidad a los reyes de Bornu. El hecho de que los mais Sēfuwa hubieran sido musulmanes desde el siglo XI; que ‘Alī Ghadjideni hubiera sido investido Khalifa unos diez años antes que el Askiya, quien solo parecía que había disputado abiertamente el título; y que los gobernantes de Bornu se rodeaban tradicionalmente de reputados estudiosos tendió a dar al mais una ventaja sobre los otros soberanos. La crónica que Masbarma ‘Umar b. ‘Uthmān escribió para Idrīs Katakarmabe y la crónica tardía escrita  por el Imam Ahmad b. Fartūwa para Idrīs Alawuoma parecen haber sido intentos para justificar las pretensiones califales del mais. El declive y colapso de Songhay más avanzado el siglo, estableció finalmente la primacía de la pretensión de Bornu. 

Bornu estaba convirtiéndose también en un gran centro de enseñanza visitado por estudiosos procedentes de Bilād al-Sūdān y otras partes del mundo musulmán. El que la pretensión de los reyes de Bornu fuera aceptada por muchos eruditos contribuyó en gran medida a establecer la fundación de la influencia cultural de Bornu en muchos estados. En Hausaland, esos procesos debieron haber sido en gran parte responsables de la introducción del pago de regalos regulares (gaisuwa o tsare en Hausa) al Khalifa de Bornu por los soberanos musulmanes en Hausaland.

Desde el reinado de Idrīs Katakarmabe, existen algunos documentos de relaciones comerciales y diplomáticas entre los Sēfuwa y las autoridades que controlaban el litoral norteafricano. En torno a 1512 Katakarmabe envió una misión diplomática y comercial a los españoles –que recientemente habían ocupado Trípoli- para renovar lazos comerciales. Las relaciones comerciales con cualquiera que controlara el área continuaron bajo los reyes siguientes. Cuando los Otomanos se establecieron en el Maghreb, Dunama b. Muhammad en torno a 1555 envió una embajada que se estableció con Tighurt Pasha un tratado de ‘amistad y comercio’ que se renovó continuamente por los gobernantes siguientes. Fuertes lazos deben haberse establecido con Egipto que se encontraba en la ruta del peregrino de Bornu. Hay huellas de relaciones comerciales, aunque la información es todavía muy fragmentaria.

Los hijos y nietos de Katakarmabe heredaron el problema de la incursión Bulala y el de los estados emergentes. Hubo también la guerra Kebbi-Bornu (c.1561) sobre el control de Agades, que parece haber perdido Bornu.

9. El reinado de Idris Alawoma (1564-1596)

a) El establecimiento de una fuerte economía regional y un sistema político centralizado y la aparición de los Kanuri, c.1564-77.

La mayoría de los estudiosos están de acuerdo con que Bornu alcanzó su apogeo durante el reinado de Idrīs b. ‘Alī, apellidado póstumamente Alawoma (1564-1596). Los primeros doce años de su reinado están descritos en un panegírico por su Imam, Ahmad ibn Fartūwa. En el interior fue visto como un innovador militar y administrativo y un islamizador, y en los asuntos exteriores como un diplomático experto que era comparable a los más importantes líderes musulmanes de su día.

Su objetivo principal como rey parece haber sido la realización de los objetivos de sus ancestros, a saber, la construcción de un fuerte sistema económico y político. Se hicieron intentos por primera vez para traer toda la provincia metropolitana firmemente bajo el control del mais. La caballería, que era el pilar del ejército, fue reorganizada. Hubo también un cuerpo de armas de fuego turco que se había desarrollado bajo sus predecesores. Se cuenta que habían sido construidos barcos más grandes para facilitar el cruce de los ríos. Fue con tal fuerza que Alawoma lanzó sus conquistas.

La mayoría de los grupos hostiles que rechazaban ser persuadidos u obligados a la sumisión eran continuamente atacados hasta que se rendían. Esos incluían los Ngafata, los Talata, los Dugurti, los Maya, los Ngizim y los Bedde. A algunos, como los Mukhulum, que se sometieron a través de una derrota, se les permitió retener sus hogares bajo la promesa de un tributo en cereal. Otros, como los Ngafata, los Talata y los Dugurti, que eran considerados inmanejables, eran expulsados de la provincia metropolitana.  

En el lugar de los expulsados, otros grupos –mayormente de Kanem- eran traídos y asentados. Una de las contribuciones más significativas de Alawoma fue los cambios demográficos a gran escala que efectuó en la provincia metropolitana. Esto y el matrimonio interracial a gran escala con esclavas capturadas durante los conflictos o intercambios con estados satélites como Mandara y Bagirmi, contribuyeron al desarrollo y expansión del grupo Kanuri dentro de la provincia metropolitana.

En Bornu meridional grupos disidentes como los Gamergu fueron contenidos a través de una serie de ribats (fortalezas fronterizas) y se concertaron acuerdos formales con soberanos de estados-satélites como Mandara y Bagirmi para expediciones militares conjuntas contra los disidentes.

Tras la pacificación e integración de la mayoría de la provincia metropolitana, Idrīs Alawuoma volvió su atención a Kanem para resolver finalmente la amenaza que suponía para Bornu. Tenía tres líneas de acción: destruir completamente la fortaleza militar y la base de poder de los Bulala: intentar destruir la base económica del estado de Kanem; y transferir tantos grupos como fueran posibles a Bornu.

Alawoma emprendió varias expediciones a Kanem en la que los Bulala fueron derrotados y continuamente devastados. Otros grupos, como los Kananiya que apoyaban a los Bulala, también fueron atacados sin piedad hasta que se debilitaron. Durante una de las expediciones, tres de los valles más productivos de Kanem fueron saqueados, algunas de las más importantes ciudades situadas allí, como Ikima, Aghafi y Ago, fueron destruidas y la población trasladada y establecida en Bornu. Los grupos de Kanem tomados y establecidos en Bornu incluían los Tubu, los Koyam, los Kulu y los árabes Shuwa. Los Kulu y los árabes Shuwa, que eran ambos propietarios de ganado, se establecieron a lo largo de las costas meridionales del lago Chad y al oeste de la provincia metropolitana. Los Tubu se establecieron en el margen del desierto, tanto por razones estratégicas como para participar en la producción de sal.

Hacia 1580, Alawoma había logrado la mayoría de sus objetivos y el estado de Kanem estaba dividido, por acuerdo común, entre Bornu y los Bulala, aceptando los últimos alguna forma perdida de control por Bornu.

b) Reformas Internas

Alawoma parece que hizo una peregrinación a La Meca en 1571. A su vuelta intentó introducir una serie de reformas para alinear al país con otros estados islámicos. Intentó, aparentemente si éxito, separar las funciones de la judicatura de las del ejecutivo. No obstante, logró establecer una corte de apelación donde ‘los hombres sabios y los imams mantuvieron disputas ante el Amir ‘Alī relacionadas con los puntos dudosos de la ley y el dogma’. La corte atrajo numerosos norteafricanos y otros estudiosos, que le dieron un carácter cosmopolita.

c) El ascenso de una fuerte economía regional

Las conquistas de y los cambios demográficos bajo Idrīs Alawoma, así como otras reformas, llevaron al surgimiento de una fuerte economía regional basada en la provincia metropolitana, un área de unos 20.000 kilómetros cuadrados.

En el este había pesca a gran escala junto a las costas del lago Chad por los Buduma y Kanembu, mientras que las buenas tierras de pasto atrajeron a gran número de nómadas de Kanembu, Shuwa y Fulbe dedicados a la cría de ganado. El natrón y la sal eran producidos por los Kanembu y Buduma sedentarios. Surgieron importantes centros urbanos, incluyendo Mungono, Kauwa, Burwa y Ngurno.

En el oeste del país existían también grandes depósitos de natrón, que eran trabajados por los Manga y los Tubu. En el sur había gran concentración de pueblos granjeros incluyendo los Ngizim y los Bedde. Esta área recibía gran cantidad de inmigrantes y los muchos centros urbanos que se desarrollaron allí, incluyendo Nguru Ngilewa, Mashina Kabshari y Maja Kawuri, eran más cosmopolitas que sus homólogas orientales.

Birnin Gazargamu y sus alrededores formaban un tercer centro económico. Situada en la ruta comercial que atravesaba el país de este a oeste, Birnin Gazargamu también era el término para la ruta carvanera Bornu-Kawar-Trípoli así como para la ruta principal que conectaba el área con Hausaland. Así, la ciudad fue el centro nervioso de la economía del país y su mercado mayor atraía muchos comerciantes extranjeros. En el fértil e irrigado valle de Yobe hubo una dura concentración del emergente grupo kanuri que se habían asentado en muchos centros urbanos además de Birnin Gazargamu.

El desarrollo de las industrias básicas llevó al establecimiento de las de apoyo tales como cerámica, telares, trabajo del cuero, tinturas y transporte.

El comercio del natrón y la sal se extendían a la costa atlántica, Hausaland, la cuenca del Volta y hacia el norte hasta Azbin y Adrār. La salazón de pescado se comerciaba dentro del país y con Mandara, Hausaland y los oasis saharianos. Esclavos, eunucos, cueros, marfil, perfumes, buenas pieles y oro se enviaban a través del Sahara hacia el norte de África y Egipto. A cambio, arreos de caballos, armadura, cobre, bronce y otros bienes llegaban de Europa y Norte de África para ser distribuidos en Bornu y otras partes del Bilād al-Sūdān.

Desde el reinado de Alawoma varios pueblos alrededor de la cuenca del Chad fueron animados aparentemente a participar en actividades comerciales. Ya hemos mencionado a los Tubu y los Koyam. Los Kotoko y Mandara parecen haber llegado a Kano; los comerciantes de Komboli procedentes de Bagirmi se establecieron en el valle de Zamfara; mientras los Tubu bajo los Kadella se asentaron en Zaria. Significativamente, se hace referencia a todos ellos como Bornuanos y deben haber ayudado a expandir la emergente cultura de Bornu en Hausalnad y otras áreas. Fue a través de su economía regional, su control del comercio y su primacía en el Islam que Bornu llegó a dominar los asuntos del Bilād al-Sūdān durante este periodo.

El mais interfirió poco en el comercio mismo, limitando su papel a proporcionar protección al hacer las rutas seguras de merodeadores, como los ´Ngizim y los Tuareg, y a entrar en acuerdos con los gobiernos saharianos y norteafricanos para asegurar el flujo comercial tanto a nivel estatal como individual. Era en la organización del mercado donde el gobierno Sēfuwa estaba más envuelto –para animar a los comerciantes y obtener ingresos. En la capital y en otros centros principales, los Wasili (comerciantes norteafricanos) fueron reconocidos como invitados del gobierno. Se les asignó un wasiliram (cuartel especial) y un Zanna Arjinama (título oficial) cuidaba sus asuntos. En los mercados, el Mala Kasuube supervisaba ventas e intentaba garantizar la justicia y el juego limpio durante las transacciones comerciales más importantes. Cada profesión o artesano tenía su propia cabeza nombrado por sus miembros y reconocido por el gobierno. Estos ayudaban a Mala Kasuube en la administración del mercado y en la recaudación de ingresos.

d) Las relaciones diplomáticas de Idrīs Alawuoma con los sultanes de Turquía y Marruecos.

Las relaciones diplomáticas de Alawoma con los Otomanos y los Sa’ādī gracias al descubrimiento de algunos documentos ha recibido la atención de varios estudiosos. No obstante, debido a la unilateralidad de los documentos –tiene que ver principalmente con respuestas enviadas por Alawoma- la compresión de esas relaciones aún no es completa. Sin embargo, las pruebas mustran como incorrecta la sunción general de que el principal objetivo de Alawoma era obtener armas.

Las relaciones Bornu-otomanas comenzaron con la llegada de los últimos al Maghreb. Aproximadamente desde 1549 –cuando los otomanos tomaron el control de Fezzān – hasta en torno a 1570, esas relaciones parecen haber sido cordiales. No obstante, hacia 1571 el tributo anual de Fezzān a los otomanos subió súbitamente de los normales 1140 mithkals de oro hasta los 3000. Esta prepotente acción otomana desafortunadamente coincidió con un periodo de hambre, y esos dos sucesos forzaron a mucha gente a emigrar a Hausaland y Bornu. Los oficiales otomanos en Fezzān forzaron a los que se quedaron, muchos de ellos gente mayor, a pagar la suma adicional entre ellos. Varias expediciones de saqueo se enviaron contra muchas fortalezas en los oasis del Sahara con el pretexto de tomar esos impuestos que se evadían. Incluso los peregrinos de Hausaland y Bornu eran detenidos y forzados a pagar, y las propiedades de los que morían durante la peregrinación eran confiscadas.

Debe haber sido en 1571 cuando Alawoma fue a La Meca, obteniendo así información de primera mano de la situación. Ciertamente, esto fue cuando viajó a Kawar para recibir la sumisión y quejas del pueblo de Jado que estaban probablemente entre las víctimas otomanas.

El interés de Bornu en Fezzān y los intereses de los mais en la seguridad de la ruta, tanto para peregrinación como para comercio, deben haber obligado a Alawoma en torno a 1574 a enviar una embajada de seis hombres a Estambul con tres demandas específias: una garantía de seguridad de vida y propiedades para todos los viajeros de Bornu en territorio otomano; gestión adecuada o en su defecto, la cesión a Bornu de todas las fortalezas recientemente al sur de Fezzān, incluyendo Guran; y la cooperación entre los dos poderes en el trato a los problemáticos Tuareg y cualquier otro poder que perturbara la paz en el área. No parece haber estado entonces ninguna mención o solicitud de armas.

La respuesta del sultán Murād III, fechada el 5 de mayo de 1577, estuvo de acuerdo con todas las solicitudes de todas las fortalezas al sur de Fezzān excepto la cesión de la fortaleza de Guran –la cual, sin embargo, prometió que en adelante sería gestionada adecuadamente. Las cartas dse enviaron a los gobernadores generales de Tripolitania y Egipto y a los oficiales de distrito de Fezzān contándoles las peticiones de Alawoma y ordenándoles cumplirlas. Desde entonces en adelante, las cordiales y beneficiosas relaciones comerciales y diplomáticas continuaron entre los dos poderes.

Además, la pretensión de que el único propósito de la embajada enviada por Alawoma al sultán al-Mansūr de Marruecos hacia 1583 era solicitar armas puede no ser cierto.

La victoria marroquí en Kasr al-Kabīr en 1578 fue saludada generalmente como una victoria ideológica para el Islam sobre la Cristiandad. Hubo delegaciones de felicitaciones de Bornu y todos los poderes musulmanes principales: Argel, los otomanos y Songhay. Además, Alawoma debió haber temido también una propuesta expedición conjunta Otomano-Sa’adī que pudiera haber tenido a los oasis saharianos o incluso el Sudán como objetivo. Parece que Alawoma, habil diplomático, animó a frustrar esa empresa proyectada al sugerir en su lugar una expedición Bornu-marroquí a los oasis del Sahara, una vez más en un estado de inseguridad. El resultado de esta embajada, de acuerdo con las fuentes marroquíes, fue que Alawoma aceptó la pretensión de al-Mansūr de ser el Khalifa de la época como precio de sus demandas.

Contrario a la visión de algunos autores, las negociaciones debieron haber satisfecho en gran medida a ambas partes. Marruecos habría ganado el que uno de los poderes líderes en el Sudán hubiera reconocido el Califato de al-Mansūr, reforzando así sus demandas sobre Songhay. Para Alawoma valía la pena pagar el precio si prevenía una acción otomano-marroquí –ya fuera real o supuesta-1 contra Bornu o cualquier otra área donde tuviera interés.

Hasta ahora poco se sabe sobre los restantes quince años del reinado de Idrīs Alawuoma. Probablemente estuvo ocupado en consolidar sus reformas e innovaciones en Bornu. Hacia el fin de su reinado un problema de primera magnitud debió hacer sido el rápido desarrollo de los estados Mandara y Bagirmi. Mandara no solo abandonó sus acuerdos más antiguos con Alawoma con respecto a expediciones conjuntas contra los Gamergu sino que también comenzó a estimular zonas de amortiguamiento entre él y Bornu. Alawoma fue obligado a dirigir varias expediciones contra Mandara, la mayoría de las cuales tuvieron éxito. En Bagirmi, ‘Abdullāh b. Lubetko (c.1561-1602), a pesar de que probablemente había conseguido el trono con ayuda de Bornu, comenzó a crear problemas. Fue durante una campaña contra ‘Abdullāh cuando se dice que Alawoma había sido asesinado por un Gamergu.

La muerte de Idrīs Alawuoma, contrario a la visión de algunos autores, no llevó al colapso del imperio de Bornu. De hecho fue, durante el gobierno de sus cuatro sucesores inmediatos (c.1596-1677), cuando se consolidaron las conquistas más tempranas y la maquinaria administrativa finalmente tomó forma. Fue también en ese tiempo cuando los Kanuri finalmente emergieron como grupo étnico con una cultura distinta.

10.  La cultura social y material de los Kanuri

El término Kanuri probablemente entró en uso a principios del siglo XVII. Se refiere al grupo étnico dominante de Bornu sobre el que se basaba el poder de los reyes Sēfuwa. Fue producido por los matrimonios mixtos de los pueblos y culturas de los inmigrantes Magumi de Kanem y los hablantes chadianos de Bornu –un proceso, como se destaca más arriba- acelerado por las actividades de Idrīs Alawuoma. Dentro del grupo Kanuri mismo había muchas distinciones sub-étnicas, pero no es nuestro objetivo aquí entrar en tales detalles. Fue la cultura Kanuri la que formaba la base de una cultura bornua que se expandió más allá de la provincia metropolitana cuando los Kanuri viajaban fuera o cuando otros grupos adoptaban la cultura Kanuri a través de la dominación o asociación económica o política o a través de la islamización.

La mayoría de los Kanuri vivían en aldeas en recintos que contenían varias chozas redondas bien de estructura de madera, bien de muros de barro y las casas de hombres con ingresos estaban normalmente rodeadas por altos muros de barro. La mayoría de ciudades y pueblos son en forma de U, en medio de la cual el dandal (calle principal) que corría de este a oeste, llevaba al palacio del gobernador local, próximo a la mezquita principal.

En Birnin Gazargamu y en algunas de las ciudades más grandes, las casas eran generalmente rectangulares con muros de barro y cubiertas planas. Los palacios reales en Birnin y Gambaru, sus mezquitas principales y las residencias de los dignatarios importantes estaban rodeadas por impresionantes murallas de ladrillo cocido, uno de los rasgos distintivos de la cultura kanuri desde mediados del siglo XVI hasta principios del siglo XVIII.

Un típico kanuri se distinguía por el lenguaje y la apariencia física. Tanto hombres como mujeres tenían marcas verticales distintivas en cada mejilla. Una chica soltera llevaba su cabello en un jurungul (corona). Las mujeres comían nueces de kola y manchaban sus dientes con flores de tabaco. Generalmente llevaban gimaje (largos vestidos de algodón teñido) y las mujeres de distinción llevaban un kalaram (turbante). Los hombres llevaban tobe (grandes vestidos de algodón bien abiertos ya sea simples o teñidos de azul). Los hombres de clases altas llevaban una multiplicidad de vestidos de costosos tejidos importados, y a finales del siglo XVIII llevaban turbantes muy grandes, costumbre que parece haber sido tomada de la práctica otomana del siglo XVIII.

El matrimonio era uno de los rasgos distintivos de la cultura Kanuri que, si adecuadamente estudiados, revelaría los abundantes elementos que entraron en su formación: rito islámico y prácticas Magumi y de Bornu. El nyia (contrato de matrimonio) mismo se hacía bajo ritos islámicos pero ceremonias anteriores y posteriores al matrimonio delataban otros rasgos culturales. Un ejemplo de ellos es el kalimbo barata cuando los amigos de la novia entraban en el monte para recoger ramas de kalimbo, árbol de espinas con el que el novio y su mejor amigo debían ser golpeados. Otro era el kalaba, la ceremonia final del matrimonio, que comprendía la lectura del Kur’ān junto con lo que parece haber sido alguna ceremonia de iniciación preislámica.

La sociedad Kanuri estaba altamente estratificada. En general estaba dividida en dos clases, los Kontuowa (clase gobernante o nobleza) y el tala’a (plebeyos) y ambos grupos tenían varias divisiones. La diferencias de habla, vestido, mobiliario del hogar, arquitectura y residencia distinguían las clases y sus subdivisiones. El estatus estaba basado en la afiliación, ocupación, nacimiento, edad y residencia. La movilidad ascendente se conseguía a través de la obtención de más riqueza, asociación con la clase gobernante u obteniendo una profesión de alto rango.

El énfasis en las relaciones inferior-superior era un importante aspecto de la cultura sociopolítica de los Kanuri. Se requería siempre que una clase inferior mostrara a su superior respeto en público. Además, un inferior social tenía que cumplir nona (visitas respetuosas) a la casa de su padre social por las que se suponía que ejecutaba cualquier encargo requerido de él. El superior correspondía al proporcionar a su inferior sus necesidades básicas y al proteger y avanzar sus intereses en la sociedad. Una baza socioeconómica y política más valiosa de los Kanuri, de acuerdo con Cohen, fue probablemente tener una extensa cantidad de pueblo dependiente de y subordinado a él.

Como ya se ha indicado, el Islam fue una de las bases de la cultura Kanuri. El Islam fue profundamente enraizado en la vida cotidiana e incluso había penetrado en el tejido del folclore Kanuri. Gran parte del vocabulario técnico del Islam había sido tan “Kanurizado” que su significado original ha sido modificado. Por ejemplo, la palabra kasalla (que siginifica lavado de cualquier tipo incluso de animales) ha sido adoptada de la palabra árabe sallah (oraciones).

Por este tiempo Bornu era un centro de aprendizaje que atraía gran cantidad de estudiantes y profesores visitantes desde el Bilād al-Sūdān, África del norte y Oriente Medio. Bornu se especializó en tafsir (comentarios sobre el Kur’ān) en lenguaje kanembu y el arte de escribir el lenguaje de Bornu en carácteres árabes debe de haberse desarrollado por el siglo XVII.

Había dos tipos de estudiosos. Los primeros eran los portadores de los oficios islámicos del estado –los imams, los kādīs, los mainin kinendi (consejeros islámicos y legales del mai), los Talba (cabeza de la policía y magistrado), khazin (tesorero) y el wazir. Esos eran los grandes ‘ulamā que ayudaban al mai a ejecutar el gobierno islámico y sus posiciones eran hereditarias y restringidas a unas pocas familias eruditas dirigentes. Supuestamente los grandes estudiosos eran sabios y piadosos pero como ocuparon oficios institucionalizados y estuvieron así asociados con los poderes mundanos llegaron a estar alejados progresivamente de los estudiosos no cortesanos que les criticaban por apoyar la bid’a (innovación religiosa) y las ada (tradiciones del país) por razones de conveniencia política.

Los más austeros estudiosos vivían lejos de la corte y la ciudad en malamti (familias eruditas) en las áreas rurales donde enseñaban y extendían la religión. Durante el tiempo de los Sēfuwa la mayoría de esos estudiosos eran apoyados y patrocinados por los reyes que también daban a muchos de ellos mahrams. Fueron ellos quienes ayudaron a extender el Islam en las áreas rurales de la provincia metropolitana y más allá de los estados vecinos. No obstante, fueron también ellos quienes produjeron la primera crítica intensiva al gobierno Sēfuwa.

La mayoría de los reyes Sefuwa intentaron mejorar sus poderes no solo a través de patrocinar a los ‘ulamā’ sino a través de una muestra hacia el exterior de piedad y en convertirse en erudito en sus propios derechos. Esta actitud –que en parte parece haber sido un intento de de reforzar los poderes sobrenaturales pre-islámicos de los gobernantes, ya que el conocimiento proporcionaba a su titular una reputación por tener acceso a los poderes sobrenaturales- fue adoptada por muchos soberanos vecinos que aceptaron

El mai era la cabeza de la familia real institucionalizada, la suprema cabeza del estado y el larde kangema (propietario nominal de la tierra). Fue el símbolo de la unidad y continuidad del estado. Como Amīr al-mu’minīn (comandante de la fe) era el líder de todos los musulmanes y el árbitro final tanto en asuntos privados como públicos en materia de justicia.

Muchos de los atributos sagrados de los reyes pre-islámicos parecen haber sobrevivido en el periodo islámico. El mai estaba todavía en gran medida aislado, apareciendo solo en público en un fanadir (jaula), y el pueblo no podía hablarle directamente. Los estudiosos musulmanes parecen haber realzado los atributos sagrados del rey.

El mai era seleccionado de entre los maina príncipes elegibles, pero la sucesión no siempre era suave. Desde el tiempo del mai Idrīs b. Ali (c.1677-1696), o antes, los reyes parecen haber recurrido a la eliminación de los candidatos rivales –un hábito que aprendieron probablemente de los otomanos.

Los otros miembros de la familia real consistían en las cuatro esposas titulares del rey, las concubinas, los príncipes y las princesas, la magira (reina-madre) y la magram (hermana oficial del rey). La gumsu (esposa principal del rey) era responsable de la administración del palacio; la magira era la titular de la mayor serie de feudos en el reino y tenía el derecho al gran santuario; la magram generalmente supervisaba la cocina de los alimentos del rey.

La mayoría de los príncipes residían fuera del palacio y sus actividades estaban estrictamente controladas, aunque a algunos se les daba feudos. Los más importantes de esos eran el chiroma (presunto heredero) y el yerima (gobernador de las provincias del norte) que era siempre un maidugu (nieto de un rey previo) que significaba que no podía reclamar el trono.

El más alto consejo de estado era el majlis, que normalmente estaba presidido por el rey y estaba compuesto de notables religiosos y militares. La mayoría de los consejeros musulmanes ya mencionados así como los comandantes militares eran miembros. También incluía poderosos esclavos de los mai, algunos de los cuales eran eunucos. El majlis examinaba todos los grandes asuntos de estado. La noguna (corte del mai), que estaba compuesta de todos los notables de la capital, se reunía diariamente. examinaba todos los grandes asuntos de estado.

Las ciudades, aldeas y unidades étnicas estaban agrupadas en chidi (feudos) y todos los oficiales importantes del estado eran chima (titulares de un feudo). Los chima eran responsables del mantenimiento del orden en sus feudos, de la recaudación de los impuestos, y del reclutamiento de las tropas para el ejército. El mai podía confiscar, reducir o redistribuir feudos enteramente a su antojo. A nivel local, el pueblo estaba gobernado por mbarma o bulala.

Los ingresos de los Sefuwa incluían el zakat (limosna obligatoria), dibalram (peajes de carreteras), kultingo (tributo) y botín de guerra.

11. La Edad de Oro en Bornu: el siglo XVII

El siglo XVII –no el XVI como tradicionalmente se pretendía- debería ser considerado como la edad de oro de Bornu.

Fue durante el reinado de ‘Umar b. Idrīs (c.1619-1639) que las oficinas del galadima de Nguru y el alifa de Mao en Kanem se establecieron como vasallos semiautónomos para tener el cuidado de las marcas occidental y oriental respectivamente, del estado. Estados tapón se establecieron junto a la franja de desierto en Muniyo y Mashina como barrera frente a los ataques Tuareg sobre la provincia metropolitana. Este fue el periodo en que ‘Abd al-Karīm ben Jame (c.1611-1655) fundó Wadai –sin duda con la bendición de Bornu, ya que Wadai comprobó por un tiempo el expansionismo de Bagirmi. Como con los otros estados vecinos, Wadai cayó dentro de la órbita política, cultural y comercial de Bornu.

Las relaciones diplomáticas y comerciales con el litoral mediterráneo entraban en uno de sus periodos más dinámicos. El comercio llegó a ser tan activo que en torno a 1636 Muhammad Sakizli (c.1633-1649) de Trípoli escribió al mai ‘Umar que ambos junto al sultán de Fezzān, lo monopolizarían completamente- una aventura que después de algunos años resultó ser imposible. Las relaciones con Egipto deben haber sido buenas, a través del comercio y porque Egipto se encontraba en la ruta de peregrinación. Probablemente fue durante este periodo cuando cosechas tales como maiz, tomates y papaya fueron introducidas en Borno desde el litoral mediterráneo, particularmente Egipto.

Hacia el siglo XVII, en concreto en el reinado de ‘Alī b. ‘Umar (c.1639-1677), Bornu se había convertido en el poder dominante en el Bilād al-Sūdān. No solo era el centro de aprendizaje y culturasino también el controlador de todas las fuentes fácilmente accesibles de sales minerales –en Muniyo, Bilma y alrededor del lago Chad. Sus estrechas conexiones comerciales con la costa mediterránea llevaron a su dominación de la redistribución de las importaciones mediterráneas a los estados del Sudán central. Estuvo también en posesión de un fuerte economía regional en casa. Los  mais era reconocido como los líderes indiscutibles de los estados islámicos de la región y Bornu era conocida por todo el área como el cuarto sultanato del mundo islámico. La mayoría de los estados parecían haberse colocado voluntariamente bajo la protección del Khalif (califa), para beneficiarse de su baraka (bendición) y obtener los bienes que necesitaban. Fue la erosión general de este sistema lo que llevó al declive y colapso final de los Sefuwa.

Los reyes  de finales del siglo XVII y la primera mitad del XVIII intentaron mantener el sistema que habían heredado y parecen haber hecho su trabajo bien. La mayoría de lo que las tradiciones orales que consideran el Bornu clásico están basadas en el sistema Sefuwa tal como existía en el siglo XVIII.

12. La Crisis de finales del siglo XVIII.

Con el reinado de ‘Alī b. Dunama (c.1747-1792) Bornu entró en un periodo de crisis que culminó en la jihad del siglo XIX.

En Bornu occidental, los Bedde intensificaron sus incursiones sobre las rutas comerciales a Hausaland, mientras en el norte los Tuareg de Agades estaban apurando sus incursiones. Todo esto precipitó el cambio hacia el sur del grupo Manga.

En Bagirmi, Muhammad al-Amīn (c.1751-1785) se deshizo de la supremacía de Bornu y lanzó una serie de ataques sobre las fronteras orientales de Bornu, mientras Wadai bajo Jawda (c.1747-1795) continuaba su política expansionista hacia Bahr al-Ghazal. Esos ataques pusieron en marcha las migraciones de los Tubu, los Kanembu y los árabes Shuwa en Kanem y la provincia metropolitana, causando así conflictos sobre las tierras de cultivo.

En torno a 1791, Mandara se rebeló, pronto seguida por los estados Sosebalki, y, en torno a 1785, por Gobir.

Enfrentada a la inseguridad, hambres y tierras de cultivo empobrecidas muchos nómadas fulbe abandonaron Bornu metropolitana y se desplazaron a Hausaland, Mandara y Fombina. No obstante, en ninguna parte encontraron la seguridad que estaban buscando, y esto pudo explicar parcialmente s papel dominante en la jihad.

Los eruditos que no pertenecientes a la corte y los musulmanes ordinarios culpaban  de la crisis a la corrupción cada vez mayor de los gobernantes Sefuwa y la incapacidad de los maisjihad estalló los clientes –gobernantes de Hausaland apelaron al mai para que cumpliera con sus obligaciones como khalif y viniera en su ayuda. Que no pedieran y que no pudieran incluso en prevención de su propia expulsión de su capital significaba que el khalif había perdido su primacía. de prevenir el sincretismo creciente entre el pueblo. Cuando la

No obstante, aunque la jihad contribuyó a la pérdida de varios estados vasallos y al fin del gobierno Sefuwa, el sistema que el mais había construido, particularmente en la Bornu metropolitana, sobrevivió, aunque modificado, hasta bien entrado el siglo XX.

Bornu, Kanem y sus vecinos inmediatos en el siglo XVIII


13. El fin de la dinastía Sefuwa y el ascenso de la dinastía al-Kanemi

a) La jihad de Usuman dan Fodio en Hausaland y sus consecuencias en Bornu

Hausaland, al este del territorio de Bornu fue siempre una de las regiones más ricas y densamente pobladas de todo el territorio sudanés, pero entró relativamente tarde en el sistema del comercio transahariano. Demás, hasta el siglo XIX, la historia política de Hausa consistió en rivalidades, en varias combinaciones entre las más poderosas ciudades-estado locales (Kano, Katsina, Zaria, Kebbi y Gobir) o incursiones de los imperios circundantes de Songhay y Bornu. A principio de 1500, Songhay y Bornu también pelearon con los estados hausa para influir sobre la puerta sahariana al comercio a través del desierto, el sultanato Tuareg de Agades en Ahir. Esos conflictos no minaron la prosperidad creciente de Hausaland que se beneficiaba de los comercios transaharianos y atlántico. No obstante, ahora la región se volvió vulnerable a la agresión no solo de fuera sino también, y más fatalmente, de infiltrados externos.

Esos conquistadores internos eran los Fulaníes, movilizados  en una guerra religiosa por uno de sus propios estudiosos, Usuman dan Fodio. Como otros lugares del Sudán Central y Occidental, los Fulaníes de Hausaland habían prosperado del comercio creciente de la región pero también sufrían la continua guerra local. La mayoría de las predicaciones públicas de Usuman, que comenzaron en su Gobir nativo a mediados de los años 70 del siglo XVIII, simplemente pedían a los residentes que ya se llamaban musulmanes que siguieran su fe más seriamente. Pero esas apariciones pronto se transformaron en ataques a los soberanos a los que se achacaba que llamándose musulmanes emplearan para sus juicios prácticas no musulmanas heredadas de sus padres. Pocos después de que comenzara su jihad, Usuman publicó su “kitab al-Farq” (Libro de las Diferencias), que cataloga en gran longitud las malas prácticas de los gobernantes. Entre estos se incluían los impuestos ilegales. Otro cargo imputados a los reyes hausa eran sus continuas cacerías de esclavos, incluso entre los musulmanes libres.

Originalmente Usuman esperaba que Yunfa, soberano de su estado de origen cooperara en conseguir una práctica religiosa ortodoxa y una justicia social. No obstante, el compromiso de los reyes hausa a rituales locales y las necesidades del poder del estado finalmente llevaron a Yunfa, en su lugar, a imponer prohibición a las actividades públicas de Usuman, que éste, a su vez, denunciaba como ataques directos  contra el Islam.  Entonces, Usuman siguió el modelo del Profeta Muhammad durante sus propias disputas con la élite de La Meca e inició una hijra (huida) desde el centro de Gobir hasta Degal, establecimiento rural bajo su control. La jihad real comenzó en 1804, cuando las fuerzas de Yunfa atacaron Degal. Los seguidores de Usuman eran ahora lo suficientemente fuertes para contraatacar y en cuatro años había conquistado Gobir y establecido una nueva capital regional en Sokoto. Cuando el movimiento se expandió más allá de Gobir, su base se incrementó sobre los Fulaníes, que servían como comandantes eruditos (emires), sino también como base militar de pastores.

b) El ascenso de al-Kanemi

La jihad Fulaní fue experimentada en Bornu a través de una serie de levantamientos por los Fulaníes locales, que estaban animados por el líder, Usuman dan Fodio de Sokoto. El mai Ahmad Alimi se quejó a Usuman de que él mismo y la mayoría de su pueblo eran fieles musulmanes y que no fueran atacados, pero el mensaje fue ignorado, y fue incapaz de frenar el avance fulani. Poco antes de su muerte abdicaba en su hijo Dunama VIII Lefiami (1808).
En esa época había un maestro erudito islámico de Kanem que vivía en Bornu llamado al-Hadjdj Muhammad al-Amin ibn Muhammad al-Kanemi. También había tenido un encuentro con los fulaníes en una batalla menor, pero les había derrotado con fuerzas propias. Cuando Dunama oyó esto pidió a al-Kanemi que se uniera a él. Sus fuerzas combinadas vencieron a los fulaníes. Después Dunama le recompensó pródigamente  y volvió a su casa. Importantes ataques estallaron de nuevo en 1809 y de nuevo al-Kanemi fue convocado para derrotar a los invasores fulaníes. En esta ocasión fue recompensado con un extenso feudo en su área natal. Tomó el título de Shaykh y su influencia y reputación se dispararon.

Una facción de los nobles de la corte de Bornu no estaba conforme con la incapacidad de Dunama para controlar a los fulaníes ni con el ascenso de al-Kanemi. En 1810 depusieron a Dunama e instalaron a su tío, Muhammad Ngileruma. Al-Kanemi, que no se llevaba bien con el nuevo mai, conspiró con la facción de Dunama para deponer a Muhammad y reinstalarle (1814). Este acto convirtió a al-Kanemi en el hombre más poderoso de Bornu. Entonces se dispuso a reforzar a sus propios seguidores, llamando a amigos y miembros de su clan para que se le unieran. En 1814 dejó Nguro, su residencia, para construir una capital administrativa en Kukawa, aunque la capital oficial permanecía en la residencia del mai.

Hacia 1820 al-Kanemi era el gobernante virtual de Bornu. En una carta escrita en esa época, expresaba su deseo de renunciar a las preocupaciones mundanas, declarando que no se sentía obligado a gobernar; no obstante, su creencia en una misión divina, le llevó a permanecer en su puesto. Por ese tiempo, raramente consultaba al mai asuntos de estado. Independientemente se alió con Trípoli y recibió apoyo tripolitano. El mai fue persuadido así por su corte para cambiar de amigo. Un plan fue ideado por Burkomanda, gobernante de la vecina Baghirmi, de acuerdo para atacar Bornu. Después de que Dunama y el ejército de al-Kanemi salieran al encuentro de los “invasores”, Burkomanda y Dunama iban a atrapar a al-Kanemi entre los dos. Pero al-Kanemi se enteró del plan y movió sus tropas de manera que Burkomanda atacó por error a Dunama. El mai resultó muerto en la lucha (c.1820) y al-Kanemi instaló al hermano menor de Dunama, Ibrahīm, como gobernante títere.

El oponente principal de Bornu seguía siendo la amenaza fulani. En 1825 al-Kanemi tomó la ofensiva contra los fulaníes dentro de Bornu. El año siguiente penetró en Hausaland, alcanzando casi la ciudad de Kano. Después de su retirada, se estableció una frontera, por acuerdo tácito, reteniendo los fulaníes Bornu Occidental.

La antigua familia real comandaba la mayoría del Bornu Kanuri y extraía sus ingresos de él mientras al-Kanemi comandaba las zonas fronterizas al oeste y sur empleando la caballería de Bornu y enviando una parte de sus rentas al mai. Este arreglo entre el mai y al-Kanemi funcionó por la notable falta de ambición y dogmatismo de éste último. Al-Kanemi ni tenía el urgente compromiso que caracterizaba a los líderes de Sokoto ni atraía alrededor de él hombres con tal sentido de misión. Por tanto él no hizo ningún intento por eclipsar la corte del mai. Mientras al-Kanemi pudo usar la autoridad del mai, que era más grande que los meros intereses regionales, y bastante real como institución alrededor de la cual aglutinar Bornu, el mai pudo también usar a al-Kanemi para sus propios fines porque no poseía el celo reformista que amenazaba destruir al Bornu tradicional.

No obstante, la interdependencia entre el mai Ibrahim y al-Kanemi no sobrevivió a la muerte de éste último en 1837. El hijo y sucesor de al-Kanemi, ‘Umar, intentó minar la autoridad del mai. Esto engendró un antagonismo entre las dos partes y puso fin a veinte años de cooperación que había existido entre el mai y el último Shaykh.

c) Bornu 1850-1880: de la diarquía al Shaykhato

La década 1845-1855 fue especialmente difícil para Bornu, incluso más que lo fue para el Califato Sokoto. Bornu experimentó cambios fundamentales en el sistema político además de las guerras civiles y los desórdenes. El oficio de mai fue abolido y su corte disuelta mientras que el Shaykh ‘Umar se convirtió en el poder supremo en la tierra. Lo que ocurrió fue que para salvar su decreciente autoridad, el mai Ibrahīm en 1846 invitó al sultán de Baghirmi a destruir al Shaykh ‘Umar, pero perdió su propia vida en cambio a manos del Shaykh. El Shaykh también derrotó y mató al mai ‘Ali, el sucesor de Ibrahīm. Después de esto, ‘Umar también entró en problemas con su propio hermano Abd al-Rahman que le depuso. Finalmente fue reinstalado, ejecutó a Abd al-Rahman y continuó gobernando hasta 1881.

Una explicación para esta lucha civil fue la ausencia de cualquier amenaza externa, que permitió que emergieran las rivalidades externas. Mientras Bornu estaba en confusión, Sokoto estaba precisamente al mismo tiempo plagada de revueltas y levantamientos. Un aspecto notable de esos acontecimientos era el fallo de cualquier estado de tomar ventaja de los desórdenes de los otros. Hubo una rápida vuleta a la normalidad después de 1855 en ambos estados.

Por tanto, Bornu estaba unido bajo el Shaykh ‘Umar como cabeza de estado. Todo el poder estaba centralizado en sus manos y lo delegaba en quien él elegía. Esto creó una situación en que la lealtad al Shaykh era un requisito básico para el avance dentro de la estructura política. La competición por  el puesto estaba abierta, sin restricciones por derecho de nacimiento o rango. Por tanto, la corte consistía no solo en miembros de la familia real sino también por notables y oficiales esclavos. La estructura política era marcadamente diferente la manejada por al-Kanemi en la que los oficiales importantes del estado no eran tanto clientes como compañeros.

Hubo también cambios importantes en la economía: Bornu estuvo gradualmente envuelta en la órbita económica del Califato como proveedor de materias primas tales cueros, pieles, marfil, plumas de avestruz, esclavos y natrón, y como consumidor de artículos de lujo con menos ganancias devengadas para el poder que antes. La base productiva de Bornu no se expandió tan rápidamente como la del Califato Sokoto. En consecuencia, el comercio de Bornu aumentó sus deudas. Mientras esos problemas económicos pudieron ser achacados al inadecuado liderato del Shaykh ‘Umar, una causa más fundamental pudo ser la relación de Bornu con la economía expansiva del Califato que relegaba a Bornu relativamente al fondo. La expansión oriental del Califato, y la de Baghirmi y Wadai, al este de Bornu también limitó las oportunidades para la expansión de Bornu. Hacia el fin de este periodo, la estabilidad bajo el Shaykh ‘Umar cedió el paso  cada vez más a la violencia política y el rencor.

El Imperio de Kanem-Bornu en el siglo XIX

‘Umar gobernó hasta su muerte en 1881 y fue sucedido por su hijo Bukar, quien había sido un líder militar fuerte durante el reinado de su padre, sofocando estados tributarios y haciendo muchas fructíferas expediciones en busca de esclavos. Hay una tradición de que estaba en campaña en ala época de la muerte de su padre y que fue llamado de vuelta por su madre, quien temió que no pudiera ser elegido Shehu (=Shaykh) si se encontraba lejos de la capital en ese momento. En el tercer año de reinado  fue incapaz de montar una campaña contra los paganos del sur a causa de que el pueblo, cansado de las incesantes guerras, se suponía que había dejado desatendidas sus convocatorias de alistamiento con el resultado de que en su lugar algunos enviaban solo un esclavo, otros un hijo y otros nada. En respuesta se suponía que Bukar había recaudado un impuesto sobre la totalidad de todas las pertenencias del estado, que incrementó su impopularidad e hizo los almacenes de palacio más ricos de lo que los habían dejado cualquier otro Shehu. Murió más tarde al año siguiente (1884) justo cuatro años después de asumir el cargo.


Parece haberse acordado por todos los nobles y oficiales que Abba Masta, hijo de Shehu Laminu, es decir, tío paterno del monarca fallecido, sucedería a Bukar. Evidentemente pensaban que Abba Masta se convertiría en Shehu a la muerte de ‘Umar y se suponía que todos los implicados en la elección habían jurado sobre el Kur’an que elegirían, de hecho, a Abba Masta. No obstante, esa noche la madre de Ibrahim, hijo del Shehu ‘Umar y hermano menor de Bukar, fue a todas las casas de los interesados en la elección y les pagó grandes cantidades de Gursu (táleros Maria Teresa). Al día siguiente Abba Masta estaba sentado esperando en su casa recibir a los que le iban anunciar su regencia, pero Ibrahim fue proclamado Shehu en su lugar, y toda la casa real y nobles titulados salieron a la casa de Ibrahim para jurar alianza al nuevo monarca, todos excepto Abba Masta que rehusó y acusó a toda la corte de ser paganos, ya que habían jurado sobre el Kur’an que sería él y no Ibrahim el nuevo Shehu.

Después de reinar menos de un año, el Shehu Ibrahim murió en 1885. Su tío Abba Masta, rechazó primero reconocerle y había huido de la capital. El Shehu envió mensajeros prometiéndole su seguridad si volvía a Kukawa, lo cual hizo; pero a pesar de estas garantías se supone que Abba Masta habría sido asesiinado por orden del Shehu poco después de volver. Ibrahim fue sucedido en 1885 por Hashimi o Ashimi, su hermano menor, que gobernó hasta ser asesinado en 1893, un año que iba a traer al tragedia a Bornu.

Es necesario considerar los acontecimientos que tuvieron lugar al este de Bornu, que traerían la guerra y la derrota del reino. Rabīh Fadl Allah, lugarteniente de al-Zubayr Pasha (señor de la guerra y traficante de esclavos, nombrado Pasha y gobernador de Bahr al-Ghazal en 1872 por el Khedive Isma'il), lideró el ejército personal de Zubayr en su conquista de Darfur en 1874 hasta la encarcelación de al-Zubayr por el Khedive y la ejecución de su hijo por las fuerzas egipcias bajo Gessi Pasha en 1879. Rabīh reunió los restos de los soldados esclavos de al-Zubayr y armados con rifles, mosquetes, y unos pocos cañones los enroló en un ejército leal a su persona. Primero saqueó el país Azande, donde estableció un sultanato desde 1880 a 1884 antes de trasladarse al oeste con su basinqir (tropas esclavas) para distanciarse del ejército egipcio en el Bahr al-Ghazal. Rabīh barrió Dar Banda en 1882 y al siguiente año ocupó Dar al-Kuti y Dar Runga hasta ser derrotado por las fuerzas del sultán de Wadai. Se retiró a Dar al-Kuti y Dar Runga, donde alistó sistemáticamente la población en sus regimientos esclavos o los vendió y su marfil para armas de fuego y munición. En 1892 su ejército de 20.000 basinqir armados destruyó el estado vecino de Baghirmi y ocupó la rica región agrícola entre el Shari y los ríos Logone. El año previo su lugarteniente principal, Muhammad al-Sanusi, había masacrado la misión francesa de Paul Crampel que subía por el Ubanghi bajo los auspicios del Comité de l’Afrique Francaise que iba a abrir relaciones con los sultanes de los estados sudaneses antes de cruzar el Sahara hasta Argelia. No tenía deseo de provocar a los franceses, y consecuente con su política  de alejarse de cualquier autoridad que no fuera la suya, marchó al noroeste en Bornu. Entre 1884-1896 sus basinqir derrotaron al Shehu Hashimi que huyó al oeste, y destruyó su capital en Kukawa.  Hashimi fue asesinado por su sobrino Kiyari, hijo del Shehu Bukar (1881-1884), que asumió el liderato de Bornu y ofreció una exitosa resistencia frente a la invasión de Rabīh. No obstante, éste frenó su propio ejército en fuga y aplastó a los kanuri que, buscando el saqueo, se habían apresurado en campo enemigo sin estar preparado para otra batalla. El poder de los Shehus de Bornu llegó a su fin por el momento. Rabīh intentó varias veces obtener de Kiyari un compromiso de alianza, pero éste siempre o rechazó, y finalmente fue ejecutado. Kukawa fue saqueada y quemada, y un gran número de miembros de la familia real de Bornu junto con sus seguidores huyeron a los anteriores estados vasallos al norte y oeste de Bornu.

Hacia 1896 Rabīh era el gobernante de Bornu desde su capital en Dikwa, al sur del lago Chad, y por primera vez en su carrera se estableció allí como sultán de un reino sudanés para planear ulteriores conquistas en el oeste (a Kano y Sokoto), con lo que probablemente habría tenido éxito de no ser por aparición de los franceses.

La política francesa ni era sistemática ni formulada en Paris, pero era conformada por el caucus colonial en la Cámara de los Representantes, los intereses comerciales, y las sociedades científicas y geográficas organizadas todas por el Comité de l’Afrique Francaise para promover a Francia en el exterior. Más decisivos en la política fracesa sobre África no eran los ciudadanos en Paris sino los ambiciosos oficiales franceses en el Sudán occidental, los officiers soudannais. Aunque Rabīh había saqueado el África central desde 1880, no había despertado la atención de los franceses hasta 1893. Desde entonces, su paradero, vivo o muerto, siguió sin estar claro hasta 1896 cuando Emil Gentil, un oficial naval con un rango insignificante, ensigne de vaisseau, dejó Brazzaville para establecer una presencia en el bajo río Shari y el lago Chad. Gentil no estaba solo. A la vuelta del siglo, Francia, Gran Bretaña y Alemania estaban activas enviando expediciones al interior africano para ocupar ocupar las esferas delimitadas para ellos en el mapa de África en Europa antes de que cualquier intruso pudiera robar territorio sin asegurar. El imperialismo en África central era una carrera a lo largo de los radios de una rueda de imperio; su centro de operaciones era el lago Chad, cuyas costas eran gobernadas por nada menos que Rabīh Zubayr.

Las otras dos expediciones francesas habian sido lanzadas para consolidar las pretensiones francesas en el Sahara y el Sudán y luego para encontrarse con Gentil en el lago Chad. La misión centroafricana, liderada por el capitán Paul Voulet y el teniente Charles Chanoine, marchó al este deesde Say sobre el Níger en enero de 1899,  dejando una franja de sangre y destrucción a través de Hausaland que igualaba los estragos de los basinqir de Rabīh. El teniente coronel Klobb, enviado a toda prisa para detener su masacre, fue muerto por órdenes de Voulet, y la brutalidad continuó cuando avanzaron sobre Zinder hasta que sus tirailleurs (africanos, la mayor parte del Senegal, reclutados para servir en el ejército del África Occidental Francesa) se amotinaron y dispararon a Voulet y Chanoine. Los restos de esta malograda misión fueron reorganizados, y lograron luchar sobre el lago Chad para unirse a la misión Foureau-Lamy el 18 de febrero de 1900.

El Comite de l’Afrique Française organizó otra misión científica, dirigida por el experimentado explorador sahariano Fernand Foureau. De hecho la expedición bajo el mando del mando del mayor François Lamy, llevaba una fachada filantrópica para romper la independencia histórica de los Tuareg, presionar sobre el lago Chad, y reunirse con Voulet y Gentil para  arrolalr cualquier oposición africana. Lamy y sus tiradores derrotaron a los Tuareg pero no los sometieron. Su determinado pero muy disminuido contingente encontró los restos de la misión centroafricana de Voulet en la costa oriental del algo Chad para marchar al sur, donde la expedición combinada estableció un campamento en la orilla derecha del Shari opuesta a Guelfi el 24 de febrero de 1900. Cruzaron el Shari para capturar Rouseri, fortaleza de Rabīh en la confluencia de los ríos Shari y Logone a 50 kms. del lago Chad. El 20 de abril, Emil Gentil llegó a Kusseri como administrador francés. Su expedición estaba cansada, diezmada por la enfermedad, y Rabīh Zubayr masacró su guardia avanzada bajo Henri Bretonnet en las colinas Niellim en julio de 1899. pero por abril de 1900 la cita francesa estuvo completa.

La pérdida de Kusseri fue el principio del fin para Rabīh Zubayr. Gentil autorizó al mayor Lamy apara tomar el mando de las tres misiones francesas y destruir a Rabīh Zubayr. La batalla comenzó al amanecer del 22 de abril de 1900. Los tiradores atacaron la estacada de Rabīh en Lakhta a tres millas de los muros de Kusseri y finalizó a principios de la tarde cuando la cabeza cortada de Rabīh Fadl Allah fue traida al moribundo Lamy para ser llevada en un palo a través de Kusseri. Su cuerpo fue arrojado al Shari. Su hijo Fadl Allah continuó la lucha, pero también fue batido por los franceses al año siguiente.

14. El periodo colonial y la fundación del emirato moderno de Bornu

A continuación los franceses instalaron a la antigua dinastía al-Kanemi y se colocó a 'Umar Sanda Kura, hijo mayor del Shehu Ibrahīm, en el poder. Rápidamente fue expulsado, al no poder pagar las indemnizaciones exigidas por los franceses y reemplazado por su hermano menor Ali Bukar Garbai como nuevo Shehu de Dikwa. En 1902 los británicos se instalan en Bornu para establecer su autoridad que ellos sentían amenazada por la presencia francesa, y se instalaron en Maiduguri. Poco después Garbai dejaba Dikwa (1902), con un extenso cuerpo de las anteriores tropas de Rabīh para ser instalado por los británicos como Shehu de Bornu. Se desconoce qué sedujo al Shehu a regresar a Bornu. Quizá a causa de que se disgustó con los franceses o porque deseaba volver a Kukawa, la ciudad de sus antepasados, o porque la masa de los Kanuri estaban en Bornu. De todos modos, el retorno de Garbai marca el comienzo del nuevo reino kanuri en versión siglo XX. En Dikwa los franceses entronizaron a un primo de Garbai, Umar Sanda Mandarama, y así se inició la separación de la dinastía al-Kanemi. Bornu estaba dividido ahora en dos entidades políticas tradicionales, el emirato de Dikwai y el emirato de Bornu, cada uno dominado por una potencia colonial. Después de 1902 los alemanes establecieron sus guarniciones en Dikwa y las tropas francesas se replegaron a su fuerte en Kusseri. La región quedó bajo control administrativo alemán hasta 1915 cuando los franceses reconquistaron el Camerún situado más al norte. El emirato de Dikwa fue entregado a los británicos en 1916 y se convirtió en territorio bajo mandato de la Sociedad de Naciones en 1921. Finalmente, a la muerte de Umar (II) Sanda Kura b. Ibrahīm de Bornu, en 1937, ambos emiratos se unieron en la persona de Umar III Sanda Kiarimi b. Muhammad II al-Amin Kiyari, muerto en 1967.

 

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Notas:

Patrilinaje. Linaje o grupo de filiación unilineal, en el que todos los miembros se consideran descendientes por vía agnada de un antepasado común, que puede ser real o ficticio.

Cronología de los soberanos de Kanem y Bornu
Genealogía de las dinastías Sefuwa y al-Kanemi

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