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lunes, 14 de noviembre de 2016

El Imperio Asirio (II): El Periodo Oscuro y el Reino Asirio Medio (c.1750-1050)

1. El Periodo Oscuro (c.1750-c.1450)

a) La aparición de nuevos invasores: Casitas, Hurritas y Mitannios

Las páginas de esta historia tienen poco que decir sobre Asiria o Babilonia a partir de los reinados de Šamšī-Adad I y de su hijo Išme-Dagan, en la primera, y desde el final del último sucesor de Hammurabi en la última. El espacio intermedio de casi tres siglos estuvo ocupado por las invasiones e influencias retardantes que afectaron a la totalidad de Asia Occidental y Egipto también, y habían producido una oscuridad similar a la vista de toda esa vasta área. En Egipto los invasores eran los Hyksos, en Siria, Mesopotamia y hacia el este, los Hurritas, en Babilonia los Casitas; todos esos pueblos eran de orígenes tan oscuros como generalmente bajos sus niveles culturales, y todos por igual destinados a perder su individualidad, parcialmente por conquista, pero mayormente por absorción, antes de que hubieran alcanzado una civilización característica o mucha historia propia. Para esta edad oscura la búsqueda moderna tiene que depender, por tanto, parcialmente de vestigios y destellos intermitentes de lo antiguo. El punto alcanzado ahora en la historia es que si bien la oscuridad está en todas partes en retroceso -había sido disipada en Egipto con la expulsión de los hyksos y la contrainvasión de Siria por los reyes de la XVIII dinastía-, sin embargo, estos nunca se habían aproximado suficientemente a las viejas sedes de la cultura babilónica como para ejercer una influencia directa allí o romper (si tal hubiese sido el efecto) el hechizo amortiguante que todavía lo dominaba. El más grande de los conquistadores egipcios, Thutmosis III, fue capaz, en el punto más lejano de su penetración en Siria, de incluir entre el botín de su campaña un tributo desde Aššur, a la que había alcanzado su fama si no sus ejércitos. Poco afectado por este distante intruso, y en absoluto por sus sucesores, la nación asiria tuvo que temer y y sufrir mucho más la opresión más cercana de los hurritas, representados por reyes de los estados llamados Mitanni y Khanigalbat. Los Casitas habían comenzado a hacer incursiones y establecerse en Babilonia bajo el reinado del hijo de Hammurabi, y se habían instalado a gran escala en la capital, llenando el vacío dejado tras la incursión hitita que puso fin a la dinastía amorrea allí. Sin embargo, a pesar de las violentas interferencias las dos tierras habían perdido poco de sus respectivas identidades. A través de todos esos años la línea de reyes asirios nunca se rompió, y los invasores de Babilonia, habían llegado, como muchos de sus precursores, a ser aceptados como simplemente una nueva dinastía en un país aparentemente dotado de una capacidad inagotable de absorber los elementos más intratables y reorganizarlos en su propio molde.

 
En Asiria la línea de reyes está conservada sin interrupción para nosotros únicamente mediante las listas de sus nombres y reinados. De los 36 contados entre Išme-Dagan I y Aššur-uballit varios ocuparon un difícil trono durante solamente un momento, y el resto no dejaron más que unos pocos registros de actividad constructora local en la ciudad de Aššur, acoplado con una noticia genealógica. Sus inscripciones no ocupan media docena de página en los libros modernos, y donde ellos no han dicho nada de sí mismos no es sorprendente que el mundo exterior, en general, no hubiera dicho más. 




 No hay duda de que la mayoría de estos reinados se pasaron bajo la sombra de la dominación extranjera, proyectada parcialmente desde Babilonia, donde los igualmente oscuros primeros reyes casitas parecen haber reclamado una cierta soberanía sobre el vecino del norte. Pero una nube mucho más amenazante obstaculizaba desde el oeste, desde los diversos gobernantes de los pueblos hurritas, quienes, si bien nunca suplantaron a los reyes asirios en su pequeño dominio particular, al menos extendieron su poder y ocuparon distritos que, por naturaleza, pertenecían más a los asirios, por lo demás, incluso lejos de las principales sedes de los reinos hurritas. Es una suerte que estemos muy ampliamente informados sobre la población, las instituciones, el lenguaje y la vida de un distrito centrado sobre Arrapkha (el moderno Kirkuk), con una importante sucursal periférica en Nuzi, a solo una pocos kilómetros de distancia. Las ciudades estaban entonces habitadas por una población mayormente hurrita, la cual estaba acostumbrada al uso, más bien torpemente, del lenguaje acadio para sus negocios legales y registros públicos, pero hablaba su propia tosca lengua vernácula y reconocía el gobierno de Sauštatar, rey de Mitanni. La ciudad de Aššur difícilmente aparece en todos estos voluminosos documentos, pero Nínive es destacada, especialmente en nombres personales, y muy probablemente sea considerada una posesión mitania, que contenía una fuerte mezcla de habitantes en esta época. Arrapkha, perdida para el gobierno babilónico desde los días de Samsuiluna, pasó a dominio de los hurritas, no de los asirios, a pesar de su comparativa cercanía de Aššur; las tablillas de Nuzi dan suficientemente indicación de que los reyes de Asiria deben, en estas generaciones, haber sido no más que vasallos de los monarcas hurritas que controlaban el país a lo largo y ancho alrededor de la ciudad sobre el Tigris. En estas circunstancias no es sorprendente que lo poco que se conoce sobre Asiria, incluso en la época que precedió directamente a su gran recuperación, se deriva por casualidad de la historia de Mitanni, ella misma fragmentaria y parcialmente dependiente de otros registros.

b) El inicio del Periodo Asirio Medio

Los historiadores habitualmente colocan el inicio del Periodo Asirio Medio en la segunda mitad del siglo XV a.C. cuando se vuelve a encontrar documentación -tanto documentos de archivo como algunas inscripciones reales, comenzando con las del rey n.º 59, Šamšī-Adad III (1534-1518). Pero por la falta de datos no es fácil decir qué había de nuevo o diferente, aparte del hecho de que Aššur se engrandeció al añadir la nueva ciudad meridional (ālum eššum), cuyos muros fueron construidos por Puzur-Aššur III (1492-1468). La ciudad también se convirtió en capital de un estado territorial, cuyos gobernantes se llamaban a sí mismos “rey del país de Aššur(māt Aššur), y pronto se unirían al “club” de los grandes poderes de la Edad de Amarna, en el siglo XIV a.C. La falta de inscripciones antes del rey nº 59 no nos permite tomar la ascensión de Belu-bani, hijo de Adasi, como el comienzo del llamado Periodo Asirio Medio, que de cualquier manera es un concepto moderno, solo aplicable desde la segunda mitad del siglo XV a.C. La Lista de Reyes Asirios insiste en que durante esta época, y pese a los desafíos a los que se vio sometida, logró sobrevivir una rama dinástica. Así pues, los reyes asirios posteriores descendían en último término de un monarca por lo demás muy poco conocido, Adasi, que reinó en algún momento del siglo XVII a.C. Este concepto de legitimidad genealógica pervivió durante toda la historia de Asiria, de modo que este periodo tan oscuro para nosotros tuvo una importancia ideológica enorme para el estado asirio hasta su desintegración a finales del siglo VII.

  

En segundo lugar, el sistema de funcionarios anuales epónimos, los limmu, se mantuvo desde la época paleoasiria hasta la desaparición de Asiria, y por supuesto también durante la “época oscura”. Por último, las historias de las actividades constructivas de época posterior aluden a actos realizados por reyes de este periodo, por lo demás tan mal documentado. Así pues, pese al carácter probablemente ficticio en muchas ocasiones de una continuidad política debilitada, sobrevivieron algunos elementos importantes de la cultura política asiria.

Se cree saber que Asiria comenzó muy pronto a formar parte del mundo mitannio. La toma del poder por el “usurpador” Lullaya (1592-1586), citado en las listas como el sexto rey después de Adasi, muy bien podría significar el comienzo del dominio total de los mitannios en el país. Las escasas y breves inscripciones relativas a edificios religiosos que los reyes nos han dejado nos informan al menos de un punto: la continuidad de los títulos asirios: el rey afirma ser “iššiakum(vicerregente) del dios Aššur.

No está probado que la dominación de los mitannios se hiciera sentir siempre con la misma intensidad. Hubo ciertamente momentos de relajamiento en que los príncipes asirios manifestaron veleidades de independencia. La historia sincrónica, nos recuerda alguno de esos momentos: cuando Puzur-Aššur III, y el rey casssita de Babilonia Burna-Buriaš II fijan de nuevo su frontera hacia 1490 a.C., o cuando Aššur-bel-nišešu (1409-1400) y el rey cassita Kara-Īndaš I firman un tratado y prestan juramento en las fronteras de sus estados. El hecho es que el que hayan firmado un tratado y llegado a acuerdos internacionales es prueba de que los asirios consiguieron recuperar durante periodos más o menos largos su soberanía nacional. Es muy significativo el que estos mismos periodos de independencia parezcan coincidir con ciertos aspectos de la actividad real. Así, por ejemplo, Aššur-bel-nišešu, reconstruye las murallas fortificadas que rodean la ciudad nueva, es decir, la parte de Aššur, de forma trapezoidal, que constituye su extremo sur. Ahora bien, el constructor de esa muralla había sido, como se dijo más arriba, Puzur-Aššur III, que como se ha visto, también había tratado de igual a igual con un rey de Babilonia. Y así como la destrucción de murallas de una ciudad era uno de los primeros actos realizados por un rey conquistador, a fin de poner de manifiesto su conquista, es natural que la reconstrucción de esas mismas murallas significase y manifestase la independencia recobrada.

Cuando las dificultades interiores de Mitanni se hicieron más agudas y pusieron en grave peligro la unidad de este vasto territorio, Asiria en varias ocasiones intentó conseguir su independencia. Así, por ejemplo, Aššur-nadin-ahhe II (1392-1382), sobrino de Aššur-bel-nišešu, aprovechó los disturbios ocasionados por el asesinato de Šuttarna II para intentar restablecer relaciones con Egipto. Lo consiguió, e incluso es tratado por el faraón en un plano de igualdad con Mitanni, ya que recibió la misma cantidad de oro que este último. Pero será preciso que los hititas lleguen a quebrantar el dominio de Mitanni para que por fin, Asiria se convierta en un país independiente.

2. Renacimiento político de Asiria. Assur-uballit y sus sucesores.

a) La independencia de Asiria respecto de Mitanni

El restaurador del poder de Asiria fue, más allá de toda duda, Aššur-uballit, quien estaba destinado a convertirse en la figura en su día, pero no nos ha dicho nada a propósito de sí mismo. Media docena de inscripciones cortas en relación con la reparación de dos templos y algún trabajo sobre una muralla en su ciudad de Aššur, no más que el menos distinguido de sus predecesores. Los reyes asirios no habían aprendido aún el arte de añadir anexos a sus inscripciones de construcción, estas notas de sucesos contemporáneos que iban a expandirse pronto en los detallados anales de los reinados posteriores. Una primera mención de los hechos del gran rey se hace, en su propia familia, a través de su nieto, mirando atrás sobre las glorias de su linaje y tomando a Aššur-uballit como el inaugurador de estas. En la documentación general de su época hace una aparición mejor, aunque a veces anónimamente. Sus propias reliquias más interesantes son dos cartas encontradas en el distante Egipto entre el célebre archivo de Amarna. Estos dos despachos pertenecen claramente a diferentes periodos de su reinado y poder. La primera está dirigida “al rey de Egypto, de Aššur-uballit, rey de Asiria”, y sus contenidos son adecuados a estos modestos comienzos -el escritor envía a su mensajero a contactar con el potentado, “para verte a tí y a tu tierra”, y para ofrecer un presente apropiado, un bello carro, dos caballos, y una joya de lapislázuli, en elogio del cual observa que su padre nunca había enviado tales regalos, una observación que esta amplificada en la segunda carta. Esta es más larga y más interesante; Aššur-uballit, que escribe más avanzado su reinado, se ha convertido ahora en “el rey de Asiria, el gran rey, tu hermano”, y se dirige a Amenofis por los títulos correspondientes, incluyendo “mi hermano”. Los regalos se repiten, incluso incrementados, pero se deja muy claro que son enviados estrictamente sobre el comprensible “do ut des(“doy para que des”), pues el escritor continúa diciendo que esta informado de que “el oro en tu país es polvo, ellos lo recogen”. Así, como el tiene que soportar el coste de construcción de un nuevo palacio, deja que envíe su hermano todo el oro que haga falta. Esto está reforzado por una interesante llamada al pasado, “cuando Aššur-nadin-ahhe, mi padre [segundo predecesor] envió a Egipto, ellos mandaron de vuelta 20 talentos de oro, y cuando el rey de Khanigalbat envió a tu padre, ellos le mandaron también 20 talentos. Envíame tanto como al de Khanigalbat. En la misma grosera presión, de manera maleducada, rechaza el favor aceptado “(lo que tú has mandado) incluso no es suficiente para el gasto de mis mensajeros yendo y viniendo. Esto es, por supuesto, solamente un ejemplo de la codicia por el oro egipcio que impregna las cartas de los príncipes asiáticos, que evidentemente no veían nada indigno en tal regateo de presentes. Se ha observado que, por razones desconocidas, el oro en esta época había reemplazado temporalmente a la plata como medio de intercambio, y que los regalos recíprocos, masivos y cuidadosamente inventariados, que pasaban entre estas cortes, pueden considerarse como una forma de comercio de estado; del mismo modo que el oro era la exportación particular de Egipto, el lapislázuli y los caballos eran igualmente los valores asiáticos comerciados a cambio. En cualquier caso, los príncipes nunca se habían contenido de criticar sus correspondientes regalos con una franqueza descarada. La carta de Aššur-uballit finaliza con algunas palabras sobre las dificultades de comunicación, “somos tierras distantes, y nuestros mensajeros deben viajar así, sujetos a obstáculos. Había habido quejas en ambas partes sobre la retención indebida de mensajeros; alguno de los egipcios habían sido mantenido prisioneros por los Sutu, los nómadas del desierto, y el rey asirio escribe que había hecho todo lo posible por efectuar su liberación. Pero esta desgracia, añade, no es razón para que los mensajeros asirios sean detenidos como represalia - ¿por qué deberían morir en una tierra lejana? Si esto diera cualquier ventaja al rey, que así sea, pero ya que no hay ninguna, ¿por qué no dejarles ir?

No hay nada que demuestre que el faraón se tomó todo esto particularmente mal -el estilo era demasiado familiar. Pero hubo otro que pensó que valía la pena mandar a él (o a su sucesor) una aguda protesta contra estas negociaciones, el contemporáneo rey casita Burna-Buriaš, el segundo de ese nombre en la dinastía. Esta indignada carta recuerda que Kurigalzu, su padre, había sido tentado por los cananeos para hacer una liga con ellos para una incursión sobre Egipto, y Kurigalzu había rechazado estas propuestas. “Pero ahora los asirios, súbditos míos, ¿no te he escrito sobre cómo es su mente? ¿Por qué tienen que venir a tu país? Si me aprecias, no permitas lograr nada de su objetivo, sino despídelos con las manos vacías. Los ancestros de Burna-Buriaš ciertamente pueden haber pretendido e incluso ejercido una cierta supremacía sobre los oscuros reyes de Aššur, encerrados en su pequeño dominio entre las hordas de un opresor más próximo. Pero no solo había ahora allí un hombre de temperamento diferente sobre el trono asirio; los opresores habían sido expulsados y todas las circunstancias cambiaron. Las protestas de Babilonia fueron en vano, pues el faraón era demasiado sabio para ignorar la realidad. El tema más urgente en las cartas desde Babilonia era la protesta contra el reconocimiento de los asirios, un asunto de algún peso para Burna-Buriaš, que vio que su supremacía nominal pasaba rápidamente a la dominación real de su rival, Aššur-uballit. El momento culminante para Asiria en su relación con los reinos hurritas que la habían oprimido tanto tiempo fue indudablemente el asesinato de Tušratta (c.1356-c.1335), rey de Mitanni, por uno de sus hijos. Los sucesos de este tiempo son relatados con algún detalle por los preámbulos de dos versiones de un tratado celebrado entre el hijo de Tušratta, Kurtiwaza y el gran rey de los hititas, cuyo patronazgo obtuvo y selló por el matrimonio con una hija.

A la muerte de Tušratta, el trono de Mitanni fue ocupado por Artatama II (c.1335-c.1330), el rey del país de Khurri, quien había sido su oponente largo tiempo y como tal había disfrutado del apoyo del rey hitita. Pero tenía otros partidarios también, en particular las tierras de Asiria y Alše, y fue acusado de despilfarrar en sobornos a estos aliados las riquezas reunidas en el palacio de los reyes anteriores. Si tales fueron ofrecidas no cabe duda de que fueron inmediatamente aceptadas por el avaricioso asirio, pero tenía motivos de defensa y ambición, las que en sí mismas habrían asegurado su hostilidad a Tušratta. Cuando Artatama se convirtió en rey de Mitanni dejó a su hijo Šuttarna (llamado en otro lugar Šutatarra) como su sucesor en el país de Khurri (estos reinos estaban, no obstante, mal definidos), y este último completó el sometimiento a Asiria que su padre había comenzado -esto concuerda con el relato hostil que sobrevive en solitario. Destruyó el palacio construido por Tušratta, se deshizo de las preciosas vasijas acumuladas allí dentro y vendió estos ricos materiales al asirio que había sido el servidor de su padre, pero que se había rebelado y rechazado pagar el tributo. Sobre todo, Šuttarna restauró a Asiria la espléndida puerta de plata y oro que se había llevado un rey anterior de Mitanni y usada para adornar su propio palacio en su capital Waššukhanni. Hizo los mismo espléndidos sacrificios de su riqueza paterna al país de Alše, destruyó las casas de sus súbditos hurritas, y entregó a ciertos nobles detestables a los mismos enemigos, que inmediatamente empalaron a estos desgraciados cautivos.

No cabe duda de que el rey asirio que juega tan prominente papel en este relato era Aššur-uballit, aunque nunca es nombrado. Cuan humilde era su posición al comienzo de su reinado está probado por la proclamación concreta de que él era el sirviente tributario del rey babilonio, y no menos claramente por su propia referencia a un “rey de Khanigalbat”, como, en cierto sentido, su propio predecesor. En un momento favorable él cerró una alianza con Mitanni, pero en lugar de incurrir en el castigo, recibió del sucesor de su señor no solo los trofeos de una conquista anterior, sino la riqueza, los príncipes e incluso el territorio de su anterior soberano. La razón para esta extraña conducta por parte de Artatama y su hijo solo puede suponer la necesidad en la que ellos mismos se encontraban de encontrar aliados para un peligro externo, y que ese peligro solo podían ser los hititas. No obstante, esto también es extraño, pues está claro que a la muerte de Tušratta, que había sido su enemigo, el rey hitita vio con indulgencia la sucesión de Artatama. El distanciamiento ocurrió pronto, no obstante, y los reyes mitanios supieron que deberían enfrentarse a la hostilidad del poderoso Šuppiluliuma I (c.1355-1329), que encontró a su disposición una oposición encabezada por Kurtiwazza, hijo del asesinado Tušratta. La situación de este joven pronto llegó a ser peligrosa; fue obligado a huir, primero a Babilonia, y desde ahí al hitita, al que unió su suerte y se casó con su hija. Lo que le ocurrió a Kurtiwaza al final se desconoce, pero que finalmente sufrió una derrota de manos de los asirios puede deducirse del testimonio, unos 50 años después, del biznieto de Aššur-uballit, de que este último “esparció las huestes de los diseminados Subarios”. Sin embargo, incluso si hizo esto no era sino una simple victoria, pues sus descendientes encontraron un reino de Khanigalbat existente aún bajo la familia de Šattuara I (c.1300-c.1275) y de su hijo Wašašatta (c.1275-c.1260), relacionado con la antigua casa reinante, tuvo que librar repetidas guerras contra estos enemigos, que continuaron en el reinado de Šulmānu-ašarēd I (= Salmanasar I) (1265-1235); como resultado de esto el territorio de Khanigalbat fue anexionado al imperio asirio. Además de la victoria sobre los subarios en el oeste, la única otra conquista específica atribuida a Aššur-uballit es que “dominó al los Musri”. Si, como algunos piensan, los Musri se situaban al este de Asiria, más allá de Arrapkha (Kirkuk), o incluso al noreste de Nínive, esta proclamación sería una indicación de éxito sobre otro frente, pero no hay ninguna certeza de donde estaba situada este país, pues otros la colocarían en el oeste más cercano o más lejano de Asiria, y quizá esto está favorecido por el descubrimiento cerca de Alepo de un tratado arameo (siglo VIII a.C.) que prueba la existencia en esa época de un Musri en la vecindad de la ciudad norteña siria de Arpad; si esto fuera así, la conquista de Musri no habría sido más que una parte de la campaña de Aššur-uballit contra los subarios.

b) Los asirios en Babilonia

En el sur, las relaciones de Aššur-uballit con Babilonia eran cercanas y dramáticas, y son bastante bien conocidas. Consiguió el poder en el reinado de Burna-Buriaš II, al que hemos visto más arriba quejarse amargamente a la corte egipcia de la atención dedicada a su presuntuoso vasallo. No se prestó ninguna atención a esto, sin duda Burna-Buriaš mantuvo sus quejas durante un tiempo, quizás por el resto de su vida. Pero un cambio completo de política, espontáneo o forzado se implantó en no mucho tiempo. Muballitat-Sherua, hija de Aššur-uballit, contrajo matrimonio con el hijo del rey de Babilonia, y con el respaldo de su formidable padre y su propio espíritu, evidentemente se convirtió en una figura líder en ese país. Debido a las discrepancias en las dos autoridades que han conservado la historia de esta época no hay seguridad en si se casó con el mismo Burna-Buriaš o con su hijo Kara-Khardaš; se piensa que esto último pudiera ser lo más probable. El reinado de Kara-Khardaš fue corto en cualquier caso, y fue sucedido (de acuerdo con la versión babilónica, que es seguida aquí) por Kadašman-Kharbe II, su hijo por su reina asiria. Este joven rey emprendió una campaña en el país desértico del Éufrates medio contra los nómadas llamados Sutu contra los que se empleó con gran severidad. Después de operar contra ellos en un amplia área “desde el este hasta el oeste”, construyó un fuerte, excavó un muro y una cisterna. No mucho después su reinado llegó a un violento fin, pues sus súbditos Casitas se rebelaron, asesinándole, y subieron al trono a un cierto Nazi-Bugaš, llamado en otro lugar Šuzigaš, una persona de nacimiento común. Esta revuelta, el asesinato de su nieto, y el insulto a su casa clamaba por la rápida venganza de Aššur-uballit; marchó en el acto a Babilonia, derrotó y mató al usurpador y colocó sobre el trono a Kurigalzuel Joven” (1333-1308), hijo de Kadašman-Kharbe, (de acuerdo, nuevamente, con la más probable versión babilónica), que así habría sido su biznieto, o, según otras fuentes, otro hijo de Burna-Buriaš y, sin duda, no más que un niño.

Los áridos relatos de estas dos crónicas se refieren ciertamente a sucesos de gran importancia en la época, el más peligroso de los cuales era la invasión de los Sutu, o tribus arameas, continuando la presión de antaño desde el noroeste que, como siempre, tenía tras él lejano flujo de salida de los desiertos, e invariablemente terminaba en Babilonia. Las cartas tanto de Burna-Buriaš como de Aššur-uballit al rey de Egipto describen el abuso ilegal de sus emisarios por los nómadas y ciudadanos del alto Éufrates y Siria, demasiado lejanos de cualquier poder como para ser controlados de manera efectiva. Las depredaciones de estos saqueadores ascendían lo suficiente como para la campaña de Kadašman-Kharbe quien, como otros reyes babilónicos antes que él, tuvo que emprender la carga si esperanzas de mantener una frontera indefendible sobre el Éufrates. Pero sus operaciones estaban instigadas con seguridad y apoyadas por Aššur-uballit, quien sufría no menos de los Sutu, y una carta encontrada en Dūr-Kurigalzu parece atestiguar este estrecho contacto mantenido con los los asirios. Cualquier éxito que hubiera obtenido (y podía tener poco efecto duradero sobre tan evasivo enemigo) el esfuerzo era una grave tensión para Babilonia, pues coincidía con otras sufrimientos. El resultado fue el aborrecimiento público por la alianza asiria, concentrada sobre su representante Muballitat-Šerua, cuya importancia en los escasos registros de la época no deja duda de que ella era una figura dominante y probablemente odiada. Su hijo fue derribado como agente de la servidumbre y el desastre, pero el irreflexivo impulso solo trajo la venganza más dura de los ultrajados madre y abuelo asirios.

Ante la escasez de registros históricos para este periodo, la iluminación indirecta se ha buscado a partir de dos trabajos de literatura que parecen tener una referencia posible a la época de Aššur-uballit. Estos tienen el interés añadido de venir respectivamente de fuentes asirias y babilónicas, siendo así paralelos con las dos crónicas en prosa que han sido esbozadas hasta ahora. El poema asirio está conservado muy inadecuadamente pero su carácter está bastante claro. Es una descripción épica de una guerra entre Asiria y Babilonia, escrito en un espíritu de evidente chovinismo, los asirios son proclamados por todas partes como las víctimas legítimas de agresión y como héroes en la batalla, combatiendo con la ayuda de indignados dioses contra el infiel y cruel enemigo, que no habían respetado la santidad de los tratados. Sus líderes respectivos eran los reyes Tukultī-Ninurta de Asiria y Kastiliash el Casita. Así, la parte principal de esta acción pertenecería a una época más de un siglo posterior. Pero hay una referencia de pasada a reinados anteriores, y aunque no existe una supuesta mención de Aššur-uballit, algunas evidencias muy fragmentarias sobreviven; el de las guerras entre Tukultī-Ninurta y Kastiliash era solamente el último episodio en una serie de choques armados entre los poderes, en el curso del cual tanto Adad-nērārī I como su padre Arik-den-ili se habían opuesto a Nazi-Marutaš y, todavía antes, Enlil-nērārī de Asiria había luchado con Kurigalzu de Babilonia.

Un cercano predecesor de este Kurigalzu “el Joven” había dirigido una expedición contra los Sutu, y a partir de esto se había entendido una conexión con algunos pasajes de una composición conocida para los babilonios como “el Rey de todas las Moradas” y para los estudiosos modernos como la “epopeya de Erra, el dios de la Plaga”. El propósito general de este poema, que está fuertemente marcado por el elaborado y prolífico estilo del periodo cassita, es la aflición llevada sobre la tierra en una cierta época por la ira de Erra y la mano de su divino ministro Ishum. Es innecesario resumir aquí el contenido, más allá de su descripción de una incursión realizada por los Sutu sobre Uruk, y la denuncia de venganza sobre estos nómadas; un día, Akkad, ahora humillada, derrocará a los orgullosos Sutu. La debilidad y la aflicción, descritas en el poema como la suerte actual de los babilonios, no sería inapropiado para los días en que los extranjeros, efímeros y débiles reyes mantenían Babilonia bajo el dominio de su vecino septentrional, pero ahora la opinión general es que estos ataques de los Sutu y el poema mismo pertenecen a una edad posterior.

c) Enlil-nerari y Arik-din- ili

El Kurigalzu que fue colocado en el trono de Babilonia por Aššur-uballit estaba destinado a disfrutar de un largo, si bien no siempre afortunado, reinado de 22 años, no solamente sobreviviendo a su benefactor sino continuando en el mandato del siguiente rey de Asiria también. Pero sus relaciones pronto se enredaron, pues los sentimientos nacionales del reino meridional no podían tolerar la igualdad con una nación que ellos estaban acostumbrados a considerar como súbditos. Antes de mucho tiempo se llegó a la guerra entre los dos países, en la que Asiria bajo Enlil-nērārī (1319-1309), hijo de Aššur-uballit tuvo éxito, por lo que obtuvo fama en las palabras de un sucesor como el que “mató a las huestes de los Casitas”. Enlil-nērārī reinó durante 10 años y nada se sabe sobre él más que esta descripción general y unos pocos detalles de las guerras babilonias dados por las crónicas relacionadas con esta época. Las dos principales autoridades, que ya habían diferido en relación con el linaje de Kurigalzu, continúan dando relatos divergentes de los que eran claramente los mismos asuntos. El documento asirio, llamado la “Historia Sincrónica”, coloca esta guerra en el reinado de Enlil-nērārī de Asiria, mientras que la Babilónica (“Crónica P”) la retrasa hasta el reinado de su segundo sucesor Adad-nērārī I. La primera versión (asiria) es, sin duda, correcta aquí, pues Kurigalzu, de hecho, no sobrevivió hasta el reinado de Adad-nērārī, y otros fragmentos de inscripciones confirman que los oponentes fueron realmente Enlil-nērārī y Kurigalzu. De hecho, parecería que las guerras entre los asirios y los reyes Casitas perduraron sin decisión durante estos reinados, y solo fueron llevadas a su fin por la más completa victoria de Tukultī-Ninurta I.

En cuanto al curso de estos conflictos poco se conoce. Un fragmento recientemente publicado revela que en época de Enlil-nērārī y Kurigalzu, tuvo lugar allí una batalla en un lugar no lejos de Irbil, y por tanto cercana al centro asirio, que indica que la fortuna estuvo dudosa. Las dos principales autoridades continúan divergiendo; el asirio proclama una victoria para su propia parte, mientras que el otro parece adscribírsela a Kurigalzu. Hay alguna indicación de que tuvieron lugar dos batallas, la última en un lugar llamado Sugaga sobre el Tigris y probablemente fue reñida sin un resultado decisivo. El acuerdo que siguió estuvo de acuerdo con este equilibrio de fuerzas. La “Historia Sincrónica” tiene algunas frases oscuras que relatan, en un sentido general, que se hizo una división de cierto territorio que se extendía desde la tierra de Subari a Karduniaš (Babilonia), y se trazó una frontera entre las zonas de los dos poderes. La Crónica Babilónica precede su breve mención de esta guerra con una narración más larga de la disputa de Kurigalzu con un rival, un cierto Khurpatila, al que llama “rey de Elammat”. La batalla final entre ellos en Dur-Shūlgi, en la que Kurigalzu se impuso, siguió un desafío verbal de Khurpatila que sugirió el lugar de encuentro casi como si hubiera sido un duelo entre los dos reyes, un pintoresco incidente exactamente parejo muchos siglos después (224 d.C.), cuando el último de los reyes Arsácidas replicó a un reto del usurpador Ardashir “te encontraré en una llanura la cual es llamada Hormizdaghan el último día del mes de Mihr”: si los campos de batalla eran conocidos ello puede probar que estaban menos separados por la distancia que por el tiempo.

Enlil-nērārī de Asiria fue sucedido por su hijo Arik-din-ili, cuyo reinado duró 12 años. La guerra continuó con los Casitas, ahora bajo su rey Nazi-Maruttaš, cuyo proyecto, como en el reinado precedente era montar ataques de flanco con la alianza de los montañeses orientales, más que asaltos directos sobre el centro asirio. En consecuencia, los esfuerzos de Arik-din-ili parecen más las habituales operaciones ofensivas-defensivas contra las tierras altas que como movimientos en un conflicto con la Babilonia casita. En un resumen de las hazañas de su padre, el siguiente rey de Asiria divide sus victorias en dos -el primer grupo se consiguió contra los distritos de los Turukkeos y los Nigimti y “todos los jefes de las montañas y tierras altas en las extensiones más amplias de los Qutu (Guteos)”. Esta descripción deja claro que los oponentes moraban en los Zagros; la denominación general de “Guteos” es bastante familiar, y Turukku era un viejo enemigo de Hammurabi, como también el vecino de Asiria, con el que, en los días antiguos, Išme-Dagan había confirmado la paz a través de una alianza matrimonial. Algunos datos más de esta campaña fueron dados por Arik-din-ili en un documento del cual queda muy poco ahora -era más una crónica que el ejemplo más antiguo de anales asirios. De acuerdo con este fragmento el adversario de Arik-din-ili en Nimginti era Esinu, cuyo país invadió el asirio y quemó su cosecha. En venganza Esinu atacó un distrito perteneciente a Asiria y mató a muchos de los habitantes. En una segunda invasión Arik-din-ili puso asedio a una ciudad llamada Arnuna, donde Esinu estaba confinado entre los defensores. Puerta y murallas fueron dejados en ruinas y Esinu se sometió bajo los términos de una alianza hacia Asiria y de imposición de un tributo. La inscripción continúa con una mención de una gran victoria por parte del rey asirio y un enorme botín, pero no está claro si Esinu era de nuevo el enemigo. Entre una serie de lugares nombrados en esta campaña está, al parecer, Tarbisu, a una distancia muy corta al noroeste de la misma Nínive, de donde se deduce que un serio peligro amenazaba al mismo centro del reino asirio.

El otro escenario de las guerras de Arik-din-ili, de acuerdo con el resumen de su hijo, era el país de Katmukh, un distrito situado en la orilla occidental del alto Tigris, entre el río y una línea trazada aproximadamente a través de las actuales ciudades de Jazirah-ibn-Umar, Nisibis y Mārdin. Aquí encontró a los montañeses locales, que estaban aliados con los nómadas arameos llamados Akhlamu y Sutu, y otra tribu, los Yauru, probablemente afines con aquellos pero por lo demás desconocidos. El asirio resultó victorioso en esta campaña, tanto como el rey babilonio Kadašman-Kharbe lo había sido contra los mismos esquivos enemigos, pero la victoria asiria fue más eficaz, conquistando a “los escogidos guerreros de los Akhlamu, los Sutu, los Yauru y sus tierras”, ya que, al parecer, detuvieron una incursión directa de los nómadas dentro de las tierras al norte de Asiria, y dirigieron su presión hacia el sur, a los distritos babilónicos donde iban a establecerse gradualmente como el elemento predominante. Con este episodio, en cualquier momento de su reinado, finaliza nuestro conocimiento de Arik-din-ili, un digno mantenedor de la gran tradición establecida por su abuelo, aunque destinado a ser eclipsado por la gloria militar de su hijo. En el sur el trono fue ocupado por Nazi-Maruttaš, hijo de Kurigalzu, durante el reinado de su vecino septentrional.

3. La época de los grandes conquistadores

a) Las campañas de Adad-nērārī I

El reinado de Adad-nērārī I (1297-1265), hijo de Arik-din-ili, inauguró un periodo de rápida expansión. Bajo su hábil liderato y el de sus inmediatos sucesores, Šulmānu-ašarēd I (1265-1235) y Tukultī-Ninurta I (1235-1198), Asiria en el curso de unos 80 años extendió enormemente sus territorios y finalmente emergió como uno de los estados más importantes del Oriente Próximo. Su éxito debe ser atribuido en gran parte a su creciente fortaleza económica y militar, a su estabilidad política, y a las vigorosas personalidades de sus reyes, pero también fue favorecida por al situación internacional, pues el Imperio Hitita, enfrentado a urgentes problemas, tanto internos como externos, no estaba en posición de ofrecer una resistencia sostenida a la expansión asiria en la Alta Mesopotamia. Las conquistas de Asiria, no obstante, aventajaron su capacidad para mantener y gobernar todo lo que se había obtenido y su declive político fue tan meteórico como su ascenso. No obstante, el imperio del siglo XIII, aunque efímero, puso las bases de la futura grandeza asiria, no solo en la esfera política sino también en la literatura y en el arte.

En la introducción a una serie de inscripciones de edificación, Adad-nērārī se jacta de que él aniquiló los ejércitos de los Casitas, los Quti, Lullume y Shubari, destrozó a todos los enemigos arriba y abajo, y agobió (literalmente, “trilló”) sus países desde las ciudades de Lubdu y Rapiqu en Babilonia septentrional hasta Elukhat en la Alta Mesopotamia.

Más información concreta sobre la guerra con Babilonia es proporcionada por la Historia Sincrónica. Derrotó a Nazi-Maruttaš (1308-1282) en la ciudad de Kār-Ištar en el país de Ugarsallu, saqueó su campamento y se llevó los estandartes reales. La frontera sirio-babilónica fue realineada entonces para ir desde Pilasqi, en el lado oriental del Tigris, a través de Arman en Ugarsallu, una ciudad que se situa entre el Pequeño Zab y el Shatt el-‛Adhaim, hasta la frontera de la tierra de los Lullume (Lullubi). Aunque la modificación de la frontera era probablemente de una naturaleza menor, los asirios consideraron que habían vengado los reveses sufridos por Arik-din-ili a manos Casitas y se compuso una larga epopeya para celebrar la hazaña. A falta de un relato babilónico, no está claro que fuese tan decisivo como los asirios pretendían. No obstante, restauró de estado de intranquilo equilibrio que había existido ente los dos países en la época de Enlil-nērārī y Kurigalzu. De hecho, la ventaja parece haber cambiado de Babilonia a Asiria. Mientras que Kurigalzu se encontró con el ejército asirio en Sugagu, a solo un día de camino al sur de Aššur, y en Kilizi, cerca de Erbil, Adad-nērārī combatió y saqueó en la frontera septentrional de Babilonia. Cuándo atacó Lubdu y Rapiqu se desconoce. No hay registros de que estuviera envuelto en hostilidades con Kadašman-Turgu (1282-1264) y Kadašman-Enlil II (1264-1255).

No se conoce ningún detalle de sus expediciones contra los Lullume y los Qutu. Cualquier pacificación permanente de estos turbulentos pueblos de los Zagros había sido imposible hasta ahora, pero mediante la acción punitiva pudo temporalmente haber asegurado el cese de las incursiones sobre territorio asirio y del saqueo del tráfico de caravanas en el extremo occidental de las rutas hacia Irán. Al dar su genealogía registra la derrota a manos de Arik-din-ili de los Turukku y Nimginti, de lo cual puede inferirse que él retenía el control ambos distritos orientales. En Katmukhi, en el valle del Tigris al oeste del Judi Dağ, probablemente sufrió un revés, pues su referencia a la sumisión de esta tierra a su padre es omitida de una serie de inscripciones. No existen registros de que él hiciera campañas contra los otros pequeños estados del valle del alto Tigris. Aunque este área formaba parte del país de Subari o los Subarios, su pretensión de haber derrotado a estos pueblos debe referirse a su conquista de Mitanni-Khanigalbat.

Sus principales ganancias territoriales se hicieron a expensas de Khanigalbat, que en este periodo se extendía desde el Tūr ‛Abdīn hacia el oeste a través los cursos altos del Khabur y el Balikh hasta el Éufrates. Para Adad-nērārī era tanto un enemigo tradicional como una amenaza para la seguridad de su país. El anterior sometimiento de Asiria por los reyes de Mitanni y el consiguiente intento de Aššur-uballit por tomar el control sobre el país de Mitanni había dejado, de hecho, un legado de mutuo odio. Tras él, además, se situaba el poder del Imperio hitita, que desde la época de Šuppiluliuma, había buscado mantenerlo como un estado tapón contra Asiria. La influencia hitita, perdida a la muerte de Šuppiluliuma, había sido restablecida, posiblemente por Muršili II (c.1328-c.1295), ya que un contingente procedente de Naharain, es decir, Mitanni-Khanigalbat, estaba entre las fuerzas de Muwattalli II (c.1295-c.1271) en la batalla de Qadeš. Aunque el gobernante de Khanigalbat era reconocido por Muwattalli como un igual hay pocas dudas de que , como en el caso de Šattiwazza de Mitanni (c.1325-c.1300), era un vasallo kuiwana, concedida una apariencia de independencia pero, de hecho, reconociendo la “protección” hitita.

De acuerdo con Adad-nērārī , su primera guerra con Khanigalbat fue provocada por el ataque de su rey, Šattuara I (c.1300-c.1265). Si el hurrita fue, en efecto, el agresor, pudo haber temido que el poder creciente de Asiria llevara a Adad-nērārī a renovar el intento de invadir su país, y haber tomado así la ofensiva con la esperanza de prevenir tal movimiento. Cualquiera que fueran sus motivos, había estimado erróneamente la fortaleza y el temperamento de su adversario. Fue capturado y llevado a Aššur, pero al hacer un juramento le fue permitido retener su reino como vasallo asirio. Siguió siendo leal a Adad-nērārī durante el resto de su vida, enviándole tributo año tras año.

La guerra contra Šattuara I debe ser datada después de la batalla de Qadeš en el 5º año de Ramsés II (1275), en que Khanigalbat combatió como aliado hitita. Que precedió la ascensión de Ḫattušili III (c.1264) es sugerido por una carta del hitita a otro rey, casi con seguridad Adad-nērārī. Escrita poco después de que él subiera al trono, Ḫattušili requirió al asirio para que parara al pueblo de la ciudad fronteriza de Turira de atacar Karkemiš. Ya que el rey de Khanigalbat estaba reclamando Turira, puede deducirse que el hitita estaba pidiendo a Adad-nērārī que interviniera en su calidad de soberano del gobernante hurrita. Como Šattuara, al parecer, no recibió ninguna ayuda hitita, es razonable asumir que su derrota ocurrió durante el turbulento reinado de Urḫi-Teššub (1271-1264). Ya que envió durante varios años más a tributo acordado al rey asirio, es probable que su reinado finalizara alrededor de 1265 aproximadamente. En resumen, teniendo en cuenta estas premisas, es plausible determinar la fecha de la derrota de Šattuara en el intervalo entre 1271 y 1265.

El avance de la influencia asiria hasta el Éufrates representó el colapso del intento hitita por mantener Khanigalbat como estado tapón y constituyó una amenaza potencial a su control de Siria. No obstante, no llevó a una ruptura abierta de relaciones entre los dos países. Ḫattušili se refiere en su carta a intercambios diplomáticos regulares entre Adad-nērārī, Urḫi-Teššub y otro rey hitita que debió ser Muwattalli. Él mismo parece ansioso en apaciguar al asirio, quien no le había enviado los acostumbrados regalos de trajes y aceites reales en su ascensión. Al descuidar esta cortesía, Adad-nērārī pudo haber deseado marcar su disgusto por el tratamiento de sus mensajeros quienes, como admite Ḫattušili, habían tenido “tristes experiencias” en la época de Urḫi-Teššub. Ḫattušili también se excusa por no enviar las peticiones de hierro y armas de hierro que había solicitado Adad-nērārī. Su tono conciliatorio puede explicarse por su deseo de asegurar la neutralidad asiria en el caso de un ataque por parte de Ramsés II, peligro que en aquel entonces parecía inminente. Para reforzar su posición tanto contra Egipto como contra Asiria, Ḫattušili entró en una alianza defensiva con Kadašman-Turgu de Babilonia quien, en el cumplimiento de sus términos, rompió las relaciones diplomáticas con Ramsés y prometió ayuda militar.

Al final, la guerra con Egipto se evitó pero, quizás mientras la situación todavía era crítica para los hititas, los acontecimientos en Khanigalbat llevaron a un reforzamiento de la posición asiria. Wašašatta, hijo de Šattuara I, se rebeló y se dirigió a Khatti para solicitar apoyo. Los hititas aceptaron sus presentes pero, posiblemente a causa de su preocupación con Egipto, no enviaron ayuda cuando Adad-nērārī atacó. Forzado hacia el oeste por el avance asirio, Wašašatta hizo su puesto final en Irrite, entre Karkemiš y Harran, probablemente la moderna ciudad de Ordi. Aquí fue capturado y, junto con sus mujeres de palacio, llevado encadenado a Aššur, donde su estandarte real fue instalado triunfantemente en el templo de Ištar. Es posible que Adad-nērārī abandonara el intento de gobernar Khanigalbat a través de un vasallo y la anexionara a Asiria. Aunque su campaña es informada de manera más completa que la anterior guerra contra Šattuara I, no hay referencia a la instalación de un gobernante, y en Taidi, la ciudad real de Wašašatta entre Cizre y Diyarbakr, él reconstruyó el palacio, sin duda como residencia de un gobernador asirio. Ademá de Irrite y Taidi, capturó y saqueó las ciudades de (A)masaki, Kakhat, Shuri, Nabula, Khurra, Shudukhu y Ushukanni (Waššukanni). Todas las siete situadas en el área del triángulo del Khabur, pero la única que es localizada con certeza es Kakhat, la moderna Tell Barri sobre el río Jaghjagha. Él define el área conquistada extendiéndose desde Taidi en el este hasta Irrite; incluía
Elikhat y la montaña Lashiari (Tur Abdīn) en su totalidad, y los distritos fortificados de Suda y Harran hasta las orillas del Éufrates”.
Para celebrar esta conquista de la alta Mesopotamia revivió el título real “rey de la totalidad” (šar kiššati), ostentado anteriormente por Šamšī-Adad I.
Ahora se sintió capaz de tratar en igualdad de condiciones con los hititas. Informó a Ḫattušili de la derrota de Wašašatta a manos suyas, reclamó el estatus de “gran rey”, escribió de “fraternidad” y se propuso para una visita al monte Ammana, el Amanus. Mientras que admitía que tenía derecho al reconocimiento como gran rey, Ḫattušili furiosamente rechazó sus otras demandas.
¿Qué es este tema de fraternidad y de visitar el monte Ammana?...¿Por qué hablas siempre de fraternidad? ¿Acaso hemos nacido tú y yo de una misma madre?
La solicitud de visitar el Amanus ha sido interpretado como una velada amenaza de agresión o una reclamación territorial, pero una explicación más plausible es que Adad-nērārī había solicitado un acuerdo para el comercio asirio de madera del Amanus, de ahí su “conversación de fraternidad” o una relación contractual. La violenta reacción de Ḫattušili es una medida del temor de los proyectos asirios en Siria, temor que con toda probabilidad le llevó a arreglar su disputa con Egipto y negociar el tratado con Ramsés II en el vigésimo primer año de éste último (1259). Él puede haber tenido como causa inmediata la ansiedad. En ciertos textos Adad-nērārī proclama haber conquistado
hasta Karkemiš a orillas del Éufrates”.
Mientras que esto probablemente representa no más que el deseo del escriba asirio de dar una definición precisa a la frontera del Éufrates, existe la posibilidad de que se refiera a un ataque asirio contra la ciudad o al menos el territorio de Karkemiš, la cual, ya que guardaba el cruce principal del Éufrates medio, era una de las posiciónes hititas más fuertemente mantenidas en Siria.

Sin embargo, no puede caber duda de que el apoyo hitita fue en gran medida responsable de la rebelión que estalló en Khanigalbat, bien a finales del reinado de Adad-nērārī, bien a principios del de Šulmānu-ašarēd (Salmanasar). Si Musri se sitúa al sur del Tauro en la llanura de Ḫarran, el hecho de que Adad-nērārī no se refiera a su conquista por Aššur-uballit en ninguna de sus inscripciones sugeriría fuertemente que al menos la parte occidental de Khanigalbat se había perdido para Asiria antes de su muerte. Menos significativa es la omisión a partir de ciertos textos de la lista de las ciudades capturadas de Khanigalbat. Puede haber sido dejado fuera en aras de la brevedad.

b) Šulmānu-ašarēd I y la conquista de Khanigalbat

En cuanto Šulmānu-ašarēd sucedió a su padre fue atacado por Uruatri (variante Uratri), el posterior Urartu, uno de entre la gran cantidad de principados hurritas en las regiones montañosas alrededor del lago Van y el lago Urmia, conocido para los asirios como las tierras de Nairi. Su territorio correspondía, al menos en parte, al del país de Khurri gobernado en el siglo XIV por Artatama, pero estaba ahora dividido en una relajada confederación de pequeñas unidades políticas. Šulmānu-ašarēd enumera ocho distritos de Uruatri que pueden haber estado situados en el curso medio o alto del Gran Zab. Si también incluía el área del lago Van, centro del posterior estado de Urartu se desconoce. La información sobre las tierras de Nairi se deriva en la actualidad principalmente de indicios de textos y arqueológicos de los siglos IX al VII cuando se habían unido en el reino de Urartu. Que su población era hurrita es evidente a partir de los nombres de personas y lugares, y el lenguaje urartiano conocido a partir de textos de este periodo, que era un dialecto posterior del hurrita hablado en Mitanni en el segundo milenio. Con sus ricos pastos de montaña el país era especialmente adecuado para la ganadería, y ganado vacuno, ovejas, cabras y cerdos eran criados en gran número. Ciertas áreas, especialmente la llanura de Urmia, eran también importantes centros de cría de caballos. Los principales cultivos eran trigo, cebada, centeno, mijo, sésamo y lino; y las viñas eran cultivadas extensivamente para vino. El país también poseía importantes recursos de cobre, hierro y plomo, y la industria del metal estaba, en consecuencia, altamente desarrollada. En la guerra los habitantes eran luchadores formidables, poniendo en el campo de batalla ejércitos que estaban bien equipados y eran fuertes en carros, y, en fecha posterior, caballería. Las ciudades, muchas de gran tamaño, estaban fuertemente defendidas por murallas de mampostería ciclópea.

Aunque no hay referencias a Uruatri en los registros conservados de sus predecesores, Šulmānu-ašarēd la acusa de rebelión. Conquistó sus ocho tierras y sus fuerzas, saqueó 51 ciudades (variante, 41), impuso tributo sobre los habitantes y se llevó hombres jóvenes a Aššur como rehenes. Se vanagloria de haber sometido toda la tierra de Uruatri a los pies del dios Aššur en tres días. Aunque los ocho distritos atacados eran ciertamente pequeños y el saqueo de unas 50 ciudades y pueblos podía haber sido llevado a cabo operando simultáneamente, es difícil creer que toda la campaña fuera concluida en tan poco tiempo. Si esta afirmación debe tomarse en serio y no descartarse como un vuelo de fantasía literaria, y si, como parece más probable, se refiere al combate real, solo puede relatar las batallas decisivas y no la posterior toma y pillaje de los asentamientos individuales.

Su siguiente ataque fue dirigido contra la fuertemente defendida ciudad de Arini en Musri, a la que acusa de rebelión. Fue saqueada y arrasada hasta los cimientos, siendo llevada la tierra de sus ruinas hasta Aššur y simbólicamente dispersada en la puerta de la ciudad. Siguió el sometimiento de la totalidad de Musri. Si esta tierra se sitúa al oeste más que al este de Asiria, entonces esta expedición debe ser interpretada como un movimiento preliminar contra Khanigalbat, la reconquista de la cual fue conseguida en su siguiente campaña.

En Khanigalbat se le oponía no solo su gobernante, Šattuara II (c.1260–c.1250), sino también un ejército hitita el cual, puesto que incluía un contingente de la tribu Akhlamu del desierto sirio, puede haber sido levantado y mandado por el gobernante de Karkemiš. Se habían tomado medidas bien organizadas para resistir su avance. Los pasos y los lugares para abrevar en la línea de su marcha habían sido ocupados y por tanto, sus tropas sufrieron duramente de agotamiento y sed. No obstante, no hubo vacilación en su disciplina y moral, y cuando las fuerzas enemigas se encontraron en batalla campal Šulmānu-ašarēd infligió un aplastante derrota sobre los hurritas y sus aliados. El mismo Šattuara escapó del campo de batalla y huyó hacia el oeste pero Šulmānu-ašarēd tomó 14.400 prisioneros, a los que cegó, probablemente de manera parcial, como represalia por su rebelión. La toma de toda Khanigalbat siguió, nueve ciudades fortificadas, la ciudad real de Šattuara II y otros 180 lugares que fueron dejados destruidos. Él define el área conquistada en términos similares a los Adad-nērārī y, como su padre, da Karkemiš como límite occidental.

No cabe duda de que en esta ocasión Khanigalbat fue anexionada a Asiria. A los reinados de Šulmānu-ašarēd y Tukultī-Ninurta I pertenecen textos procedentes de Aššur que mencionan gobernadores de varias de sus ciudades y unos pocos documentos legales desde Tell Fakhariyah, al sur de Ras el-Ayn, están fechados por epónimos asirios y los meses paleoasirios. Todos los nombres personales en los textos de Fakhariyah son asirios pero, ya que no existe indicación de la profesión o título de las personas mencionadas, no es posible decir si eran miembros de la administración, tropas de guarnición o colonos. Uno de los problemas urgentes a los que se enfrentaron los recién nombrados oficiales asirios eran el mantenimiento de los que habían huido o sido expulsados por la fuerza de sus hogares. Decretos de grano real recopilados desde Amasaki se hicieron para el pueblo “desarraigado” de Shudukhu y Nakhur.

La victoria sobre Šattuara II fue la más importante del siglo XIII. Puso fin a unos 300 años de gobierno hurrita en la alta Mesopotamia y finalmente decidió la centenaria disputa de asirios e hititas por el control del área. Dio a Asiria el mando sin discusión de las rutas de comercio que conducen a Siria y Anatolia, añadió tierra agrícola rica y prósperas ciudades a su territorio y puso a disposición de su mando militar una extensa población con larga experiencia en el arte de la guerra. Que la habilidad asiria en el combate con carros debía mucho al ejemplo hurrita se demuestra por la versión medioasiria de un tratado sobre la doma y el entrenamiento de caballos para el trabajo en equipo. El onomasticon asirio del siglo XIII también muestra un marcado incremento en nombres hurritas, que son llevados por personas en todos los ámbitos de la vida. Algunos ocupaban altos cargos de estado, de hecho, dos eran oficiales limmu. Para Asiria, limitada como era en área, población y recursos económicos, la conquista de Khanigalbat fue la condición indispensable de su ascenso al rango de potencia.

Šulmānu-ašarēd también tuvo que tratar con nuevas revueltas en Qutium y Lullume. Los Qutu estaban atacando en el norte, entre la frontera uruatriana y Katmukhi. Ya que una movilización de reclutamiento general habría implicado una peligrosa demora, decidió, después de obtener una profecía favorable, acelerar a norte de un tercio de sus carros. El enemigo cogido inesperadamente por su veloz acción, sufrió un castigo considerable y su ataque fue rechazado, pero significativamente él no proclamó haber sometido a Qutium. Los procesos en la frontera noroccidental son oscuros pero es posible que Šulmānu-ašarēd volviera a imponer la soberanía asiria en Katmukhi y otras tierras en el área del alto Tigris solo para perderlas de nuevo más adelante en su reinado, pues, de acuerdo con Tukultī-Ninurta ellos se rebelaron contra él.

No hay referencias en sus inscripciones conservadas a sus relaciones con sus contemporáneos babilonios, Kadašman-Enlil II (1264-1255), Kudur-Enlil (1255-1246) y Šagarakti-Šuriaš (1246-1233) y la información tal como está disponible a partir de otras fuentes solo aporta una luz parcial sobre su naturaleza. Babilonia era ahora un peligro menor para Asiria, pues la recuperación de Elam de su derrota a manos de Kurigalzu II amenazaba la seguridad de su frontera oriental. Probablemente en la época de Kadašman-Turgu, Attar-kittakh, hijo del fundador de su dinastía, Igi-ḫalki, recuperó Susa, anteriormente sometida por Kurigalzu, y su hijo, Ḫumban-numena I extendió aún más su reino. Si una palabra rota en una inscripción de una estatua originalmente se leyera [Tup]liash, entonces su sucesor, Untaš-Napiriša (o Untaš-[d]GAL), hizo una incursión a través de la frontera babilónica, al oeste del río Kerkhah.

Hacia el final del reinado de Adad-nērārī la estrecha alianza de Babilonia y Khatti también había llegado a su fin. Puesto que Kadašman-Enlil II, hijo de Kadašman-Turgu, era menor de edad en su ascensión, la dirección de los asuntos de estado estuvo durante algunos años en manos del visir, Itti-Marduk-balātu. Se opuso enérgicamente a la conexión hitita, creyendo que Ḫattušili estaba intentando usar a Babilonia como herramienta para la promoción de sus propias políticas y, en particular, buscando implicarla en su lucha con Asiria. En vista de las actividades Ḫumban-numena de Elam puede conjeturarse que Itti-Marduk-balātu consideró que los intereses de su país estarían mejor servidos por la adopción de una política conciliatoria hacia su vecino septentrional. Ḫattušili, en cumplimiento de su tratado con Kadašman-Turgu, escribió a la muerte de este último a los notables babilónicos, prometiendo ayuda en caso de que algún poder atacara Babilonia pero amenazando con la guerra si rechazaban reconocer a Kadašman-Enlil como rey. Itti-Marduk-balātu eligió considerar esto como un siniestro intento de interferir en los asuntos de Babilonia y en su respuesta acusó al hitita de tratarla como su vasallo. Más tarde, Kadašman-Enlil se quejó de la oposición hitita a la reanudación de relaciones diplomáticas con Egipto, que habían sido rotas por su padre en la época de la crisis entre Ramsés II y Ḫattušili. Los mensajeros babilonios no fueron ya enviados regularmente a la corte hitita con el pretexto de los nómadas Akhlamu estaban interrumpiendo las comunicaciones al norte de Hīt y que Asiria les rechazaba el paso a través de su territorio. Escribiendo a Kadašman-Enlil después de alcanzar la mayoría de edad, Ḫattušili se esforzó por refutar las acusaciones hechas contra él y amargamente atacó a Itti-Marduk-balātu por malinterpretar sus acciones. Su ansiedad por aplacar al rey babilonio y asegurarle como un aliado contra Asiria saltaba a la vista. Apelando a su orgullo, le aseguró que Asiria era demasiado débil para amenazar a Babilonia y que como gran rey podía obligarla a permitir que sus mensajeros pasaran. En otro pasaje, que solo puede referirse a Asiria, le apremia a que ataque la tierra del enemigo. Como prueba adicional de su buena voluntad, prometió apoyar las pretensiones babilonias contra dos de sus vasallos sirios. Una estaba relacionada con el asesinato de ciertos mercaderes babilonios durante un viaje a Amurru y Ugarit. La otra estaba implicaba a Bente-shina de Amurru al que Kadašman-Enlil había acusado de perturbar su país. Ḫattušili informó que cuando acusó de este delito a Bente-shina había avanzado una contrademanda por 30 talentos de plata contra los habitantes de Akkad. Aconsejó a Kadašman-Enlil que debería proseguir su pretensión; Bente-shina debería defenderse en la presencia del embajador babilonio; y si Kadašman-Enlil no podía dirigir la accion en persona debería enviar un representante con conocimiento en el asunto. Bente-shina, concluía Ḫattušili,
es (mi) vassallo. Si él molesta a mi hermano, acaso no me molesta a mí?
No se sabe si Kadašman-enlil fue persuadido por estos halagos para revertir al política de su visir y reanudar relaciones estrechas con Ḫatti. Que Šulmānu-ašarēd tenía problemas con uno de sus contemporáneos babilonios es sugerido, no obstante, por un pasaje en la epopeya de Tukultī-Ninurta, que trata de pasados conflictos entre Asiria y Babilonia. El pasaje, muy dañado, relativo a Šulmānu-ašarēd, describe la derrota de Shubari a manos suyas, y en un contexto roto, nombra a los hititas. Los babilonios no aparecen en el texto conservado pero, en vista de la materia de la sección, posiblemente estaban relacionados de algún modo. Es tentador conectar la guerra contra los Shubari con la derrota de Sattuara II, pero tanto se perdió del texto que difícilmente puede ser útil especular en cuanto a su fecha y circunstancias.

c) Tukultī-Ninurta y la conquista de Babilonia

Las conquistas realizadas por el hijo de Šulmānu-ašarēd, Tukultī-Ninurta I (1235-1198), durante la parte inicial de su reinado consolidó y extendió en gran medida las de sus predecesores. Durante gran parte de su primera década sus energías estuvieron dirigidas a establecer un firme control sobre las tierras al este y al norte que habían sido conseguidas por sus predecesores. En su año de ascensión marchó contra los Qutu, concentrando su ataque sobre el país de Uqumeni. A pesar de la feroz resistencia de los habitantes fue obligada a someterse, siendo dejados sus asentamientos baldíos y los cadáveres de los muertos apilados en la puerta de la ciudad principal. Su rey, Abuli, y sus nobles fueron llevados encadenados a Aššur pero al hacer un juramento de alianza fueron devueltos a su país. El control de los distritos de los Zagros a través de varios príncipes, aunque insatisfactorio, fue reforzado por la naturaleza del país. El aislamiento de los valles colonizados, las pobres líneas de comunicación y las oportunidades para resistir que permitían la montaña y el bosque han hecho, a través de la historia, de la administración de este área una tarea de peculiar dificultad. El gobierno directo por Asiria habría necesitado el empleo permanente de una gran fuerza de ocupación, cuya carga sobre los recursos nacionales habría estado fuera de toda proporción para las ventajas ganadas. El sometimiento del país se alcanzaba económicamente por el envío regular de expediciones punitivas y el establecimiento de bases militares en puntos estratégicos. La rebelión era endémica, pero mediante la resuelta continuación de tales medidas podía ser controlada. Intimidados por la derrota y el salvaje tratamiento de Uqumeni, los habitantes de Elkhunia se sometieron sin resistencia. Ni se encontró oposición, al parecer, cuando, bien en el mismo año o bien en el siguiente, el ejército asirio apareció en Sharnida y Mekhru. En este último distrito Tukultī-Ninurta empleó tropas de Quti para cortar los suministros de su muy apreciada madera para la construcción de un palacio en Aššur. Su dominación de la tierras Quti, aunque brutal, fue efectiva y durante muchos años enviaron tributo regularmente a Aššur.

Otras campañas estuvieron dirigidas a la restauración de la autoridad asiria sobre los pequeños estados hurritas del área del alto Tigris a los que se refiere colectivamente como las tierras de los Shubari. Son enumeradas como el país de Papkhi, Katmukhi, Bushe, Mumme, Alzi, (A)madani, Nikhani, Alaya, Tepurzi y Purukuzzi. De acuerdo con el relato más completo de estas guerras, su primer ataque, en el mismo año que la expedición de Mekhru, cayó Katmukhi, que había estado saqueando el territorio asirio y se llevó a los habitantes. Cinco de sus principales fortalezas fueron atacadas y capturadas y su pueblo y propiedades llevadas a Aššur. Volviendo a la montaña de Kashiari, avanzó contra las otras tierras de Shubari que, alertadas por el destino de Katmukhi, había formado una coalición para oponerse a él, probablemente bajo el liderato de Ekhli-Teshub de Alzi. Después de tomar la capital de Purukuzzi, venció a cuatro ciudades en Alzi y seis en Amadani, el distrito de Diyārbakr. Ekhli-Teshub, por tanto, se asustó y huyó a Nairi con miembros de su familia y corte mientras sus tropas sin líder se fueron a las montañas para salvar sus vidas. Habiéndose colapsado la resistencia de Alzi, Tukultī-Ninurta procedió a devastarla, saqueando 180 ciudades. Ciertos textos también mencionan que la tierra de Papkhi resistió y tuvo que ser aplastada por la fuerza. El sometimiento de las tierras de Shubari trajo a Asiria importantes ganancias económicas y estratégicas, especialmente el acceso a los ricos y practicables depósitos de cobre de Ergani Maden, y el control de las rutas que llevan a través del Éufrates y Murad Su al interior de Anatolia central y oriental. En un triunfante resumen de estas primeras campañas, Tukultī-Ninurta enumera los territorios conquistados en un orden aproximadamente geográfico, comenzando en el sureste con las tierras de la otra orilla del Pequeño Zab y terminando en el noroeste con el país de Shubari “hasta el distrito fronterizo de Nairi”. La referencia a Makan muestran las confusas ideas de los asirios sobre los países más allá de su inmediato conocimiento. El escriba, habiendo tenido noticia de Magan en el golfo de Omán como una tierra distante, la localizó en el desconocido territorio al oeste de Nairi. Que posteriormente se dieron cuenta de su error es sugerido por el hecho de que en textos posteriores de Tukulti-Ninurta, la indefinida frase “el distrito fronterizo de la totalidad” es sustituido por este pasaje.

La frontera norte había vuelto a ser establecida y reforzada pero más allá se sitúan las tierras de Nairi que mediante incursiones fronterizas o intrigas con elementos disidentes podía poner en peligro su seguridad. Sus ricos suministros de metal, ganado y caballos eran un incentivo añadido par ala conquista. Su sumisión llevó a Tukultī-Ninurta dentro de territorio desconocido para sus predecesores, cuya naturaleza montañosa representaba un reto formidable para los ingenieros militares que cargaban con la tarea de preparar un paso para las tropas y carros.
Poderosas montañas, un estrecho macizo, cuyos sederos ningún rey había conocido, yo atravesé en el triunfo de mi extraordinario poder, sus tierras altas yo ensanché (?), con hachas de bronce, sus inexplorados senderos yo ensanché
Proclamó que sus conquistas se extendían hasta la costa del mar Superior, ya sea el lago Van o el lago Urmia. Cuarenta reyes de Nairi que se le opusieron en batalla fueron duramente derrotados y llevados a Aššur con cadenas de cobre alrededor de sus cuellos pero posteriormente fueron devueltos a sus tierras como vasallos tributarios. En su titulatura Tukultī-Ninurta se llama a sí mismo “rey de las tierras de Nairi”, pero ni él ni sus sucesores jamás consiguieron el sometimiento permanente de estos pueblos montañeses y en el curso de los siglos siguientes repitieron los ataques asirios dirigidos a su unificación en el reino de Urartu. En ciertos textos el relato de la guerra de Nairi es seguido por la afirmación de que él hizo de Azalzi y Shapardi su frontera, pero si estos distritos se sitúan en Nairi o en otro lugar se desconoce.
La guerra de Nairi fue seguida por el más grande triunfo militar de la carrera de Tukultī-Ninurta, la derrota y ocupación de Babilonia. Para cuando Kaštiliašu IV (1233-1225) sucedió a su padre Šagarakti-Šuriaš había habido un cambio de dinastía en Elam y el peligro de invasión desde esta parte había retrocedido. Posiblemente mientras Tukultī-Ninurta estaba ocupado en el distante norte contra las tierras de Nairi, Kaštiliašu juzgo que era el momento oportuno para atacar a Asiria. La guerra provocada por esta desaconsejable acción y sus desastrosas consecuencias para Babilonia son descritas por Tukultī-Ninurta, Crónica P, y se compuso una epopeya asiria poco después del acontecimiento. De acuerdo con las dos primeras fuentes, Tukultī-Ninurta capturó a Kaštiliašu en batalla y le llevó encadenado a Aššur.

La Crónica afirma luego que regresó a Babilonia, demoliendo sus fortificaciones, pasó a los habitantes por la espada, saqueó el templo de E-sagila y se llevó la estatua de Marduk a Asiria. La epopeya da proporciona un vívido y más detallado relato de la guerra. La responsabilidad para su estallido es colocada firmemente en el Casita, quien al invadir el territorio asirio habían roto su tratado con Asiria. Antes de marchar contra él, Tukultī-Ninurta leyó en voz alta sus términos ante Šamaš, dios del juramento, para fijar la culpabilidad en su adversario y asegurar la sanción divina y apoyo para su contraataque. Kaštiliašu, habiendo fracasado en obtener un presagio claro, se dio cuenta de que los dioses le habían condenado y abandonado. Alentado por sus tropas, no obstante, presentó batalla, solo para volver y huir al primer choque de armas. Se retiró a un lejano lugar pero finalmente se situó para luchar, después de que Tukultī-Ninurta se hubiera burlado de su cobardía y se jactó de la captura y saqueo de las ciudades babilonias. Siguió una gran batalla en la que Kaštiliašu fue capturado. La epopeya continua describiendo como Tukultī-Ninurta se llevó los tesoros del rey casita, usándolos para enriquecer y embellecer los templos de sus dioses. De acuerdo con este relato contemporáneo o casi contemporáneo, por tanto, la derrota final de Kaštiliašu en 1225 fue conseguida solamente después de una considerable lucha y después de que Tukultī-Ninuta tomara parte de Babilonia. También puede deducirse a partir de la Crónica que la fuertemente defendida ciudad de Babilonia, bien continuó resistiendo tras la captura de Kaštiliašu, o bien se rebeló más tarde, de modo que fue necesaria una campaña posterior para su toma. El sometimiento de todo el país hasta el Golfo Pérsico se completó entonces y sus ciudadanos fueron deportados a Asiria en cantidades considerables. Eliminó del control de Babilonia 38 distritos que eran de valor comercial y estratégico particular para Asiria. Incluían Mari, Khana, Rapiqu y la montaña de los Akhlamu, que le dió el control del Éufrates medio, y Arrapkha, punto terminal de la ruta de comercio que lleva desde Sulaymaniya hasta Irán. Sikkuki y Sapani se sitúan en las montañas al sureste de Asiria, mientras que Turna-suma y Ulaiash estaban en la frontera babilonio-elamita. La localización de las restantes se desconoce.

Habiendo ocupado Babilonia, Tukultī-Ninurta asumió su titulatura real, proclamándose “rey de Karduniaš, rey de Sumer y Akkad, rey de Sippar y Babilonia, rey de Tilmun y Meluhha”. A causa de las ambigüedades en las fuentes históricas, no obstante, hay una incertidumbre considerable en cuanto a la duración y carácter de su administración. De acuerdo con la Crónica, nombró gobernadores y gobernó el país durante siete años. Después los nobles acadios de Babilonia se rebelaron y colocaron sobre el trono a Adad-šuma-usur, un hijo de Kaštiliašu . No obstante, el nombre de Tukultī-Ninurta no aparece en la Lista de Reyes Babilónicos A, la cual da entre Kaštiliašu y Adad-šuma-usur a Enlil-nādin-šumi y a Kadašman-Kharbe II, los cuales gobernaron cada uno durante “1 año y seis meses”, y a Adad-šuma-iddina, que reinó 6 años. Así, parece asignar un total de nueve años, no siete, al intervalo entre Kaštiliašu y Adad-šuma-usur. Además, los tres sucesores de Kaštiliašu difícilmente pueden ser identificados con los gobernadores (šaknūtu) de la Crónica ya que es improbable que los reyes hubieran sido designados como tales, y que realmente ejercieron la realeza está confirmado por documentos procedentes de Ur datados por los años de ascensión de Kadašman-Kharbe y Adad-šuma-iddina.

Se ha interpretado que estas pruebas significan que o bien el periodo de siete años de gobierno asirio está omitido de la Lista de Reyes o que está representado por los tres sucesores de Kaštiliašu. De acuerdo con la primera solución, que es la adoptada en el esquema cronológico de la Historia, Tukultī-Ninurta administró la totalidad de Babilonia directamente a través de gobernadores durante 7 años (1225-1217). Al final de este periodo Enlil-nādin-šumi se rebeló y tomó la parte meridional del país, incluyendo Nippur, posesión de la que se intituló para el reconocimiento en el canon real. Los asirios, no obstante, retuvieron Babilonia y el norte hasta que fueron expulsados por la revuelta que llevó a Adad-šuma-usur al poder (1217-1187). Por tanto, su gobierno, aunque debilitado y contraído, duró no siete sino 16 años. Contra esta reconstrucción puede apuntarse que Enlil-nādin-šumi, lejos de ser mantenido fuera de Babilonia por los asirios, está atestiguado por tablillas fechadas durante su reinado. Tampoco hay evidencia en el periodo casita o posterior de que la posesión de Nippur asegurara el reconocimiento en el canon real. De acuerdo con la solución alternativa, Tukultī-Ninuta gobernó Babilonia indirectamente a través de gobernantes vasallos que aparecen en la Lista de Reyes en lugar de su señor, posiblemente por que habían sido investidos debidamente con la realeza. Tiene que asumirse, sobre esta interpretación, que los gobernadores de la Crónica eran oficiales asiros nombrados pro Tukultī-Ninurta para supervisar y controlar a estos títeres. Se han hecho numerosos intentos para resolver la aparente discrepancia entre la Crónica y el Canon en cuanto a la duración del gobierno asirio. Si los reinados de los tres inmediatos sucesores de Kaštiliašu fueron consecutivos, de manera que cubrían un periodo de nueve años, entonces, es posible que la Crónica reconociera los 7 años de gobierno asirio no desde la derrota de Kaštiliašu sino desde la ocupación de Babilonia. El reinado de 18 meses de Enlil-nādin-šumi y los primeros seis meses del de Kadašman-Kharbe caerían entonces en el intervalo entre estos dos acontecimientos y este último rey, que permaneció sobre el trono después de la conquista de Babilonia, y también Adad-šuma-iddina serían vasallos asirios. No obstante, este puede ser un caso en el que los reinados listados como consecutivos en el canon real de hecho se solaparon y los siete años años de la Crónica, por tanto, serían una cifra correcta para el periodo entre Kaštiliašu y Adad-šuma-usur. Si fuera así, una posible reconstrucción es que Enlil-nādin-šumi fuera reconocido por Tukultī-Ninurta como su vasallo inmediatamente después de la derrota de Kaštiliašu. El casita, Kadašman-Kharbe, sin embargo, continuó resistiendo en el sur, siendo reconocido en Ur, y cuando Enlil-nādin-šumi fue derrotado por Kidin-Khutran de Elam, instigó una revuelta en Babilonia. Luego, Tukultī-Ninurta regresó a Babilonia, saqueó la capital, puso los distritos meridionales bajo su control e instaló a Adad-šuma-iddina en la dignidad real.

Otra sugerencia es que el “un año y seis meses” de la Lista de Reyes” no debe ser tomada literalmente como “18 meses” sino que debe ser entendida más bien como “un año (que es) seis meses”. Si esto significa que los reinados combinados de Enlil-nādin-šumi y Kadašman-Kharbe ascendería a no más de un año, entonces la Liste Real y la Crónica estarían de acuerdo. No obstante, se esperaría que la Lista Real contara en años de reinado oficiales, y esto extendería el periodo entre Kaštiliašu y Adad-šuma-usur a 8 años. Una dificultad adicional es que los textos económicos procedentes de Ur indican que Kadašman-Kharbe gobernó durante, al menos, 14 meses. De hecho, ya que su reinado se extendía dentro de dos Nisans, la Lista Real le habría acreditado con dos años de reinado. Puede ser que fuera defectivo o que sus cálculos estuvieran confundidos por la destitución elamita de Enlil-nādin-šumi o por una lucha por el trono entre Enlil-nādin-šumi y Kadašman-Kharbe.

Cualquiera que fuera el estatus de Enlil-nādin-šumi y sus dos sucesores, sus reinados representan un periodo de debilidad babilónica del que los elamitas fueron capaces de tomar ventaja. Kidin-Khutan atacó Nippur y Dēr, masacrando o deportando, expulsó a Enlil-nādin-šumi y puso fin a su gobierno. Más tarde, en la época de Adad-šuma-iddina, capturó Isin y avanzó hasta Marad, al oeste de Nippur.

La derrota de Kaštiliašu estableció a Tukultī-Ninurta como el líder militar sobresaliente del siglo XIII. La habilidad sobre el campo de batalla, no obstante, no es corresponde necesariamente con una visión política ni el valor personal por la fortaleza de carácter para resistir el encanto de la victoria y el poder. Retrospectivamente, su ocupación de Babilonia debe considerarse que había sido contra los intereses reales de su país. Cierto es que la tentación era grande. Por más de un siglo los babilonios habían disputado el establecimiento del control asirio sobre el área de los Zagros. Que, mientras permanecieran independientes, continuarían haciéndolo así era inevitable. Desde los primeros tiempos históricos las montañas orientales habían sido su fuente principal de suministro para el metal, piedra y madera de construcción de la que ellos mismos estaban faltos. Asiria, al desviar el comercio de este área a sus propios mercados, estaba golpeando la base de su economía y amenazando su existencia como fuerza política de alguna importancia. Esta era una situación que ningún rey babilonio podía aceptar. Sin embargo, hubiera sido mejor Tukultī-Ninurta hubiera continuado la política de sus predecesores que habían mantenido a los babilonios bajo control mediante campañas limitadas y el establecimiento de una frontera meridional favorable. El principal motivo económico subyacente que ocultaba la expansión asiria y que determinaba su dirección era la búsqueda de materias primas. Babilonia no podía proporcionar estas y el continuo y oneroso esfuerzo militar requerido para su ocupación distrajo energías asirias y recursos de la tarea de asegurárselas en otro lugar. Debilitada por la sobreextensión de sus fuerzas, Asiria perdió Babilonia, sufrió reveses en otros frentes, y cayó en un estado de desorden interno.

Las relaciones entre Tukultī-Ninurta y Tudḫaliya IV (c.1241-c.1212) eran tensas y a veces se degeneraron en abierta hostilidad. La acostumbrada carta de felicitación enviada por Tudḫaliya a Tukultī-Ninurta en su ascensión era conciliatoria en el tono. Después de pagar tributo a Šulmānu-ašarēd, que se había convertido en un gran rey y derrotó a grandes reyes, le exhortó que protegiera las fronteras de su padre y ofreció asistencia si alguno de sus súbditos se alzaba en rebelión. Al mismo tiempo el dirigió cartas a dos altos oficiales asirios, siendo uno el canciller, Baba-aha-iddina, que anteriormente había ostentado el cargo bajo Adad-nērārī y Šulmānu-ašarēd. Él les aseguró de su amistad por Tukkulti-Ninurta y les pidió que protegieran a su señor. No obstante, le habían llegado noticias de que Tukultī-Ninurta estaba planeando atacar Papankhi, la tierra de los Papkhi de los registros asirios y previno al canciller de los peligros y riesgos de una expedición al interior del país montañoso. Esta preocupación por la seguridad y reputación del joven príncipe difícilmente puede ser tomada en su valor aparente sino que debe más bien ser entendida como una educada insinuación de que Hatti mantenía su interés en Papkhi y otras tierras de los Šubari y que un ataque asirio en esta parte sería considerado como un acto poco amistoso.

Tukultī-Ninurta no solo ignoró este aviso, ya que sometió las tierras de los Šubari, incluyendo Papkhi; también cruzó el Éufrates y, de acuerdo con su relato, se llevó 8 sar (28.800) de súbditos hititas. Esta incursión encabeza la lista de expediciones emprendidas en su ascensión y primeros años de reinado, pero este orden no es necesariamente cronológico. Aunque el número de cautivos con seguridad estaba exagerado enormemente, parece, como se informa, una operación importante. No obstante, si esto era de hecho el caso, es extraño que sea mencionado solo en inscripciones compuestas después de la conquista de babilonia, más de una década después del acontecimiento. No hay referencia a él en los detallados informes de las primeras campañas. Es posible, por tanto, que Tukultī-Ninurta, triunfante y seguro de sí mismo después de la victoria sobre los babilonios y enfurecido en las acciones hostiles de los hititas, de las cuales un ejemplo es citado más abajo, para su propia autoglorificación y empequeñecimiento de sus rivales, magnificó lo que había sido un incidente menor en una importante victoria. A él bien puede referirse un documento procedente de Ras Shamra. En este, Tudḫaliya exonera a Ammištamru de la obligación de proporcionar soldados y carros para una guerra con Asiria entonces en curso. Esta exención no se hubiera producido si hubiera sido un gran conflicto y, ya que Ini-Teššup I de Karkemiš transmitió la decisión de Tudḫaliya a Ammištamsu, bien puede deducirse que era un choque fronterizo localizado que afectaba a su territorio. Posiblemente fue provocado a través de una incursión fronteriza, un caso del que era el pretexto de una carta enviada por Tukultī-Ninurta a Tudḫaliya. Replicando a una queja por parte del rey hitita de que los súbditos asirios estaban continuamente haciendo incursiones en su tierra, él vigorosamente niega la acusación, afirmando que no más de una longitud de madera había sido quitado del territorio hitita. Si Tudḫaliya era incitado a la venganza por esta guerra, por la reconquista de las tierras de Šubari o alguna otra acción de parte de Asiria, no puede decirse, pero él decidió en la medida en que era una declaración abierta de su intento hostil y un desafío de los planes asirios sobre Siria. En un tratado con su vasallo, Shaushga-muwash de Amurru, no solo se recurre al sirio para proporcionar ayuda en el caso de un ataque asirio, sino que estaba obligado a establecer un bloqueo comercial contra Asiria;
Como el rey de Asiria es el enemigo de Mi Sol, así puede ser también tu enemigo. Tus mercaderes no deberán ir a Asiria, tú no permitirás a sus comerciantes en tu tierra, ni ellos pasarán a través de tus país. Si, no obstante, uno de ellos llega a tu tierra entonces cógelo y envíalo a Mi Sol. Tan pronto como el rey de Asiria comience la guerra, si entonces Mi Sol pide tropas y carros...así tú convocas tus tropas y carros y los envías.”
Aunque los indicios directos para el comercio directo con Siria en este periodo son escasos, el acceso a sus centros comerciales era, en efecto, de considerable importancia y tales sanciones económicas, se se aplicaban ampliamente, deben haber golpeado duro a Asiria. Puesto que, en otra sección del tratado, Tudḫaliya se refiere al rey de Babilonia como su igual, el tratado fue celebrado antes de la derrota y deposición de Kaštiliašu.

Después de la captura de Babilonia debe haber parecido inminente una oferta asiria para el control de Siria, y los intereses más claramente cuestionados, si eso había ocurrido, habrían sido los del monarca hitita. Sin embargo, la amenaza nunca se materializó. Años de agotadoras campañas seguidas de la ocupación de Babilonia habían sobrecargado tanto los recursos de Asiria que era incapaz de sostener el esfuerzo necesario para mantener sus conquistas. Las guerras babilónicas son las últimas en ser registradas por Tukultī-Ninurta. Después de que hubiera reinado durante otros 25 años más o menos,
Assur-nādin-apli, su hijo, y los nobles de Asiria, se rebelaron contra él y le derribaron de su trono. En Kar-Tukulti-Ninurta, en una casa ellos lo encerraron y lo mataron con la espada”.
Que las derrotas militares y las pérdidas territoriales fueron causa principal de este violento hecho es cierto. Aunque los únicos países conocidos que se separaron son Babilonia y los muy pequeños estados de Sikkuri y Sappani en las montañas orientales, una oración de Tukultī-Ninurta al dios Aššur sugiere que la revuelta fue generalizada. En ella él habla del anillo del mal con el que todas las tierras rodeaban a su ciudad Aššur. Los que él ha ayudado y protegido amenazaban a Asiria, y sus enemigos tramaban su destrucción. Puede asumirse que los pueblos de las montañas orientales y septentrionales estaban entre los rebeldes, mientras que uno de los enemigos puede haber sido el hitita, Šuppiluliuma II (c.1210-c.1180), quien, quizá cuando Tukultī-Ninurta aún estaba vivo, parece que había hecho un intento infructuoso por recuperar la alta Mesopotamia. Difícilmente puede creerse que Tukultī-Ninurta abandonara sus conquistas sin lucha, y la ausencia de registros reales debe ser interpretado como un signo no de inactividad sino de derrota militar.

No obstante, en vista de su largo reinado de 37 años, la edad, a la larga, puede haber disminuido su energía y perjudicado su poder de decisión, y la esperanza de que bajo un hombre más joven la fortuna de Asiria pudiera recuperarse, sin duda, produjo un motivo adicional para su asesinato. En qué medida esto fue también consecuencia del descontento con su política interna, debe quedar, en ausencia de evidencias positivas, como materia de especulación. Bien puede ser que las cargas económicas depositadas en el pueblo asirio hubieran llegado a ser intolerables. No solo tenían que cumplir las necesidades del ejército; los hombres y materiales también eran desviados de los usos productivos para los grandiosos planes de construcción del rey que culminaron después de la derrota de Kaštiliašu en la fundación de una nueva ciudad real en Kār-Tukultī-Ninurta, a uso 3 kilómetros río arriba desde Aššur en la orilla izquierda del Tigris. Mientras que los prisioneros de guerra proporcionaban, de hecho, la mayoría de la inmensa fuerza de trabajo requerida para estos proyectos y el botín y el tributo aportaba la mayoría de los materiales, una fuerte contribución era exigida indudablemente de los mismos asirios. La situación económica debe también haber estado afectada adversamente por los reveses políticos y militares. Los mercados sirios habían sido cerrados por Tudḫaliya y si, como parece probable, Tukultī-Ninurta en sus últimos años perdió el control de los distritos de los Zagros y los de la frontera septentrional, Asiria fue privada de importantes fuentes de materias primas. Se ha hecho otra sugerencia de que, fascinado por la civilización de Babilonia, él introdujo algunas de sus prácticas de culto en Asiria, dio creciente importancia a Marduk, y ascendió a babilonios y casitas a importantes posiciones de estado, cayendo mal, de este modo, a la nobleza y clero asirios. La investigaciones más reciente ha indicado que hacia el siglo XIV y XIII, Asiria había asimilado muchos elementos de culto babilónicos. Sin embargo, hay poco material de fuentes para el periodo asirio medio, y por tanto, es difícil evaluar el grado en que se intensificó esta costumbre por la conquista del sur. La estatua de Marduk llevada desde Babilonia por Tukultī-Ninurta, lo cual tenía importancia política así como religiosa, jugó un papel central en ciertas procesiones rituales en Aššur. La suposición de que su posesión llevó a un incremento de la importancia del culto local existente de Marduk ha sido puesta en duda, no obstante, sobre el terreno de que un análisis de los nombres teóforos no demuestra ningún incremento significativo en el elemento “Marduk” hasta el siglo XII. De hecho, es posible que en las inscripciones que se refieren a su reconstrucción del templo de Aššur, muchos de los nombres usados para la construcción por Šulmānu-ašarēd aluden al santuario de Enlil en Nippur. Los indicios para el empleo de babilonios en la administración descansan en la actualidad principalmente en un oficial epónimo asirio medio que lleva el nombre casita Kaštiliašu.

Cualquier esperanza para una rápida recuperación de la fortuna nacional que se sitúe tras el asesinato de Tukultī-Ninurta, no llegaron a realizarse, pues, aunque Asiria retuvo el control de Khanigalbat y los distritos inmediatamente limítrofes a la frontera oriental, el declive de su poder político y militar continuó bajo sus inmediatos sucesores.

4. Problemas dinásticos en Asiria

Tukultī-Ninurta había sido asesinado por un hijo en su residencia en Kār-Tukultī-Ninurta, una ciudad de su propia creación río arriba de la antigua capital Aššur. Si una estela en Aššur puede ser atribuida a él, el asesino era Aššur-nāsir-apli, que tuvo solo un breve reinado, dando su nombre como epónimo a un único año. Si este nombre estaba en la Crónica sincrónica ahora está separado, aunque de hecho es omitido en otra lista. Puede ser que su nombre fue deliberadamente borrado de una estela después de que hubiera sido aclamado solamente por unos pocos seguidores que pronto fueron aplastados, o, menos probablemente, que su nombre es un error del escriba por otro hijo, Aššur-nādin-apli, que puede haber sido el asesino. Este último gobernó durante cuatro años (1198-1195 a.C.), proclamando, como hijo de Tukultī-Ninurta, plenos títulos reales como “rey de todos los pueblos, rey de reyes”. Repuso el tesoro real en Aššur y erigió una estatua sobre la orilla del río fuera de la vulnerable esquina noreste de la ciudad, que los dioses podían contemplar para siempre y proteger la ciudad del daño de la crecida. Esta fue la respuesta a su oración a Aššur y Šamaš por ayuda cuando, en el eponimato de Eriba-Sin, el Tigris había barrido 600 acres de ricas tierra alrededor de la ciudad. Esto puede indicar que la fundación de Kār-Tukultī-Ninurta había estado dictada en parte por la impredecible manera en que el río tenía por costumbre alterar su curso fuera de los muros de Aššur, que dependía de su inundación por los suministros de agua.

Aššur-nādin-apli fue sucedido por su hijo Aššur-nērārī III quien, de acuerdo con la Crónica Babilónica, gobernó durante 6 años (1195-1189). Su único destello lo proporciona una carta escrita por el babilonio Adad-šuma-usur quien se dirige a él y a Ili-khadda como “reyes de Asiria”. Este último, como descendiente de Eriba-Adad I, representaba a una familia cuyas pretensiones a Aššur fueron más tarde activamente apoyadas por Babilonia. Anteriormente fue visir y gobernante de la provincia de Khanigalbat. La autoritaria nota en esta carta es, por sí misma, prueba insuficiente para afirmar que Asiria era ahora un estado vasallo de Babilonia. Si lo hubiera sido, seguramente habría sido reclamada la devolución de la estatua de Marduk. 
 
Enlil-kudurrī-uṣur, otro hijo de Tukultī-Ninurta, a continuación tuvo el respaldo suficiente para mantenerse en el trono sin ser molestado durante cinco años (1189-1184). Al final de este periodo se enfrentó a los babilonios en una batalla en la que fue duramente derrotado por Adad-šuma-usur. Mientras, Ninurta-apil-Ekur, hijo de Ili-khadda que, como corregente, o pretendiente al trono, había sido derrotado antes por su rival, había buscado refugio en la corte babilónica. Ahora tuvo la oportunidad de volver a entrar en Babilonia, reunir a sus muchos partidarios y tomar el trono. Enlil-kudurrī-uṣur fue asesinado en su fortaleza, quizás la misma Aššur, ya que la ciudad fue capturada en el levantamiento. Aunque Ninurta-apil-Ekur proclamó haber “guardado a todo el pueblo de Asiria, con alas como un águila las extiende sobre su país”, sin duda debió su posición continuada al apoyo de sus vecinos meridionales. Durante 13 años (o si si se acepta la variante de la Crónica B) continuó las antiguas tradiciones reales. Su hija Muballitat-Sherua (?) fue dedicada como suma sacerdotisa con regalos de jarras inscritas, cadenas de oro y lapislázuli y otros ornamentos procedentes de los tesoros de palacio al templo principal. Una vez más, la escasez de fuentes nos da una imagen imperfecta de los acontecimientos. Ya se estaba sintiendo la presión de las tribus nómadas hacia el Éufrates en el oeste y el norte, cuando a su vez ellas fueron forzadas a salir de sus anteriores tierras por los movimientos de pueblos que siguió a la desintegración del poder hitita. La perdida de facilidades comerciales, combinado con pobre cosechas, iba a llevar a Asiria y Babilonia a uno de los estados más débiles en su larga historia. En esta misma época crítica, Elam de nuevo amenazó las rutas comerciales a través de los Zagros y el Diyala. Aššur-dan, el siguiente titular del trono asirio (1181-1135) hizo el primer movimiento para anticiparse a los elamitas, en su frontera suroriental durante el breve reinado de Zababa-šuma-iddina de Babilonia (1159-1158), penúltimo rey de la dinatía casita. Marchó c.1159 a.C. hacia el Diyala capturando Zaban, Irria y Ugarsallu, deportando a los habitantes a Asiria. Estos desafortunados habrían sido reemplazados por otros deportados, leales a los asirios de entre sus alrededores externos, en quienes se podía confiar para advertir de cualquier invasión sobre su territorio, pues tal era la política de los posteriores belicosos asirios. Si una estatua dedicada por la vida de Aššur-dan por el escriba Šamšī-Bēl en Irbil hace referencia a este rey antes que a un monarca posterior del mismo nombre implicaría que prestaba una atención estrecha a las necesidades de esta frontera. Su descendiente, Tukultī-apil-Ešarra I (Tiglath-pileser I), que escribía 60 años más tarde dice que Aššur-dan cerró el templo de Anu-Adad en Aššur pero no lo reconstruyó. Este incidente puede haber ocurrido hacia el fin del largo reinado de 46 años atribuidos a él tanto por la Crónica Babilónica como por sus herederos. No hay pruebas de que fracasara en mostrar la costumbre respecto a los centros de culto, pues él emprendió otras obras de construcción en Aššur y probablemente en Nínive, donde a principios de su reinado un terremoto había destruido parte del templo de Ištar. Hay también registros de armas dedicadas en otros templos. Los años finales de la larga tenencia del trono por parte de Aššur-dan son oscuros. Ninurta-tukultī-Aššur , su hijo, que puede haber sido corregente en los últimos años del reinado de su padre, “ejerció la realeza por su tuppu”. Este término ha sido interpretado de varias maneras. Puede denotar un periodo no especificado de tiempo o el reinado de un rey que no ocupó, y por tanto no dio su nombre a, el cargo de epónimo, que es el que no ocupa el trono durante más de 12 meses. Por tanto, tales reinados se señalaban mediante la convención de cero años de duración. Como alternativa, puede denotar un reinado exacto de doce meses. Esta última opinión encuentra apoyo en documentos oficiales y memorandos procedentes de Aššur de este reinado, que llevan algunos el sello de Ninurta-tukulti-Aššur y de su esposa Rimeni, fechada por epónimos que cubren doce meses completos. Estas tablillas muestran que el tributo y ofrendas en grandes cantidades fueron entregadas a Ninurta-tukulti-Aššur, quizá mientras actuaba como regente, en lugar de su viejo, y quizás enfermo, padre hacia el fin de su largo reinado. En otro lugar se le da el título de rey en estos textos. Puesto que queda claro que los oficiales subordinados en Aššur controlaban un área desde Nisibis hasta los montes Zagros, y Sutu al oeste es un distrito administrativo discernible en estos textos, no hay pruebas de que Ninurta-tukulti-Aššur ocupara una posición insignificante. Que era un usurpador hace tiempo que está en desacuerdo, y la Lista de Khorsabad declara que era hijo de Aššur-dan quien después de ejercer la realeza durante un tuppu”, fue derrotado por su hermano, Mutakkil-Nusku, quien, a su vez, ocupó el trono durante un tuppu antes de desaparecer. Si los tuppu eran una duración indeterminada del reinado sería necesario suponer que los cronistas suprimieron la duración del reinado de los dos hermanos reales por un sentimiento de vergüenza en la disputa, motivo no observable en ninguna otra parte del mismo texto. Cuando Mutakkil-Nusku venció a su hermano parecería que este último huyó a un exilio a Babilonia antes que llegar allí como deportado. De acuerdo con un prisma babilonio roto, Ninurta-tukulti-Aššur restauró el templo de Erragal en Sirara, reinstalando la estatua de la deidad que había sido retirada por Tukultī-Ninurta I. Evidentemente estaba suficientemente de acuerdo con la dinastía de Isin en Babilonia tanto para recibir una bienvenida como para ser apoyado como pretendiente potencial del trono asirio. Aunque solo se han recuperado unos pocos documentos administrativos de este reinado hasta ahora, ellos implican una cuidadosa y estable administración que, como fue señalado por su nieto, pavimentó el camino para el largo reinado de su hijo Aššur-rēša-iši I (1133-1115), que siguó al breve gobierno de su padre Mutakkil-Nusku, y llevó a una restauración del prestigio asirio.

Aššur-rēša-iši proclama, como “vengador de Asiria”, haber destrozado a amplios grupos de Akhlamu al norte y oeste del país. Estos eran ante todo incursores semi-nómadas desde Sukhi a Karkemiš sobre el Éufrates, que iban a convertirse en un importante factor en el siguiente reinado. Os cambios en la técnica y equipamiento militar, en esta era del desarrollo del hierro, habían afectado por ahora a la estrategia y el empleo tanto de los ejércitos asirios como babilónicos. Estos eran capaces de construir sobre la experiencia de Šulmānu-ašarēd y Tukultī-Ninurta, y adaptaron ahora su guerra para combatir a oponentes mejor armados sin importar el desierto o la montaña, en guerra abierta o de asedio.

La experiencia parecería haber llegado a los asirios a desarrollar un plan estratégico, primero dirigido a mantener sus fronteras existentes pero pronto para extenderse en operaciones ofensivas para controlar todas las rutas principales en sus tierras de origen y para mantener la frontera a lo largo del terreno defendible. Las fortalezas estaban reforzadas para resistir ataques mediante poderosas máquinas de asedio. En el norte Aššur-rēša-iši perfeccionó las defensas de Apku, al oeste de Mosul, para mantener el control del distrito de Khanigalbat y enfrentarse a la amenaza creciente de la bien armada tribu Muški y sus aliados en las montañas del norte. Además de la construcción de una residencia real allí, el rey emprendió un programa de trabajo de restauración en la misma Nínive donde fue construido un nuevo palacio, con un extenso arsenal (bīt kutalli), almacenes y otras instalaciones de depósito e hizo reparaciones en la Gran Puerta del Templo de Ištar. Este templo, gravemente dañado por terremotos en la época de Šulmānu-ašarēd I y de Aššur-dan, era objeto de muchos cuidados, siendo restauradas la gran corte y sus torres de entrada. Aparte de el cumplimiento de las obligaciones religiosas, sin duda esto era parte del plan para proporcionar una firme base de operaciones en las montañas noroccidentales. Los Lullubi (o Lullumi) y los Quti fueron atacados y su sometimiento proclamado. Puede ser que Nínive fuera también la base desde la que el rey convocaba a sus tropas de élite (hurādu) para marchar a Irbil como su primera etapa de una renovada ofensiva en las disputadas montañas de los Zagros. Esta acción levantó la oposición babilonia, pues Ninurta-nādin-šumi, (o -šumati), el tercer babilonio de la II dinastía de Isin (1132-1126), reunió sus propias fuerzas. El texto fragmentado implica una derrota por los meridionales que, bajo Nabû-kudurrī-uṣur I (1126-1104), fueron destinados a renovar su hostilidad con Asiria y así distraer sus fuerzas en una época de crisis debido a presiones crecientes desde el oeste. No obstante, al principio, Aššur-rēša-iši fue capaz, mediante el envío de un grupo mixto de carros e infantería, forzar a Nabû-kudurrī-uṣur a retirarse de Zaqqu con la pérdida del valioso equipo de asedio al que tuvo que prender fuego. Un posterior ataque babilonio, esta vez con una fuerza más movil, fue derrotado en Idu (¿Hit?)por una columna asiria similar que capturó al general babilonio y su tren de equipaje. Con la derrota de Nabû-kudurrī-uṣur, algún tiempo después del fin del decimoctavo de Aššur-rēša-iši en el cargo (1115 a.C), el conflicto militar entre los vecinos terminó. 
 
5. Tukultī-apil-Ešarra I (Tiglath-Pileser/Teglat-Falasar)

Ocurrió, asimismo, que los babilonios habían neutralizado a los elamitas y participado al controlar las incursiones tanto de las tribus Lullubi en las montañas orientales como de las tribus nómadas del desierto oriental. Tukultī-apil-Ešarra (1115-1076) era libre, así, para enfrentarse a las crecientes nubes de tormenta en el norte en su año de ascensión. Aunque los anales y registros históricos solo proporcionan resúmenes de sus campañas en todos los frentes, parecería que él, al menos, desarrolló y siguió un plan estratégico de conjunto para tratar con sus enemigos y extender la influencia asiria. Su atención se dirigió primero al norte donde los Muški -quizá deben ser identificados con los frigios, y relacionados con los pueblos Kaska (Gasga) que habían acabado con el imperio hitita- habían cruzado el Tauro con un extenso ejército (“20.000 hombres”) y estaban marchando bajando por el valle del Tigris hacia Nínive. La amenaza de la pérdida de excelente tierra agrícola y las minas de cobre que pagaban cuotas anuales a Aššur era seria. Durante cincuenta años los Muški habían controlado los ricos valles de Alzi y Purukuzzi, antiguos tributarios de Aššur. Ahora ellos hacían incursiones más allá de Katmukhi y dominaban la campiña al oeste del alto Tigris fomentando la revuelta. Tukultī-apil-Ešarra con resolución fue al encuentro de los hombres de la tribu, encabezados por cinco jefes, en la llanura más allá de las montañas Kašiari (Tur ‛Abdin).

Los asirios adoptaron su antigua práctica de exhibir las manos de los vencidos en las puertas de la ciudad y saquear las ciudades rebeldes y pueblos que habían alineado con los atacantes. Más de 6.000 prisioneros y se llevaron mucho botín. Ya que muchos hombres de las tribus habían huido al noreste a Šeriše en la orilla oriental del Tigris, los asirios montaron una expedición punitiva. Abriendo una vía a través de las montañas para que pasaran sus carros, capturaron la ciudad y dispersaron a los Papkhi que habían venido en ayuda de los Kummukh. En una serie de encuentros en las montañas Kili-Tešup, hijo de Kali-Tešup, y descendiente posiblemente de una familia hurrita, que también lleva el nombre nativo de Irrupi, fue capturado con su familia y mucho botín. Las noticias del avance asirio a noreste provocó que el pueblo de Urratinaš en el Monte Panari se moviera a colinas más lejanas, mientras que su gobernante Šadi-Tešup, hijo de Khattukhe, vino para hacer un acuerdo con el líder asirio. De acuerdo con la antigua práctica el suplicante era hecho vasallo; sus hijos eran llevados como rehenes a Aššur junto con un pago inicial de tributo, más de 60 grandes vasijas de bronce, 120 esclavos u muchas cabezas de ganado. Los bronces fueron dedicados a Adad en gratitud por el favor divino en esta campaña.

Al año siguiente Asiria recuperó Subartu. El ejército equipado con 120 carros con equipos de caballos uncidos a la manera hitita, marchó a través de Alzi y Purukuzzi que de nuevo fueron sometidas a tributo. Estas tribus eran débiles ahora y sin ayuda de los Muški. La fuerza se desplazó Tigris arriba y atravesó el terreno montañoso entre los montes Idni y Aia para invadir Kharia y encontró a los rebeldes procedentes de los Kaska (Gasga) que anteriormente habían derrotado a los hititas pero que ahora estaban ayudando a una coalición de las tribus Papkhi. Bien con la misma tropa o bien con otra columna los asirios acabaron con la oposición en el monte Azu y prendieron fuego a las aldeas en las laderas hacia el río Zab. Los hombres de Adauš se sometieron pero los de Saradauš y Ammauš al resistir fueron derrotados en el monte Aruma, en Isua (anteriormente Išua) y Dara. Otra fuerza, liderada por el rey en persona, remontó el Zab para entablar combatir a las tribus más orientales. Murattaš fue capturada y quemada en un ataque al amanecer cuando las tropas presionaron Saradauš en las montañas Asaniu y Atunu para alcanzar el distrito Sugi de Khabkhi. Aquí los asirios fueron probados durante un tiempo por una posición en el monte Khirikhu de 6.000 hombres de las cinco tribus de los Papkhi orientales (Khime, Lukhi, Anirgi, Alamun y Nimni). Al final Sugi fue hecha estado vasallo, siendo llevadas las estatuas de 25 de las deidades locales como rehenes bajo el ojo de Aššur en su templo.

Con el dominio de los Muški y los Papkhi sobre las tribus más pequeñas ahora destruido, Tukultī-apil-Ešarra fue libre en el siguiente año (tercera campaña) de hacer una ofensiva al norte contra los pueblos montañeses de Nairi al oeste del lago Van. Su ruta atravesaba regiones que el declara, probablemente con justicia, que nunca habían sido cruzadas por sus predecesores. Dieciséis crestas montañosas fueron cruzadas cuando se desplazó por el monte Amadana, cerca de Diyārbakr, para cruzar el alto Éufrates cerca de su nacimiento. A pesar de los abundantes detalles geográficos dados en los anales reales la ruta precisa no puede ser determinada aún. Parecería que los asirios marcharon por Tunube (Turubun) al este del Tigris hasta el suroeste del lago Van. Una coalición de 23 jefes nairi fueron derrotados, siendo capturados 120 de sus carros blindados y perseguidos otros 60 grupos tribales hacia el norte. La batalla decisiva tuvo lugar al norte y noroeste del lago Van. En el punto más hacia el norte en esta expedición, Melazgirt, Tukultī-apil-Ešarra levantó una estela de victoria inscrita. Una vez más fueron tomados rehenes y se impuso un tributo anual de 12.000 caballos y 2.000 cabezas de ganado sobre las tribus conquistadas. Sieni de los Daieni, un líder que rehusó someterse, fue llevado cautivo a Asiria. Fue en el trayecto hacia el oeste de esta campaña cuando la fortaleza rebelde de Milidia fue visitada y obligada producir una renta anual pagable en plomo. Esta casi con seguridad iba a ser identificada con la moderna Malatya. Se reclamó tributo de Milidia y de las vecinas Enzate y Sukhme. Así, hacia el final de tres campañas Tukultī-apil-Ešarra había llevado las armas asirias más al interior de las montañas anatolias y colocó más tribus montañesas bajo coerción, que cualquiera de sus predecesores. La mayoría de sus oponentes en las extensas tierras de Nairi desde Tumme hasta Dazaeni, Khimua, Paiteri y Khabkhi, que ahora debían alianza e impuestos, iban a encontrarse solamente en los anales de su reinado. Mientras que la presión sobre las fuentes de materias primas y las rutas de comercio que las conectaban fueron aliviadas al menos temporalmente, y la economía interna fue reforzada por las nuevas fuentes de ingresos, se estaban sembrando las semillas de la disensión futura. En estas fronteras montañosas los pueblos en particular, por naturaleza y localización independientes, a partir de ahora estarían obligados a agruparse en unidades defensivas más grandes. En épocas de debilidad en Asiria acosarían la llanura y, quinientos años más tarde, jugaron un papel decisivo en el derrocamiento del estado meridional. Además, se había establecido un rumbo del que ningún gobernante siguiente tuvo la capacidad de regresar. Sin embargo, las incursiones periódicas necesarias para controlar las tribus y recuperar impuestos atrasados extraerían seriamente los recursos de mano de obra y riqueza del mismo país que estaban intentando fortalecer.

Ahora Tukultī-apil-Ešarra proyectó extender su jurisdicción al país transtigrino de Musri. Puesto que Musri había recibido ayuda de la tierra de Qumani, el asirio puso asedio a la ciudad de Arini, a los pies del monte Aisa. El asedio fue levantado bajo la promesa de sumisión y pago regular de tributos. Pro este sistema, y debido a que en la segunda campaña los hombres de Urumna y Apishal habían sido derrotados, la ruta hacia el oeste era ahora posible. Además, Tukultī-apil-Ešarra había emprendido una atrevida acción contra los Akhlamu -tribu aramea o grupo que dominaba el Éufrates entre Karkemiš y Sutium, que a menudo hacia incursiones hacia el Tigris. En un único día, así lo proclama, atacó su territorio penetrando más allá del Éufrates, que había sido atravesado en balsas de piel inflada (keleks), hasta las montañas Bišri donde seis de sus pueblos fueron incendiados. Esta fue solo la primera acción contra los seminómadas de Siria, que necesitaron que el ejército asirio repitiera el cruce del Éufrates no menos de 28 veces, dos veces en un mismo año. Tal presión constante da sustancia a la pretensión asiria de haber sometido a los Akhlamu -precursores de los invasores arameos- desde Tadmor (Palmira) o ‛Anah e incluso tan al sur como Rapiqu en la frontera con Babilonia. En la misma Sukhi las ciudades insulares de Sapinata (“Barcos”) y Khindanu fueron saqueadas y arruinadas por la destrucción de sus palmerales. Las estatuas de las deidades locales fueron llevadas a Aššur como desgracia final y señalan su reducción a la impotencia.

Con las tribus intermedias bajo estrecha vigilancia Asiria podía ahora planear controlar la principal ruta de comercio al Mediterráneo mismo. Tukultī-apil-Ešarra dirigió su marcha hacia Amurru, la cual se extendía en esta época desde Tadmor hasta Samuri e incluía Biblos y Sidón. Su marcha sitúa a la costa en Armad (Arvad). Aquí el rey embarcó en una nave para navegar el litoral mediterráneo hasta Samuri. En este viaje de tres bēru (unos 20 kms.) él pescó un narval (nāhiru). Al primer rey asirio en aventurarse a través del Líbano le fueron traídos en gran multitud regalos de los gobernantes vecinos de Biblos y Sidón, mientras que el rey egipcio le envió un cocodrilo como presente. Antes de retornar a casa Tukultī-apil-Ešarra cortó cedros masivamente para usarlos en su renovación del templo de Anu-Adad en Aššur. Se impuso un tributo anual que requería suministros adicionales de madera sobre Ini-Tešup, rey de Khatti (norte de siria), que rindió homenaje en esta época. Así, hacia el fin de su quinto año de reinado Tukultī-apil-Ešarra fue capaz de jactarse de su conquista de 42 países y sus gobernantes entre el Zab Inferior y el Éufrates, y a lo largo de las montañas septentrionales hasta las mediterráneas. Esta actividad de amplio alcance fue posible porque todo estaba tranquilo en las fronteras meridionales. No fue hasta bien entrado el reinado de este longevo monarca asirio cuando Marduk-nādin-aḫḫē (1100-1082), de Babilonia atacó a través del Pequeño Zab y se llevó los dioses Adad y Shala desde Ekallate, una ciudad real no lejos de la misma Aššur.

Asiria durante el reinado de Tukultī-apil-Ešarra

 Debido a la preocupación con el oeste pasó al menos una década antes de que el asirio fuera capaz de contraatacar. De acuerdo con la Crónica Sincrónica hubo dos acciones que implicaban a los carros asirios. La primera cruzó el Pequeño Zab para asolar Arman en el distrito de Ugarsallu y partió vía Lubdi (al sur de Arrapkha) y sobre el río Radanu (Shatt el-‛Adhaim) para saquear pueblos a los pies de los montes Kamulla y Kaštilia. Esta fue una continuación de la disputa por el control de la ruta del alto Diyālā, ahora firmemente en manos de los babilonios. La segunda fuerza se dirigió a la misma Babilonia del norte y, marchando junto a la acostumbrada ruta tomada por tales atacantes, que bajaba por la orilla oriental del Tigris a través de Marritu, cruzó hasta Dūr-Kurigalzu (‛Aqarquf), Opi y Sippar de Šamaš (Abu Habbah) y de Anunitum para alcanzar Babilonia. Los centros de culto fueron invadidos a pesar de los intentos de la caballería babilonia por distraer el avance enemigo. Los asirios proclamaron una victoria absoluta prendiendo fuego a los palacios reales de Babilonia antes de retirarse. Marduk-nādin-aḫḫē siguió controlando Babilonia y todavía mantuvo las estatuas capturadas de las deidades asirias, posiblemente habíéndolas trasladado por su seguridad a Nippur al sur. No hay indicios de que Asiria planeara o ganara ninguna posesión duradera sobre Babilonia del norte en esta época. De hecho, una crónica asiria fragmentaria que registra la muerte de Marduk-nādin-aḫḫē describe una terrible hambruna en un área que generalmente se pensaba que estaba en Asiria misma, cuando los invasores arameos empujaron a los asirios al interior de las montañas septentrionales alrededor de Kirruria. Si esto no se refiere a acontecimientos fuera del país natal asirio o al ataque asirio sobre la provincia babilónica nororiental de Irria, entonces implicaría que en los años finales del reinado de Tukultī-apil-Ešarra, quien es todavía nombrado en el texto después de este suceso, los arameos eran ahora bastante fuertes como para volverse contra sus conquistadores asirios a pesar de haber sido tan frecuentemente invadidos. El mismo texto implicaría entonces que Tukultī-apil-Ešarra sobrevivió a Marduk-nādin-aḫḫē. 
 
Cualesquiera que fueran las razones que llevaran a la retirada de los invasores asirios, su fracaso en continuar una operación militar era una grave debilidad exhibida en varias campañas de este reinado. El éxito inicial logrado en constantes expediciones en un amplio frente solo fueron explotadas pocas veces. Los tributos y cargas fueron impuestos pero no recaudados regularmente. Los prisioneros no parecen haber sido usados en importantes construcciones o proyectos de reasentamiento como se hizo por posteriores líderes asirios. Ni fueron asentados para reemplazar a los habitantes rebeldes en otras partes del reino. Aunque el transporte de población conquistada es mencionado en los anales no fe probablemente ninguna innovación y no hay señal del establecimiento de un sistema de control de las áreas recién conquistadas tal como siguió la posterior instalación de provincias y distritos administrativos. La misma escala de éxito asirio, por lo tanto, pavimentó el camino para un rápido rechazo del dominio asirio y, de este modo, para la pérdida de los territorios duramente conseguidos si alguna vez el gobierno central era débil. Las nuevas rutas de comercio abiertas en Siria y la riqueza de mineral de Anatolia llevó a una inmediata ventaja económica si pasaban. Las nuevas armas y tácticas inventadas a imitación de, y como reacción a, las de sus poderoso vecinos, habían sido bienvenidas en una edad de innovación tecnoológica. Las hazañas personales de Tukultī-apil-Ešarra, como las de su contemporáneo Nabû-kudurrī-uṣur, iba a ser largamente recordadas e imitadas.

El rey demostraba mucha habilidad en batalla y destreza en la caza. Durante las campañas en el valle del Khabur, cerca de Harrān y en Araziq sobre el Éufrates la jungla proporcionó mucho deporte. Mató cuatro uros salvajes, cuatro elefantes toro y no menos de 920 leones, más de un centenar de los cuales fueron cazados a pie con el arco o la recién inventada lanza de hierro. Esta proclama, especialmente de elefantes es pequeña como parada con la de Thutmosis III en el mismo área, y puede indicar que su número ya estaba declinando debido a las actividades predadoras de los Akhlamu. Pero esas cazas no se hacían sin otro propósito. Cuernos, colmillos y cueros contribuían a la economía, animales y pájaros vivos abastecían los jardines zoológicos donde eran criados para la caza y de modo que su juventud pudiera ser ofrecidos en sacrificio. El primer asirio en incluir tales detalles en los anales reales, este rey buscaba demostrar su superioridad sobre las bestias salvajes y demostrar así que el poder único le era otorgado por el dios de la guerra para superar a cualquier mal o enemigo en el campo. Tal caza ritual está atestiguada en otros lugares en el Próximo Oriente en esta época. El rey también fue el primero en aportar información sobre la institución de los jardines botánicos abastecidos con especímenes recogidos durante sus extensas expediciones.

Las víctimas más inusuales de la caza, tales como el narval arponeado en la costa mediterránea el salvaje toro capturado en las montañas Lumash, eran reproducidos en bajorrelieve para decorar las entradas a los restaurados palacios en Aššur. Aquí, de acuerdo con muchas inscripciones, el templo de Anu-Adad con sus zigurats gemelos adyacentes fue restaurado, siendo vuelto a colocar el techo con maderas del Líbano, repavimentado la terraza y engrandecidos las construcciones de culto asociadas (bīt šahuru y bīt labbuni) y repanelado con maderas de cedro y pistacho. Este trabajo de reconstrucción del templo, según Tukultī-apil-Ešarra, no había sido completado; aunque 60 años antes Aššur-dan había derivado transmitido los cimientos de una edificación construida primero por Šamšī-Adad (III), el hijo de Išme-Dagan (II), 641 años antes. De similar interés cronológico es la declaración de que los muros de la ciudad nueva, construida por Puzur-Aššur III (c.1490 a.C.) habían sido descuidados durante aproximadamente dos siglos desde la época Aššur-nadin-ahhe I ( ? -1422). Estos fueron ahora reforzados por una gran rampa de tierra entre la Puerta del Tigris y la ciudad interior. En Nínive Tukultī-apil-Ešarra había realizado el trabajo en los muros de la ciudad, que fueron reforzados con piedra, y en el palacio real construido por su padre entre los templos de Nabu e Ištar a los que también se prestó atención. El agua fue desviada desde el río Khosr tanto a la ciudad como a un nuevo terreno recientemente presentado. Un trabajo similar fue llevado a cabo en otras ciudades y hay cada indicación de que, a pesar de la ironía de que Tukultī-apil-Ešarra es mejor conocido por los relatos de sus guerras, su declaración al final su reinado de haber “hecho buena la condición de mi pueblo y haber sido responsable de que vivieran en un entorno pacífico” estaba justificada. Dejó atrás también un legado de literatura reunida en lo que debe ser uno de las más antiguas bibliotecas conservadas.

6. Los sucesores de Tukultī-apil-Ešarra y el fin del Periodo Asirio medio

Ašarēd-apil-Ekur reinó solo dos años (1076-1074). La lectura de la Crónica Sincrónica (Aššur 14646c) que lo mantenía como un contemporáneo de Itti-Marduk-balātu ha sido rebatida. Su origen, ascensión, y fin son oscuros ya que no han sobrevivido ningún registro contemporáneo. No comenzó su reinado hasta después del año de ascensión de Marduk-šāpik-zēri de Babilonia (1082), que reinó durante trece años. Este sincronismo, sujeto a un margen de error de solo tres años, de cualquier manera hace probable que Aššur-bēl-kala, que le sucedió llegó al trono alrededor del séptimo año de Marduk-šāpik-zēri.

De acuerdo con sus anales, Aššur-bēl-kala tuvo primero que hacer guerrear primero en Uruatri que a su vez estaba siendo perturbado por los arameos que por ahora habían alcanzado el Tigris al norte y noroeste de Aššur. Las campañas forman el tema principal del “Obelisco Rotoprocedente de Nínive que también incluía alguna de las hazañas de Tukultī-apil-Ešarra I. Ha habido muchas teorías tanto a la fecha como la adscripción de este monumento, en el que el nombre del rey, que debe haber reinado durante al menos cinco años, está ahora desaparecido. Que iba a ser atribuido a este reinado en lugar del de Tukultī-apil-Ešarra I es evidente a partir del progreso hecho por los arameos que hasta ahora habían estado confinados en gran medida al oeste del Éufrates. Parecería a partir del texto que Aššur-bēl-kala, si esta atribución es correcta, comenzó a emprender una vigorosa acción contra los arameos en su cuarto o quinto año de reinado. Dos campañas fueron dirigidas contra estas tribus, ahora llamadas Arime, en Sasiri. Una expedición posterior reconquistó Turmitta en Musri, deportando a las hombres de la tribu disidentes, y combatió a los arameos en Pausa al pie del Tur Abdin; en Nabula, al noreste de Nisibis, en un lugar [...]tibua sobre el Tigris, en Lišur-sala-Aššur (distrito de Sinamu), y Muraris, todos lugares al norte y noroeste de Aššur entre Erišu de Khabki y Harran. Esto preparó el camino para un empuje posterior al año siguiente hacia Makrisi, cerca de la unión de los ríos Khabur y Kharmiš por las montañas Yari. Una vez más las armas asirias cruzaron el Éufrates y presionaron más allá en el interior del territorio Khani donde fue capturada Gulguli. Si este Obelisco Roto es una descripción de las campañas de Aššur-bēl-kala, entonces él declaraba haber alcanzado el Mediterráneo y emulado las aventuras de caza de su padre tanto en la tierra como en el mar. Puede ser que fuera en agradecimiento por la ayuda al evitar el peligro arameo en esa época, por lo que el rey dedicó una estatua de un desnudo femenino, quizás de alguna diosa capturada, en Nínive. Su inscripción finaliza con una maldición, que los dioses de la Tierra Occidental puedan aplastar a cualquiera que la dañara. Parte de la inscripción del obelisco está dedicado a las actividades de edificación del rey y sus numerosos trabajos de renovación en Aššur. La gran terraza de Aššur-nadin-ahhe, el canal de Aššur-dan que había estado sin agua durante 30 años y el muelle erigido por Adad-nērārī recibieron todos atención. Finalmente, el rey completó el palacio de Apku comenzado por Aššur-reša-iši y una terraza de palacio de Tukultī-Ninurta. A su muerte el rey fue ceremonialmente enterrado en la capital a la que había dedicado tanta atención y había mantenido libre de la invasión. Como en la muerte de su ilustre abuelo, parece que pudo haber alguna confusión al final del reinado de Aššur-bēl-kala. Un Tukultī-Mer, rey de Khana y Mari, hijo de Ilu-iqīša, declara en sus inscripciones ser rey de Asiria y haber guerreado contra los Papkhi. Si este pretendiente estaba activo a la muerte de Tukultī-apil-Ešarra o de Aššur-bēl-kala debe seguir incierto, aunque esto último es lo más probable. Una maza de piedra inscrita dedicada a Šamaš de Sippar puede implicar que era un líder arameo que se desplazó a Babilonia como los Sutu hacia el fin de la vida de Aššur-bēl-kala y durante el largo reinado de un compañero, Adad-apla-iddina (1069-1047). 
 
Otro pretendiente al trono asirio en esta época era Erība-Adad II, cuyas fragmentarias inscripciones también implican una intensa actividad militar junto a líneas similares a las seguidas por Tukultī-apil-Ešarra. Restauró el templo de E-khursag-kurkurra y continuó las tradiciones religiosas. No obstante, otro hijo de Tukultī-apil-Ešarra, Šamšī-Adad IV salió de Babilonia y con el apoyo del usurpador arameo allí, Adad-apla-iddina, le depuso y ocupó el trono durante cuatro años (1054-1050). Reclamó el título de “gran rey” aunque no se conoce nada de sus actividades políticas. En Nínive el templo de Ištar fue renovado una vez más de acuerdo con inscripciones de edificación y de otro tipo, mientras en Aššur la torre de la puerta (bīt nāmeru) recibió un tratamiento similar.

El linaje de Tukultī-apil-Ešarra continuó dominando los asuntos de Asiria en el hijo de Šamšī-Adad, Aššur-nāṣir-apli I (= Aššur-nasir-pal I, 1050-1031) que gobernó durante 19 años de acuerdo con la Lista Real y de Epónimos. Lamentablemente, solo una breve inscripción en ladrillo documenta la residencia del rey en el palacio que se sitúa entre el frente suroeste del zigurat y el templo de Anu-Adad en Aššur. Para él, como para sus predecesores se compusieron himnos reales. De uno de estos se deduce que había nacido en el exilio y sufrido de alguna enfermedad grave por la que él imploró la ayuda y sanación de Ištar en Nínive. Si se puede confiar en las alusiones históricas en estas últimas composiciones el país había estado sujeto a la invasión y el culto derrocado solo para ser restaurado por este rey que puntualmente da las gracias a su diosa protectora. Si se atribuye a este Aššur-nāṣir-apli un “obelisco blanco” muy desfigurado, sería una prueba de una vigorosa y exitosa actividad militar en un amplio frente, dirigido a restaurar la frontera en las montañas orientales. Pero se ha puesto en duda esta adscripción. La sucesión de su hijo, Šulmānu-ašarēd II, que gobernó durante doce años, apoya el punto de vista de que en esta época el régimen no solo era suficientemente fuerte para resistir presiones exteriores sino que ya era capaz de iniciar sus propios pasos para hacer de Asiria un poder dominante una vez más. Esto se ve más claramente cuando su descendiente Adad-nērārī II y sus sucesores derrotaron a los amorreos y reabrieron las rutas comerciales tradicionales; pero hasta ahora todo esto solo puede conjeturarse a partir de las líneas intactas de gobernantes conocidas de las listas oficiales, pero de las cuales, si las hay, pocos registros más quedan. Šulmānu-ašarēd mismo habla del trabajo hecho en el templo de Anu y el templo de Adad en Aššur. Fue seguido por Aššur-nērārī IV (1019-1013), Aššur-rabî II (1013-972), Aššur-rēša-iši II (972-967) y Tukultī-apil-Ešarra II (967-935).




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BIBLIOGRAFÍA:

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J. SANMARTÍN Y J.M. SERRANO: Historia antigua del Próximo Oriente: Mesopotamia y Egipto. 1998

 Para la Cronología  recomiendo consultar las listas genealógicas de Ian Mladjov, que son muy completas y continuamente actualizadas según salen a la luz nuevos descubrimientos:
https://sites.google.com/a/umich.edu/imladjov/chronologies