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jueves, 26 de enero de 2012

Los Qarakhaníes de Transoxiana y Kashgaria (850-1212)


(traducido del Capítulo 6, The Karakhanids, de E.E. Davidovich, incluido en la History of Civilizations of Central Asia, Vol. IV de M.S ASIMOV y C.E. BOSWORTH, publicado por UNESCO Publishing)

1. La Conquista de Transoxiana por los Qarakhaníes: la división en apanages.

[nota del traductor: la palabra appanage en inglés y frances tiene su equivalente en la palabra española "infantado", pero me pareció más oportuno dejar el anglicismo, ya que "infantado" está quizá desprovisto del sentido de soberanía a que se hace referencia en los repartos familiares de los reinos Qarakhaníes; con todo más abajo se cita la definición para aclarar el término]

La confederación de tribus turcas presentes en Kashgar y Semirechye en los siglos IX y X estuvo gobernada por una dinastía que aparece en la literatura como Ilek Khans o Qarakhaníes. Los datos aportados en las fuentes, considerando la composición de esta confederación y el origen de la dinastía misma son contradictorios y han dado lugar a varias hipótesis. No obstante, es probable que la dinastía procediera de las tribus Yaghma o Chigil.

Los enfrentamientos entre los Samaníes y los Qarakháníes comenzaron a ocurrir en el s.IX. Los Samaníes avanzaron incluso una pequeña distancia al este en el interior de las tierras de los pueblos turcos. En 840 tomaron Isfijab y construyeron murallas alrededor para proteger las cosechas de sus habitantes de las incursiones de los nómadas. Sin embargo, Isfijab no fue un mero puesto de avanzada; el activo comercio con los nómadas también fue llevado allí y la ciudad contuvo muchos bazares y puestos de descanso para los mercaderes de caravanas. Comerciantes de Bukhara, Samarcanda y otras grandes ciudades de Transoxiana construyeron posadas de caravanas separadas para sí mismos.  No obstante, de manera significativa, Isfijab permaneció la mayor parte del tiempo como posesión independiente de la dinastía turca local, que solo debió tres obligaciones a los Samaníes: servicio militar, la presentación de regalos simbólicos y la inscripción del nombre del emir samaní como soberano en sus monedas. Los nombres de varios miembros de esta familia turca que gobernó Isfijab en el s.X son conocidos de las leyendas de las monedas y de las fuentes manuscritas. En una fecha posterior, en 893, el samaní Isma’il b. Ahmad tomó Taraz, antigua posesión de los Qarakhaníes, y convirtió la iglesia cristiana en una mezquita; Taraz fue otro importante puesto de comercio para intercambios con los nómadas turcos.

A mediados del s.X, los Qarakhaníes mismos adoptaron el Islam y lo declararon religión de su sociedad tribal. Comenzaron a tomar nombres musulmanes y, más tarde, títulos honoríficos musulmanes (alqab; pl. de laqab). Pero los títulos de reinado que transmitían la posición real o formal de sus titulares en la jerarquía dinástica eran turcos: Khan y Kaghan (Kara Khan y Kara Kaghan), Ilek (Ilig), Tegin, etc. Los nombres de animales eran un elemento regular en los títulos turcos de los Qarakhaníes: así Arslan (león), Bughra (camello), Toghan (halcón), Böri (lobo), Toghrul o Toghril (ave de presa), etc. Los Qarakhaníes  posteriores también empezaron a usar los títulos sultan y sultan al-salatin (sultán de sultanes). Los títulos de los miembros de la dinastía se modificaron con sus posiciones cambiantes, normalmente hacia arriba, en la jerarquía dinastía.

En la década final del s.X, los Qarakhaníes comenzaron una sistemática lucha contra los Samaníes  por el control de Transoxiana. Como musulmanes que ya habían tenido contactos con la cultura islámica de Transoxiana, sabían que uno de los principales emblemas del poder, proporcionando prueba material del control de una ciudad, región o estado, fue la acuñación de moneda en su propio nombre. Es por ello por lo que las monedas que hacen su aparición con los primeros éxitos de los Qarakhaníes representan un indicador muy importante para su historia política.

La conquista de Transoxiana fue iniciada por dos primos, Ali b. Musa (cabeza de la dinastía; titulo: Kara Khan o Arslan Khan) y Hasan b. Sulayman (titulo: Bughra Khan). Pritsak propone referirse a las familias de esos dos primos como “Álidas y Hasanies”, y su nomenclatura es mas conveniente para una consideración de la historia posterior de los Qarakhaníes, ya que las relaciones entre esas dos familias determinaron los sucesos de ese tiempo.

El siguiente relato de la conquista es proporcionado por las fuentes escritas  y numismáticas. La primera campaña fue dirigida por Hasan b. Sulayman Bughra Khan. Los Qarakhaníes  tomaron Isfijab en 380/990, Ferghana en 381/991-2 e Ilaq, Samarcanda y la capital Samani, Bukhara, en 382/992. Esos éxitos militares fueron celebrados con un gesto político: la acuñación de monedas en nombre de Bughra Khan. Habiendo caído enfermo en Bukhara, viajo a Samarcanda y desde allí partió para Kashgar, pero murió en el camino en 382/992. Los soberanos Samaníes  volvieron a Bukhara y tomaron el control de las regiones centrales de Transoxiana, donde los Qarakhaníes  retuvieron parte de las regiones nororientales y orientales. La iniciativa paso entonces a la familia de Ali b. Musa. Uno de sus hijos, Nasr b. Ali, jugo un papel activo particular; en 386/996 conquisto la región de Chah, en 387/997 Samarcanda y en 389/999, sin encontrar resistencia, también tomo la capital, Bukhara.

Hubo dos razones para la rápida y sin esfuerzo victoria de los Qarakhaníes. La primera fue que los miembros de las estructuras militar y burocrática del estado samani, que ejercían un gran poder, lucharon entre ellos mismos y también, a veces, contra la cabeza de la dinastía. Los soberanos vasallos de Khwarazm, Khurasan y Tukharistan habian llegado a ser virtualmente independientes y tomaron parte en los conflictos intestinos, a veces del lado de los Samaníes  y a veces contra ellos. Un nuevo estado había emergido de ese modo, el de los Ghaznawies. En esta compleja situación, el soberano samaní era incapaz de concentrar todas sus fuerzas en la lucha contra los Qarakhaníes. Segundo, los Qarakhaníes  eran musulmanes, y su llegada represento simplemente un cambio de soberanos en la cúspide del gobierno en un tiempo en que muchos pueblos eran infelices con los Samaníes  y contemplaban la esperanza de privilegios nuevos y ventajas bajo los Qarakhaníes. Ciertos destacados representantes de la clase militar y burocrática asistieron a los Qarakhaníes, y los dibqanes (grandes terratenientes) también se pusieron de su parte. El populacho, por otra parte, observaba el cambio de dinastías con indiferencia.

No parece haber dudas de que los Qarakhaníes  recompensaron generosamente a los que les ayudaron. Un caso típico es el de Begtuzun, que se había alzado al puesto más alto bajo los Samaníes  y había decidido el destino del trono en más de una ocasión. Cuando los Qarakhaníes  alcanzaron Bukhara en 999, Begtuzun se unió a su causa y, como su vasallo, continuo gobernando varias ciudades incluyendo Kish (acuñación de moneda 399-402/1008/1012) y Khujand (acuñación de moneda 415/1024/5). La posición de los dibqanes de Ilaq fue reforzada bajo los Qarakhaníes. Desde el año 992 en adelante la acuñación de moneda para la región se refiere a los dibqanes, los gobernantes directos de Ilaq, como vasallos. Eso fue un privilegio que no habían disfrutado bajo los Samaníes .

El estado Samani exhibió varios rasgos prominentes durante su primer periodo (hasta c.1040). Primero, existía la idea de la integridad del estado, que encontró expresión en el reconocimiento del cabeza de la dinastía y se reflejó en las referencias hacia el en las leyendas de las monedas como soberano. Segundo, hubo una división del estado en “apanages”, (entendiendo por tales aquellos territorios que se separaban del total de una propiedad a modo de sustento de los hijos segundones y que quedaban en situación de vasallaje o bajo la autoridad del heredero o hermano mayor), que carecían de fronteras estables a causa de las querellas internas. Una tercera característica fue la estructura jerárquica del poder político, que se reflejó en el diferente “valor” de los títulos. Por ultimo, existieron los derechos económicos corrientes -a uno y al mismo apanage, a veces nominal, y a veces real- de varios miembros de la dinastía.

Cuatro hijos de Ali b. Musa (Ahmad, Nasr, Mansur y Muhammad) mantuvieron sus propios apanages independientes dentro del estado Qarakhaní; dos de ellos (Ahmad y Mansur) se convirtieron, uno tras otro, en cabeza de la dinastía tras la muerte de su padre en 388/998. El primero en hacerlo así fue Ahmad b. Alí (no Nasr b. Alí, como creían muchos historiadores). Ahmad, al que las fuentes escritas musulmanas no hacen prácticamente referencia, adoptó el título de su padre (Kara Kaghan) así como el título Toghan Khan, pero Nasir al-Haqq Khan se encuentra más a menudo en las monedas. Su propio apanage estaba localizado en Semirechye, pero también retuvo Chach. La ciudad principal del apanage y capital del estado Qarakhaní en ese momento era Balasaghun (así en las fuentes musulmanas), por otra parte referida como Quz Urdu o Ulugh Urdu (Mahmud Kashgari). El cabeza dinástico no vivía en la ciudad sino en un campamento militar cercano (ordo, urdu); las tradiciones nómadas y modo de vida de los Qarakhaníes eran aún muy fuertes en ese tiempo. Los estudios paleográficos nos proporcionan dos posibles interpretaciones de las leyendas en las acuñaciones de moneda en la capital: Qara Urdu y Quz Urdu. Pritsak hace un estudio especial de la cuestión del simbolismo del color turco y concluye que los cuarteles de la cabeza dinástica cerca de Balasaghun eran ciertamente llamados Qara Urdu. Kashgar, en ese tiempo, y posteriormente, estaba en manos de los Hasaníes. Desde 395/1004/5 Yusuf Qadir Khan (hijo de Hasan Bughra Khan) acuñaban moneda regularmente allí en su propio nombre con el título malik al-mashriq (Rey del Este).

La más influyente y mejor conocida figura fue el álida Nasr b. Alí (conquistador de la Transoxiana). Aunque sus títulos eran modestos (inicialmente Tegin y más tarde Ilek), mantuvo un vasto, rico y prestigioso apanage que comprendía las áreas centrales de Transoxiana (Samarcanda, Bukhara, etc), Ferghana y también, en ciertos periodos, otras áreas y ciudades. La ciudad principal en su apanage era Uzgend en Ferghana. Nasr b. Ali era, en la práctica, un gobernante independiente pero formalmente reconocía a su hermano, Ahmad b. Alí, como cabeza de la dinastía. Ambos aparece en la mayoría de las monedas del apanage de Nasr como soberano y vasallo (con el énfasis sobre la independencia de Nasr, no obstante). Hay ejemplos de propiedad económica conjunta, incluyendo el de la rica ciudad y región de Khujand: los hermanos compartían los ingresos de este dominio. Ahmad y Nasr también transfirieron el control de ciudades individuales y regiones en sus enormes apanages a otros individuos (alguno de los cuales no eran miembros de la dinastía) como sus vasallos.

Tras la muerte de Nasr b. Ali en 403/1012-13, su apanage fue disuelto. Una extensa parte cayó para el cabeza de la dinastía, pero sus otros hermanos también se pusieron en acción. Mansur b. Ali, quien, de acuerdo con la numismática, había asumido el augusto título de Arslan Khan en vida de Ahmad, tomó la capital Balasaghun y otras ciudades. Este acto, evidentemente, llevó a un estado de guerra entre ellos, y se reconciliaron solo como resultado de la mediación de el Khwarazm Shah Ma’mun. Sin embargo, en contra de toda tradición de gobierno de la jerarquía de títulos, el título de Khan fue durante un cierto tiempo llevado por tres Qarakhaníes: los álidas, Ahmad y Mansur, y el Hasaní Yusuf b. Hasan (en Kashgar).

Entre los sucesos de política exterior del periodo durante el que Ahmad b. Alí fue el cabeza de la dinastía, debería hacerse mención de la guerra contra los pueblos turcos “infieles” al noreste y al este de las fronteras del estado Qarakhaní, y también de las relaciones con los Ghaznawíes al suroeste y el sur. A continuación del primer enfrentamiento, obtuvo el título de Ghazi (luchador por la fe). En una fecha posterior (no antes de 403/1012/13), los turcos paganos invadieron los dominios de los Qarakhaníes y casi alcanzaron la capital Balasaghun, pero muchos Ghazi voluntarios, incluyendo algunos de los estados musulmanes vecinos, respondieron a la llamada de Ahmad b. Alí, que repelió a los invasores y ganó una brillante victoria, tomando prisioneros y un vasto botín. Las noticias de esta gran victoria se extendieron a través del mundo musulmán, de ahí las detalladas y exageradas referencias encontradas en las fuentes (los datos para esta campaña varían).

Las relaciones con los Ghaznawíes no fueron estables, y los hermanos Ahmad y Nasr dirigieron políticas externas independientes. Nasr y Mahmud de Ghazna primero acordaron que el Oxus (Amu Darya) se consideraría como la frontera entre sus dos estados. No obstante, Nasr intentó en dos ocasiones expandir su apanage hacia el sur a expensas del territorio Ghaznawí. Ahmad, por otra parte, contó con una alianza con Mahmud de Ghazna, cuando las relaciones con su hermano empeoraron.

Después de la muerte de Ahmad b. Ali en 408/1017-18, su hermano Mansur b. Ali, se convirtió en cabeza nominal de la dinastía, con el título de Arslan Khan; más tarde (después de 415/1024-5), la supremacía pasó a los Hasaníes. Es importante enfatizar que no había delimitación precisa del territorio entre los Álidas y los Hasaníes durante el  primer periodo (a pesar de que el representante de la familia era el cabeza de la dinastía). Algunos Hasaníes mantuvieron apanages en Transoxiana y se declararon vasallos de los Álidas. Otro rasgo significativo de la época fue el desarrollo posterior de la estructura jerárquica de poder y propiedad económica conjunta, es decir, el reparto de los ingresos del mismo apanage entre varios miembros de la dinastía. Este proceso puede trazarse estrechamente en las acuñaciones de los Qarakhaníes. Podemos considerar como ejemplo las monedas de la ciudad de Akhsitath desde 409/1018-119 a 1024-1025. El cabeza de la dinastía en ese tiempo fue Mansur b. Alí Arslan Khan, que es calificado como soberano en esas monedas. El gobernante de la ciudad durante esos años era su hermano Muhammad b. Alí Ilek, que en un tiempo cedió algunos de sus derechos e ingresos a uno de sus sobrinos, Ahmad b. Mansur (acuñación de los años 409-10/1018-20), en otro tiempo a un segundo sobrino, Muhammad b. Nasr (acuñación de los años 413-15/1022-25), y en una tercera ocasión a ambos conjuntamente (acuñación del año 412/1021/2). El año 415/1024-25 parece haber sido el más pleno de incidentes: los dos propietarios anteriores conjuntamente, Muhammad b. Alí y su sobrino Muhammad b. Nasr, fueron unidos por el hijo de éste último, Abbas. El cabeza de la dinastía, el Álida Mansur b. Alí Arslan Khan, murió ese mismo año: el Hasaní Toghan Khan II (=Muhammad b. Hasan) aparece entonces en las acuñaciones como soberano, mientras los Álidas Muhammad b. Nasr y su hijo Abbas figuran como propietarios conjuntos de Akhsitath.

Incluso antes de que Muhammad b. Hasan Toghan Khan II se convirtiera en cabeza de la dinastía Qarakhaní, otro miembro de la misma familia, Alí Tegin (= Alí b. Hasan) jugó un papel extremadamente activo en la región central de Transoxiana. Las fuentes escritas y las monedas proporcionan una gran abundancia de información sobre él. Habiendo sido aprisionado por el cabeza de la dinastía, el Álida Mansur b. Alí Arslan Khan, Alí Tegin escapó de su cautividad (no más tarde de 411/1020-1) para tomar el control de Bukhara y varias ciudades y regiones más. Tras la muerte de Mansur b. Alí, extendió sus dominios aún más allá. La paz no reinaba entre los Hasaníes en ese tiempo. Ali Tegin se alió con su hermano Muhammad Toghan Khan II (cabeza de la dinastía), en oposición a su otro hermano Yusuf Qadir Khan (largo tiempo establecido como gobernante de Kashgar), que buscaba convertirse en el cabeza de los Qarakhaníes. Yusuf Qadir Khan formalmente consiguió sus ambiciones, pero la Transoxiana central permaneció en manos de Alí Tegin hasta su muerte en 426/1034-5 y luego fue traspasado a sus hijos.

Mahmud de Ghazna también intervino en las luchas internas entre los Qarakhaníes. De acuerdo con las fuentes, las quejas sobre Ali Tegin por parte de los habitantes de la región proporcionaron el pretexto para la campaña de Mahmud contra Transoxiana. Mahmud mismo se desagradó cuando Alí Tegin supuestamente no permitió el paso a sus enviados hasta Yusuf Qadir Khan en Turkestán Oriental. La razón real para unir a Mahmud y al Qarakhaní Qadir Khan, no obstante, fue la amenaza existente por el fortalecimiento de la posición de Alí Tegin. Los aliados se reunieron en el año 416/1025 al sur de Samarcanda, intercambiando regalos de gran valor y decidieron unir fuerzas para arrancar Transoxiana del dominio de Alí.

Mahmud aplastó a sus aliados turcomanos, y Alí entonces abandonó Bukhara y Samarcanda; Su bagaje fue saqueado en la huida. Aunque Mahmud de Ghazna no consolidó esos éxitos militares y volvió a su capital, había logrado muchísimo. En lo sucesivo, ningún Qarakhaní representó una amenaza; sus fuerzas servían de contrapeso de uno contra otro, aunque el balance de fuerzas en el estado Qarakhaní continuó siendo un asunto de interés incluso después de la muerte de Mahmud.




2. Los Dos Khanatos Qarakhaníes; la política de Ibrahim b. Nasr Tamghach Khan

La formación de los dos estados (Khanatos) marcó un hito en la historia de los Qarakhaníes, Barthold anota de pasada que Ibrahim b. Nasr estableció un estado independiente en Transoxiana pero es extremadamente reservado sobre la fecha de este suceso, suponiendo que Ibrahim pudiera haber gobernado aún como vasallo en Bukhara en 433/1041-2. Prisak fue el primero en dar una consideración especial detallada a esta cuestión. Esencialmente, su visión es que a continuación de la muerte del cabeza nominal de la dinastía, Yusuf Qadir Khan en 424/1032, dos de sus hijos asumieron los más altos títulos: Sulayman b. Yusuf en Balasaghun y Kashgar se convirtió en Arslan Khan, y Muhammad b. Yusuf en Taraz e Isfijab tomó el título de Bughra Khan. Dos hijos del Álida Nasr b. Alí se separaron completamente de los Hasaníes: Muhammad b. Nasr se convirtió en el gobernante de toda Ferghana, con su residencia en Uzgend y el título de Arslan Khan, mientras Ibrahim b. Nasr se estableció en el centro de Transoxiana. El proceso de partición culminó en el año 433/1042-3: un Khanato Oriental se formó con su capital en Balasaghun (más tarde Kashgar) y un Khanato Occidental con su capital en Uzgend (más tarde Samarcanda) . El cabeza de cada Khanato llevaba el título de Arslan Khan, y los Khanes asociados de segundo rango el título de Bughra Khan.

Los Estados de Asia Central a principios del siglo XI

Este concepto, en apariencia ordenado, no concuerda con alguna de las fuentes escritas o con alguna de las evidencias numismáticas. En realidad, el estado independiente de los Qarakhaníes Occidentales fue creado de una manera totalmente diferente. Muhammad b. Nasr nunca fue cabeza de ese estado ni llevó el título de Arslan Khan. Por otra parte, Ferghana no constituyó el corazón ni Uzgend la capital del Khanato Occidental. Muhammad b. Nasr (más conocido como ‘Ayn al-Dawla) fue siempre el titular de un apanage y un vasallo, bien de sus parientes más cercanos, los Álidas, bien de los Hasaníes más distantes. Entre los años 411/1020-1 y 447/1055-6 las monedas que llevan su nombre aparecen en varias ciudades de Ferghana, en Khujand y en Ilaq. Por ejemplo, cuando el cabeza de la dinastía de todos los Qarakhaníes era su tío Mansur b. Alí Arslan Khan (hasta 415/1024-5), Muhammad b. Nasr controlaba Uzgend (la ciudad principal de Ferghana) y Akhsitath, reconociendo a sus dos tíos Mansur b. Ali y Muhamad b. Alí como soberanos. Incluso en términos económicos no estaba en plena posesión de esas ciudades, ya se veía obligado a compartir los ingresos con otros miembros de la dinastía. En el año 415/1024-5, cuando los Hasaníes se convirtieron en cabezas dinásticos, Muhammad b. Nasr reconoció su soberanía y retuvo el control de ambas ciudades durante un cierto tiempo. En 431/1040 tuvo lugar una célebre batalla entre Ghaznawíes y Saldjuqíes cerca de Dandanqan; los Saldjuqíes resultaron victoriosos, y Khurasán pasó a sus manos. Entonces ellos informaron a los siguientes Qarakhaníes de su victoria: a los dos Khanes de Turkistán (es decir, los hermanos Sulayman b. Yusuf y Muhammad b. Yusuf), a los hijos de Ali Tegin en Transoxiana y también a los hermanos de la familia Álida, Böri Tegin (esto es, Ibrahim b. Nasr) y ‘Ayn al-Dawla (es decir, Muhammad b. Nasr). El estado Qarakhaní aún estaba formalmente unido; la familia Hasaní disfrutaba de clara preponderancia política, aunque dos hijos de Nasr b. Alí, Muhammad (su vasallo) e Ibrahim (que ya había participado en un conflicto contra ellos), eran bien conocidos para el mundo exterior y eran tenidos en alta estima.

Cuando el Khanato Qarakhaní se escindió en dos Khanatos independientes, Ferghana cayó dentro de las fronteras del Khanato Oriental, es decir, dentro de la influencia de los Hasaníes. Ambos Hasaníes –Sulayman b. Yusuf Arslan Khan y Muhammad b. Yusuf Bughra Khan- aparecen como soberanos en las monedas de una serie de ciudades allí (Uzgend, Kuba, Marghinan y Akhsikath) en el año 440/1048-9. La parte norte de Ferghana (Akhsikath) pertenecía al último y el sureste (Uzgend, Kuba) al primero, aunque esas fronteras no eran rígidas. Los Hasaníes también tenían sus vasallos en Ferghana. Muhammad b. Nasr ‘Ayn al-Dawla era uno de los vasallos de Sulayman b. Yusuf Arslan Khan y tenía algunas de las ciudades allí en apanage (no se sabe si en momentos determinados controló ciudades como Kuba y Marghinan). Muhammad b. Nasr permaneció como titular de un apanage, un vasallo y nada más, hasta el final de su vida.

La carrera política del otro hijo de Nasr b. Alí, Ibrahim b. Nasr (el Böri Tegin de las fuentes escritas), fue muy diferente. Böri Tegin estuvo durante algún tiempo prisionero de los Hasaníes (los hijos de Alí Tegin en Transoxiana). Escapando para unirse a su hermano en Uzgend, se desplazó más tarde al sur a las montañas, donde reunió un ejército, intentando recuperar algunas regiones de los Ghaznawíes. Primero arrasó las áreas de Khuttal y Wakhsh (en el moderno Tadjikistán meridional). Se acuñaron monedas en su nombre en Chaghaniyan desde 430/1038-9. Fue desde allí que Böri Tegin comenzó la batalla por Transoxiana contra los hijos de Alí Tegin. Ganó varias batallas sobre ellos a comienzos de 431/1039, y en torno al año siguiente se había apoderado de una parte considerable de la Transoxiana central. Señaló sus éxitos militares por un acto político: en 431/1039-40 (acuñación de Chaghaniyan) sustituyó su modesto título Böri Tigin por el de Tamghach Bughra Khan (Kaghan). Ibrahim Tamghach Khan inmediatamente hizo de Samarcanda su capital. Tales fueron los orígenes del estado independiente, el Khanato Occidental: todas las iniciativas fueron tomadas no por Muhammad b. Nasr, sino por su hermano Ibrahim b. Nasr. La división del estado Qarakhaní también estableció la línea de demarcacion entre las dos familias, los Álidas y los Hasaníes, gobernando respectivamente los Khanatos Occidental y Oriental. La frontera entre ambos Khanatos cambió frecuentemente. La manzana de la discordia era Ferghana, con sus ricas ciudades, recursos minerales y tierra fértil. Varias áreas a lo largo del curso del Jaxartes (Syr Darya) también cambiaron de manos.

Ibrahim Tamghach Khan no dirigió mucho tiempo una política exterior activa tras formar un estado independiente. No obstante, explotó con éxito las querellas civiles entre los Qarakhaníes Orientales, las luchas entre los hermanos Hasaníes, Sulayman y Muhammad. No más tarde del año 451/1059-60 Ibrahim añadió Ferghana a sus dominios. La conquista de la región estuvo debidamente marcada por la debida acuñación de moneda en su nombre en una serie de ciudades (tales como Uzgend, Akhsikath y Marghinan).

Los historiadores musulmanes consideraron a Ibrahim Tamghach Khan como un gran y devoto soberano. Su política interior revela ciertamente que había sido un excepcional gobernante. Barthold descubrió en las fuentes escritas varias historias divertidas sobre su vida y hechos, cada de los cuales tiene un núcleo razonable. Esas historias, junto con la evidencia directa proporcionada por la acuñación de la época, muestra que Ibrahim se implicó realmente en el orden interno del país, la seguridad de la población, respecto a la propiedad, comercio y circulación de moneda. De acuerdo con un relato, algunos ladrones escribieron en una ocasión sobre la puerta de la ciudadela de Samarcanda “Somos como una cebolla, cuanto más nos cortan, más fuertes crecemos”. El Khan ordenó que se escribiera debajo sus palabras, “Yo permanezco aquí como un jardinero; no obstante, por mucho que crezcas te cortaré de raiz”.

Queda claro a partir de otra historia que él infundía terror entre los ladrones y delincuentes y que el pueblo común se sentía seguro. Puede concluirse a partir de las evidencias indirectas que el control estatal del mercado de precios existió durante el reinado de Ibrahim. En una ocasión, los carniceros se quejaron de que el precio establecido por ley de la carne era demasiado bajo y le pidieron que lo subiera, prometiendo contribuir con 1000 dinares al tesoro. El Khan accedió pero prohibió que el pueblo comprara carne. Los carniceros fueron obligados luego a pagar dinero al tesoro para que el antiguo precio bajo de la carne fuera restaurado.

El comercio normal siempre dependió de la organización de la circulación monetaria. Ibrahim asumió la responsabilidad en este aspecto de la vida económica. Durante su mandato, circuló un único sistema de moneda con diferentes denominaciones a través del Khanato Qarakhaní Occidental, creando unas buenas y duraderas condiciones de mercado. Los dirhams acuñados con el nombre y título de Ibrahim Tamghach Khan se conocieron como mu’ayyadi. Se hicieron de plata de baja ley; pero la adición de cobre no fue un fraude llevado a cabo en secreto. La población conocía el estándar oficial de pureza de los dirhams mu’ayyadi; su valor, que se correspondía con el estándar fluctuaba ligeramente y fue fijado en términos del oro puro. Se les concedió el mayor poder adquisitivo a los dirhams de Bukhar Khudat, que fueron acuñados sobre el modelo de las monedas sasánidas. Hacia el comienzo del siglo noveno esos dirhams fueron divididos en dos grupos, cada uno con su propio nombre, basándose en la cantidad de plata que contenían: las monedas con el más alto grado (con plata en torno al 70%), fueron conocidas como musayyabi, el grado más bajo (sobre un 40% de plata) como muhammadi y las monedas de cobre sin contenido de plata como ghitrifi. Los dirhams muhammadi y los ghitrifi era igual o más alto que para la plata pura, pero la proporción para el muhammadi era más alto que para el ghitrifi. Este fenómeno se desarrolló en los siglos IX y X y continuó bajo los Qarakhaníes, que claramente demuestra que persiguieron la misma política financiera y fiscal que había sido aplicada por los gobernadores árabes y los samaníes en el periodo anterior. En este contexto, es importante destacar que los tres tipos de dirhams proporcionaron una base satisfactoria para los diferentes niveles de comercio interior bajo Ibrahim Tamghach Khan.

Un importante componente de la política fiscal y financiera de Ibrahim fue la reforma monetaria que introdujo tras conquistar Ferghana, anteriormente parte del Khanato Qarakhaní Oriental. Los dirhams de cobre-plomo eran emitidos en las ciudades de Ferghana y otras varias ciudades del Khanato Oriental. Esas monedas eran de forma irregular y diferente peso, con bordes en forma de sierra. Ibrahim prohibió su circulación en Ferghana y los dirhams Mu’ayyadi empezaron a emitirse en varias ciudades de la región. Esto llevó a consecuencias muy distintas en los dos khanatos. Ferghana fue incorporada al área monetaria del Khanato Occidental, mientras que la masa de los dirhams de cobre-plomo prohibidos desembocaba en el Khanato Oriental (la mayor parte del territorio del moderno Kyrgyzstán y sur de Kazakhstán). Sin embargo, el nivel del comercio allí no requería grandes cantidades de dirhams de cobre-plomo y la inflación resultante llevó a una severa crisis monetaria. El pueblo no quiso las monedas devaluadas y fueron a parar a depósitos.

Ibrahim combatió con éxito una lucha contra le sistema de apanage, que había sido la causa de los conflicto fratricida sin fin, y la reasignación de ciudades y regiones. Él no constituyó un estado centralizado, pero logró reducir considerablemente el número de apanages y los derechos de sus titulares. Este fue un gran triunfo político y uno de los factores más importante que contribuyeron a la estabilidad del Khanato Qarakhaní Occidental bajo Ibrahim Tamghach Khan.

El éxito económico tuvo una importancia incluso mayor, no obstante. Podemos asumir que importantes sumas que afluyeron a las arcas del gobierno central. Ese fue uno de los factores que sostuvieron la considerable actividad constructora que tuvo lugar. Tanto Ibrahim como su hijo Nasr Shams al-Muk se dedicaron a importantes proyectos de construcción. Ibrahim construyó un hospital en Samarcanda donde no solo cuidaban a los enfermos sino también daban cobijo a los pobres. Dotó al hospital con fondos para el mantenimiento de doctores y equipo auxiliar, para la comida de los pacientes, para luz, fuego para las cocinas  para reparar el establecimiento. En Samarcanda también construyó una madrasa (escuela islámica), dotando los sueldos de los profesores, subsidios para los estudiantes, libros para la biblioteca, alumbrado del dependencias, etc. En beneficio del comercio caravanero su hijo construyó ribats (caravansares [=antiguos hospedajes en la ruta de las caravanas]) en las estepas entre Bukhara y Samarcanda (Ribat-i Malik, “el ribat del rey”, y en el camino de Bukhara a Khujand. Nasr Shams al-Mulk también restauró la mezquita y el minarete en Bukhara y , cerca de la ciudad, construyó un bello palacio en un lugar que fue conocido desde entonces como Shamsabad. Muhammad b. Nasr (hermano de Ibrahim) y su hijo, Abbas, construyeron un mausoleo en Ferghana (ahora conocido como el mausoleo shah Fadila), cuyo interior está decorado elaboradas esculturas de alabastro  e inscripciones recordando los nombres de ambos hombres. En este periodo los Qarakhaníes todavía mantenían sus tradiciones nómadas, pero la exensión y diversidad de los edificios civiles y religiosos construidos testifican el hecho de que la cultura y tradiciones de la población sedentaria de Transoxiana se había asimilado más extensa y profundamente.

Los Estados de Asia Central a finales del siglo XI
3. Qarakhaníes, Saldjuqíes y Qara Khitay

Estaba claro, incluso en los días de Ibrahim Tamghach Khan y su hijo, Nasr Shams al-Mulk, que los Saldjuqíes habían pensado en Transoxiana, pero no consiguieron ningún éxito decisivo. Más al contrario, Nasr tomó posesión de las ciudades Saldjuqíes en el norte de Khurasan, si bien es cierto que solo por un corto periodo de tiempo. Pero durante el reinado del nieto de Ibrahim, Ahmad b. Khidr (†1095), los Saldjuqíes tomaron Samarcanda con el apoyo de las clases religiosas de la ciudad (la fricción había existido desde hacía mucho tiempo entre ellos y los Qarakhaníes), junto con otros dominios perteneciente al Khanato Occidental. Incluso los Qarakhaníes de Kashgar declararon su sumisión. Para mediados de siglo los Qarakhaníes se convirtieron en vasallos de los Saldjuqíes. El estatus de vasallo de los Qarakhaníes Orientales fue de corta duración. Es más, a comienzos del siglo XII invadieron la Transoxiana, avanzando en los dominios de los Saldjuqíes mismos; durante un corto tiempo incluso mantuvieron la ciudad de Termez sobre el Oxus. Los Qarakhaníes Occidentales eran más dependientes de los saldjuqíes aunque nada se sabe del aspecto financiero de su dependencia (¿pagaban tributo?). Su dependencia política era considerable, no obstante: los Saldjuqíes colocaron sobre el trono Qarakhaní en Samarcanda a cualquier miembro de la dinastía que lo pidiera. La situación de vasallo de los Qarakhaníes Occidentales también se reflejaba en la moneda, alguna de la cuales llevan los nombres de los sultanes Saldjuqíes.

Los siguientes acontecimientos internos son también dignos de mencion. Los Saldjuqíes pronto restauraron al Qarakhaní Ahmad b. Khidr en el trono que ellos le habían quitado. El largo conflicto entre los ‘ulama’ (eruditos entendidos en las ciencias legal y teológica islámicas) aumentó de manera más intensa  durante el reinado de Ahmad, sin embargo, y la clerecía se impuso en el conflicto. Acusaron a Ahmad de herejía y en 1095 se aseguraron su ejecución. Barthold enfatiza correctamente que ‘este suceso debe considerarse como el más grande de los éxitos obtenidos por el sacerdocio en alianza con las clases militares sobre el gobierno y la masa de ciudadanos’.

En 1102 los Saldjuqíes colocaron a Muhammad Arslan Khan, el biznieto de Ibrahim Tamghach Khan sobre el trono de Samarcanda y le ayudaron a imponerse a otro pretendiente. La situación en Transoxiana permaneció pacífica y estable (hasta 1130) durante el reinado de Muhammad, y él mismo llego a ser renombrado por sus actividades constructoras. La escala de construcción cívica fue considerable. Muhammad construyó un ribat, restauró los muros de la ciudadela de Bukhara y construyó un nuevo muro exterior rodeando la ciudad entera; también levantó tres nuevos palacios, uno en la ciudadela y dos en la ciudad. Habiendo conseguido mantener relaciones correctas con el ‘ulama’, erigió muchas construcciones religiosas. Así en los alrededores de Bukhara (por el lado del palacio en Shamsabad, que había sido destruido por ese tiempo), estableció un área de actos ceremoniales de adoración (namazgah); en el interior de la ciudad construyó una magnífica mezquita nueva, el minarete del cual todavía permanece, y también reparó una antigua.

Los Estados de Asia Central en la primera mitad del siglo XII

Al fin de su vida, Muhammad fue golpeado por la parálisis. Los conflictos con las clases religiosas se desataron una vez más y los Saldjuqíes intervinieron de nuevo en los asuntos de los Qarakhaníes. El famoso sultán Saldjuqí Sandjar tomo Samarcanda en 1130 y comenzó a disponer del trono de un modo despótico, sustituyendo a un Qarakhaní con otro.
 
Fue en esa época cuando los Qara Khitay (citados como tales por las fuente musulmanas) hicieron su aparición en la escena política. Los Khitay habían establecido un enorme  imperio a partir de fines del siglo X, estando la residencia de esta dinastía en el norte de China. Fueron expulsados por los nómadas Jürchen, y los elementos supervivientes iniciaron su camino hacia occidente. Los Khitay primero conquistaron los dominios de los Qarakhaníes Orientales y en 1137 derrotaron a los Qarakhaníes Occidentales cerca de Khujand. Sin embargo, no se pusieron en movimiento hacia Transoxiana en el mismo año. El jefe de los Qara Khitay llevaba el título de Gür Khan y su capital estaba situada no lejos de Balasaghun.

En 1141 la estepa de Qatwan al norte de Samarcanda fue el escenario de una decisiva batalla entre los Qara Khitay y los Saldjuqíes en la cual estos últimos fueron totalmente derrotados. El sultán Sandjar y el soberano de los Qarakhaníes huyeron a Khurasán y los Qara Khitay tomaron el control de Transoxiana. Sin embargo, no destruyeron la dinastía Qarakhaní. No encontramos los nombres de los Gür Khanes Qara Khitay sobre monedas Qarakhaníes, lo cual indica que no estaban interesados en lo que era, para los musulmanes, una importante señal de supremacía política. El aspecto financiero de la conquista encontró expresión en el tributo que los Qara Khitay extrajeron de los Qarakhaníes. Los Qara Khitay no se quedaron mucho tiempo en Transoxiana, no obstante, y no reacudaron ellos mismo los impuestos; esa tarea fue realizada en su nombre por los oficiales Qarakhaníes.

El dominio de los Qara Khitay no trajo paz ni tranquilidad a Transoxiana. Varias tribus turcas nómadas y federaciones que vivían dentro de sus fronteras (Qarluq, Turcomanos, etc) estaban altamente activas en ese tiempo. Los Qarluq mataron a Ibrahim III Tamghach Khan (536-51/1141-1156), cabeza de los Qarakhaníes Occidentales, y dejaron su cuerpo en la estepa. El siguiente cabeza de los Qarakhaníes Occidentales tomó venganza sobre los Qarluq, matando a su lider. El Gür Khan Qara Khitay pidió que todos los Qarluq se desplazaran a Kashgar y aceptaran la agricultura. Él esperaba claramente ayudar a su vasallo de este modo y establecer el orden en Transoxiana. El resultado fue bastante contrario, no obstante. Una nueva guerra contra los Qarluq finalizó con la victoria de Ali b. Hasan, pero no fue decisiva. Mas’ud b. Hasan (hermano de Ali b. Hasan) subió al trono tras una larga y agotadora lucha de quizá dos años de duración contra los turcos nómadas paganos, enfrentamiento que tendría ruinosas consecuencias para Transoxiana. Mas’ud obtuvo una victoria decisiva en 556/1160-1 en la estepa, cerca del famoso Ribat-i Malik, que ha sobrevivido hasta hoy día, donde los viajeros y la caravanas portando mercancias paraban en la ‘ruta del Shah’ entre Bukhara y Samarcanda. Fue poco después de la ascensión de Mas’ud al trono cuando Muhammad al-Katib al-Samarqandi le presentó con su Sindbad-nama [Libro de Sindbad]: en la introducción y la parte final de este trabajo, Samarqandi extravagantemente ruega al soberano por su victoria en la fiera contienda contra los nómadas.

Rukn al-Dunya wa’l-Din Kilich Mas’ud Tamghach Khan fue una figura bien conocida mencionado en muchas fuentes escritas. Al-Samarqandi le dedicó dos célebres trabajos, el mencionado arriba Sindbad-nama y el posterior A’rad al-siyasa, y el poeta Suzani Samarqandi varias qasidas (odas). En 560/1164-5 Mas’ud restauró los muros de Bukhara, que habían sido destruidos. También dirigió con éxito una campaña contra los Qarluq en el sur (en Nakhshab, Kish, Chaghaniyan, y Termez) y estableció el orden allí. Reprimió un levantamiento de uno de sus comandantes  y resultó victorioso en sus operaciones contra los Oghuz, que habían saqueado Khurasán. La fecha en la que su mandato llegó a su fin (566/1170-1) y los nombres de sus sucesores en Samarcanda han sido determinado a partir de las monedas.

Dos acontecimientos afectaron al estado de los Qarakhaníes Occidentales en la segunda mitad del s.XII y comienzos del XIII. Primero, el control final del trono de Samarcanda pasó a la rama de Ferghana de los Qarakhaníes. Los hermanos arriba mencionados, Alí y Mas’ud, eran miembros de esta familia, así como los soberanos siguientes hasta el fin de la dinastía. El segundo cambio fue que la región de Ferghana se convirtió tanto de manera formal, como de hecho, en independiente. Los gobernantes de Ferghana, que eran miembros de la misma familia, acuñaron moneda en su propio nombre en Uzgend, la ciudad principal de la región, no haciendo ninguna referencia a los Qarakhaníes de Samarcanda como sus soberanos.

La idea de unidad del Khanato Occidental se expresó a través del prestigio de los títulos , siendo los de los soberanos de Samarcanda ligeramente más augustos que los de los gobernantes de Ferghana. Así, en el tiempo en que Samarcanda estaba gobernada por Mas’ud b. Hasan y su hijo Muhammad (bajo su título de Tamghach Khan), Ferghana fue mantenida por sus parientes cercanos, los hermanos Mahmud b. Husayn e Ibrahim b. Husayn. Ibrahim emitió monedas anualmente desde 559/1163-4 hasta 574/1178-9 en su propio nombre bajo el título de Arslan Khan. En ese tiempo, el título de Arslan Khan (Qaghan) tenía un estatus un tanto inferior al de Tamghach Khan en el Khanato Occidental. Hacia 574/1178-9 Ibrahim b. Husayn estaba gobernando en Samarcanda y el título ulugh sultan al-salatin (gran sultán de sultanes) aparecía en sus monedas. Este título, junto con el trono, pasó a su hijo Uthman a comienzos del s.XIII. Su otro hijo Qadir b. Ibrahim, tuvo su residencia en Uzgend y su título tuvo un rango más bajo que el de su padre y su hermano. El último Qarakhaní en Ferghana fue otro miembro de la familia de Ferghana, Mahmud b. Ahmad.

Los Estados de Asia Central a finales del siglo XII

4. Los Qarakhaníes y los Kharizm-Shahs: Muhammad b. Tekish 

Bukhara estaba en la práctica controlada por los sadrs (líderes de las clases religiosas musulmanas) de la familia Burhan. Eran extremadamente ricos y usaron su poder para oprimir al pueblo. En 1207 un cierto Sandjar, hijo de un vendedor de escudos, lideró una revuelta de la ciudadanía contra los sadrs y tomó el control de la ciudad. Esto dio el pretexto para una campaña contra Bukhara; ‘Ala al-Din Muhammad b. Tekish tomó la ciudad y acabó con la rebelión, pero también destruyó el poder de los sadrs. No había ejecutado a Sandjar pero en lugar de eso le envió a Khwarizm. Muhammad ordenó que la ciudadela y los muros de Bukhara fueran reconstruidos y él mismo retornó a sus dominios. Las siguientes relaciones con los Qarakhaníes estarán influidas grandemente por la política astuta de Uthman, que maniobró entre los Qara Khitay y Muhammad b. Tekish. Inicialmente, se puso del lado de éste último, y las relaciones entre ellos fueron de aliados: Uthman incluso mantuvo un título más alto (Ulugh sultan al-salatin) que el de Muhammad (sultan). No obstante, Uthman pronto se situó de parte de los Qara Khitay y buscó pedir la mano en matrimonio de la hija del Gür Khan. Al ser rechazado,  volvió a su alianza con Muhammad, pero esta vez como vasallo de éste último. En 606/1209-10 se acuñaron monedas para marcar la nueva relación entre los dos gobernantes; los nombres de ambos aparecen en las monedas, el de Muhammad como soberano y el de Uthman como su vasallo. Uthman fue obligado a refrenar sus ambiciones: ambos gobernantes se dan el mismo título, sultan, en sus monedas. El Gür Khan Qara Khitay, respondiendo a la “traición” de Uthman, tomó el control de Samarcanda, pero perdonó la ciudad e impidió que fuera saqueada. Sin embargo, pronto fue obligado a abandonar Samarcanda y volver a sus propias posesiones, donde el naimano Küchlüg había logrado un gran éxito, incluso tomando el tesoro del Gür Khan, que estaba almacenado en Uzgend.

Los reveses del Gur Khan inspiraron a Uthman para reconocer a ‘Ala al-Din Muhammad b. Tekish otra vez más como su soberano, y este reconocimiento fue debidamente señalado en 607/1210-11 por nuevas monedas con los nombres de ambos que fueron acuñadas en Samarcanda. Muchos acontecimientos de importancia tuvieron lugar en el curso de ese año. El Gür Khan obtuvo una victoria contra Güchlüg, pero la otra mitad de su ejército , bajo su comandante Tayanku, fue derrotada por Muhammad b. Tekish, y Tayanku fue tomado prisionero. La victoria de ‘Ala al-Din fue causa de gran regocijo entre los musulmanes: en adelante, el soberano fue citado en documentos y en las monedas como “el segundo Iskandar” (es decir, el segundo Alejandro) y como igual del sultán Sandjar.

‘Ala al-Din despachó enviados a todos los líderes Qarakhaníes pidiendo su sumisión. Uthman ya había reconocido a Muhammad como soberano y los otros lo siguieron ahora. Así Qadir b. Ibrahim, gobernante de Ferghana y segundo monarca en nivel entre los Qarakhaníes, reconoció su estatus de vasallo del mismo modo que su hermano Uthman; dicho de otro modo, se acuñaron monedas en Uzgend llevando el nombre de Muhammad así como el suyo propio. Qadir dominó sus ambiciones hasta un extremo aún mayor que Uthman: su título en las monedas es más bajo que el de Muhammad. El gobernante menor que mantenía Utrar se retrasaba en declarar su sumisión y fue por tanto despojado de sus dominios  y enviado a Nasa. Muhammad entonces incorporó Utrar a sus posesiones y acuñó moneda en su propio nombre en la ciudad en 607/1210-11. Esta fue la primera indicación de un cambio en la política de Muhammad hacia los Qarakhaníes.

Poco después, Uthman se casó con la hija de ‘Ala al-Din Muhammad b. Tekish y se fue a vivir a Khwarizm durante un cosiderable periodo. Luego retornó a Samarcanda en compañía  de un plenipotenciario Khwarizmí. Claramente Muhammad no confiaba en Uthman –y con toda razón-, pues éste último no se contentaba con su estatus de vasallo ni con el hecho de que tuviera que someterse al plenipotenciario. La población de Samarcanda tampoco estaba feliz con la conducta de los Kwarizmíes. Por tanto, Uthman, una vez más tomó partido por los Kara Khitay, y los habitantes de Samarcanda masacraron a todos los Khwarizmíes allí de la manera más bárbara. En 1212 Muhammad b. Tekish capturó Samarcanda y en esta ocasión no mostró piedad. En 609/1212 ordenó la ejecución del Qarakhaní Uthman y de nuevo envió mensajeros a los Qarakhaníes de Ferghana pidiendo su sumisión. El último soberano de Ferghana, Mahmud b. Ahmad, retrasó el fin de la dinastía al aceptar su rango de vasallo y confirmarlo por la emisión de monedas con los dos nombres en 609/1212-13. Esto  no fue más que un compromiso a corto plazo, no obstante. En las monedas de Uzgend acuñadas en 610/1213-14 solo encontramos el nombre de Muhammad b. Tekish. Al empezar el nuevo año, las monedas fueron acuñadas regularmente en su nombre en Samarcanda, la capital del nuevo Imperio Anushteginí, y luego en otras ciudades anteriormente mantenidas por los Qarakhaníes.

Los Estados de Asia Central a principios del siglo XIII

5. Algunas notas sobre la historia del Khanato Qarakhani Oriental.
 (extraído y traducido del artículo de la Enciclopedia Iránica sobre los Qarakhaníes, de Michal Biran)

No hay demasiadas noticias sobre el Khanato centrado en Kashgar y Balasaghun, pero podemos concluir que el estado de los Qarakhaníes orientales logró estabilizarse y disfrutar de una cierta  prosperidad en la segunda mitad del s. XI y especialmente en el reinado de Hasan b. Sulayman (†1103), cuando también expandieron su territorio hacia el este, a la región de Kucha.

Alrededor de 1128 los Qarakhaníes de Kashgar fueron capaces de derrotar a los Qara Khitay, pero unos pocos años después, en 1134, el khan de Balasaghun, amenazado por los nómadas Qarluq y los Qangli, pidió la ayuda del Gür Khan Qara Khitay. El último mencionado se había establecido en la ciudad de Imil, que los Khitanes habían fundado en 1131. Los Qara Khitay quedaron vencedores ante los Qarluqs y Qangli, pero también sobre Balasagun, que se convirtió en su capital. Ellos degradaron al Khan oriental al rango de Ilek y lo colocaron en Kashgar, que desde entonces se convirtió en la única capital  del Khanato Oriental.

La dinastía oriental fue la primera en extinguirse. En 1204 Kashgar y Khotan se rebelaron contra los Qara Khitay, que aplastó a los rebeldes pero detuvo al hijo del Khan Qarakhaní oriental como rehén en Balasaghun. Cuando el rebelde Khan de Kashgar, Yusuf b. Muhammad murió en 1205, nadie le sustituyó en el trono, pues su hijo aún permanecía en Balasaghun. En 1211, cuando Küchlüg, el príncipe naimano que había encontrado refugio en la corte Qara Khitay, se había casado con la hija del Gür Khan, y habia depuesto a su suegro, subió al trono Qara Khitay, liberó al principe Qarakhaní y le envio de vuelta a Kashgar. Antes de entrar en la ciudad, sin embargo, el principe fue asesinado por sus notables en 1211.


Khanes Qarakhaníes de la rama Álida

Khanes Qarakhaníes de la rama Hasaní

martes, 24 de enero de 2012

La Disgregación Política del Califato Abbasí de Bagdad (II): Las Dinastías Turcas Islamizadas hasta el fin del Califato de Bagdad (s.XI-1258)

Las campañas samaníes contra los paganos turcos que habitaban en las zonas de estepa produjeron poco botín pero dieron como resultado abundante aprovisionamiento de esclavos. Algunos de ellos se vendían en la metrópoli islámica, y de entre ellos se reclutaba la guardia personal de los califas Abbasíes. Los mismos samaníes utilizaron muchos esclavos turcos como soldados, llagando a ser estos esclavos un elemento muy importante en sus ejércitos y gracias a las reconocidas virtudes militares de los turcos, estos ocuparon a veces posiciones de gran responsabilidad. Uno de estos oficiales esclavos fue el famoso Alptigin, que alcanzó el grado de comandante en jefe de las tropas de Khurasan durante el reinado del emir samaní Abd al-Malik b. Nuh (954-961). Temiendo al sucesor de este, Mansur I, contra el que había intrigado, Alptigin resolvió retirarse hacia la frontera sudeste del estado samaní, donde podía establecerse como gobernante semi-independiente en la zona cercana a la frontera con la India, lugar en el que tendría muchas posibilidades de seguir en el poder si se realizaba una “guerra santa”. Alptigin conquistó Ghazna en 962 y al año siguiente fue sucedido por su hijo Ishaq, quien se aseguró el reconocimiento de parte del ejército samaní. 

Tras breves reinados de dos ghulams (esclavos) de Alptigin, Bilgetigin y Buritigin, subió al trono Sebuktigin, verdadero fundador del Imperio Ghaznawí. En 977 atacó el reino hindushaylla de Ohind. Al mismo tiempo, siempre se consideró vasallo del emir samaní. Cuando en 993 el emir Nuh II se enfrentó con la rebelión de sus generales Fa’iq y Abu Ali Simjuri, pidió ayuda a Sebuktigin, que intervino en Khurasan, y de esta forma se equilibraron las fuerzas. Tras su victoria de 994, Sebuktigin fue recompensado con el cargo de gobernador de Balkh, Tukharistan, Bamiyan, Ghur y Gardistan, mientras que su hijo Mahmud (luego llamado “de Ghazna”), recibió el cargo de comandante en jefe de los ejércitos de Khurasan, con el puesto de mando en Nishapur. A la muerte de su padre, consolidó su posición en las tierras al sur del Oxus. 

Mientras tanto, el estado samaní había caído en un estado de confusión y, coincidiendo con ello, una nueva potencia, la de los turcos Qarakhaníes había comenzado a avanzar desde el norte. Sobre su origen, prevalece la opinión de que sus dirigentes eran una rama de la tribu Qarluq. Antes de convertirse al Islam, este pueblo vivía al noreste de la frontera samaní, alrededor de Balasaghun (sobre el río Chu) y Taras (Talas). Los territorios qarakhaníes se ampliaron rápidamente hacia el este hasta incluirse en ellos Kashgar. El primero que adoptó el Islam fue su gobernante Abd al-Qarin Satuq ( 955). Así, Harun Bughra Khan intervino en los disturbios del imperio samaní en 992 y ocupó Bukhara, pero poco después emprendió la retirada y murió durante la marcha. 

En 999, un nuevo ejército qarakhaní mandado esta vez por el ilek Nasr, se dirigió hacia Bukhara. La ciudad fue ocupada sin resistencia y el emir samaní hecho prisionero y deportado a Uzkend. Al mismo tiempo, subía al trono Mahmud de Ghazna, quien envió embajadores al ilek y se llegó a un acuerdo que señalaba el Oxus como frontera entre los dos reinos; pero los Qarakhaníes infringieron muy pronto este compromiso, puesto que realizaron varias incursiones al otro lado del río. Sin embargo, Mahmud pudo fácilmente derrotar a estos invasores, de manera que el límite entre los dos estados se estabilizó según el acuerdo, aunque, más tarde, Mahmud llegó a ampliar su dominio hasta Khwarizm. 

En los últimos tiempos de la dinastía samaní apareció un nuevo grupo: los Saljuqíes, rama de la tribu Oghuz, que se estaba trasladando hacia el sur desde las zonas de pastos cercanas a la boca del Syr Daria en Jand. Su caudillo, Saljuq b. Duqaq, se había convertido al Islam, y en 992, su hijo Isma’il había ayudado a los samaníes, en su campaña con Harun Bughra Khan. Más tarde, Mahmud de Ghazna sintió temor del poder de Isma’il, le prendió y le mantuvo prisionero en la India hasta su muerte. Pero, al mismo tiempo, Mahmud permitió a la tribu cruzar el Oxus, y asentarse en su territorio cerca de Nasa y Abivard. Los líderes de los inmigrantes eran los hermanos Chaghri Beg y Tughril Beg, nietos de Saljuq, quienes aumentaron rápidamente su poderío hasta que en 1038 fueron proclamados emires de Marv y Nishapur, respectivamente. En 1040, el sucesor de Mahmud de Ghazna, Mas’ud I, combatió a los Saldjuqíes en Dandanqan, pero fue completamente derrotado, huyó a Ghazna y abandonó el Khurasan a los Saljuqíes. Este suceso marcó el declive de los Ghaznawíes; desde entonces, Lahore se convirtió en centro de su reino y su gobierno estuvo dedicado principalmente a la administración de sus territorios indios. 

La conquista Saljuqí prosiguió a la manera de las estepas, pues cada miembro de su familia se esforzaba para aumentar las conquistas por su cuenta. En 1050 Tughril Beg, el príncipe mayor de su casa, entró Isfahan y la convirtió en capital de sus estados, que comprendían Persia y Khurasan, mientras sus hermanos y primos se establecieron en los límites septentrionales, formando una confederación poco consistente que acataba la superior autoridad de aquel, y que hacía libremente incursiones en los países limítrofes. En 1055, aceptando la invitación del califa 'Abbasí, que estaba atemorizado por las intrigas de su ministro turco Basasiri con los fatimíes, Tughril Beg entró en Bagdad como campeón del Islam sunní y fue proclamado Rey de Oriente y Occidente (“sultán”), con poder temporal supremo sobre todos los países que debían obediencia espiritual al califa. 

En Armenia, las incursiones se hicieron más frecuentes. El propio Tughril Beg tomó parte en una de ellas, en 1054, cuando devastó el campo en torno al lago Van, pero fracasó en la toma de la fortaleza de Manzikert. Los ejércitos de incursión los mandaban generalmente sus primos Asan e Ibrahim Inal. En 1047 habían sido derrotados por los bizantinos ante Erzerum, y durante los años siguientes se concentraron para atacar a los aliados georgianos del Imperio. En 1052 fue saqueada Melitene. En 1059 las tropas turcas avanzaron por primera vez hasta el corazón del territorio imperial, la ciudad de Sebastea. Finalmente, en 1071, el choque definitivo entre el Imperio Bizantino y el sultán Alp Arslan (1063-1072) tuvo en lugar en Manzikert, donde el ejército griego fue destruido y el emperador capturado. Aunque los turcos sacaron poco provecho inmediato, las invasiones turcas empezaron en serio en 1073. Malik Shah (1072-1092), hijo de Alp Arslan, encargó la conquista de Anatolia a su primo lejano, Sulayman b. Qutlumish. Este deseaba establecer un sultanato tranquilo bajo la soberanía de Malik Shah. Pero había príncipes turcos menores como Danishmend o Mangujak, cuyo deseo era ocupar las fortalezas que pudieran gobernar en calidad de capitanes de bandoleros sobre la población que encontraran. Tras ellos venían los nómadas turcomanos que viajaban con pocas armas, con sus caballos, tiendas y sus familias, hacia la altiplanicie anatólica. La “turquización” se impuso en un grado tal, que con el tiempo Asia Menor se convirtió en la Turquía moderna. 

En las regiones central y oriental, los primeros establecimientos fueron los de los Mangujakíes, que ejercieron su control sobre Dvrigi (Tephrike), Erzican (Keltzine) y Kemah (Camcha), hasta 1252; los Saltuqíes, que gobernaban en Erzurum (Theodosiópolis), hasta 1201; y los más importantes, los Danishmends, centrado en Sivas (Sebastea), Kayseri (Caesarea Cappadociae) y Amasya (Amaseia) hasta 1177. Sulayman b. Qutlumish capturó Nicea (Iznik) y Nicomedia (Izmit) amenazando Constantinopla. En 1080, tomó el título de sultán, desafiando a Malik Shah, y descendiendo a Siria, chocó con Tutush, hermano segundón de aquel, quien desde 1079 se había creado un feudo en Damasco. Cerca de Alepo celebraron una batalla en la que Sulayman fue muerto y Tutush consiguió Alepo (1086). 

Uno de los principales problemas del nuevo Imperio era poner fin a las anárquicas costumbres de la sociedad nómada turca: al morir un sultán, estallaban disputas entre los diversos individuos del clan gobernante. Según la tradición, el poder supremo debía ejercerse por el miembro de más edad del grupo familiar. Por eso, a la muerte de Alp Arslan, su hijo Malik Shah tuvo que vencer a su tío Qawurd (1048-1073), fundador de la línea saljuqí de Kirman, y el miembro mayor y más experimentado en el gobierno de la familia. Finalmente, acabó por imponerse el principio de la sucesión de padre a hijo. 

A la muerte de Malik Shah, el imperio se dislocó y surgieron varios sultanatos totalmente independientes, aunque bajo la soberanía teórica de un sultán supremo. Todos esos sultanatos fueron desapareciendo progresivamente: en Kirman, la dinastía de Qawurd prosperó hasta que hacia 1170, una serie de querellas dinásticas debilitaron el país, convirtiéndolo en presa fácil de una invasión de turcos oghuz en 1186; el sultán supremo Sanjar, que gobernaba el Khurasan, y tenía como vasallos a los qarakhaníes de Transoxiana y a los Ghaznawíes de Afganistán, fue derrotado y tomado prisionero por las tribus oghuz acantonadas en Marv (1153). A la muerte del sultán (1157) quedó un vacío de poder que aprovecharon los Shahs de Khwarizm para poner las bases de su futuro imperio. Los reinos Saljuqíes de Siria (Alepo y Damasco) se arabizaron rápidamente; además, las dos casas originadas en los hijos de Tutush fueron eliminadas en un corto espacio de tiempo por sus mamelucos, igualmente turcos. En el sultanato de Iraq y Djibal se produjo el fenómeno de los atabegs: originalmente el término designaba a los tutores de los jóvenes príncipes de la familia Saljuqí, y posteriormente fue asociado a los gobernadores regionales. Entre estos atabegs, los de Azerbaijan terminaron jugando el papel de mayordomos de palacio entre los últimos Seldjuqíes. Tal fue el caso de los atabegs Ildegiz (1172) con el sultán Arslan Shah (1161-1175), y el del atabeg Pahlawan ( 1186) ante el sultán Tughril III (1175-1194). Cuando este último trató de liberarse, el atabeg Qizil Arslan, sucesor de Pahlawan, lo encarceló, siendo librado  sólo a su muerte. Esta restauración Saljuqí sería de corta duración, pues en 1194 Tughril III caería derrotado por los turcos khwarizmianos. 

El único sultanato duradero fue el de Rum, en Asia Menor, conocido también como Sultanato de Qonya (Iconium); duró dos siglos completos y sería el origen de la Turquía actual. A partir del reinado de Qilidj Arslan I, hijo de Sulayman b. Qutlumish, la dinastía fue absorbiendo  todos los principados turcomanos surgidos tras la victoria de 1071, convirtiéndose, a la muerte de del sultán Mas’ud I ( 1156) en el poder dominante de Anatolia central y oriental. Las luchas por el poder entre los miembros de la familia, los repartos territoriales subsiguientes, la delegación de poder en manos de hábiles administradores y finalmente, la imposición de la soberanía mongola, llevaron a la desaparición del último gran sultanato Saljuqí. En adelante, el país quedó fragmentado en beylikatos (o principados) de los cuales surgirían en el s.XIV el Imperio Otomano. 

En la zona oriental, en el s.XII, emergió la dinastía de Ghur, que tomó ese nombre por las montañas que forman una región casi inaccesible en Afganistán central, a medio camino entre Herat y Qabul. Mahmud de Ghazna había sometido a los gobernantes de este país por la fuerza y había establecido en él su soberanía. El primer príncipe de Ghur que tuvo un poder considerable fue Izz al-din Husayn I, contemporáneo y vasallo del sultán Saljuqí Sanjar. Más tarde, cuando el sultán ghaznawí Bahram Shah mató a un miembro de la familia real de Ghur, Qutb al-din Muhammad, el hermano de este, Sayf al-din Suri, marchó sobre Ghazna, expulsó a Bahram y se apoderó de la ciudad. Sin embargo, Bahram volvió inesperadamente, sorprendiendo a Suri, al cual hizo prisionero y lo mandó matar en 1149. Un tercer hermano, Ala al-din Husayn II subió entonces al trono de Ghur, y para vengar a sus hermanos atacó la ciudad de Ghazna, se apoderó de ella y la quemó totalmente. Por este acto de ferocidad, Ala al-din recibió el nombre de Jahansuz “el quemador del mundo”. 

Qutb al-din Muhammad había comenzado ya, en Firuzkhuh, al lado del río Hari Hud, la construcción de la nueva capital del Imperio Ghurí. Un gobernante posterior Ghiyat al-din Muhammad II (1163-1202), emprendió al final de su reinado una campaña, con el fin de apoderarse de Khurasan. Ya poseía Herat y ahora sus fuerzas avanzaron para conquistar Nishapur, Sharak y Marv, y llegaron a atacar por el oeste hasta  la ciudad de Bistam. Estos territorios se ganaron en muy poco tiempo a los Shahs de Khwarizm que gobernaban en nombre de los sultanes Saljuqíes. 

El fundador de la dinastía de los Shahs de Khwarizm fue un esclavo turco llamado Anushtigin, que llegó  al cargo de copero del sultán seldjuqí Malik Shah I (1072-1092). Durante el reinado del siguiente sultán, el hijo de Anushtigin fue nombrado gobernador de Khwarizm. El tercer miembro de esta dinastía, Atsiz, gozó de gran independencia durante el reinado del sultán Sandjar, que sólo pudo reducirle tras arduas campañas. Con el posterior declive del sultanato Saljuqí los Shahs de Khwarizm llegaron a tener bajo su influencia a todo el Khurasan. El sexto rey de la dinastía, Takash o Takish, debió su subida al trono al poyo prestado por el soberano de los Qarakhitai, pueblo constituido por los supervivientes de la  dinastía nómada Liao, en China, que había sido expulsada por tribus rivales, y había cruzado Asia Central, hasta llegar a controlar el Imperio de los Qarakhaníes, que entonces estaba en decadencia. A la vez que pagaba tributo a los Qarakhitai, Takash se apoderó de Khiva y penetro en Iraq, lo cual fue motivo de desavenencia con el califa Abbasí. Takash murió en 1200 y Ghiyat al-din Muhammad II de Ghur aprovechó esta oportunidad para ocupar Khurasan, pero él mismo murió muy poco después. 

Su sucesor, su hermano Shihab o Muízz al-din Muhammad III de Ghur se expansionó extraordinariamente, pues destronó a los últimos ghaznawíes del Punjab, se anexionó esas provincias (1186) y conquistó la cuenca del Ganges a los rajás hindúes (1192-1203). En ese momento fue atacado por Muhammad de Khwarizm. En la primera batalla salió beneficiado el ghurí, que saqueó Khwarizm (1204). Muhammad de Khwarizm buscó ayuda en su soberano el gurkhan qarakhitai, que envió un ejército y a su vasallo qarakhaní Uthmán. Con esta ayuda expulsó a los ghuríes del país (1204). Los Qarakhitai persiguieron a Muhammad de Ghur y le infringieron una derrota completa de Andkhui, al oeste de Balkh. Sin embargo, sólo tras la muerte de Muhammad de Ghur, Muhammad de Khwarizm arrebató a los ghuríes Herat y el propio Ghur (1206). Yildiz y Aybak, generales de origen esclavo, se proclamaron independientes en Ghazna y Delhi, respectivamente. En 1215, el Shah de Khwarizm, terminaría la conquista de Afganistán quitándole también Ghazna. Llegado a ese grado de poder tomó el título de sultán y se negó a pagar tributo a los Qarakhitai, y contando con la ayuda del qarakhaní de Samarcanda, Uthmán, derrotó a aquellos y más tarde, aprovechando una rebelión de su aliado tomó Samarcanda, y mandó ejecutar a Uthmán poniendo fin a la dinastía. 

Finalmente, Muhammad de Khwarizm llevó a cabo en 1217, a través de Persia, una cabalgada triunfal, recibiendo el homenaje de los atabegs o gobernadores turcos, convertidos en independientes y hereditarios, que gobernaban las provincias persas, especialmente los Salghuríes de Fars y los Ildeguzíes de Azerbaidjan. Avanzó hasta Hulwan en los Zagros, en la frontera del dominio califal del Iraq arabí. Enfrentado al califa, estuvo a punto de marchar contra Bagdad. En ese momento (1217), el Imperio turco khwarizmiano, limitando al norte por el Syr Daria, al este por el Pamir y las montañas de Waziristan, al oeste de Azerbaidjan, los montes de Luristán y Khuzistán, incluía Transoxiana, casi todo el Afganistán y Persia. 

A pesar de su amplitud, ese imperio no había tiempo para cohesionarse internamente. De ahí que, cuando se enfrente al empuje de las hordas Mongolas de Genghis Khan el estado khwarizmiano se viniera abajo a primer choque. 

Cronología del periodo de las dinastías turcas islamizadas (ss.XI-XIII)
Genealogía de las principales dinastías turcas islamizadas

miércoles, 11 de enero de 2012

La Disgregación Política del Califato Abbasí de Bagdad (I). Desde los primeros intentos secesionistas hasta la instauración de las dinastías turcas (ss.IX-XI)

A lo largo del s. IX la autoridad de los califas se ve gravemente aminorada, lo mismo en las provincias que en el Iraq. El desorden financiero hace que no lleguen de las provincias rentas suficientes para satisfacer el lujo de la corte. Se recurre entonces al expediente de arrendar las rentas del estado a los mismos gobernadores, que a la vez tenían el mando militar. Al encontrarse estos con toda la fuerza económica y militar de la provincia, prescinden en adelante del gobierno de Bagdad. Las frecuentes revoluciones de palacio minan la autoridad de los califas los cuales, para sostenerse recurren al apoyo de tropas mercenarias, turcos especialmente. Acostumbrados estos a decidir sobre la transmisión del poder califal acabarán por apropiarse del mando efectivo –civil y militar- reservando al califa la jefatura religiosa. 

Los Abbasíes comenzaron por reclutar sus tropas entre gentes del Khurasan –árabes y persas- a los que pagaban un sueldo. La introducción de los turcos en la guardia califal se debe a al-Mu’tasim, que en 835 había sucedido a su hermano al-Ma’mun. Estos turcos procedían de los territorios situados más allá del Oxus, como tributo de los príncipes indígenas o por comercio de esclavos. A partir de 836 al–Mu’tasim  se traslada a Samarra, uno 100 km. al norte de Bagdad, donde residirá la corte hasta 892. Allí, rodeado de sus pretorianos, el califa se aísla aún más de sus súbditos a los que teme. 

Al-Muttawakkil (847-861) trata de frenar la potencia de los turcos, buscando apoyo en los teólogos y en la población civil, pero fracasa y su muerte abre paso a un periodo de nueve años de anarquía en el que se suceden cuatro califas. Es entonces cuando comienzan a independizarse las dinastía regionales a lo largo y ancho del territorio musulmán. 

En ciertas regiones había movimientos separatistas y de oposición en nombre de alguna forma disidente del Islam. Tales movimientos tuvieron como resultado la creación de unidades políticas separadas, aunque al mismo tiempo ayudaban a expandir el Islam dándole una forma que no alteraba el orden social. 

Algunos de estos movimientos invocaban el kharidjismo, o al menos de una de sus ramas, la de los ibadíes, que creían que el jefe de la comunidad o imam debería ser ocupado por la persona más digna. Existió un imamato ibadí en Omán, en el sudeste de Arabia, desde el principio del s. VIII hasta fines del s. IX, en que fue suprimido por los Abbasíes. En el Maghreb hubo durante algún tiempo una dinastía poderosa de imames ibadíes, los Rustemíes (777-909). 

Los movimientos de apoyo a los derechos de los descendientes de Alí b. Abi Talib al imamato estaban aún más difundidos. El cuerpo principal de shi’ies del Iraq y sus alrededores aceptaban el gobierno abbasí, o, al menos, lo toleraban. Los imames a los que reconocía vivían directamente bajo dicho gobierno, aunque a veces se les confinaba a la capital.

A pesar de todo había otros movimientos chi’ies que acabaron con la creación de dinastías independientes. Los Zaydíes sostenían que el imam debía ser el miembro más digno de la familia del Profeta que estuviera dispuesto a oponerse a los gobernantes ilegítimos. No reconocieron a Muhammad al-Bakir ( 731), que sí fue reconocido por el cuerpo principal de shi’íes como el 5º imam, sino a su hermano Zayd en su lugar. Crearon un imamato en Yemen durante el s. IX, y hubo otro en la región del Mar Caspio. 

Un desafío más directo fue lanzado a los Abbasíes por otra rama del shi’ismo, los Isma’ilíes. Este movimiento apoyaba las reivindicaciones del imamato de Isma’il, hijo mayor de Dja’far al–Sadiq, 6º imam, quien murió cinco años antes que su padre y la mayoría de shi’íes reconoció finalmente como imam a su hermano Musa al-Kazim (799). Los isma’ilíes, sin embargo, creían que Isma’il había sido elegido irrevocablemente sucesor de su padre y que su hijo Muhammad, le había sucedido después. En 910 llegó a Tunicia Ubayd Allah alegando ser descendiente de Alí y Fátima, se proclamó califa, y durante el siguiente medio siglo su familia se consolidó como dinastía estable a la que se dio el nombre de Fatimíes, de la hija del profeta, Fátima. De allí pasaron a Egipto. 

Las dinastías orientales 

Tuvieron su origen en jefes de bandas o en funcionarios ambiciosos, que con audacia y energía, y aprovechándose de la debilidad del poder central, fundan sus reinos en las provincias de la Persia Oriental, allí donde los Abbasíes reclutaban sus mejores fuerzas. El gobierno de Bagdad sólo excepcionalmente interviene para recuperar la provincia, pues lo normal suele ser otorgar la investidura el vencedor. Éste se conforma con ostentar el título de emir (gobernador) al que a veces se añade el de amil (recaudador de impuestos); pero en la práctica gobierna en provecho propio y no envía a Bagdad las rentas a la que está obligado. Su separatismo no se tiñe de carácter religioso, pero sí se tiende a favorecer un retorno a las tradiciones sasánidas y a la cultura persa, que alcanza renombre especial con la dinastía de los Samaníes. 

La primera provincia que se separa en oriente fe el Khurasán, con el general Tahir b. al-Husayn, a quien el califa al-Ma’mun había enviado en 820 para reprimir el movimiento kharidjí. Tenía su residencia en Merv, y pronto empezó a prescindir del nombre del califa en la oración del viernes. Sus sucesores, aunque nominalmente sometidos a la autoridad de Bagdad, donde incluso ocupan altos cargos, se condujeron con absoluta independencia. Extendieron sus fronteras hasta la India, y el tercer emir instaló su capital en Nishapur, donde se mantuvieron hasta que en 873, fueron reemplazados por lo Saffaríes. 

Los Saffaríes procedían de Ya’qub que luchó en Sistán contra el bandidaje promovido por los kharidjíes. Pronto se hizo dueño de Sistán de donde se dirige a Fars, ocupando su capital, Shiraz (869); luego se dirige a Afganistán; para apartarle de Fars, el Califa le otorga en 871 el gobierno de las provincias de Balkh, Tukharistán, Fars, Kirman, Sistán y Sind; pero él, que aspiraba a ocupar todo el Khurasan, logra penetrar en su capital Nishapur (873), gracias a la traición de alguno de los notables que seguían a los tahiríes. Con varia fortuna se sostuvieron en el mando de estas tierras Ya’qub y su hermano Amr hasta que éste fue vencido y hecho prisionero al intentar conquistar la Transoxiana. Enviado a Bagdad, es muerto por el califa (902) y la mayor parte de sus estados pasaron a los Samaníes. 

Los Samaníes, persas islamizados se hicieron cargo de la lejana Transoxiana. Los cuatro hijos del fundador Asad b. Saman-khoda habían sido recompensados con provincias en Trnsoxiana, por su leal servicio al Califa al-Ma'mun: Nuh obtuvo Samarcanda; Ahmad, Ferghana; Yahya, Shash e Ilyas, Herat. El hijo de Ahmad, Nasr I (864-892) se convirtió en gobernador de toda Transoxiana en 875, pero fue su hermano y sucesor, Isma'il quien expulsó a los Saffaríes y Zaydíes de Khurasán y Tabaristán, estableciendo así un gobierno semiautónomo, sobre Transoxiana y Khurasán, con Bukhara como capital. En 893 Isma'il invadió y derrotó a los turcos Qarluq, tomando Talas. Su hijo Ahmad envió dos expediciones militares (911 y 912-13) a Sistán para mantener bajo control a los ultimos Saffaríes. 

Al aproximarse el s. X la disgregación territorial va acercándose incluso al corazón del califato: el norte del Iraq, sede califal, es controlado por los Hamdaníes (c. 935), desde Mosul, y en Siria fundan otro emirato con capital en Alepo, en lucha constante contra los bizantinos. 

Egipto también se sustrae a la autoridad califal. En el s. IX era frecuente que los gobernadores nombrados para Egipto residieran en la capital del califato disfrutando de sus rentas y atentos a los avatares de la política califal, mientras un lugarteniente suyo se encargaba del gobierno efectivo del país. En 868 recayó el cargo en Bayakbeg, quien envió para representarle a Ahmad b. Tulun, un esclavo turco de Bukhara. Pronto se hizo el amo de la situación en Egipto, tanto que el nuevo gobernador Yarjuh, le respetó en el cargo. Apartó al antiguo amil y se entendió con su sucesor para entregar a Bagdad un tributo fijo, escapando así a su control económico. Cuando el califa al-Muhtadi le encargó someter al gobernador de Siria, pudo organizar una tropa de esclavos, núcleo de su futuro ejército, con lo que reunió en sus manos el poder económico y militar de Egipto. Sin embargo, en 905, la capital Fustat fue ocupada por las fuerzas del califa al-Muktafi, imponiendo de nuevo el gobierno abbasí. 

Los últimos califas del s. IX dieron muestras de singular energía, con el traslado de la corte de Samarra a Bagdad (892). Al-Muktafi había pasado su reinado (902-908) combatiendo a los qármatas, secta religiosa derivada del shi’ismo en su rama isma’ilí (es decir, que atribuía la legitimidad a los descendientes de Isma’il, 7º imam conocido de la familia de Alí), que se propagó por Siria (900), y había logrado someter a su autoridad Siria y Egipto. 

Sin embargo, la ilusión duró poco pues la unidad del califato (no sólo del territorio como hasta ahora) se rompió, pues en Egipto el fatimí Ubayd Allah (909) y en Córdoba el Omeya Abd ar-Rahman III (929) se proclamaron califas. Por primera vez el Islam se encuentra entre tres califas rivales. Al-Radi (934-940) será considerado el último de los “verdaderos califas”. En adelante, el auténtico jefe del estado será el amir al-umara, cargo que en 945 pasa a Ahmad, de la familia de los buyíes. Sus miembros, que pretendían descender de los reyes sasánidas, eran, originalmente jefes de bandas de la costa del Mar Caspio, que en pocos años se habían hecho dueños de Isfahan, Shiraz, Khuzistan y Kirman. En adelante y durante más de un siglo (945-1055), la designación de estos califas nominales quedará a merced de los emires de la familia buyí. 

Disgregación de África del Norte 

A fines del s. VIII los territorios comprendidos entre Túnez y Marruecos estaban separados de la autoridad de Bagdad. Ésta apenas se había ejercido de un modo momentáneo en Qayruan, donde un aventurero llegado de España, Abd ar-Rahman b. Habib, al expulsar al emir Omeya, estableció un gobierno árabe. Pero pronto fue asesinado y todo el país fue víctima de al anarquía kharidjí. El califa al-Mansur envió un ejército al mando de Muhammad al-Ashat, gobernador de Egipto, que liberó Qayruan (761), y sus sucesores a duras penas lograron mantenerse en Ifriqiya. El resto del país quedaba al margen del califato oriental, pues antes de que el gobierno de Bagdad pudiera intentar su recuperación, Berbería había quedado fragmentada en pequeños gobiernos, todos afectos a la herejía y en ellos era dominante el elemento beréber (eran todos reinos sufríes, como Barghawatta en la costa atlántica, o Sidjilmasa, al otro lado del Atlas).  

La dinastía Idrisí fue fundada por Idris I, descendiente de Alí, que llegó a La Meca huyendo tras haber fracasado un alzamiento de los alíes contra el califato de Bagdad (786). Fundó un imperio desde Tremecén hasta el Atlántico, con capital en Fez (Fas). Su nieto Muhammad divide el reino entre sus hermanos, hasta que en 920 Yahya IV reconoció la soberanía de los fatimíes instalados en Qayruan, y dos años después él mismo fue expulsado de Fez. 

El gobierno Rustemí fue el único estado kharidjí de alguna duración y consistencia. Había sido fundado por el persa Abd ar-Rahman b. Rustam, gobernador que había sido de Qayruan durante el breve dominio que allí ejercieron los kharidjíes. Al ser expulsado de Qayruan por al-Ashat fundó la ciudad de Tahert, cerca de la actual Tiaret en el centro de Argelia, lindando con las estepas saharianas de donde fue elegido imam supremo en 776. El principado apenas tiene historia exterior hasta la ocupación por los fatimíes en 908. El jefe era un imam, dictador espiritual y temporal, designado por plebiscito. De hecho el poder estuvo durante 148 años en la familia rustemí. Era un gobierno teocrático en el que los especialistas de las ciencias sagradas tenían un papel preponderante. Este pequeño estado de gentes sencillas, en las que predominaba el elemento beréber, ejerció gran influencia sobre todas las comunidades heterodoxas de la Berbería, gracias al prestigio personal de la familia reinante, alcanzando su autoridad moral hasta el Iraq. Como vecinos que eran de los idrisíes y aglabíes, los rustemíes buscan en el s. IX la protección de los Omeyas de Córdoba, a quienes proveen de cereales y tal vez de mercenarios beréberes. En 908 el país fue ocupado por los fatimíes. 

El año 800 el más oriental de los estados del Maghreb alcanzó su autonomía del califa Harun al-Rashid al otorgar éste a Ibrahim b. Aglab el emirato hereditario de Qayruan mediante el pago anual de 40.000 dinares. A Ibrahim siguieron once emires que siempre reconocieron una remota supremacía en los califas Abbasíes, les tenían al corriente de sus conquistas y les enviaban como presente parte el botín; por lo demás ningún control era ejercido por los califas sobre la vida económica, judicial o administrativa de la región. 

Poblado el país por árabes y beréberes, se ve agitado por las viejas rivalidades políticas y religiosas de unos y otros. El emir se ve obligado a mantener un ejército permanente reclutado entre esclavos negros o de otra procedencia. La estratégica situación en la ruta de las comunicaciones marítimas del Mediterráneo reservó a este territorio un papel preponderante en la vida económica, de lo que es una muestra la mezquita de Qayruan.

Con la conquista de Sicilia, emprendida por el tercer aglabí Ziyadat Allah I (817-838), se trató sin duda de defender al país de los ataques, cada vez más frecuentes, procedentes de la isla y a la vez obtener botín y nuevas tierras donde establecerse. Iniciada la conquista en 827 con la toma de Mazara, en el extremo occidental de la isla fracasaron ante Siracusa; nuevos refuerzos llegados de España (830) les permitieron tomar Palermo (831); Mesina fue ocupada en 843; en 859 entraron en la fortaleza de Castrogiovanni, situada en el centro de la isla, y hasta 878 no fue tomada Siracusa tras un asedio de nueve meses. Con la destrucción de Taormina por Ibrahim II (902) se daba por terminada la conquista de Sicilia. 

Hacia 880 otro álida, descendiente de Muhammad por su parentesco con Fátima, huyó de Asia y reclutó sus partidarios entre las tribus beréberes de Cabilia, especialmente en al confederación de los Kutama. Éste fue conocido por el nombre de “el Imán oculto” (mahdi), guía y maestro de los creyentes. Expulsó al gobernador y a los emires aglabíes todavía fieles a Bagdad, y en 908 se estableció en Qayuan. Sus sucesores, los califas fatimíes, se rodearon de un lujo propiamente oriental, usaban corona y se resguardaban bajo un parasol adornado de pedrería. Para afirmar su prestigio y dar muestras del esplendor de la nueva dinastía construyeron otra capital: “Mansuriyya” (=ciudad de los conquistadores), enriquecida por los elementos ornamentales tomados de Qayruan y por el tráfico lejano de caravanas. La dominación fatimí sólo se ejerció sobre los pueblos beréberes de la parte oriental; en incluso en esta zona los pueblos de las montañas del Aíres les fueron inaccesibles. Esta ocupación militar, con frecuencia artificial, tenía sus puntos de apoyo en las fortalezas construidas en los países hostiles. La verdadera capital de los fatimíes, Madhiya, situada en la costa este, no era más que un baluarte cuyos puertos y arsenales estaban rodeados de fuertes murallas. Desde Madhiya y las restantes fortalezas próximas a la costa, los fatimíes lanzaron sus incursiones contra los estados cristianos del Mediterráneo y dieron su apoyo a los emires de Palermo, quienes pertenecientes a la familia de los Kalbíes, terminaron por convertirse en gobernadores hereditarios, aunque nunca abandonaron la alianza con sus protectores fatimíes. Además, para los fatimíes su instalación en tierras beréberes constituía esencialmente una sólida base de ataque contra Egipto. 

En 969, un ejército fatimí se apoderó del Delta del Nilo sin dificultad. Preparada la conquista por una intensa propaganda religiosa, se desarrolló de un modo totalmente pacífico, sin encontrar ninguna resistencia seria. Era un imperio musulmán cuya autoridad se extendía desde el centro del Maghreb hasta las tierras de Siria. Esta invasión fatimí no sólo supuso un claro debilitamiento político del califato de Bagdad, sino también una nueva victoria de los shi’íes, que apoyados en un estado poderoso emprendieron la conquista espiritual de varias regiones asiáticas. El Califa al-Mu’izz hizo construir una nueva capital que sustituyó a Mansuriyya, a saber El Cairo. La dinastía fatimí perduró hasta 1171 en que Egipto pasa manos de Saladino (Salah al-din Yusuf), el gran guerrero kurdo, cuya dinastía fue expulsada por los mamelucos, la guardia esclava del sultán, quienes elegían al nuevo gobernante de entre ellos mismos. En 1261 se instaló en El Cairo, bajo protección mameluca una rama de los califas Abbasíes, después de la conquista y extinción del Califato de Bagdad por los mongoles en 1258. 

Dueños de Egipto y califas de El Cairo, los fatimíes dejaron el gobierno de Ifriqiya a sus vasallos, los príncipes Ziríes de las tribus beréberes. Sanhaya, hijo de Zirí, quien en 935 fundó Achir, ciudad encaramada en los flancos de las montañas Titteri, consiguió rechazar en 945, los asaltos de los kharidjíes contra Madhiya, salvando así a la dinastía fatimí. Fieles aliados por mucho tiempo, los emires ziríes de Qayruan, enviaron regularmente tributos y tropas a Egipto. Pero en 1049 se reconciliaron con Bagdad y rompieron su alianza con sus antiguos dominadores y con las doctrinas shi’íes. Otra ramificación, la de los Hammadíes, se proclamó vasalla de El Cairo, pero reuniendo al mismo tiempo un fuerte reino en torno a su capital y ciudadela, la Qa’la de los Beni Hamad. Estos reinos beréberes fueron capaces de mantener cierta prosperidad y unidad política en países intensamente divididos, contribuyendo con ello a difundir la civilización de Qayruan y la lengua y costumbres árabes, en esos altiplanos refractarios hasta entonces a tal penetración. 

Incapaces de reconquistar el Maghreb, los califas de Egipto lanzaron contra los beréberes las bandas nómadas de Hilalíes, saqueadores árabes que establecidos en el Alto Egipto, asolaban continuamente  tierras y ciudades del delta del Nilo. A partir de 1060 estos beduinos aterrorizaron las llanuras de Ifriqiya, y más adelante del Maghreb central, destruyendo cosechas y ciudades. Minado por las querellas internas, las revoluciones y las crisis económicas, el estado zirí de Qayruan sucumbió entonces, yéndose a refugiar sus principies a Madhiya. Qa’la, sin embargo resistió largo tiempo. No obstante, al establecerse los hammadíes en Bugía en 1098 la nueva capital provocó la decadencia de la antigua. De esta forma, las dos dinastías beréberes primitivamente circunscritas a las montañas, sólo pudieron subsistir en estrechos reinos adosados a las cadenas costeras, aisladas del resto de África y muy pronto expuestos a empresas cada vez más audaces de la reconquista cristiana. 

La expansión almorávide proveniente del oeste no fue dirigida por una familia principesca sino por una casta militar. Par defender el país contra incursiones cristianas los musulmanes habían establecido en la costa oriental de Ifriqiya numerosos monasterios fortificados (“ribat”) en Monastir (796) o en Susa (821). Posteriormente los ribat se multiplicaron, escalonándose por toda la costa desde Tripolitania hasta Marruecos para prevenir de los brutales ataques marítimos de los españoles e italianos, los ribat daban la señal de alarma y servían también para transmitir noticias y órdenes. Estaban servidos por voluntarios –los morabut- cambiándose la guarnición dos veces al año. Estos combatientes del Islam atacaron en primer lugar los reinos negros del sur, y sólo más tarde se dirigieron al norte, ocupando las llanuras del Marruecos meridional. Allí fundaron en 1062 Marraquesh, su capital. Desplazándose a lomos de sus camellos saharianos, los almorávide, antes de emprender la conquista de la España islámica, sometieron en breve tiempo todo el Maghreb hasta Argel, como primera fase de la creación de un vasto imperio musulmán de Occidente. 

Sin embargo, este nuevo imperio sufriría los ataques de otros beréberes del sur de Marruecos, los Almohades. Estos formaban unas tribus sedentarias establecidas en algunas aldeas de un valle del alto Atlas, aunque cada invierno descendían con sus rebaños hacia las llanuras. Al igual que la de los almorávides también la invasión de los almorávides tuvo el aspecto de una cruzada. Su jefe Ibn Tumart, había vivido largo tiempo en oriente, y proclamado Mahdi en 1122 condenó violentamente el excesivo refinamiento de las costumbres almorávides, la excesiva ornamentación de las mezquitas y los cantos profanos.  

Uno de sus lugartenientes, Abd al-Mu’min, audaz guerrero y sagaz político, pronto obtuvo victorias frente a los almorávides (en 1145) fundando un extenso imperio. Bugía cayó en 1151 y Madhiya fue reconquistada los normandos de Sicilia en 1160. Puede considerarse como una victoria decisiva de los sedentarios sobre los nómadas de las estepas. Por primera vez, el Maghreb formaba un solo estado unificado, el más poderoso entonces, de todo el Islam. El imperio beréber de los almohades se abrió al mundo exterior y al comercio marítimo. 

No obstante, esta unidad se mantuvo sólo hasta 1230. Los califas almohades no habían podido asegurarse la fidelidad de las provincias ni tan sólo habían conseguido la perfecta asimilación de las tribus nómadas árabes y beréberes. Los fracasos obtenidos en España frente a los cristianos, precipitaron la decadencia del estado almohade. Poco a poco, el país fue cayendo en un estado de anarquía del que surgieron fundamentalmente tres reinos que, a grandes rasos, correspondan a la división desde entonces tradicionales, del Maghreb. En el este, el reino de los Hafsíes de Ifriqiya, que siendo miembros de la familia almohade, se proclamaron califas en Túnez. En el centro, el reino fundado alrededor de Tremecén por los nómadas beréberes de Banu Abd al-Wad. Al oeste, por último, el de Fez conquistado  violentamente por los Meriníes del sur de Marruecos, enemigos tradicionales del califa. 

La suerte de estos tres reinos berberiscos fue diversa. En cualquier caso, las bases de su poder eran frágiles, ya o se apoyaban en un vasto movimiento de renovación religiosa ni sobre la idea de una guerra santa que arrastrase a grandes confederaciones de tribus, sino sobre familias principescas de limitada clientela. En 1288 y prosiguiendo su avance hacia el oeste, los meriníes de Fez atacaron sin tregua Tremecén, asediándola casi constantemente. Tomada en 1337 Tremecén pasó a depender durante largo tiempo de los príncipes de fez, cuyos ejércitos atacaron también las llanuras de Ifriqiya. Sin embargo, estos éxitos fueron siempre precarios. Estos estados beréberes, por último, debilitados merced a los incesantes que enfrentaban a los pobladores de las ciudades, cuyos habitantes apenas osaban asomarse a las murallas. Con ello disminuyó el poder el poder de los príncipes. De ahí que, en 1415 el Magheb fuese incapaz de rechazar los ataques portugueses a Marruecos y más delante de los turcos y los españoles. 

Al-Ándalus 

En 755, en la playa de Almuñecar, en Granada desembarcó el ejército de Abd ar-Rahman, nieto del califa Omeyya Hisham, escapando de las matanzas ordenadas por los Abbasíes. Durante cinco años había intentado en vano conseguir un reino en el Maghreb. Pero en España, ayudado por ciertos contingentes árabes, consiguió y aseguró su triunfo en la batalla de La Almusara. Entró solemnemente en Córdoba desde donde tomó el título de emir de los creyentes, y proclamó de hecho la decisiva ruptura entre este estado musulmán de occidente regido por una dinastía siria y los nuevos califas de Bagdad , sometidos a la influencia de los emires y capitanes persas . La imposición de estos conquistadores fue difícil, a pesar del fuerte ejército de beréberes reclutado a su paso por África, y de su imponente guardia negra. Durante más de un siglo, España estuvo abandonada a la anarquía y a las luchas dinásticas. Los soberanos empezaron enfrentándose a las sublevaciones de los gobernadores de provincias (en 777, el de Zaragoza fue a Padeborn, a solicitar la ayuda de Carlomagno), a las primeras empresas victoriosas de los cristianos de Asturias, y a las expediciones aventuradas que contra las costas de Levante llevaban a cabo las flotas Abbasíes y sus aliados, con frecuencia capitanes de origen eslavo. En ese mismo año 777, un jefe tribal llamado al-Saqlabí atacó Murcia. Más tarde los normandos lanzaron desastrosas incursiones contra las costas de Galicia y Portugal; en 845 remontaron los cursos de los ríos Tajo y Guadalquivir y saquearon Sevilla. 

En el interior se extendían las sublevaciones urbanas dirigidas por nobles y doctores del Islam: Córdoba, Toledo y Mérida; en 814, en Córdoba un motín iniciado en el barrio de los estudiantes y teólogos levantó tras de sí a toda la población; la sangrienta represión de la tropas del emir provocó una emigración masiva a Marruecos y Egipto. Estos últimos se lanzaron a la conquista de la Creta bizantina a partir de 826, año en que fueron expulsados de aquel país; desde entonces hasta 961, reinó en Creta una dinastía cuyo fundador, Abu Hafs Umar I era oriundo del Campo de Calatrava en España. Por último, entre 850 y 852 la oposición de los cristianos, hasta entonces esporádica alcanzó a todas las ciudades y adquirió una mayor dureza. 

Estos ataques no comenzaron a disminuir hasta el reinado de Abd ar-Rahman III (912-961) que se proclamó califa y redujo los centros de rebelión (toma de Toledo en 932). Su prestigio extendido por todo el occidente musulmán llegó incluso a eclipsar al califa de Bagdad. Sus sucesores mantuvieron la paz, y cuando se planteó el problema del reinado de un monarca de dos años de edad, el poder pasó a manos de un jurista de origen yemení, intendente de la familia real. Bajo el nombre de Almanzor (al-Mansur “el Victorioso”) dirigió el estado y los ejércitos. Vencedor de los cristianos en varias ocasiones, Almanzor condujo una incursión que llegó hasta Santiago de Compostela y allí destruyó el Santuario. Su muerte en 1002, dejó un Al-Ándalus  desunido y anunció el fin del califato Omeya de Córdoba en 1031. 

En Cádiz ciudad, un noble o jefe guerrero proclamó su independencia, erigiendo sólidas fortalezas, reclutando mercenarios, acuñando moneda y manteniendo una administración y una corte real. Estos pequeños Reinos de Taifas (muluk al-Tawaif) se enfrentaron en incesantes guerras fronterizas, situación que los cristianos del norte utilizaron par convertir a algunos de ellos en tributarios suyos. Las crisis  dinásticas y las querellas personales no fueron las únicas causas de esta desmembración política, sino también, y sobre todo, la oposición entre las diversas tribus o etnias. Los árabes procedentes de oriente habían perdido su cohesión y Almanzor había asestado duros golpes a la organización tribual. 

Las familias nobles descendientes de los conquistadores árabes de 711 dominaron reinos en el sudoeste (Huelva y las ciudades próximas), en las fronteras del Tajo (Toledo), del Guadiana (Badajoz) y del Ebro (Tutela, Zaragoza, Lérida). La más poderosa de ellas, la de los Banu Abbad, de origen yemení, reinaba en Sevilla, y ejercía una especia de protectorado sobre los demás reinos andaluces. En Córdoba, la antigua capital que conservaba una próspera población de mercaderes, artesanos y doctores, gobernaba un Consejo de notables (la Aljama) que reunía a los jefes de las grandes tribus. 

Por su parte, los beréberes dominaban sólidamente las montañas del sur bajo el mando de sus propios capitanes (tal ocurría en Ronda, Carmona, Morón y Granada) o de príncipes árabes establecidos en África desde largo tiempo (Málaga, Algeciras, Ceuta). 

Un ultimo grupo lo constituían los reinos dominados por jefes militares que habían tenido a su mando tropas de esclavos, comprados en algunos casos antes de la conquista de España, en la Europa central, o más tarde, sometidos en el curso de las incursiones a los países cristianos. Formaron pequeños reinos a lo largo de toda la costa oriental dedicándose frecuentemente a la piratería: Almería, Denia, Valencia, Tortosa y Mallorca. 

La desmembración política y la brillantez de la vida cortesana características de la época de los primeros reinos de taifas se mantendrían hasta los últimos años del Islam islámico. Pero en dos ocasiones, estos países musulmanes fueron sometidos a la ley de guerreros africanos que impusieron un pode fuerte y más centralizado, y una mayor austeridad en las costumbres. A raíz de la reconquista de Toledo (1085) los reyes musulmanes enviaron varias embajadas al sultán de los almorávides, Yusuf b. Tashufin, en demanda de socorro. Sin embargo, ansiosos de preservar su independencia y de obtener garantías, los reyes impusieron tales condiciones que la misión fracasó. Al año siguiente, no obstante, se llegó a un acuerdo y los ejércitos musulmanes obtenían frente a Alfonso VI, la decisiva victoria de Sagrajas. 

Pese a ello, la invasión almorávide no pudo hacer retroceder a los cristianos. El único resultado espectacular fue el hundimiento de los reinos de taifas (entre 1090 y 1103) y la unificación de la España musulmana bajo la autoridad de los sultanes beréberes. 

Poco después, los progresos de la Reconquista cristiana, y sobre todo, la oposición de los musulmanes de España, plasmada incluso en sublevaciones, permitieron a los diversos jefes recuperar sus respectivas ciudades. Se abría un nuevo periodo de anarquía que duraría hasta la intervención armada de otros beréberes, los almohades, 1147. Aunque a costa de grandes dificultades, estos ocuparon, primero Andalucía, y luego, en torno a 1170, las restantes provincias. En 1212 la victoria cristiana de las Navas de Tolosa hizo zozobrar este segundo imperio africano. 

Reconstituidos a raíz del hundimiento del Imperio almohade, varios de los últimos reinos taifas (Jerez, Niebla y Murcia) intentaron sobrevivir acatando la soberanía de los príncipes cristianos y pagándoles un tributo, como ya habían hacho anteriormente. Sin embargo, sólo el de granada lo conseguiría. 

Siendo originalmente pequeños príncipes oriundos de Arjona, plaza fuerte del alto Guadalquivir, los Nazaríes (nasríes), desposeídos de su reino por sus vecinos, se mostraron fieles vasallos del rey de Castilla, a cuya corte enviaban vasallos, regalos y dinero, así como mercenarios para sus ejércitos. Esta deliberada alianza les permitió reconquistar un nuevo reino que centrado en Granada, e incluyendo Ronda, Málaga y Almería, constituyó el último reducto musulmán de la Península y ante el cual se estancó durante más de 200 años la Reconquista cristiana. Finalmente, el reino de Granada, cayó víctima del proyecto unificador de los Reyes Católicos de las Coronas Castellana y Aragonesa en 1942, y su último rey Muhammad XII Boabdil “el Chico” se vio obligado a emigrar al norte de África donde terminó sus días como soldado de fortuna, muriendo en una batalla en los alrededores de Fez en 1525. Con él se cerró el periodo musulmán de Al-Ándalus que se dilató durante 781 años (711-1492).

 Cronología de la fragmentación del Califato Abbasí (ss.VIII-XI)
 Las Dinastías Musulmanas desde el s.VIII hasta la implantacion de los pueblos Turcos (s.XI)